por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de psicología
Psicología, ética y derechos humanos

CÁTEDRA I: Fariña Juan Jorge Michel
DOCENTE DE TRABAJOS PRÁCTICOS: Brunetti, Marcela
COMISIÓN: 14 - Lunes 14:15 a 17.45 horas -

“Segunda Evaluación Parcial”

EQUIPO RESPONSABLE:
Lorena Vilma Sartori (28.880.403)
Sandra Lorena Tejeda Chauqui (23.376.544)

Fecha de entrega del trabajo: 7 de Junio 2010

“La tierra giró para acercarnos,
giró sobre sí misma y en nosotros
hasta juntarnos por fin en este sueño…”
Eugenio Montejo
Un segundo, un centímetro, una vida, cualquier instante; por pequeño que sea; puede convertir las cosas en algo drásticamente diferente de lo que eran... ¿hasta que punto somos capaces de soportar las pérdidas? Especialmente cuando se trata de una tragedia, de la muerte injusta de seres queridos, ¿puede seguir llamándose "estar vivo" a una vida después de algo así? "21 gramos" dicen, es la cantidad de peso que pierde un cuerpo cuando deja la vida, equivaldrían al peso del alma; es también, el nombre de la película que pasaremos a analizar, y su director Alejandro González Iñárritu nos propone no sólo explorar el tema de la muerte sino también el de la vida después de una tragedia, la venganza, la culpa, la incertidumbre, pero también; el arrepentimiento, la supervivencia y la esperanza. Sobre estos temas se va construyendo un complicado ejercicio narrativo en el que se entrecruzan las siguientes historias: Paul Rivers (Sean Penn) y su esposa Mary (Charlotte Gainsbourg) descubren que su matrimonio se encuentra en una balanza que oscila entre la vida y la muerte. Él se encuentra a la espera de un transplante cardíaco y determinado frente a la encrucijada entre seguir viviendo o morir, Paul sabe que su vida depende de la muerte de otro. A pesar de ésto, su mujer espera quedar embarazada mediante inseminación artificial, decisión con la que Paul no está de acuerdo, no obstante accede.
A último momento, tiene la suerte de recibir el corazón de Michael Peck, un hombre atropellado junto con sus dos hijas por el ex presidiario Jack Jordan (Benicio Del Toro), un hombre convertido que ha encontrado a Dios en su celda. Finalmente, Christina Peck (Naomi Watts), mujer de Michael, observa como su mundo se desmorona con la muerte súbita de toda su familia. Ahora bien, tomando en cuenta el comentario del film de Eva Beatriz Brajtbort, el personaje sobre el cuál se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva es el de Paul Rivers y la autora propone marcar un antes y un después del transplante que finalmente se realiza y entonces así la vida continúa. Es en ese después de la operación que se le presenta una pregunta a Paul: la de saber quién le ha salvado la vida. Ubicamos la escena en donde Paul, luego de enterarse del trágico accidente en la cual perdió la vida su donante, comparte esta información con su mujer quien no entiende el propósito de esa búsqueda y es quien trata de convencerlo de que mire hacia delante junto a ella y no hacia el pasado, a lo cual Paul contesta: ”Quiero saber quien soy yo ahora” a partir de esta pregunta se abre el circuito de la responsabilidad subjetiva, y esta búsqueda desesperada del protagonista termina cruzando las vidas de él y Christina, viuda del donante, de quien se enamora y se involucra afectivamente dejándola embarazada.
Para sugerir el circuito de la responsabilidad primero debemos indicar que la noción de responsabilidad depende de la noción de sujeto que se sostenga, la responsabilidad no puede sustancializarse, ni identificarse como algo que está presente y que uno designa como tal, sino que se la atribuye a partir de una noción de sujeto. Jinkis en el texto “Vergüenza y Responsabilidad” toma una definición clásica, “responsabilidad: aquel de quien se espera una respuesta“, ya no hablando de la conciencia de este sujeto, sino es aquel que se hace culpable de lo que hace y de lo que dice.
Podemos distinguir entre la responsabilidad jurídica y la subjetiva; “ésta última interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción de sujeto del inconsciente; en la primera se plantea en función del sujeto autónomo, la cual restringe la responsabilidad al terreno de la consciencia, al ámbito de la intencionalidad conciente.”
