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El valor de la imagen en Abzurdah

por Herrera, Nicolás

Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires

Resumen

Desde un marco psicoanalítico se utilizará la película Abzurdah (Goggi, D.; 2015) para ejemplificar como el cine puede ser pensado como un producto comercial dirigido a un público específico. Inferimos que la pregnancia que tuvo Abzurdah en el público se encuentra en relación con las nuevas formas que tomó el lazo social, donde el valor de la imagen tiene cada vez más predominio. En la actualidad muchas producciones cinematográficas son elaboradas “a demanda” y pensadas para ser masivas y redituables. Los efectos del discurso capitalista, como enseña Lacan, operan en el campo social allanando el camino a las nuevas “neo-epidemias”, en particular a la anorexia en su relación con la imagen. Suponemos que existe una articulación posible entre el éxito de taquilla de Abzurdah y la proliferación de las actuales “neo-epidemias” anoréxicas, la prevalencia que toma la imagen en el lazo social explicaría tal articulación.

Palabras Clave: Psicoanálisis | capitalismo | imagen | anorexia

Abzurdah

La película (Goggi, D.; 2015) es lanzada como la autobiografía naif de Cielo Latini, una mujer con un trastorno alimenticio serio y singular (aunque en la película parezca que “le puede pasar a cualquiera”). Atravesada por los atrayentes tópicos de un amor obsesivo adolescente, un trastorno alimentario, problemas con los padres y de socialización resultó un rotundo éxito de cartelera. Tiene varias particularidades pero la principal, o la que subrayaremos nosotros, es su carácter de producto. Un producto cinematográfico dirigido a un público específico con rasgos similares a la protagonista de la historia, la cual “está basada en una historia real”. Una imagen en la pantalla con la cual identificarse.

Buscarse y encontrase

El film no apareció por casualidad, se inscribe en el éxito que tuvo su libro homónimo bestseller (2006), el blog personal de Cielo (llamado “Mecomoamí”) y, aún antes, su fotolog. La pregnancia de este film no dudamos de calificarlo de altamente especular, aunque se geste con anterioridad y se inscriba en la búsqueda de identidad de muchas personas que se sienten implicadas con este “producto mediático” (Duek, C.; 2015). Carolina Duek se preguntó esto mismo en una nota para la revista virtual Anfibia:

“Múltiples espacios de identificación -potencial- se suman a una película con un guión sólido y con productores y distribuidores que saben lo que quieren vender. ¿Una historia de amor? ¿La historia de una recuperación? Un relato en primera persona, “basado en un hecho real”, nos promete situaciones “fuertes”. Nos preguntamos por los riesgos, los límites y las potencialidades de un producto masivo que aborda temáticas complejas” (Idem).

La historia de la película no es idéntica a la del libro, en la película prevalecen otras cuestiones porque en tanto producto cinematográfico están en juego otros intereses y factores. Lo que vemos que sucede en la película es que se solapa e invisibiliza la seriedad y singularidad del trastorno alimentario y sus antecedentes para destacar la historia del desamor con el objetivo de lograr mayor masividad. En el libro Latini nos cuenta que es una chica de clase media y que desde sus once años fue discriminada por ser “gorda”. Por efecto del bullying sufrido, la presión familiar y su propia disconformidad inicia su carrera por bajar de peso y provoca que “en las vacaciones de verano de 1998 Cielo cayera en un principio de anorexia, donde descubrió que si dejaba de comer por unos días podría bajar de peso” (Mel; 2015). Luego de este hecho se cambia tres veces de colegio hasta adaptarse en uno junto a un grupo de amigas. Allí tiene su “primer amor” y “desamor” hasta que conoce a Alejo por internet, un chico diez años mayor que “no quiere una relación de novios normal”, aclaración que no detiene su obsesión con él. En el libro Latini explica que en el 2002 empieza a estudiar periodismo en la UCA y que tras idas y vueltas con Alejo “se vuelca en el mundo de la bulimia y anorexia” (Mel; 2015). También nos enteramos que la terapia que realizó para poder estabilizarse cuando las consecuencias de Ana y Mía (nombres que les puso a la anorexia y bulimia para hablar en clave por internet sin que los servidores la bloquearan) no dejaban esconder su alto riesgo clínico a familiares y seres queridos. En su autobiografía explica que “cuando decide distanciarse un tiempo de Alejo, busca algo en que mantenerse ocupada y crea un blog llamado MeComoaMi. Este era un blog pro-anorexia, donde miles de adolescentes de varias partes del mundo contaban sus historias sobre sus trastornos alimenticios, formas de autoflagelarse y argumentos de porque tenían derecho a ser anoréxicas” (Mel; 2015). A sus diecinueve años y después de una depresión se muda sola a un departamento en caballito y comete un intento de suicidio que la mueve a realizar una internación domiciliaria y una lenta recuperación la cual comenta que la lleva a “resucitar” y lentamente reorganizar su vida sin dejar de padecer su trastorno.

