por 

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra I
Prof. Fariña, Juan Jorge Michel

Ayudante de Trabajaos Prácticos: Del Do, Adelquis
Segundo Parcial
1º Cuatrimestre 2010
Alumnas: - Peralta Kaiter, Ruth
-Vera, Patricia Cecilia

Segundo Parcial
1-Tomando en cuenta el comentario sobre el film, el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva es Edith. En la película interpreta el papel de esposa de Hank con quien tiene una hija. La pareja entabla un vínculo de amistad con el matrimonio compuesto por Terry y Jack quienes a su vez tienen dos hijos pequeños. El film se inicia presentando un festejo donde hay música y alcohol. Es aquí donde en una escapatoria en búsqueda de cervezas, Edith y Jack conversan en el auto; él manifiesta “¿debemos parar con esto?” a lo que Edith responde irónicamente “¿parar qué?” y luego de un beso apasionado ambos acuerdan no querer parar nunca.
La autora explica que los personajes caen en las garras de una relación adúltera que los ahoga en un sin fin de engaños y mentiras porque solo aman a sus parejas y son amados en términos de lo que hacen y no de lo que son. Es precisamente ese tipo de amor el que convierte al hombre en un esclavo que se ha comprado todas y cada una de las acciones de una farsa que lo deja en deuda.
La escritora del comentario sitúa como hipótesis clínica, que el personaje, cuyo nombre es Edith es sobre quien es plausible pensar el concepto de responsabilidad subjetiva ya que efectúa un acto ético. Se entiende por responsabilidad subjetiva aquello que se configura a partir de la noción del sujeto inconciente, sujeto no autónomo, que como tal no es dueño de su voluntad e intención, es decir una responsabilidad que atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo.
Se califica como ético el acto efectuado por el personaje en cuestión, en tanto se trata de una singularidad que como tal genera una ruptura en el universo particular ya existente. Se trata de una novedad ya que a diferencia del resto de los personajes, legitimó su “poder hacer” y sólo a partir de allí modificó su posición como sujeto; hay un antes y un después desde el momento en que se juega su deseo singular.
Es relevante situar los indicadores que justifican la hipótesis aquí presentada. En este sentido es pertinente expresar que Edith decide abandonar el lugar donde vivía con su esposo e hija, manifestando que el motivo de tal decisión se basa, no en que Hank, su marido, le haya sido infiel y no la ama, por el contrario, el fundamento es que ella misma ha sido infiel y se va porque puede hacerlo: se produce entonces el inicio del despliegue de las potencialidades de Edith como sujeto.
2-Sugerimos como circuito de responsabilidad que organiza la situación en torno al personaje en el que decidimos centrar el análisis, Edith, el siguiente.
En el tiempo 1, el propósito inconciente se abre paso aún a pesar de las intenciones concientes de limitarlo (golpe al sujeto que se cree autónomo). Aquí las motivaciones inconcientes se expresan más allá de la voluntad e intención del yo.
Decidimos efectuar un recorte concerniente a la escena que tuvo lugar la noche de la fiesta donde Edith y Jack salen en búsqueda de más bebida; esta decisión se fundamenta por el aporte que implica el diálogo que en la misma tuvo lugar. Aparece con un tono sarcástico la expresión de Jack: “¿deberíamos parar con esto?”, Edith atina con poca seriedad a responder: “¿parar qué?”. Dicha expresión no hace más que confirmar la desimplicación de Edith con la situación en la que se veía enredada mediante el empleo del mecanismo de negación. No hay aquí rasgo alguno de culpa, ninguna duda la interpela. Es así que ha tenido lugar el próximo encuentro, en el bosque. Aún nada del orden de la duda en torno a su conducta tiene lugar.
En el tiempo 2 es donde la acción interpela al sujeto. Mediante un circuito retroactivo se resignifica el acto que ahora cobra un sentido para él. Es a partir de dicha interpelación que se constituye el tiempo 1.
Existen indicadores que nos ponen en la pista de que el personaje ha sido interpelado. Edith rompe en llanto luego de que su pequeña hija le ha hecho saber acerca de su deseo de vivir en el espacio sólo si estarían presentes ambos padres. Esto tiene lugar inmediatamente después del encuentro sexual que ha tenido lugar con Jack en el bosque. Es posible inferir que la culpa ha invadido los pensamientos del personaje, y esto es lo que obliga a responder, es decir, una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva. Cabe la pregunta en relación a por qué fue ante su hija que este sentimiento se ha desplegado y no frente al marido a quien le es infiel. Es pertinente situar que el personaje ha mencionado durante un dialogo con Jack que tenía conocimiento de las infidelidades de Hank; habló de las relaciones que tuvo con una francesa y hasta de la atracción, que suponía, le generaba Terry. Por lo tanto, a partir de las relaciones extramatrimoniales de su marido justificaba su propia infidelidad, se hace evidente el mecanismo de proyección para exculparse. En cambio la mirada de su hija la confrontó con su acto de una manera tal que no hallaba cómo justificarlo.
