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1. Es Michel Fariña en su escrito “Acto Público”, y Gabriela Salomone en “A confesión de partes, relevo de pruebas…” los autores que abordan el film “Actos Privados”, proponiendo en sus textos comentarios respecto a dicho rodaje. Para una mejor comprensión del tema a desarrollar, consideramos relevante puntuar ciertos hechos ocurridos en la película: el joven sacerdote Greg Pilkinton llega a una iglesia de barrio londinense, hogar que comparte con otro sacerdote, donde se enfrenta a un problema de incesto en el seno de una familia de miembro parroquial. Greg conoce a un hombre, llamado Graham, en un boliche, con quien luego mantiene relaciones sexuales. Lisa, adolescente abusada de 13 años, hace su comentario al sacerdote Greg de los abusos que sufre por parte de su padre, ante lo cual Pilkinton pide a Lisa comente al responsable su descontento. Personalmente, el padre de Lisa ordena al cura no meterse en su vida; más luego, hace su confesión en mantener relaciones sexuales con su hija, proponiendo esto como natural. Entendemos que sobre el sacerdote Greg recae la responsabilidad subjetiva, la cual funda al sujeto como tal. Citando a Sartre, éste propone que un individuo se hace sujeto (esencia), en tanto haga algo con aquello que hicieron con él (existencia). Así podemos entrever como el sacerdote toma aquellos preceptos de obediencia y devoción que la Iglesia Católica cita, para luego hacer algo con ellos y adecuarlos a su esencia. El aporte de Lacan es decisivo en tanto que un sujeto es tal solamente cuando se responsabiliza por sus deseos. Así Greg Pilkinton, al cabo de dubitaciones, angustia, auto reproches y regaños a su fe, cuestiona y llora a un crucifijo por verse limitado ante leyes canónicas que no cuidan verdaderamente al prójimo. Cuestiona su postura de hijo de Dios obediente dando lugar a su deseo: por un lado, revelar un la escena incestuosa; y por otro lado, tener deseos de mantener una relación sexual desdeñada por la Iglesia. Esto último puede pesquisarse cuando la Policía detiene a Greg y a Graham por una situación de excesiva pasión en la vía publica. Ambos detenidos, Greg otorga sus datos a la policía e identificándose como sacerdote se declara Greg como “Culpable”. Por tanto podemos ver como la confesión de Lisa interpela a Greg Pilkinton, como hipotetiza Salomone, ya no quiere ser más el hijo perfecto de Dios cuyo destino es ser “Crucificado” y el abandono a ese deseo se había manifestado en el momento en que se retira de la reunión parroquial. El lugar de hijo perfecto, así como su abandono, le estaba resultando insostenible mientras no se revelase el secreto. Concluye, la autora, indicando la escena donde Greg dice al crucifijo “Haz algo (…) Le contaré a alguien ¡eso harías tu! (…) ¡Tú dirías esa niña soy yo!” indica su decisión de salvarla/salvarse del sacrificio al padre. Por otro lado, Fariña propone la hipótesis de “resolver en acto su contradicción”, lo cual desmantela la escena perversa, y consecuentemente le permitirá hacer algo con sus contradicciones homosexuales.
Bien podría ocurrir que el cura se vea interpelado por la misma situación y, sin embargo, obviarla bajo la posición del obediente. Así deja por fuera la opción de fundarse como sujeto en acto, logrando refugiarse de la angustia que provoca hacerse cargo de sus deseos y la culpa por contradecir aquello de lo que se espera de un sacerdote conservador.