Ahora, en la película no hay suficientes referencias a su pasado y el final se precipita sin explicar suficientemente como sucedió su recuperación, se pasa de la escena de suicidio a la escena en donde ella es una madre responsable de dos hijos sin solución de continuidad. Duek señaló algo muy parecido:

“La invisibilización de este conflicto es clave a la hora de analizar la película y el libro en tanto productos masivos: ¿cómo se representa el conflicto previo? ¿De qué formas se construyen operaciones de identificación si no es a través de la invisibilización de procesos cruciales pero que, a la vez, conspiran contra la posibilidad de masivas identificaciones? Es lógico, desde el punto de vista de los productores y guionistas, que en la película aparezca en primer plano la historia de “amor”, la obsesión de la protagonista, sus llantos, sus pesares, su descenso de peso, las peleas con sus padres y la sensación de que nadie la entiende.” (Duek, C.; 2015)

El producto “Abzurdah” es pulido para que tenga una llegada masiva y las ventas sean lo más seguras posibles. Analizado el mercado, individualizada su demanda, se crea este objeto seductor para múltiples personas que van al cine a buscarse y encontrarse:

“Nuestra pregunta inicial se vinculaba con comprender qué hay de atractivo en este producto masivo. Lo que encontramos son múltiples respuestas: el amor, la anorexia y la incomprensión son tres grandes espacios que operan como fuente de identificación. Y tal vez sea allí donde radique la clave: la búsqueda constante de similitudes y de precarios espejos donde mirarse ha sido siempre una dimensión crucial de la cultura de masas. Buscarse y encontrarse: ese instante de placer del que la industria cultural, como dijeron Adorno y Horkheimer hace muchos años, no priva jamás a sus consumidores.” (Ídem)

Esta oferta de imágenes se liga a los cambios que el modo de lazo social presenta. Cuando la función simbólica del padre desfallece la demanda es de imágenes que, aunque precarias, sirven de muleta. Entonces esta solución imaginaria denuncia la profunda carencia simbólica a causa de la “declinación de la imagen paterna”.

El lazo social actual y la anorexia

Trataremos de subrayar a continuación cuales son algunas de las consecuencias que tiene en la sociedad el efecto de la operación del discurso capitalista. Tales efectos hacen surco en el lazo social y forman parte de las nuevas coordenadas de subjetivación.

Schejtman (2012) comentó y resumió las características principales del discurso que Lacan formuló en 1972. Para Schejtman el discurso capitalista es una variación del discurso del amo en donde ocurren al menos 5 efectos encadenados. El primero sería el cambio de lugar entre la posición del S1 con el $ lo que implicaría “la emancipación del sujeto de las determinaciones inconscientes”, un feroz rechazo hacia el mismo. Por ejemplo menciona los síntomas actuales como la toxicomanía y otras adicciones, anorexias y bulimias, ataques de pánico, depresiones, etc., y la generalizada impermeabilidad al discurso psicoanalítico, que tiene como virtud la de dirigirse a los S1 del sujeto.