Dentro del film, en un primer momento, podemos ubicar una acción que Paul lleva adelante, una conducta orientada por un determinado objetivo y entendiendo que tal iniciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida, es decir, se somete a la intervención quirúrgica y accede al trasplante de corazón que le va a permitir continuar con su vida, así podemos ubicar el sujeto de la responsabilidad jurídica que se llama a la razón a la conciencia que puede responder y ser interpelado a la luz de los códigos jurídicos. En un segundo momento, Paul luego de su exitosa operación pregunta quien fue el donante, se siente en deuda, se siente interpelado, aparece la figura de la culpa y es esta misma la que lo obliga a responder. Este tiempo 2 resignifica el tiempo 1 mediante un movimiento retroactivo. Esta interpelación puede formularse a través de ¿quién soy ahora?, un resquebrajamiento yoico que forja volver sobre la primera acción. En este tiempo hay un desfasaje, todavía el sujeto no tiene idea de lo que le sucede, pero lo que sí puede llegar a pesquisar es que algo de esta diferencia le pertenece y eso es lo que lo divide, esto es lo que en algún punto lo desarma en relación a una posición previa. En términos económicos, la interpelación supone una deuda, una deuda por la que se debe responder. “La culpa es una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva. Es la culpa, lo que obliga responder”. Entonces, en el tiempo 1 del circuito de la responsabilidad, nos encontramos con el sujeto que sabe lo que quiere y hace lo que dice, el sujeto de la afirmación, pero el tiempo 2 va dar lugar al sujeto de la interrogación, algo lo conmueve y lo ubica en una posición de sujeto deseante, aquel que se pregunta respecto de su acto, abre un juicio sobre su acción, y es por la vía de la retroacción que esto se produce, en este sentido es el tiempo 2 el que constituye un circuito, porque el sujeto se encuentra con una circunstancia que le permite leer su acto de modo distinto. La distancia entre el tiempo 1 y el tiempo 2, autorizan la formulación de una hipótesis o conjetura respecto de la responsabilidad del sujeto. Planteamos una hipótesis clínica a partir de la cual la búsqueda obsesiva de saber acerca de su donante, se tornó en una búsqueda por sí mismo. Sin darse cuenta que su deseo implica algo del amor, de la búsqueda de la felicidad y algo de la paternidad fallida, que finalmente se concreta. Hay algo de la posición deseante y de la inconciencia que empieza a filtrarse pero que no se trata de algo que pueda ser nombrable, tiene que ver con lo más indecible que responde a los puntos mas oscuros de la vida de ese sujeto en relación a un Otro. Paul, ¿podría haber continuado con su vida y con su pareja?, hay un cambio de posición en él, hay un saber hacer con esas marcas que lo condenaron a la infelicidad, respondía siempre desde un mismo lugar y ahora puede hacer otra cosa, ubicarse o responder desde otro lugar. Su corazón, símbolo del afecto del amor, estaba resquebrajado antes del transplante. El reemplazo de un corazón por otro lo enfrentó con aquello que no había calculado. Entonces, aquí se abre la potencialidad de un Tiempo 3, el sujeto de la responsabilidad subjetiva. Aquélla que atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo. Esta potencialidad del tiempo 3 nos introduce a un Sujeto diferente, ya no al del tiempo1 que es un sujeto que sabe lo que hace y dice. Se produce un efecto del sujeto que es también una respuesta a la interpelación, pero no se trata de una respuesta que se pronuncia en la dimensión moral, ya que desde allí no hubiese realizado ciertos actos, como contratar un detective para que le den información supuestamente poco conveniente de saber, seguir a la esposa del fallecido, enamorarse de ella, llevar a cabo una venganza que no era suya pero la toma como tal, ya que le consigue a Cristina un revolver y los datos donde se encontraba Jack, apuntar a este con un arma. Si el hubiera respondido desde la moral no hubiese tenido lugar el cambio subjetivo y a responsabilizarse de sus deseos.