2. Intentando proponer el escenario en el que emerge una singularidad en situación de Greg Pilkinton, trataremos de establecer los tiempos lógicos en el circuito de su responsabilidad subjetiva. En un Tiempo 1, Pilkinton cumpliendo con su función de sacerdote, recibe a Lisa para que ella pueda confesar sus pecados. Una vez que el sacerdote exime de faltas a la adolescente, es ella quien revela ser abusada sexualmente por su padre. Ante lo escuchado, el padre Greg pide a Lisa que transmita, de su parte a su padre, que tal aberración tiene que acabar. El comentario del sacerdote tuvo el objetivo de difundir el discurso que la Iglesia Católica propone, y así cuidar a su prójimo Lisa del maltrato de un semejante. Cabe destacar que tal iniciativa fue emprendida por Greg Pilkinton entendiendo que se agotaría en los fines para los cuales fue concebida. Adviene luego lo que llamamos Tiempo 2, siendo éste una interpelación que el sacerdote advierte a partir de los siguientes indicadores: burlas y amenazas que el padre de Lisa dirige hacia el cura tanto en la iglesia, como en el callejón. Tales insultos ponen en sobre aviso al sacerdote en que algo anduvo mal, en tanto que el padre de Lisa cuenta en confesión que seguirá tomando a la menor como objeto sexual. La acción del padre Greg fue más allá de lo esperado. Así, podemos advertir que entre ambos Tiempos existe una consecuencia lógica, y las palabras del padre Greg en Tiempo 1 adquiere su importancia y significación por los insultos del padre de Lisa del Tiempo 2. Destacamos la interpelación que da lugar a entrar en escena el deseo del padre Greg de mantener una relación sexual con un hombre, como también que en ésta medie el enamoramiento. Por lo tanto, aquello que relaciona el abuso de Lisa con las prácticas sexuales de Greg, es que ambas experiencias son repudiadas por la Iglesia. Por último, es en un Tiempo 3 donde se hace presente el deseo, en tanto que el padre Greg es quien acepta alejarse del lugar de hijo perfecto de Dios y fundarse en sus deseos de ser un hombre libre, comprensivo y responsable de sus errores. Asume su nueva posición en reafirmase como sacerdote desde una nueva perspectiva. Posicionarse en el lugar de hijo impoluto de Dios comienza a resultarle insostenible, siendo que no quiere para su destino ser “crucificado” a los mandatos que la Iglesia propone. El abandono al lugar de hijo intachable se materializa cuando Pilkinton se retira de la reunión de miembros la Iglesia, en la que toma conocimiento de que Lisa se encuentra a solas con su padre mientras que su madre se encuentra reunido con él. Se aparta del lugar en que las cosas se resuelven según la “justicia divina”, interviniendo la intención de Greg de develar el secreto del abuso sexual. Con ello intenta salvar a Lisa y también salvarse de su postura de sacrificio total e incondicional al Dios. Así es como el acto inscribe el deseo. El padre Pilkinton dice “Haz algo (…) Le contaré a alguien ¡eso harías tu! (…) ¡Tú dirías esa niña soy yo!”, lo cual indica su decisión de salvarla y salvarse. Su elección hace que desmantelando la escena perversa, también le permita hacer algo con sus contradicciones homosexuales.