La segunda operación refiere al cambio de orientación de las flechas y la ausencia de la barrera de la imposibilidad. La consecuencia directa de este cambio sería la creación de “una circularidad sin fin que anuncia la reabsorción del objeto en un movimiento sin pérdida en el que reina el reciclaje a los fines el consumo”.

La tercera operación es a consecuencia de la anterior. En el discurso capitalista “el S1 pierde su función orientadora (que si tenía en el discurso del amo) y se reduce al imperativo ciego: ¡consume!”. El sujeto consumidor se consume en su maníaca carrera, quedando sin las “balizas identificatorias” que le permitan otra salida que no sea la que el mercado publicitario le ofrezca. Dice Schejtman que “el saber científico subordinado a los requerimientos del mercado aplasta al desbrujulado con una montaña de gadgets”.

Si la barrera de la imposibilidad es quitada del medio y no se tiene un S1 que oriente el goce el cuarto efecto subraya la total libertad que tiene un sujeto para hacer con su goce lo que quiera. El estallido de goces garantizados y exigidos impone la siguiente pregunta:

“¿en nombre de qué Ley puede impedirse que cada quien goce a su manera, del modo que fuera, aunque esto conduzca en el extremo a la producción de sujetos fuera-de-discurso (en eso el del capitalismo se verifica como un pseudo o falso discurso) condenados a un autismo que no sabe nada del lazo social?” (Ídem)

Una de las posibles respuestas conduciría, sin lugar a duda, a los derroteros de la cura psicoanalítica, pero también la religión y el amor funcionan como buenos lenitivos.

Por último subraya el crecimiento cada vez mayor de las “neo-epidemias” en la vacancia de lazo social. Pone como ejemplo a las toxicomanías, a la “proliferación” del trastorno de personalidad múltiple y a la anorexia que vía WEB propaga consejos y trucos a “buenos candidatos” para no levantar sospechas paternas.

Luego de enumerar estos efectos Schejtman (2012) apunta hacia el campo de la anorexia, las distingue en “blandas” y “duras” según la estructura que subyace al caso y la relación que sostiene con “la nada”, el agujero de la subjetividad. Las anorexias blandas desplegarían una “estrategia sutil” en el “comer nada” para sostener el deseo. Supone entonces que habría un acting out que supone un llamado al Otro del deseo. Intentando una aproximación desde el pensamiento de los efectos de la primacía del capitalismo y su incidencia sobre el discurso histérico propone pensar en un juego de palabras que la anorexia se rehúsa a probar la “gadgetita”, esto es, el “gadget” u objeto obsoleto y metonímico con el que el mercado la ahoga. El sostiene que en el discurso histérico “el sujeto ($) soporta la verdad de su ser de goce (a) por la mediación del amo (S1) y la producción de saber (S2)” pero donde “el S1 queda pulverizado por la incidencia del discurso capitalista el sujeto es conminado a confrontar su ser de goce sin el auxilio de tales mediaciones” (Idem) siendo la anorexia “blanda” el resultado del “fracaso” de la histeria. Él concluye que sería un modo de “salva guardar la división del sujeto pero sin referencia al par significante”, en la identificación a con la hiancia subjetiva pone al cuerpo como su mejor representante de esa nada., “la barra misma que tacha al sujeto”.

La anorexia “dura” la supone más grave por el “propósito drástico” de devenir nada, excluye radicalmente al Otro en un “deseo de nada” que tiende hacia la muerte subjetiva. No hay apelación al deseo o amor del Otro, solo goce mortífero que se consume en la nada misma., quedando por fuera de todo discurso. Cierra marcando que mientras la primera anorexia va a “contra pelo” del “empuje-al-consumo” la segunda versión, que Schejtman individualiza, “obedece férreamente –aunque en general sin saberlo- tal conminación a consumir… se”.