El desear supone una culpa que obliga a retornar a la acción y en ese retorno se disuelve el sentimiento de culpa haciendo posible el efecto sujeto, efecto que es una respuesta en la dimensión ética. Según Alejandro Ariel, este tercer tiempo abre “otro tiempo”, un tiempo en el que sujeto asume una nueva posición y no descansa sobre la escritura de un guión que le es ajeno, guión de las normas morales, de las leyes, de los otros que aceptan y perdonan o que culpan y castigan. Una nueva posición en la cual el sujeto responde desde el silencio de su ser, es decir, el sujeto responde desde ese silencio que lo hace ser él y no otro. Paul con su nueva vida, desde el límite con la muerte, despierta y se enfrenta al tiempo 3 no sin haber pasado por el reverso de la responsabilidad, de la culpa. En este tiempo el sujeto de la responsabilidad subjetiva es el primer sorprendido. Lo que manifiestamente parecería saldar una deuda como pagando algo por su vida, como la escena en donde Paul a la salida de un club nocturno, maneja el auto de Christina, para que llegue sana y salva dado que se encontraba bajo los efectos del alcohol y las drogas. El protagonista desempeña un rol de cuidador, de protector con esa mujer que autorizó la donación de ese órgano que extendió su vida, también se refleja ese agradecimiento entremezclado con un enamoramiento que lleva a Paul a descubrir algo nuevo: “quería darte las gracias y ahora no puedo separarme de ti”. Se produce un cambio en la posición subjetiva de Paul: encontrando al dueño del corazón que le dio vida, puede encontrarse a sí mismo.
En el texto “Responsabilidad: otro nombre del sujeto” Juan Carlos Mosca sugiere que la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Es decir, que cuando rigen por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. La necesidad es la categoría lógica matemática que queda por fuera de la subjetividad, la necesidad es la de operarse para seguir viviendo. El azar lo podemos pensar como la coincidencia del accidente de transito que mata a Michael y a sus hijas que a su vez le posibilita operarse a Paul, esto es algo de lo que el sujeto no tiene manejo ni puede anticipar. Pero basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión. Si dijimos que hay un antes y un después del transplante y Paul se pregunta en el después: ¿Quiero saber quién soy yo ahora? A partir de la pregunta que ya no puede ser explicada por la necesidad y el azar, es entonces que se produce esa grieta que abre el circuito de la responsabilidad subjetiva.
Según Fariña, “necesidad es aquello que rige por fuera de la intervención del sujeto en situación.” En la situación planteada para la realización de éste trabajo podemos considerar del orden de la necesidad o de la determinación como la llama Mosca, la de recibir el corazón porque su vida depende de ello, ahora si pensamos al azar como algo imprevisto, no calculado, conseguir “el corazón” es algo de lo que el sujeto no tiene manejo ni puede anticipar.
Si utilizamos las mismas categorías con el protagonista del cuento “El muro” de Jean Paul Sartre, podríamos ubicar la necesidad en la presión a la que está siendo sometido Ibbieta, él eligió participar de una guerra civil en donde el riesgo de morir era muy alto, él se expone a ese riesgo, pero lo que él no eligió de ningún modo, es tener que optar entre su vida o la de su amigo, no eligió tener que delatar a su amigo para salvar su propia vida. Es un factor “externo” a Ibbieta, y utilizamos la palabra externo para evitar decir “ajeno” a Ibbieta, porque si bien, la necesidad no es algo que el sujeto produzca como tal, no le es ajeno en la medida en que este campo de determinación obliga al sujeto a responder frente a el. Ahora bien, si analizamos las respuestas que dio ibbieta podríamos decir que también ha intervenido el azar en el sentido que el amigo a quien debía delatar (Gris) se haya escondido justo en el cementerio, lugar donde dijo ibbieta que se encontraba. Coincide el momento en que ibbieta hace su jugarreta, con el momento en que Gris va al cementerio. Si ibbieta hubiese sido interrogado un día antes, las circunstancias hubiesen sido las mismas, pero al no haber coincidencia el resultado hubiera sido otro.
