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21 gramos por Rando, Cecilia y Espíndola, Maricel

El film 21 gramos se desarrolla alrededor del personaje de Paul Rivers quien espera un transplante a causa de problemas cardíacos. El mismo está casado con Mary con la que mantiene un matrimonio conflictivo.
Finalmente Paul recibe su nuevo corazón a partir del accidente que sufre Michael junto a sus hijas, es a partir de este hecho que Cristina, su esposa decide donar sus órganos. Desde aquí se desarrolla a nuestro entender lo sustancial de la trama de la película y por lo tanto, es desde este punto que intentaremos articular nuestra lectura haciendo recortes y ubicando indicadores -que nos permitan situar nociones conceptuales de la materia- en relación a los comentarios realizados sobre el film.
Es interesante destacar que se trata de dos comentarios con enfoques diferentes.
Uno de ellos, escrito por Eva Beatriz Brajtbort, se centra en la dimensión correspondiente a la responsabilidad subjetiva, y el otro realizado por el equipo UBACyT, abarca cuestiones relativas a la responsabilidad jurídico-profesional. Por ello es importante aclarar las diferentes concepciones de responsabilidad, ya sea que se establezcan en el ámbito normativo o en el ámbito subjetivo.
Tanto una concepción como la otra estarán estrechamente ligadas a una determinada noción de sujeto: “…mientras que la responsabilidad subjetiva interpela al sujeto mas allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción del sujeto del inconciente, la responsabilidad jurídica se plantea en función de la noción de sujeto autónomo, la cual restringe la responsabilidad al terreno de la conciencia, al ámbito de la intencionalidad conciente” .
En la película se evidencian ambas dimensiones de la responsabilidad plasmadas en los dos comentarios arriba mencionados.
En el presente trabajo solo nos centraremos en la responsabilidad subjetiva tomando como referencia el texto de Brajtbort, el cual se adjunta.
En este, la autora centra su análisis de la responsabilidad subjetiva sobre el personaje de Paul, enunciando las hipótesis de que el personaje a partir del transplante se enfrenta a algo que lo excede, esto es su deseo inconciente. La necesidad de agradecimiento a Cristina hace que algo de ese deseo se comience a desplegar en la esfera afectiva y en relación a su paternidad fallida.
El principal indicador de ello es la culpa a partir de la cual se inicia retroactivamente el circuito de la responsabilidad. Culpa, deuda que siente por vivir a partir de la vida de otro, ubicando un tiempo 3 en el hecho que haya encontrado al dueño del corazón y poder así hallarse a sí mismo.
En nuestra lectura coincidimos con el tiempo 1 establecido en el comentario que es el sometimiento a un trasplante de corazón, este tiempo queda fundado por un tiempo 2, la culpa que invade a Paul dado que se mantiene vivo a partir de la muerte de otra persona. Esto interpela al protagonista sintiéndose obligado a responder, a saldar su deuda.
Los indicadores podemos situarlos en dos escenas: la primera, cuando el médico por expreso pedido de Paul le demuestra el corazón extirpado ante lo cual él dice: “¿este es mi corazón? El culpable” ; la segunda, cuando le pregunta al médico acerca de la identidad del donante, recibiendo la negativa del profesional a su interrogante fundamentando su respuesta en el apego a las normas institucionales. No obstante deja entrever que sí dispone de la información requerida.
Es desde estas escenas que se desprende que el tiempo 1 adquiere una resignificación que sólo obtiene por la existencia de un tiempo 2, donde la culpa que experimenta Paul lo interpela acerca de su intervención quirúrgica. Retornar sobre esto es producto de la interpelación que se da a través de la culpa. Paul se interroga ahora que no tiene SU corazón si su vida es la misma, si él es el mismo ¿sería una nueva vida? ¿Nuevos latidos, nueva vida?
A partir de esta operación simbólica hay una respuesta, porque ella misma la exige, la cuestión es vislumbrar si es una respuesta en la que advendría un sujeto y no moral precisamente, sino un sujeto del inconciente, que haya cedido a su deseo, es decir, un sujeto de la responsabilidad, un sujeto que se produce en el acto ético mismo, diferente de otro tipo de respuestas que responden de modo genérico a la interpelación. La fuerza de esta operación simbólica proviene de la internalización de la Ley simbólica, es por eso que en ese sentido la interpelación es exigencia de respuesta mas allá de lo que “yo” querría responder.
Entonces, el tiempo 3 es el de la responsabilidad subjetiva, es el tiempo de la respuesta ética a partir de la resignificación sufrida en el tiempo 1, respuesta que diluye ese sentimiento de culpa, es la emergencia de una singularidad en situación que como tal destituye al particular previo. En el personaje de Paul esto se vislumbra cuando logra encontrar la identidad del donante por intermedio de un investigador que él contrata para que le brinde todos los datos necesarios para ubicar a la familia.
