por 

- Universidad de Buenos Aires-
- Facultad de Psicología-

Segunda evaluación: Psicología, Ética y Derechos Humanos.

Ayudante de trabajos prácticos: Lic. Laso Eduardo.
Comisión N°4
Alumno: Roberto Emanuel Ares
L.U: 330327940
E-mail: emamalon@hotmail.com
Cel: 15-6735-9415

1º Cuatrimestres del 2010

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

El personaje que es tomado en el comentario para hacer el análisis de responsabilidad subjetiva es Paul Rivers, docente universitario, quien debido a fallas cardíacas tambalea entre vida y muerte, dependiendo, en última instancia, de la aparición de un donante. Por otra parte, el personaje está casado con una mujer obsesionada en ser madre y su matrimonio al igual que su vida está a punto de disolverse. Para el análisis la autora indica un recorte posible del film para dar lugar a una situación y también nos propone algunas hipótesis clínicas que tal vez sirvan para tratar de captar algo de aquello que vincula las situaciones que se tomarán en el circuito de la responsabilidad . Mencionamos a continuación: en primer lugar aquella que versa sobre un problema en el corazón –pero ya no a nivel biológico-, un corazón/símbolo tocado en algún punto por algo del deseo. En segundo lugar algo del binomio culpa-responsabilidad se pone en juego, sensación de deuda. Por último, aquella que remite al orden pulsional, donde vida y muerte ya no son tan discernibles.
Para dar cuenta de ellas podemos tomar las distintas viñetas que se van dibujando en la película, Eva Brajtbort dice:

Paul podría haber continuado con su vida, su pareja y sentirse feliz por haber seguido viviendo. Pero no, algún punto ciego operó en él desde su propio deseo inconsciente .

En este sentido tal vez podríamos decir que este punto desconocido para Paul es el que lo compele a ver su maltrecho corazón luego del transplante –no sin una inquietante sensación incómoda-, como si pudiese entrever, que hay algo que rebasa por demás la simple palabra “corazón”, que su problema no se agota en un órgano pero sin embargo lo reduce a él: “-¿Eso es mí corazón? El culpable-”. Pero ahora hay más que eso, tiene un corazón que no le pertenece, que es de otro pero dentro suyo. En cuanto a la segunda hipótesis podemos retomar desde la lectura del artículo de Oscar D´amore, donde la culpa liga a una falta o más precisamente –según la etimología que trae a cuento- a una deuda . Deuda con Cristina Peck y la memoria de su difunto marido que sobrevive dentro de él. “-Quería darte las gracias y ahora no puedo separarme de ti-”, ella se convierte en –o sigue siendo- “la dueña de su corazón”. Por último, podemos pensar la tercera hipótesis donde se vislumbra lo pulsional, el continuo muerte-vida-muerte figura esta “mezcla y desmezcla pulsional”; Paul sólo sobrevive a costa de que otro muera, y una vez que sobrevive ese costo se patentiza en la necesidad de ajusticiar a otro, para terminar siendo objeto de un Tánatos que se revuelve en él.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

Para situar los elementos o las situaciones que conforman el circuito de responsabilidad primero haremos un somero repaso en cuanto a como se concibe este circuito y sus componentes, para lo cual nos basaremos en el capítulo “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis” de María Elena Domínguez partícipe del libro “Clínica y deontología” .

Este circuito es compuesto de tres elementos –o tiempos- que se vinculan entre ellos siguiendo la lógica del après-coup –nachträglich, efecto retardado-; el primer elemento es un tiempo 1 donde una acción o un decir sigue y persigue el estado de las cosas, es decir, se sitúa en el nivel de lo particular y moral –también en este nivel podríamos ubicar la cháchara del yo-. En un tiempo 2, inscripto efectivamente a la postrera del primero, aparece una situación brindada por el azar o por el efecto de la insistencia significante, efectos que descalabran lo consabido del primer tiempo, caída de los pilares imaginarios y los juegos de sentidos –tiempo de lo imprevisible pero también del lapsus, olvido, en fin, de las formaciones del icc.- Lo que media entre 1 y 2 será la hipótesis clínica que tratará de aventurar algo sobre ese esfuerzo de anudar lo desanudado, nivel de trabajo en el sentido . Por último, como corolario se espera un tiempo 3 donde puede haber una responsabilización y el espacio para el “efecto sujeto” un sujeto advenido barrado; pero también puede no haber nada de esto y sí una respuesta desde lo particular o moral .

