por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología
- Segundo parcial-

Película: 21 gramos (Director: González Iñárritu).

Materia: Psicología, Ética y Derechos Humanos.
Cátedra: I
Profesor Regular Titular: Lic. Michel Fariña, Juan Jorge.
Jefa de Trabajos Prácticos: Lic. Domínguez, María Elena.
Alumnas:
Bortolín, Débora Alejandra - L.U.: 32944630/0 - E-mail: debbie_xen@hotmail.com
Villarino, Ana Belén - L.U.: 32783350/0 - E-mail: anabelenvillarino@hotmail.com
Comisión: 10

Primer cuatrimestre 2010.
Película: 21 gramos.
El comentario de Eva Beatriz Brajtbort toma al personaje de Paul Rivers (Sean Penn), un hombre cuya vida depende de un trasplante cardíaco.
Como consecuencia de un trágico accidente automovilístico, un hombre muere y Paul consigue el corazón que necesita, es operado y se recupera. Inmediatamente, decide investigar a quién pertenecía el corazón que le fue donado, lo cual hace que se encuentre con la viuda del donante con quien establece una relación. Por este motivo, Paul deja a su esposa (Mary) con quien antes de la operación estaban pensando en realizarse una inseminación artificial para tener un hijo. En realidad, este era más un deseo de su mujer, la cual estaba decidida a hacer todo lo posible para quedar embarazada y tener un hijo suyo. Tanto es así que, luego de que él la deja, ella le ratifica la decisión de continuar con sus planes a pesar de que Paul se niega.
La autora propone que a partir del trasplante a Paul se le plantea la pregunta de ¿Quién soy ahora? Y las hipótesis clínicas que plantea son:
• Paul podría haber continuado con su vida, su pareja y sentirse feliz por haber seguido viviendo. Pero no, algún punto ciego operó en él desde su propio deseo inconsciente. Su corazón, símbolo del afecto, del amor, estaba resquebrajado antes del trasplante. El reemplazo de un corazón por otro lo enfrentó con aquello que no había calculado.
• Lo que manifiestamente parecería saldar una deuda como pagando algo por su vida, como agradeciendo a Cristina (“quería darte las gracias y ahora no puedo separarme de ti”) encontró a Paul buscándose a sí mismo. Sin saberlo, algo del amor y de su paternidad fallida comenzó a desplegarse.
• También algo del orden de la pulsión de vida y de muerte, de esta mezcla y desmezcla, se puso en movimiento: “Mi vida a cambio de la muerte de otro”.
La autora propone, entonces, que existe un cambio de posición subjetiva en Paul: encontrando al dueño del corazón que le dio vida, puede encontrarse a sí mismo. Según ella, “es a partir de la operación que una palabra es resignificada en relación con el deseo. Podemos pensar que a partir del Tiempo 2, la palabra “corazón” (asociada popularmente a los afectos) que todos compartimos, deja de tener un significado particular (moral), para adquirir una significación que le es propia.”