La imagen en la neo-epidemia anoréxica

En otro texto Schejtman (2009) analizó los modos a través de los cuales las “neo-epidemias” tienen lugar, en específico la anorexia. Postula una diferenciación entre la identificación en la anorexia y en la histeria sosteniendo que esta se realiza en el pacificante camino del Ideal del yo en tanto que aquella se extrema y “fanatiza” en los del superyó.

En referencia a la histeria propone pensar que la identificación, aunque se dirige al objeto en el Ideal del Yo, es a partir del deseo de un deseo y no de yo a yo como Freud sostiene en “Psicología de las masas y análisis del yo”. Citando el Seminario 5 de Lacan menciona que “el deseo de la histérica no es deseo de un objeto sino deseo de un deseo, esfuerzo por mantenerse frente a ese punto donde ella convoca a su deseo, el punto donde se encuentra el deseo del Otro” (Ídem). Postula que el punto al cual se identifica es al deseo del deseo que “reconoce en otro, o otra, los índices de su deseo, o sea, que ella o él se encuentran frente al mismo problema de deseo que ella o él, se produce la identificación” (Ídem). Ejemplificando lo anterior recuerda el abordaje freudiano de “el sueño de la bella carnicera”:

“Con claridad Freud ubica allí a la identificación histérica a partir del aislamiento del deseo insatisfecho: identificación por la cual la bella carnicera sustituye su deseo insatisfecho al de su amiga. También ahí, entonces, la identificación se soporta de la relación del deseo con el deseo” (Ídem).

Para el caso de la anorexia la identificación ya no se produciría de deseo a deseo, sino que lo que la diferencia es “la prevalencia de la imagen”. Menciona que en todo caso puede emparentarse con las formaciones de masa en el sentido de que lo que se produce establece los vínculos imaginarios de yo a yo, sin embargo “la epidemia anoréxica actual presenta rasgos diferenciales” en esta prevalencia que se manifiesta en “el trastorno propiamente perceptivo –lo que efectivamente hace síntoma para estas adolescentes: ese rollito que no dejan de percibir en un cuerpo que ya es casi un esqueleto”.

Entonces Schejtman (2009) sostiene que “la localización del objeto, en este caso, no llega al lugar del ideal, sino –lo propongo de esta forma- al del superyó. Aquí podríamos señalar que la “comunidad” que se constituye para las anoréxicas es menos una comunidad de deseo (caso de las histerias) que una comunidad de goce”. Agrega que si la epidemia histérica es de deseo entonces está regulada por el significante fálico pero, en el caso de las anoréxicas, se explicaría la prevalencia del superyó situando “la perspectiva de la forclusión del falo”.

Nieves Soria Dafunchio (2009) sigue la misma línea que Schejtman estableciendo que “en los casos de anorexia prevalece la dimensión del estrago, con sus efectos de deformación en la imagen especular” en tanto el sujeto se ve impedido, por un impasse en la operación edípica, de alcanzar la dimensión simbólica del falo que corresponde a la función de la castración del segundo tiempo. Agrega que “cuando ese pasaje por la mascarada no se produce, cuando hay fallas a nivel de la constitución misma de la mascarada, es decir, cuando hay dificultades para el sujeto femenino de instalarse en relación al falo, se complica mucho más todavía arribar a una posición femenina.” (Ídem). Y cuando los atributos femeninos no pueden ser tomados por la mascarada fálica “son vividos como un exceso: exceso insoportable, angustiante, que se presenta a nivel de la imagen como deformación, como un exceso jugado en la imagen misma” (Ídem).

El cuerpo o la imagen que el espejo les devuelve a estos sujetos se convierte en algo perturbador, no regulado. La vivencia de este exceso lleva la marca del superyó y no deja de introducir la angustia como efecto. Nieves Soria Dafunchio supone que “la aspiración de la anoréxica de hacer equivaler la imagen del cuerpo al falo imaginario se topa con una imposibilidad” (Ídem) y es ahí en donde el exceso mancha la imagen especular.

