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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGIA

INFORME DE ETICA: 2° EVALUACION
“A LOS TRECE”

Cátedra I: Fariña, Juan Jorge Michel
Profesor: Noailles, Gervasio
Comisión: 8
Alumna: Ramírez, Paula Alejandra
Fecha de entrega: 22/06/2011
Cuatrimestre: 1° cuatrimestre del año 2011
Libreta Universitaria: 338953350

INFORME 2º EVALUACION:
THIRTEEN (A LOS TRECE)
Esta película toca muchos temas: drogas, sexo, violencia, problemas familiares. Todo lo que algunos adolescente atraviesan, y quizás mucho más seguido de lo que lo que la sociedad está dispuesta a admitir. Tracy (la protagonista de esta película, una adolescente de 13 años) es presentada al principio como “una niña buena”: no discute, no hace renegar a su madre ni a su padre, no confronta aquello que no le gusta, que no quiere y/o que le hace mal. Es cuando se encuentra con Evie (una adolescente, también de 13 años, que cursa en su mismo colegio), que algo cambia. Tan solo un comentario provoca que tire sus cosas y quiera comprarse ropa, solo para ser como ella y pertenecer a su grupo. Es con esta amistad que se inicia un recorrido que llevará a Tracy a conocer la droga, el sexo, la violencia, el robo. En el momento en que Evie se va a vivir con ella (previamente pidiéndole permiso a la madre de Tracy, Mel), la gravedad de la situación va creciendo, hasta el momento en que Mel decide que Evie vuelva a vivir con su tutora y prima, Brooke (a quien Evie había acusado de maltrato). A partir de ese momento, las consecuencias de lo que hizo durante este tiempo empiezan a presentársele de a poco a nuestra protagonista. Peleas con otras chicas por hombres, el ser dejada de lado en la escuela, repetir el año. En el final, Mel se encuentra reunida con Brooke e Evie, quien acusa a Tracy de robar. Ante dicha acusación de quien fue su amiga, Tracy dice “¿De dónde creen que aprendí todo esto?”, provocando una discusión que termina con Brooke e Evie yéndose y culpando aún a Tracy, no sin antes mostrarle a Mel las heridas que tiene su hija en el brazo, producto de los cortes que se realizaba desde hacía tiempo a escondidas en el baño. Finalmente, su madre besa sus heridas y duerme a su lado durante toda la noche.
Para analizar la película se pueden tomar distintos personajes, pero me interesa ubicar que papel jugó en esta historia Mel, la madre de Tracy. Porque, si bien Tracy fue quien vivió todo esto, poder determinar el papel que jugaron cada una de las personas involucradas permitirá establecer que responsabilidad deberán asumir y le corresponde a cada uno.
Mel esconde su adicción al cigarrillo de sus hijos, quienes también esconden su adicción de ella. Cuando debe ir a las reuniones de autoayuda, su hija, aunque no quiera, debe cuidar la casa y a los hijos de sus amigas. Pero en el momento de escuchar a su hija cuando ella se lo pide, dice “no poder hacerlo porque tiene cosas que hacer”. Es especialmente en la escena previa a que Tracy conociera a Evie, cuando quiere leerle un poema a su madre (que puede pensarse como una advertencia de lo que sucederá y un llamado dirigido a su madre para impedirlo), que Mel no puede escucharla (o, mejor dijo, dice que no puede escucharla “porque tiene cosas que hacer”). Después, ya cuando Tracy empieza su amistad, va a vivir a su casa el novio de su madre (quien estaba divorciada). El problema es que su novio es un adicto en rehabilitación, quien se drogó en su casa a la vista de todos, y se va a vivir con ellas, aunque su hija le pidió que no lo hiciera por el mal que le causó a toda la familia.
Podemos ubicar la responsabilidad de Mel en el circuito de la responsabilidad. El tiempo 1, en el cual se toma una decisión que pretende agotarse en si misma pero produce un exceso no calculado, se puede ubicar en varias escenas de la película. Cuando no la escucha en el momento en que su hija le pide recitarle el poema o le dice que no quiere que su novio viva con ellas por lo que han pasado; aceptar que la amiga de su hija viva un tiempo con ellas si bien no conocía a la tutora. Varios son los momentos relacionados a la crianza de Tracy, en los cuales la madre pareciera desentenderse refugiándose de aquello que la implica en su antigua adicción o en los inconvenientes económicos por los cuales están atravesando (involucrando asimismo al padre de su hija, a quien culpa de no ayudarla). Y, escudándose en estas trincheras subjetivas, se disculpa, buscando borrar la pregunta que a cada momento se le formula y la culpa que siente, que la hace retornar sobre la acción por la cual debe responder. Por ello es que, ante cada contestación de su hija, quien cada vez se va involucrando más en el mundo de su amiga, se angustia pero nunca confronta la situación. Porque, si bien al final de la película se presenta un segundo tiempo que resignifica todo lo anterior, hasta ese momento Mel parece no reconocer su posición en la situación. Son varios los momentos en que le dice a su hija: “No es así como te críe”; “Me estás asustando”; “¿De dónde vino esto?”. Constantemente, ante cada acción de su hija, niega lo que pasa, como si eso “no estuviera pasando realmente”, y su hija fuera otra o de alguien más (en este caso, de su padre y no de ella).