Todos creemos tener la certidumbre de que en algún momento nos moriremos, pero la incertidumbre respecto al momento en el que ésto va a producirse, nos permite jugar a la inmortalidad. En Paul, la enfermedad se apoderó de su cuerpo, su vida depende de la muerte de otro y le quedan pocos días de vida, no tiene mucho margen para jugar a ser inmortal, tal como le sucede al personaje del Muro de Sartre, nuestro ibbieta no puede jugar a la inmortalidad, porque sabe que en pocas horas va a estar puesto frente al muro de los fusilamientos. Y por ello esa noche Pablo Ibbieta empieza a desentenderse de todo aquello que lo amarra a la vida, ya no le interesa mas vivir. Nos preguntamos si el personaje de Ibbieta, es leal o es un traidor, ó si es responsable. Ibbieta es responsable de haber hablado, de su deseo de querer vivir, por lo menos un poco más, esto es lo que ha producido como sujeto de deseo: vivir más tiempo. Lacan sostiene que: “De nuestra posición de Sujeto somos siempre responsables”. Es decir, somos responsables de nuestra posición como sujeto deseante, de nuestra razón de ser en la razón deseante. Por otro lado, Paul no se acobarda frente a su deseo, lo enfrenta. Un transplante imprime un giro radical a su vida, ya no es el mismo, se ha posicionado frente a la responsabilidad subjetiva, se ha encontrado a sí mismo, distinguimos como un efecto singular el cambio de posición que adopta Paul para su vida, es a partir de la operación que una palabra es resignificada en relación con el deseo. Podemos pensar que a partir del tiempo 2, la palabra “corazón” (asociada popularmente a los afectos) que todos compartimos, deja de tener un significado particular (moral), para adquirir una significación que le es propia. Lo universal no se realiza sino en la forma de lo singular y utilizando como soporte lo particular, es decir, los códigos compartidos. El efecto universal-singular es la apropiación subjetiva que Paul hace del lenguaje y sobre todo es este caso de la palabra corazón que no tiene el mismo significado en un primer tiempo que en el segundo tiempo al igual que Ibbieta la palabra cementerio tiene un valor en el tiempo uno y en el tiempo dos tiene otro valor totalmente distinto. En el primer tiempo el valor de la palabra clave tiene un sentido declarativo y el tiempo 2 tiene un valor interrogativo, esta posibilita que un sujeto se pueda hacer una pregunta que lo comprometa.
Comentario final
21 Gramos es una película brillante y demoledora, que, consigue plenamente su objetivo: que todos nosotros estemos un poco más contentos de llevar la vida que llevamos, y deja ver claramente que no hay actos sin consecuencias. Las últimas escenas son conmovedoras y nos invitan a pensar que hay esperanza incluso en la más difícil de las situaciones. En 1996, el hijo pequeño del director falleció a causa de una enfermedad pulmonar y el sobrino de Guillermo Arriaga (guionista) falleció ahogado en una piscina con dos años, estos hechos subyacen en el argumento de la película, la misma termina con una dedicatoria de González Iñárritu a su mujer, que sufrió con él la muerte de un hijo: “A María Eladia, porque cuando ardió la pérdida reverdecieron los maizales”. Por lo tanto tenemos una vida, y de ella debemos hacernos responsables porque después de la oscuridad hay luz y porque quizás detrás de esos 21 gramos, lo mismo que pesa un chocolate o un colibrí, se esconda algo que vale la pena descubrir.

Bibliografía.

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• Salomone, G. Z.: “El sujeto Autónomo y la responsabilidad”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006
• Salomone, G. Z.: “El sujeto dividido y la responsabilidad”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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