Comunidad de goce

Los goces garantizados y exigidos no son sino el sinónimo del declive de la palabra del Padre, quien inscribe al sujeto en una genealogía y tradición fundada en la Ley y el deseo. En la actualidad, las coordenadas sociales de subjetivación mutaron y la oferta de imágenes crece de manera inversamente proporcional a la de las ficciones o relatos fundadores, los cuales se encuentran en retroceso por el fuerte influjo de los efectos del capitalismo.

Podemos pensar así que lo diferencial de la “neo-epidemia” anoréxica es su sostén en aquella “comunidad de goce”, bajo la égida del superyó. Ellas hacen lazo en la actualidad de maneras diversas, se buscan y encuentran por ejemplo en blogs como “MeComoaMi” de Cielo Lantini, popularizado no sin la ayuda de todos aquellos que consumieron y fueron consumidos por los consejos de Ana y Mia. Sospechamos que en sí mismo el film también es uno de los productos pensados para un público, como sostiene Schejtman, desbrujulado, en una maníaca carrera de consumo y sin las “balizas identificatorias” necesarias para inventarse otra salida que no sea la que el mercado publicitario le ofrezca. El sujeto anoréxico queda, por la pulverización de los S1, “conminado a confrontar su ser de goce sin el auxilio de tales mediaciones” y encuentra en la imagen especular la cuerda floja en la que se sostiene.

Para concluir señalaremos que estamos al menos ante la convergencia de tres factores que, sin descartar otras razones, podrían explicar el rotundo éxito del film por la pregnancia de lo especular. Estos tres factores son las características propias de la anorexia o “las comunidades de goce”, la tendencia a la imagen y lo fugaz hacia donde se vuelca la estructura social y la sospecha de una intensión (tal vez perversa) de una industria que produce materiales de alta sensibilidad social pensando solo en el rédito económico y la masividad. Nuestra hipótesis es que la articulación entre ellas generó que Abzurdah se convirtiera en una película de culto y referencia a la hora de hablar de anorexia o conflictos en la adolescencia, no solo por el contenido de la misma sino por la repercusión pública que tuvo.

De todas formas tenemos aquí que subrayar la necesidad de una pausa y reflexionar sobre este tipo de cine “a demanda”. La intención no es moralizar y juzgar sin embargo el hecho de que no se haya profundizado en el film sobre la gravedad de la enfermedad que sufría Cielo es un índice de cómo se quiso dar relevancia a los rasgos que hacían del mismo un lugar común. Se invisibiliza lo singular de la enfermedad de Cielo y el producto con un formato romántico (“el amor duele” se lee en el cartel publicitario) tiene un potencial mayor de consumo, ahora puede pasarle a cualquiera. ¿No sería acaso necesaria una revisión ética de los objetivos empresariales ponderando la potencial vulneración de la salud mental de nuestra sociedad? ¿Puede ser el éxito comercial de una película la razón suficiente como para tratar de manera tan liviana una temática que causa tanto dolor? Frente a tales producciones fílmicas habría que al menos proponer un debate; que las “neo epidemias” proliferen en la vacancia del lazo social (Schejtman, F.; 2012) nos tendría que cuestionar y poner sobre aviso de la necesidad de un cuidado distinto. El exponencial crecimiento de este actual padecimiento tiene que ser tenido en cuenta para abordarlo respetuosamente y no para lograr una mayor facturación (según nuestra lectura); películas pensadas a gran escala tendrían que ser supervisadas para evitar cualquier arrasamiento subjetivo. Tal vez, en una época donde el mercado impone su ley de ciego consumo, puede ser utópico plantearlo pero sería deseable que en la vacancia de lazo no redunde también en una vacancia de posicionamiento ético y cuidado por el Otro.