Para pensar cuales son las respuestas sintomáticas que surgen para evadir aquello que la interpela, primero aparece la negación: no reconoce a esa chica que la trata mal como su hija, y llega incluso a recurrir al padre de Tracy, no en busca de ayuda, sino para que se la lleve porque, “No puedo hacer esto, no puedo”. Esto surge en el momento previo al que planteo como el segundo tiempo del circuito de la responsabilidad.
En este segundo tiempo, hay algo que la interpela, que provoca una resignificación de todo lo anterior, abriendo el campo de la responsabilidad subjetiva que permitiría a Mel adoptar una nueva posición en un tercer tiempo que produce un sujeto. Y ese momento se funda al enterarse de que su hija se corta, y no desde que se junta con Evie, sino desde antes. En ese punto, esos cortes que ve en la muñeca de su hija, se le develan como aquello por lo cual debe responder, lo que le hace pregunta.
La responsabilidad, en este caso, se encuentra entre los elementos del azar y la necesidad. Es azar que Evie vaya a la misma escuela de Tracy. Es producto de la necesidad que su hija crezca y no permanezca como una niña toda su vida. Pero aquello ante lo cual no es producto de la suerte ni del destino.
La responsabilidad que debe asumir Mel no es por aquello que su hija hizo. Si bien Tracy tomó decisiones que resultaron muy peligrosas para ella, su madre debe responsabilizarse por otra cuestión. Y la pregunta que se le devela es “¿Por qué no hice algo antes?, ¿Por qué no vi todas las advertencias que se me presentaron?”. Porque su hija no hizo lo que hizo a escondidas de su madre, sino que se exhibió de todas formas que pudo. Al salir con su madre y su novio, se escapó y ambos se dieron cuenta; al entrar en su cuarto vio ropa que no era de ella; en cada enfrentamiento, pareciera como si su hija realizara lo que Lacan llamó un “acting out” (acciones que están dirigidas a otro para que las escuche, un llamado al otro). Pero allí donde se le pida que intervenga, Mel aplaza su acción, e incluso, después de cada discusión, le dice a su hija que deben hablar, pero nunca terminan haciéndolo.
Sin embargo, la postergación de la acción no puede continuar en el momento en que le muestran las heridas en los brazos de su hija. Y es allí cuando se sorprende y realmente se angustia. Porque si bien en varias de las escenas anteriores aparece la angustia bajo la forma de distintas figuras de la culpa (la negación, el sentimiento de culpa, que materializan la culpa obturando la posibilidad de que emerja la subjetividad), la angustia ante aquello que no puede nombrar, que escapa a su universo particular de representaciones, se juega en ese momento. Porque la adicción, la violencia, todas estas figuras, si bien angustian, forman parte de aquello que conoce. Puede decir, como lo hace, que su hija ha cambiado en ese corto tiempo, que no la reconoce, recurrir a otros. Pero hay otros a las cuales puede culpar, puede proyectar la culpa para no responsabilizarse y negar lo que sucedió, taponando de alguna manera esa pregunta, esa interpelación, que puja por hacerse oír. Los cortes de su hija la interpelan directamente. Porque no se los hace desde que se junta con su amiga, sino que son anteriores. Y al ser anteriores, la implican directamente a ella (incluso en los dichos de su hija: “Sabías muy bien lo que estaba pasando”).
Pero esta angustia provocada por esta interpelación, en el tiempo 2 del circuito de la responsabilidad que cae de forma retroactiva sobre el tiempo 1, no provoca un cambio de posición subjetiva en el cual el sujeto puede tomar algo que lo interpela y responsabilizarse, llevar a cabo un acto singular que devenga universalidad. La responsabilidad que se juega no es normativa. No se trata de si crió a su hija bien o mal, si quebró alguna ley en los cuidados que debía proveerle que podrían llevar a su ex esposo a quitarle la custodia. La responsabilidad en juego para ella es subjetiva, va más allá de lo que puede decir la ley escrita respecto de este tema. La responsabilidad gira en torno a aquello que es inconsciente para la persona. Pero en lugar de asumir esa pregunta que se le dirige, la angustia termina mudándose en culpa de proyección. Y esto se produce en el momento en que Brooke le dice: “Fue tu hija quien llevo por mal camino a la mía”. En esta frase se apoya para que la angustia, que podría permitirle asumir otra posición, cierre toda posibilidad para el sujeto de preguntarse por aquello que lo toca en su falta en ser, y el circuito se cierre sobre sí mismo.