Ahora sí, siguiendo a Eva Brajtbort daremos lugar a los 3 tiempos que propone en su comentario sobre la película 21 gramos:
En el primer tiempo podemos ubicar la intervención quirúrgica –descarte y recepción de un corazón- como forma de alargar la vida y solución final. Pauta contractual de la donación: no poder saber del donante ni del receptor. Tiempo dos: Momento de lo imprevisible: algo no salió como Paul esperaba, algo lo excede. Deseo de saber sobre el donante y sentirse en deuda con quien lo salvó, culpa que acompaña la interpelación y que es “una condición para el circuito de responsabilidad subjetiva, es una condición sin clivage. Es la culpa, lo que ob-liga a responder” . Así este tiempo 2 resignifica al primero y deja aflorar la angustia de “¿Quién soy ahora?”. Teniendo en cuenta las hipótesis clínicas relevadas en la consigna anterior podemos pensar en el espacio para un tiempo 3, en el que el sujeto se ve invadido por un radical ajenidad, momento del acontecimiento, de la necesidad de situarse frente a lo desconocido de sí. En el tiempo 3 sugerido por la autora ubicamos la responsabilización de Paul: “Se produce un cambio en la posición subjetiva de Paul: encontrando al dueño del corazón que le dio vida, puede encontrarse a sí mismo” . Podríamos decir que así como él fue vaciado de su corazón para que sea remplazado por otro –usado, siempre usado-, él se apropia del significante corazón, dejándolo como S1 desencadenado –vaciado de sentido-; dejando de dormir en los significantes del Otro para empezar a barajar los propios, dimensión propiamente ética y efecto sujeto –sujeto que es en acto y por lo tanto nuevo, siempre nuevo-.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

Entendemos a la necesidad en su acepción lógica, como aquella vinculación directa entre dos estados o situaciones, pero que no agota en sí la posibilidad del pasaje de uno a otro –necesario pero no suficiente-. La necesidad es de carácter determinante. Podemos pensar en una predisposición –no determinante- hereditaria o en conductas perjudiciales –como el vicio de Paul- que dieron lugar a una deficiencia cardíaca –si bien nada de esto es manifiesto en la película las tomaremos como hipótesis ad-hoc-. Así, un corazón inútil determina a un sujeto a morir, a menos que haya posibilidad de transplante como en el caso de Paul, si hay posibilidad de transplante hay necesidad de que alguien muera y de que alguien tome la decisión de donar órganos. En resumidas cuentas: para que Paul viva es necesario que Michael Peck sea arrollado. Sin embargo no hay nada que diga de un orden absolutamente necesario y suficiente para que estas situaciones efectivamente se cumplan, aquí la contrapartida de la necesidad: el azar. Azar entendido como la imposibilidad de previsión y anticipación; aquello que nadie espera, y que si lo espera cuando llega no se está preparado. En la película podríamos entrever el azar en el que las hijas de Michael corrieran la paloma y que en ese momento la camioneta doblase y los atropellara. Referentes al azar son también las laceraciones sufridas, pues podrían haber no sido mortales. Azaroso es el hecho de que las víctimas del accidente estén en el mismo hospital –el St. Francis- que Paul, lo mismo vale para la decisión de Cristina de donar. La llegada del corazón, desde la óptica de Paul, no dependía en absoluto de él, incluso tal vez no llegase o llegase demasiado tarde. Así en la conjunción azar-necesidad podemos ver aquello que da lugar a la responsabilización – o no- de Paul, a interrogar como se sitúa frente a su deseo de vivir – si es que lo hay-, a su deseo de saber sobre el donante y como responde ante el trueque de una vida por otra.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

Al momento de consignar las hipótesis clínicas vimos que una de ellas versaba sobre la culpa, el personaje se siente dolido por aquello que implica que él siga con su existencia: la muerte de las niñas y Michael y por lo tanto él como deudor. Persigue a Cristina por una necesidad, necesita hacerlo, expresa “Quería darte las gracias. Quería ayudarte de alguna forma…“y la cosa se le fue de las manos podríamos decir.
La hipótesis clínica que propone Brajtbort:

Lo que manifiestamente parecería saldar una deuda como pagando algo por su vida, como agradeciendo a Cristina (“quería darte las gracias y ahora no puedo separarme de ti”) lo encontró a Paul buscándose a sí mismo. Sin saberlo, algo del amor y de su paternidad fallida comenzó a desplegarse.