3. Consideramos oportuno citar una frase de Juan Carlos Mosca, sugiriendo lo siguiente: “…la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grita entre la necesidad y el azar…”. Basta para que se produzca una hendidura entre aquello forzoso y lo accidental, para que la responsabilidad subjetiva tome toda su dimensión. Ahora bien, entendiendo que la necesidad rige aquellos sucesos ajenos a la voluntad humana según una lógica acordada consensualmente, proponemos aquí entender a la misma como aquel Código de Derecho Canónico, el cual rige deberes sino también obligaciones: confesar el pecado pero no el pecador, y abstenerse de mantener relaciones sexuales. Es así que si el cura Pilkinton se rigiera dentro de las reglas que propone la Iglesia, todo le será posible, sin adjudicación de responsabilidad subjetiva alguna. El sacerdote Greg comenta en su paseo por las colinas, que de lo único a lo que debe abstenerse es a mantener una relación sexual con otro, sea mujer o varón. Ahora bien, si nuestra propuesta es indicar una responsabilidad sujetiva en la figura del cura Pilkinton, necesitamos indicar donde se haya el azar, y donde la grieta entre este último concepto y la necesidad. Pues bien, proponemos el azar como aquello que si bien le es ajeno al orden humano, la lógica que ésta tiene es el carecer de una lógica que regule la situación misma. Pesquisamos aquí el momento en que Greg y Graham se besan apasionadamente en un auto estacionado en la vía pública, para luego verse intervenidos por un patrullero que ronda el lugar y ser detenidos. Ante ello Greg se admite como “culpable”, frente a un tribunal de la justicia, por ser un cura de una iglesia de barrio londinense que mantiene una relación con un hombre. De tal manera podemos ver que todo cálculo se resuelve sin exactitud, dejando por fuera un resto irreductible que es el ser descubiertos por la policía del lugar. Más aún, el azar aquí se hace presente en tanto la madre de Lisa llega a la casa en un horario no previsto, pudiendo así desmantelar la escena perversa. Greg hizo su jugada acorde al deseo y ante ello se somete a las consecuencias de ser enjuiciado por la madre de Lisa, la prensa, y los miembros de la iglesia. El sacerdote queda por fuera de ser el engranaje de una máquina predetermina de Dios, enriqueciendo su responsabilidad subjetividad dando lugar a su deseo y luego responsabilizándose por él.

4. Creemos susceptible identificar dos de las variantes que puede tomar de la figura de la culpa en la experiencia de Greg Pilkinton. Pensamos que el sacerdote se refugia en la proyección, en tanto que presentaría dificultad en confrontar los mandatos que ordena la Iglesia Católica. Así, el sacerdote Greg identifica a Graham como el diablo, quien sería el responsable de hacerlo incurrir en el pecado por desear una relación con él. De esta manera, la culpa por vivir su deseo de tener una relación con un hombre queda adormecida. Consecuentemente queda por fuera, hasta que resuelva su contradicción en acto, la posibilidad de una responsabilidad subjetiva. No cabe duda alguna que es más sencillo desentenderse del asunto, no queriendo saber nada de ello. Aquí la culpa se mantiene pero proyectada en Graham, por lo que si el culpable es el otro, el padre Greg no sería responsable de la situación. Más aún, creemos que se hace presente el sentimiento inconciente de culpa, en tanto que el padre Pilkinton manifiesta culpa por no poder denunciar el abuso que se comete contra Lisa. Ello puede observarse en la imagen angustiado del sacerdote, quien queda cautivado por un cuadro estático de televisión. La emisora muestra una niña con un muñeco, la cual mira con ojos llorosos, para luego contar angustiado la situación a su compañero de trabajo. Así la culpa encuentra un modo suntuoso de expresión, pero esto tampoco implica emisión subjetiva sobre lo real del acto.
Señalamos una relación entre la responsabilidad jurídica del sacerdote Pilkinton y su responsabilidad subjetiva. El cura se ve en la encrucijada de denunciar el abuso de una menor como responsabilidad civil, y callar el relato de Lisa según las reglas que la Iglesia impone al guardar el secreto de confesión. La interpretación que Greg hace de la declaración de Lisa como “confesión”, es la que lo detiene en la denuncia a autoridades pertinentes. Vemos entonces el eje moral, compuesto por las reglas de la Iglesia, las normas clericales y también las normas sociales y, leyes de protección a menor. Esto aparece como un hecho singular: la superposición de ambas situaciones obligan a construir una respuesta, a hacer algo con la situación.