Tomaremos a continuación, por resultarnos más interesante cómo se juega el circuito de la responsabilidad, al personaje Jack Jordan, representado por Benicio del Toro.
Jack Jordan es un ex convicto que había estado en la cárcel por motivos menores, tales como robos, alcoholismo y falsificación de cheques. La forma que encuentra para dejar de ser un delincuente es convertirse en un “hombre de Dios”. Todo su universo se estructura en relación a esto llevándolo incluso a su hogar en la crianza de sus hijos, en la relación con su mujer, hasta tal punto que sus lazos sociales se restringen a los miembros de la Iglesia/Templo. Esta relación que tiene con la religión toca asimismo su cuerpo, en el que se pueden observar varios tatuajes alusivos a esta cuestión como, por ejemplo, el que tiene en el antebrazo de una cruz bastante grande que dice: “Jesús ama”.
Teniendo en cuenta lo planteado por Calligaris, lo que permite al neurótico salir de su sufrimiento banal es reducir su subjetividad a ser un instrumento del Otro . En este caso, Jack se aliena a Jesús y la religión, lo cual le otorga existencia a su ser dirigiendo sus acciones en base a los fundamentos de la Iglesia.
De pronto, ocurre algo inesperado en su vida. En el día de su cumpleaños se dirige a toda velocidad hacia su casa donde lo esperaban su familia y los miembros de la congregación para festejar. Justo en el momento en que un hombre y sus dos hijas están cruzando la calle, él pasa por ahí y los atropella, causándoles la muerte. Luego de esto llega a su hogar desbordado por la angustia y le comenta lo sucedido a su mujer. Podemos inferir que con este hecho se produce un quiebre en el universo particular que lo sostenía guiándolo en sus acciones, interpelando y enfrentándolo con la posibilidad de su destitución subjetiva. Jordan intentará hallar una explicación para ligar estos elementos disonantes. Podríamos pensar que ante ese suceso, a Jordan se le plantea la pregunta de ¿Quién soy yo para Dios? El sujeto es llamado a responder sobre su castración. El Otro cae y deja de ser garante del saber, en ese universo no encuentra ya una explicación para lo que ocurrió en su vida y su yo se desorienta frente a ese algo que irrumpe y produce un quiebre de sentido.
Dado que toda situación humana está constituida por las dimensiones de la necesidad, el azar y la responsabilidad, ubicamos en relación a la primera el hecho de que si Jack venía manejando a una gran velocidad era inevitable que, al aparecérsele de pronto tres personas cruzando la calle, no llegara a frenar a tiempo. No hay allí ninguna decisión en juego. Con respecto a la segunda, el azar, corresponde a ésta el hecho de que justo en el momento en que un hombre y sus hijas estaban cruzando la calle, él pasara con su camioneta por ahí y los atropellara. Fueron ellos como podría haber sido cualquier otra persona o también podría no haber sido nadie. Si nos guiáramos sólo por estas dos dimensiones, diríamos que el accidente fue una combinación de necesidad y azar. Pero para que sea pertinente la pregunta por la responsabilidad del sujeto algo debe abrir una grieta entre necesidad y azar. En relación a esto último, él mismo relata con mucha angustia en una escena que, inmediatamente después del choque, una de las dos niñas lo mira y él siente que quiere decirle algo, a pesar de lo cual, huye del lugar. Podríamos pensar este episodio, que tanto conmueve al personaje, como aquello que abre una grieta entre necesidad y azar y llama al sujeto a responder por lo sucedido.
Como distintas hipótesis que responderían a la pregunta planteada anteriormente encontramos diferentes escenas. Por un lado, aquella en la cual Jack discute con su mujer porque quiere entregarse a la policía y ella le pide que no lo haga. Él da como explicación que entregarse es un deber que tiene para con Dios. En dicha explicación el sujeto intelectualiza lo que le sucedió con una explicación acorde al universo de discurso en el que se encuentra inmerso. Esta intelectualización estaría funcionando como una figura de la culpa que obtura con sentido la brecha abierta por la interpelación. Pero luego encontramos en sus dichos un punto en el que, pensamos, el sujeto empieza a percatarse de que algo de su decisión se puso en juego allí: le pregunta a su mujer qué ocurriría si esto le hubiese pasado a sus hijos. Ella le responde que no les pasó a ellos y él le dice: “Sí, no nos ocurrió a nosotros, me ocurrió a mí”.
Por otro lado, Jordan se arma una segunda respuesta cuando el pastor de la Iglesia lo va a visitar a la cárcel, y él le plantea que Jesús lo traicionó, que él lo puso al volante y le hizo matar a esas niñas. Además, se justifica diciendo que él cambió, que hizo todo lo que Jesús le pidió y éste le falló. Aquí vemos cierto cuestionamiento respecto a los fundamentos religiosos a los que él adhería, pero, no obstante, niega ser el agente de lo acontecido, sigue atribuyéndoselo todo a un Otro. Ubicamos aquí otra figura de la culpa, la proyección, con lo cual el sujeto continúa en una posición de no querer saber nada de la interpelación, de una falla en la estructura.
Un pasaje al acto que encontramos en la película puede ser expresión de esta destitución subjetiva, el momento en que el Otro cae y ya no es garante de respuestas: Jordan, estando preso, intenta suicidarse. Esta acción podría estar significando un modo de matar en él lo que hace a su ligazón con Jesús.