Entonces, en un primer momento necesitaba agradecer, pero también había algo que lo desbordaba –del lado de lo deseante- y trata de condensarlo en la frase “tengo un corazón bueno”: ¿un corazón bueno que paga deudas? ¿Un corazón bueno y compasivo para con la viuda? ¿Un corazón bueno porque tiene buenas intenciones con ella? O ¿simplemente un corazón bueno porque no es mío? Pluralidad de sentidos, pero ninguno importa, lo que importa es que culpa y responsabilidad se anudan: “Es en este sentido que la responsabilidad subjetiva es la culpabilidad misma de lo que se hace y de lo que se dice; una singularidad que emite un sujeto, del deseo del inconsciente que causó la formación” . Culpa que interpela todo lo acaecido hasta el momento para Paul.

5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).

A partir de la presentación de “El Muro” realizada por J.C. Mosca podemos ver puntos en común y de disyunción. Pensamos en los tres que sabe Ibbieta:

 Sabe que va a morir.
 Sabe donde está Gris.
 Sabe a todos mortales.

El primer ítem es bastante claro, tanto Ibbieta como Paul se saben muertos jugando a los vivos, que sus existencias se prolonguen un rato más o menos no depende de ellos. Para Ibbieta el saber donde está Gris podría ser aquello que le devuelva su existencia –pero se niega por “testa dura”- , en este punto diverge del personaje de 21 gramos, puesto que Paul no dispone de ningún saber ni medio que le permita decir “puedo seguir viviendo”. El último punto vuelve a reunir a estos personajes, es el problema del tiempo, la cuestión de la facticidad: Ibbieta, con la prepotencia de quien no tiene ya nada para perder, reconoce que todos a fin de cuentas son mortales, como dice Mosca:

“La finitud, el límite absoluto, convoca a la infinitud. En tiempo cósmico ¿qué son unos años más, aún unas décadas, más o menos? La cuestión es si el tiempo es el propio, no el del cosmos”

En los inicios de 21 gramos hay escenas que corresponden al final de la historia, muestran a un Paul ya transplantado pero nuevamente entre la vida y la muerte, donde el tiempo toma ese carácter inasible que solemos olvidar, el tiempo es un continuo y nada más y que por tal desconcierta: “ya no sé cuando comenzó todo, ni cuando acabará. ¿Quién será el primero en perder la vida? ¿Él que está en coma o yo? Al igual que para Ibbieta la muerte es una certeza, lo único que cambia es que sea un rato antes o después. El estar frente a la muerte les hace resignar todo aquello que los unía con el mundo, retirada de las investiduras libidinales de los objetos, para Ibbieta ni la causa revolucionaria, ni su mujer ni su amigo ya valían; para Paul su matrimonio se estaba yendo por el caño, su docencia lejos de su sala de terapia intensiva, solo concede de manera resignada el capricho de su mujer de tener hijos y congela su esperma.

Otro punto de contacto es el azar: obra del azar fue que Gris estuviese en el cementerio tal y como mintió Ibbieta –con lo cual su amasijo en el muro sea postergado- y fue una concatenación de eventos azarosos también aquellos que dieron lugar al accidente que posibilita la llegada del corazón para Paul. Otra similitud puede ser el cómo se construyen los personajes, no como estandartes del estoicismo y el heroísmo sino como unos tipos desmigajados sumidos en la pusilanimería, donde ni siquiera se puede ubicar claramente algún manifiesto deseo de vivir. Los caminos de la comparación tampoco divergen tanto al llegar al final, pues en “El Muro” J.P. Sartre nos deja el final, ni siquiera abierto sino inconcluso, para que cada uno desvaríe lo que le plazca sobre las motivaciones y el devenir de Ibbieta. En 21 gramos tenemos al final de la historia un tipo que se mete una bala de 32 en el pecho –un pecho que ya supo ser abierto para el transplante-, no tenemos de manera explícita el ¿por qué? de su actuar, pero uno puede arreglárselas para aventurar diversas conjeturas. Lo que importará será la posición de cada uno respecto de los deseos que los habitan, es decir si puede acontecer un sujeto en la lógica del no-todo o si habrá una respuesta sustancializante en la culpa sostenida en la moral epocal.

Bibliografía:

Fariña, J.J.M: Ética. Un horizonte en quiebra. Eudeba, 2004. Buenos Aires.

Domínguez, M.E. y Salomone, G.Z: Clínica y deontología. La transmisión de la ética. Volumen I, Fundamentos. Letra Viva, 2010. Buenos Aires

Brajtbort, E.B: Comentario de la película 21 gramos.



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