5. Sartre en su escrito “El Muro”, propone ciertos elementos que son susceptibles de comparación con la película “Actos Privados”. Vemos aparecer en ambos el circuito de la responsabilidad, habiendo un protagonista en situación disyuntiva, encausando su deseo inscripto en acto. Tanto Ibbieta, protagonista del cuento “El Muro”, como Greg protagonista de “Actos Privados” son detenidos: el primero por los falangistas, mientras que el segundo por la policía londinense. El deseo que se juega en Ibbieta es seguir viviendo, en tanto que Greg plantea un deseo mantener una relación sexual con un hombre y salvar a la menor de un abuso sexual. Ambos protagonistas llevan adelante un acto con un fin en el que se debería agotar en el fin mismo: Greg pide que Lisa trasmita a su padre que el abuso sexual, por ella relatado y por su progenitor ejecutado, debe acabar. En tanto Ibbieta, juega una burlona a los falanges mintiendo sobre el paradero de su amigo Gris, buscando en ello el placer de imaginar el desconcierto de los falangistas. Respecto a Pilkinton, adviene la noticia de que Lisa seguirá siendo objeto de abuso sexual, por lo que se plantea un problema ético: continuar con su vida tal como estaba hasta el momento, o la vida de Lisa en dejar de ser abusada pero arriesgando el porvenir de Pilkinton. Respecto a Ibbieta, es su vida por la de su amigo Gris. Tanto el uno como el otro, resuelven la encrucijada con un acto que va más allá de las opciones que se planteaban hasta el momento: Gris propone una burlona, ante lo cual esa sería su verdad de los hechos; mientras que Greg resuelve la contradicción, de guardar el secreto o decir la verdad, en acto yéndose de la reunión parroquial. En ambos personajes se puede advertir un deseo, cuya intencionalidad en apariencia es bien distinta a lo que finalmente ocurre. Se articulan azar y necesidad, y a través de esa bisagra se filtra el deseo. Ibbieta dice “cementerio” en tanto Gris decide ir a esconderse allí; mientras que el padre Pilkinton decide irse de la reunión parroquial, para luego, casualmente la madre de Lisa presencie el abuso sexual de su hija. Más aún, Greg se besa apasionadamente en un coche con un hombre, donde los policías que patrullaban el lugar los encuentran y los llevan a la comisaría por mostrar su intimidad sexual en un lugar público. En tanto la necesidad, se hace presente en lo que hace al padre Greg por un lado, a través del Código de de Derecho Canónico. En cuanto a Ibbieta, la necesidad se luce en lo expresado por los falangistas, donde el comandante anuncia a Ibbieta “es su vida por la suya”. El final en ambos es tal vez similar en significación y significado, Ibbieta al enterarse de lo que había conseguido con sus palabras ríe hasta las lágrimas; Greg decide seguir siendo cura aún después de hacerse pública su homosexualidad, logra salir del lugar del auto reproche, devolviéndole insultos en latín al compañero de hospedaje, para luego continuar dando misa. Tanto Ibbieta como Greg son responsables de su deseo: el querer vivir, en el caso de Ibbieta. En lo que respecta el sacerdote Greg Pilkinton, nos autorizamos a formular dos hipótesis respecto de su responsabilidad subjetiva: Por un lado, el deseo de salvar a Lisa de ser objeto de abuso sexual de su progenitor. Por otro lado, el deseo de no querer ser crucificado como el hijo de Dios, entendiéndose un mortal más que tiene deseos y sentimientos eróticos y amorosos. Ello lo podemos ver en la frase repetitiva que Greg emplea: “esto tiene que acabar”. Creemos que el mensaje se dirige hacia Lisa, en tanto ella quede por fuera de la situación de abuso; pero también a su propia persona y sus relaciones sexuales casuales. Vemos, como adviene a la conciencia, la afirmación por el deseo de una relación sexual.

Acto Público
Por Michel Fariña, Juan Jorge


Título original: Priest

Antonia Bird / Gran Bretaña / 1994

Un joven sacerdote arriba a una pequeña ciudad inglesa para hacerse cargo de sus funciones como cura párroco en la iglesia local. Se trata de un destino como cualquier otro. A pesar de su juventud, sus convicciones católicas son sólidas y nada hace prever contratiempos. Pero al poco tiempo de su llegada recibe en confesión un relato pavoroso: una niña de trece años le confía que está siendo abusada sexualmente por su padre. El sacerdote se conmueve profundamente. Conoce a los padres de la niña, pero también conoce el sigilo sacerdotal que le impone silencio sobre lo escuchado.