A partir de lo expuesto se puede proponer una hipótesis clínica que intente explicar el surgimiento de la interpelación del personaje:
• Paul decide no aceptar su nuevo corazón como propio hasta tanto no conozca la identidad del donante, producido ello se le abre la posibilidad de tener una nueva oportunidad operando allí su deseo inconciente de ser otra persona (funcionando el significante corazón como vida: nuevo corazón, nueva vida).
Si bien esta hipótesis es similar a las del comentario adjunto, el enfoque es diferente ya que hacemos hincapié en que Paul quiere vivir la vida de Michael (inconcientemente) lo cual se puede observar en el momento en que inicia una relación amorosa con Cristina y asimismo, en el momento en que el médico le advierte que hay que esperar un nuevo corazón para intervenirlo otra vez ya que su cuerpo está rechazando el que le dieron, ante lo cual se niega rotundamente, mientras que el comentario puntualiza en sus relaciones amorosas y en su paternidad fallida.
No obstante, esto queda englobado en el deseo de vivir una vida ajena que en algún punto la siente propia.
Con respecto a esto último, desde el momento de la operación siente que no es el que era pero a su vez no sabe quién devino, entonces, si ya no es el que era y no sabe quién devino ¿Dónde ubicarse? Dice que está vivo porque otro murió, es ahí, a partir de la culpa que esa situación le produce, que es interpelado y comienza su propia búsqueda intentando encontrar la identidad de aquel que fue dueño de su actual corazón.
Es a lo largo de ese camino que podrá ir ubicando que valor tienen para el 21 gramos (el supuesto peso del alma), y cuanto ganó o perdió en el transcurso de su segunda oportunidad, cediendo a su deseo inconciente de ser otro. Todos los interrogantes que se plantea en el monólogo final acerca de ¿Cuántas vidas vivimos? ¿Cuántas veces morimos? ¿Cuándo perdemos 21 gramos? ¿Cuánto perdemos con ello? ¿Cuánto ganamos? ¿Cuánto pesan 21 gramos? ¿Podría esto haber sido consecuencia del disparo que se produjo él mismo como una forma de matar al hombre que era previo al trasplante?
Retomando el interrogante acerca de cómo ubicarse con respecto a quién fue y quién es ahora puede pensarse como justamente la grieta entre necesidad y azar, ya que aquella pregunta no puede ser respondida ni por una ni por la otra. La necesidad fue la realización del trasplante para seguir con vida, el azar le proporcionó ese corazón como podría haber sido otro. Esa grieta es la que posibilita abrir la pregunta por la responsabilidad, la cual adquiere toda su dimensión en los tiempos lógicos desarrollados anteriormente.
Por último podríamos relacionar este caso con el de Ibbieta –personaje del cuento de Jean Paul Sartre “El muro”- dado que ambos se posicionan ante un imperativo de similares características que es “tu vida a partir de la muerte de otro” / “tu vida o la de otro”.
Paul quiere conocer la identidad del otro que junto a él forma parte del imperativo que le impone el devenir de la vida a partir del espacio que queda en la confluencia de necesidad y azar. En el caso de Ibbieta, el imperativo está impuesto por los falangistas y él, desde el comienzo conoce al otro (su amigo Gris).
Podemos pensar que en el caso de Ibbieta, su proceder conciente daría cuenta de su apatía ante la muerte y que su elección sería la vida de Gris. Aunque esto queda desbaratado cuando al final del cuento, ante el comentario de García de que mataron a Gris en el cementerio su ambivalencia risa-llanto deja al descubierto la implicación del sujeto respecto a su deseo, deseo inconciente de vivir “…(Ibbieta) salvó su vida, si ese fue su deseo, de eso es responsable”.
En el caso de Paul, el hecho de aceptar el trasplante supone la voluntad de continuar con su vida. La culpa dejará al descubierto el deseo inconciente de vivir pero otra vida que no es la suya, sino la de aquel que ya no es para que él sea.-

Bibliografía

• D´amore, Oscar. Responsabilidad subjetiva y culpa. En La transmisión de la Etica. Clínica y Deontología.
• Domínguez, Ma. Elena. Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la Etica. Clínica y Deontología.

• Lewkowicz, Ignacio. Cap. IV: Particular, universal, singular. En Ética. Un horizonte en quiebra. Eudeba. Bs. As.

• Michel Fariña, J. J. Cap. III: Lo universal-singular. En Ética. Un horizonte en quiebra. Eudeba. Bs. As.
• Michel Fariña, J. J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de Cátedra.
• Mosca, J. C. Cap. VIII: Responsabilidad: otro nombre del Sujeto. En Ética. Un horizonte en quiebra. Eudeba. Bs. As.
• Salomone, G. El sujeto autónomo y la responsabilidad y El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la Etica. Clínica y Deontología.



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