Bibliografia

Duek, C. (2015) “Abzurdah, el amor vende más”; revista Anfibia; versión online: http://www.revistaanfibia.com/ensayo/abzurdah-el-amor-vende-mas/

Schejtman, F. (2012) “Capitalismo y anorexias: discursos y fórmulas”; en “Elaboraciones lacanianas sobre la neurosis”; Buenos Aires, GRAMA ediciones, 2012

Mel (2015) “Abzurdah – Cielo Latini (resumen y crítica)”; en: https://www.librosylibretas.com/abzurdah-cielo-latini/

Schejtman, F. (2009) “Identificación de la epidemia”; en “Porciones de nada”; Buenos Aires, Del Bucle, 2009.

Soria Dafunchio, N. (2009) “Incidencias del Nombre-del-Padre sobre la imagen femenina”; en “Porciones de nada”; Buenos Aires, Del Bucle, 2009.

Goggi, D. (2015) “Abzurdah”. MyS Produccion, HC Films, Control Media, Stadium, Fenix, Telefe; en: https://www.filmaffinity.com/ar/film872682.html



NOTAS





COMENTARIOS

Mensaje de Gabriela Sansanelli  » 25 de septiembre de 2017 » sansanelli.gab@gmail.com 

Me parece pertinente detenerme en el concepto de “Producto mediático” que el autor introduce en este análisis. La película brinda una historia de amor atravesada por un trastorno de la conducta alimentaria en parte desdibujada en la que no se visibilizan cuestiones más propias de la protagonista como el recorrido del síntoma y la patología.
Pablo Cinelli en la crítica del film para Pagina 12 sostiene que “La bulimia y agresión parecen surgir sino de la nada, al menos de una manera artificial”, esto nos puede dar una pauta de lo que el espectador llega a ver de esta historia . Mientras tanto, el film no muestra posibilidades de un tratamiento, de la voluntad y el trabajo terapéutico que se requiere para poder llegar a darse lugar una toma de conciencia de este trastorno.
Por otro lado, podemos observar como en el transcurso del film lo simbólico se va corriendo del eje relegándose cada vez más, hasta llegar a un punto de bordear la muerte cuando llega al extremo su abstinencia de alimento y el intento de suicidio.
En suma, esta toma de posición sobre desde donde contar una historia puede llevar a simplificar lo que sucede en el sujeto y crear un film de características especulares con imágenes en las cuales el espectador puede identificarse desde las peleas adolescentes , los caprichos amorosos o incluso la estética rockera en los momentos de crisis y angustia de la protagonista. Comparto que “se solapa e invisibiliza la seriedad y singularidad del trastorno alimentario […] para destacar la historia de desamor con el objetivo de mostrar mayor masividad” .



Mensaje de Lorena  » 7 de septiembre de 2017 » lorenamunoz_psi@hotmail.com 

Muy interesante el análisis. Me quedo pensando en el capitalismo y los modos de producción de subjetividad. Además de las anorexias, pienso en las toxicomanías y en los pasajes al acto de los y las adolescentes. "Donde “el S1 queda pulverizado por la incidencia del discurso capitalista el sujeto es conminado a confrontar su ser de goce sin el auxilio de tales mediaciones”. Aquí pienso en la angustia, que tampoco encuentra mediaciones, tratamiento simbólico, y se traduce en acting out o pasajes al acto donde los y las adolescentes responden exponiendo el cuerpo.
Pienso también en lo que plantea respecto a la cuestión ética, y en cómo nos posicionamos como adultos, analistas, ciudadanos para brindar espacios que posibiliten o faciliten "mediaciones" a los y las adolescentes.



Mensaje de Irina Paola Braslavsky  » 18 de agosto de 2017 » paolabrasla@hotmail.com 

Me pareció muy interesante el trabajo: ubicar la dimensión ética, como lo hace el autor, es nuestra única manera de preservar el deseo y la dignidad. Su trabajo cuestiona y denuncia respetuosamente, lleva a comprometernos con sus preguntas, cómo y qué transmitir sobre la enfermedad de manera rigurosa, no solo en el cine u otros medios sino también en otros hechos estéticos.



Película:Abzurdah

Titulo Original:Abzurdah

Director: Daniela Goggi

Año: 2015

Pais: Argentina

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