Debatido en medio de sus contradicciones, decide consultar el tema con un sacerdote más experimentado. Éste ni siguiera accede a escuchar su relato: aun si antes de oficiar la misa recibieras en confesión la información de que el vino de la Eucaristía está envenenado, deberías oficiar la misa de todos modos…

Intenta entonces persuadir al padre de la niña para que cese en su accionar, pero no recibe de éste más que burlas y amenazas. Desesperado por la situación, su vida comienza a desordenarse. Pero se mantiene firme y respeta el secreto de confesión. Continúa con los servicios religiosos y durante una reunión parroquial a la que acude la madre de la niña.

Hasta ese momento, en el universo del sacerdote sólo existían dos opciones: suspender el secreto de confesión o mantenerlo. Ambas son parte de una lógica que antecede a la situación. Pero el padre Grieg se indispone durante la reunión parroquial. Al enterarse de que la niña está a solas con su padre, la situación se le torna insoportable. Inexplicablemente, en medio del desconcierto de los asistentes, simplemente sale de la escena. A solas en su habitación recrimina a su Dios y llora ante Él rogando por ayuda espiritual. Desconsolado por la encerrona en la que se encuentra, ni siguiera imagina aquello que puso en marcha al retirarse de la reunión. Cuando en la otra escena la madre de la niña llega anticipadamente a su casa y descubre el incesto, él todavía clama por piedad. El montaje vale todo el film. El rezo del Padre Nuestro alcanza al padre terrible, haciendo público el secreto familiar.

El universo inicial se ve suplementado cuando el sujeto resuelve en acto su contradicción. Al abandonar la reunión, el padre Grieg hizo su elección. Pero ésta no sigue la lógica de las opciones iniciales ni se apoya en la ponderación de cálculo alguno. Sus coordenadas son completamente otras. Se trata de la decisión subjetiva, del acto, de la oportunidad para una responsabilidad inédita en su vida. El sacerdote ya no volverá a ser el mismo después de lo ocurrido. Desmontar en acto esa escena perversa es lo que le permitirá hacer algo con sus propias contradicciones sexuales. Pero eso ya es otra historia, aunque se trate, claro, de la misma película [1].


[1] Ver el texto de Orlando Calo Actos Privados / Priest. En Ética y Cine, Bs. As. Eudeba, 2001; y, especialmente, A confesión de partes, relevo de pruebas..., en este volumen. Ver también Zimmerman, D.: El sujeto y el acto, en este volumen.

A confesión de partes, relevo de pruebas...
Por Salomone, Gabriela Z.


Título original: Priest

Gran Bretaña / Drama

Lisa ha confesado sus pecados y el Padre Greg da por concluido el acto sacramental. Pero la niña no se retira. Se muestra turbada y, aunque dubitativa, es evidente que quiere decir algo. –"Es todo Lisa. Hay gente esperando". Finalmente, habla: –"Él me obliga a hacer cosas." –"¿Quién?". –"Mi papá."

¿Confesó Lisa un pecado o relató su infierno personal?

Según el Código de Derecho Canónico: "El sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo"[1]. En otros términos, el sigilo obliga a guardar secreto absoluto de todo lo confesado en orden a la absolución –in ordine ad absolutionem-, lo cual impide que el sacerdote traicione al pecador. Todo aquello confesado como pecado en busca de la absolución deberá ser mantenido en secreto. Y aún cuando el sacerdote necesite consejo para tratar una confesión, estará facultado para decir el pecado, pero no el pecador.