Podemos ver cómo Jordan intenta dar distintas respuestas, todas fallidas, desde su universo particular ya que, a pesar de que éste se ha quebrado para él, en un principio intenta responder desde allí, pero esas respuestas no llegan a ligar el exceso que le produce lo sucedido. Es en este punto que la culpa, como reverso de la responsabilidad, lo ob-liga a responder , produciéndose así la potencialidad de un tiempo 3, aquel que es propio de la responsabilidad subjetiva. Así, poco a poco, empieza a cuestionar los fundamentos religiosos hasta finalmente apartarse de los mismos.
Esto se ve en el momento en que el sujeto, luego de haber salido en libertad, deja su casa y su círculo religioso (quienes sostenían ese saber) y se va a un motel.
Por otro lado, Cristina (la viuda y madre de las víctimas del accidente) y Paul (quién había recibido el corazón de su difunto marido) habían establecido una relación amorosa y buscan a Jack para matarlo. Paul lo encuentra y lo lleva a un descampado amenazándolo con un arma como dispuesto a fusilarlo pero desvía los disparos y lo deja vivir. Allí le dice: “Eres un asesino, dejaste morir a esas dos muchachas tiradas en la calle como perros. Ahora desaparece, ni siquiera regreses al motel por tus cosas”.
Esta intervención de Paul funciona para Jack como una nueva interpelación que marca un pasaje desde las respuestas que primero el sujeto da, aun ligadas a la acción del Otro, a una nueva respuesta más ligada a la responsabilidad subjetiva. En lo que sigue, encontramos a un sujeto que da indicadores de un cambio de posición: lo vemos en aquella escena en la cual Jordan está bebiendo en el motel y con un cuchillo caliente, intenta borrar el tatuaje de la cruz que tiene en su brazo y que dice “Jesús ama”. Así, elimina la marca de su cuerpo que estaba tomado y regulado por ese Otro saber, para enfrentar a ese saber que le pertenece, aquel que es no sabido para él mismo. Allí aparece el sujeto de la renuncia, aquel que se sustrae al dormir en los signos de un guión ajeno y enfrenta su existencia . Esta es una respuesta a la pregunta por la responsabilidad subjetiva que va más allá del goce regulado por el fantasma .
Aquí, podríamos hacer un contrapunto con la responsabilidad jurídica, la cual construye a un sujeto autónomo como aquel que dirige sus actos con voluntad e intención. En el film, la justicia decide dejar en libertad a Jack. Una escena lo muestra claramente: Jack, estando en prisión, es citado y le dicen que puede marcharse por falta de pruebas, ya que su declaración no concuerda con la investigación. Él pregunta, entonces: ¿y si soy culpable? A lo que le responden que eso a veces ocurre y que no sería ni la primera ni la última vez.
De este modo, vemos que no es la justicia quién convoca al sujeto a responder por sus actos, sino que éste es convocado desde otro lugar. La falta de pruebas exime a Jack de la responsabilidad jurídica, en cambio, desde la responsabilidad subjetiva, los motivos de su acción lo responsabilizan y desde ese lugar es imputable. Por otro lado, esa pregunta que él le hace a la justicia, pero que también se hace a sí mismo, es un indicador más que posibilita el pasaje, en potencia aún, a una nueva posición subjetiva.
A partir de lo desarrollado anteriormente, podemos decir que hubo en Jordan una decisión comparable a la de Ibbieta debido a que ubicamos, en un tiempo 3, la producción de un acto, la producción de sujeto, en tanto dicho acto implica una decisión tomada en soledad, por fuera de los otros . En el primer caso, Jack intenta borrarse el tatuaje de la cruz que tiene en su brazo como dando a entender que sus acciones ya no están regidas por un Otro (en este caso, Dios o Jesús). En el segundo caso, Ibbieta termina llorando de risa o riendo hasta las lágrimas luego de que García le comenta que su amigo Gris fue asesinado en el cementerio, mostrando, de este modo, la conclusión de algo logrado, que algo del deseo se puso en juego allí. Además, ubicamos ciertos elementos en común en ambos casos, como por ejemplo, la presencia del azar y la necesidad. En cuanto al primero, mencionamos en nuestro personaje la coincidencia en el tiempo y lugar de la familia cruzando la calle y Jack pasando con su camioneta a toda velocidad por ahí. Y en Ibbieta, también hubo una coincidencia en tiempo y lugar cuando él decide burlar a los falangistas y decirles que Gris estaba en el cementerio, y la pelea de Gris con su primo que hizo que éste decidiera ir a esconderse al mismo lugar. Con respecto a la necesidad, en Jordan tenía que ver con el hecho de que si iba manejando a toda velocidad había muy pocas posibilidades de que lograra frenar a tiempo para no atropellar a dichas personas. En el caso de Ibbieta la necesidad estaba en la imposición de los falangistas, según la cual uno de los dos (él o Gris) debía morir. También, aparece en ambos una pregunta que los interpela y que los lleva a la producción de un acto. A Jordan se le plantea la pregunta de ¿Quién soy yo para Dios?, obligándolo a responder por su castración. En Ibbieta la pregunta es ¿Qué tengo que ver yo con esto que ha pasado?, la cual también lo llama a responder por su responsabilidad.

Bibliografía.

 Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.
 Calligaris, C.: La seducción totalitaria. En Psyché, 1987.
 D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 Fariña, Michel & Carlos Gutiérrez. (1999). The Truman Show. Mar abierto (un horizonte en quiebra). En: Ética y cine. Eudeba, Buenos Aires.
 Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
 Salomone, G. Z.: El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs. As., 1972.



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