Si habría que pensar una hipótesis clínica, una razón por la cual el sujeto se ve interpelado en el tiempo 2 por aquello que hizo en el tiempo 1, podemos referir a lo que Lacan llama la falta del sujeto del deseo. Mel no reconoce la falta en su hija, porque reconocerla la llevaría, retroactivamente, a reconocer la falta en ella. Reconocer que hay algo que no funciona implicaría que no todo cierra, que las cosas no son lo que ella quería o pensaba que eran. Es su hija quien, como un espejo, le devuelve esa falta en su propio cuerpo, en sus cortes, como un llamado que la obliga a responder. Y ante esa falta, esa falla que descubre en ambas, surge la angustia. Si hasta el momento no surgió de forma tan angustiante esa pregunta fue porque, frente a los pequeños desprendimientos de angustia que se producían, un síntoma egosintónico los taponaba, y la angustia no se desplegaba. La culpa se mudaba en negación (no reconociendo que su hija era la mujer que tenía en frente sino a niña de unos meses antes, o actuando como si nada ocurriera). Pero cuando se enfrentó a algo de lo cual tuvo que responsabilizarse, no porque ella lo ocasionara, sino porque no escuchó el mensaje que se le iba dirigido hasta que fue demasiado tarde.
Al no reconocer la falta en su hija, podía no reconocer la propia. Y su antigua adicción, los problemas con su ex esposo, las dificultades con su novio, todo eso no importaba o no le daba la magnitud que realmente tenía, no la cuestionaba. Las distintas formas de la culpa acallaban la pregunta por su responsabilidad, no en el plano de lo moral, sino en el plano de la ética subjetiva. Solamente cuando lo real de la marca del cuerpo se le presenta, conmueve esa pantalla y hace caer el velo que cubría la falta de ambas. Podría pensarse que la estructura de Mel corresponde a la neurosis descripta por Lacan, en la cual se cree que existe Otro que lo sabe todo, que puede solo, un garante de la acción que asume la responsabilidad incluso por las propias acciones. Y si ese Otro, es otro que tiene una falta, la cual es estructural del sujeto del deseo, no puede sostener la ilusión de completud, y surge un agujereo relacionado con su propio deseo (inconsciente) y el deseo de su hija que inscribe una marca. Podría pensarse que, sosteniendo la existencia de Otro completo en la figura de su hija, posterga su acción y, tal como el neurótico obsesivo, brinda un espectáculo del cual obtiene un goce y adormece la pregunta por la falta. Sin embargo, lo real de la marca del cuerpo en su hija conmueve el fantasma de inocencia de su hija que le devela lo más crudo del objeto a.
Ante este singular que se le presenta, se conmueve su universo particular de representaciones (su hija no es ya vista ni como una niña ni como una adolescente con problemas, ambas representaciones que configuraban el universo de saber previo), sino que las marcas son un llamado que excede lo esperable, y ante las cuales no se produce una universalización y cambio de postura. Sino que, por el contrario, aparece como síntoma particularista la culpa proyectiva que le impide cambiar su posición. No es tanto que después en la historia no existe la posibilidad de que su hija esté mejor, sino en qué medida ella puede modificar su posición después de lo que sucedió. Porque su hija puede rehabilitarse. Pero la pregunta sigue presente: “¿Podrá Mel reconocer en que falló para que la historia no se repita?”. Para ello deberá asumir la responsabilidad subjetiva por la situación y la desatención a los llamados que le hizo su hija, asumiendo su falta en ser.

CIRCUITO DE LA RESPONSABILIDAD
HIPOTESIS CLINICA

FORMACIONES SINTOMÁTICAS
TIEMPO 1: Crianza de Tracy por Mel (la desatención hacia su hija ante distintas situaciones).
TIEMPO 2: Ver los cortes en la muñeca de su hija.
FORMACIONES SINTOMÁTICAS: Ausencia de Tiempo 3, y aparición de culpa proyectiva negando la responsabilidad subjetiva y taponando la angustia.
HIPÓTESIS CLÍNICA: Angustia por el reconocimiento de la falta en su hija, que implica el reconocimiento de la propia falta y la caída de un ideal.

BIBLIOGRAFÍA

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NOTAS

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