En este sentido, la descripción de la escena toma un valor distinto. No habla la pecadora cuando relata el abuso de su padre, sino que Lisa espera a que termine la confesión para hacer la confidencia. Entonces, vale la pregunta: ¿por qué el Padre Greg no decidió en ese momento intervenir? ¿Es que, tal vez, entendió que Lisa estaba confesando un pecado? ¿Pensó a Lisa pecadora en esa historia? Tal vez haya sido éste el motivo por el que se detuvo…

Hay que hacer notar que los devaneos del Padre Greg en relación al secreto de confesión, sólo surgen a partir de la perversa jugada maestra del padre de Lisa: habiéndose acercado al confesionario y relatándole al sacerdote los hechos, lo imposibilita absolutamente de revelarlos. Ahora sí se trata del pecador confesando sus pecados. Frente a esto, previsiblemente, el sistema de valores religiosos, especialmente aquellos vinculados a la función sacerdotal, se impone. Fuente de sentidos que, organizando su existencia, le han permitido configurar una posición voluntaria de obediencia y devoción.

La obligación del secreto de confesión lanza al sacerdote a su pequeño calvario de dudas. En este conflicto moral, Greg está sitiado. No obstante, insiste en plantearlo en esos términos. No puede decidir, la duda lo atormenta. Pero hay que decirlo: no puede decidir porque evita plantear el conflicto en el campo de la decisión. Si bien se trata de un secreto, tal vez no se trate sólo del secreto de confesión sino de un secreto no confesado.

Un dato a hacer notar es que la escena frente al crucifijo es exactamente eso: le hace una escena a Jesús. Reclamos, reproches, celos, envidia… "¡Tú podías hablar, eras el hijo de Dios! Tú ponías las reglas. Yo no soy el hijo de Dios. Soy sólo un sacerdote. Sólo soy un sacerdote católico. ¡No puedo cargar con dos mil años de historia! Eso sería orgullo, sería arrogancia…". Y finalmente, la verdadera confesión –: "¡Me crucificarían!".

El equívoco nos permite la conjetura: Greg acaba de confesar su temor al lugar siempre deseado, el lugar del hijo perfecto de Dios. Ese lugar lleva al sacrificio. Siempre lo supo, pero gozó en la ilusión de alcanzarlo. Ahora, se disponía a abandonarlo.

El cambio ya se había anunciado cuando se retiró de la reunión, pero él todavía no lo sabía [2]. Tampoco sabía las consecuencias que eso iba tener en la historia de Lisa; pero, menos aún, sabía la incidencia que la historia de Lisa había tenido sobre él.

Hasta entonces, se las había ingeniado para que sus prácticas sexuales no perturbaran su santísimo virtuosismo. Se despojaba del cuello clerical –testimonio de la consagración a Dios – y se lanzaba a la aventura de ser igual a todos los demás. Luego, enfundado nuevamente en su atuendo, volvía a la severidad moral para sí y hacia el resto. Pero con Graham, el hombre que acababa de conocer, fue diferente. Los escenarios comenzaron a mezclarse. No sólo porque estuvo presente en una misa celebrada por Greg, sino también –y especialmente- porque para Greg él no era uno más. El lugar del hijo perfecto consagrado a Dios Padre empieza a resultarle insostenible, tanto como insoportable la idea de perderlo.

No revelar(se) el secreto lo mantendría en aquella deseada y temida posición.

Volvamos a la escena. Se levanta abruptamente de la mesa, entra a su cuarto, –"haz algo, no te quedes ahí colgado desgraciado… Le contaré a alguien. ¡Eso harías tú! (…) ¡Tú dirías ‘esa niña soy yo’!"

El equívoco nuevamente nos da pistas en relación a la posición del sujeto: ahora sí ha decidido salvarla/salvarse del sacrificio al padre.

[1] Código de Derecho Canónico. Libro IV La función de santificar la Iglesia. Título IV Del sacramento de la Penitencia; Capítulo II: Del ministro del sacramento de la penitencia; canon 983, 1. El subrayado es nuestro.

[2] Fariña, J.J. Acto público, en este volumen.



NOTAS

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