El tiempo 3 es el llamado efecto sujeto, es aquí donde se abre paso la responsabilidad subjetiva. No toda interpelación implica necesariamente un tiempo 3; esto va a depender del tipo de respuesta protagonizada por el individuo. Así, en la respuesta culpógena, anclada en el “yo soy culpable”, tanto como en la negación, la proyección y las formaciones sintomáticas asociadas al sentimiento inconciente de culpa, no hay responsabilidad subjetiva. En este caso nos situamos en el terreno de lo particular, por ende se trata del campo de la moral. En cambio, ante la posibilidad de una respuesta singular, donde hay un posicionamiento subjetivo, un acto creador, nos hallamos frente al campo de la ética.
Partiendo de la teoría puede conjeturarse que es el personaje de Edith quien se asume responsable subjetivamente, por haber arribado a un acto que por romper con el particular previo, adquiere cualidad de ético. Esto halla fundamento en la decisión de irse de su casa cuando Hank ha descubierto su engaño. El misterio, lo oculto se desmorona, su infidelidad fue desenmascarada. Ni los ruegos ni la absolución ni el perdón por parte de su marido, suplicándole que no se marche, son suficientes para modificar su decisión; la lleva a cabo hasta las últimas consecuencias. Es aquí donde el personaje se ubica en una posición como sujeto del orden de lo singular, ella ya no es la misma antes y después de su acto. Se apropia de la responsabilidad que implica su infidelidad más allá de los errores cometidos por su marido, a quien le dice: “No me voy porque seas infiel, me voy porque yo lo fui”, a lo que él le dice: “Se termino, ¿no es verdad?”, Edith concluye: “Sí, me voy porque puedo hacerlo”. En este “poder hacer”, ella se implica con relación a su deseo, a su propio ser.
3-Procederemos a ubicar los elementos de necesidad, entendida como la conexión entre causas y efectos, y de azar que desconecta tal relación. Otros modos de designar lo relativo al concepto necesidad, aquello que va a ocurrir inexorablemente es Destino. Por otra parte, denominamos Suerte a lo atinente al azar.
El film permite esbozar una articulación con los elementos presentados. Así en el caso de Edith, inferimos que fue del orden de la necesidad la excusa que tuvo como consecuencia la infidelidad con Jack. Hank, su marido, es un hombre que se caracteriza por ser un infiel empedernido, excesivamente preocupado por su trabajo, egoísta en el sentido que valoraba por sobre todas las cosas sus intereses, sus ambiciones y no daba lugar al afecto e importancia necesarios para mantener una relación matrimonial, o aún más, una familia. La carencia con la que vivía Edith la llevó a percibir la infelicidad de su matrimonio y acudió a Jack con el fin conciente de recibir consejos acerca de cómo lograr un matrimonio feliz como el que suponía en él. Pero esta carencia admite una necesidad inconciente de amor, atención, respeto y hasta de sentirse atractiva para un hombre. Es entonces que el azar ha puesto frente a ella un sujeto al que comenzó a parecerle atractiva, nada menos que el esposo de su amiga y el amigo de su marido, quien progresivamente se enamora de ella. Se generan encuentros donde el descontrol del éxtasis festivo y el alcohol los halló juntos en apasionados besos que culminaron en encuentros donde el adulterio irremediablemente pobló la escena de sus vidas.
Sin embargo no es pertinente atribuir a cuestiones azarosas la falta de decencia del personaje. En este sentido hacemos hincapié en la responsabilidad que a Edith le cabe como sujeto, ya que ésta se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Ella está desesperada por mendigar un poco de atención, por azar se cruza Jack en su camino, pero su necesidad inconciente genera tal hiancia entre el azar y la necesidad, que es allí donde se erige su responsabilidad subjetiva.
4- Para establecer las figuras de culpa, es pertinente señalar dos personajes del film en los cuales se logran pesquisar éstas de manera explícita.
Los personajes de los que hablaremos a continuación son Edith y Jack, los cuales se recriminan todo el tiempo las consecuencias de sus actos de infidelidad; pero previamente a este tormento, se ubica en el comienzo del film una escena en donde resulta claro la falta de culpa que los interpelará tiempo después. La famosa escena de la camioneta en donde los dos hablan acerca de sus infidelidades de una manera tan sarcástica que no deja lugar a ningún sentimiento de culpa ni reproche por su accionar, es decir, ninguno de los dos presentan quiebres.
A lo largo de esta historia comienzan a aparecer los esbozos de lo que culminará luego en la culpa propiamente dicha. Por el lado de Jack, estos empiezan a materializarse en su voz interna que le reprocha el mentirle a su esposa para concurrir a su cita con Edith. El discurso de la moral, el cual plantea un sujeto autónomo, responsable como amo y dueño de sus actos, obligado a responder y juzgado desde el parámetro de lo bueno y lo malo, lo esperable y lo condenable, lo correcto y lo incorrecto, lo atormenta. Jack toma la interpelación y evalúa su accionar haciéndolo desde el lado de la moral, pero se responsabiliza moralmente y trata de enmendarlo, lo que implica que este personaje se ubica desde el lugar culpógeno. Esto obliga a entenderlo como una situación opuesta a la responsabilidad subjetiva.
Por el lado de Edith, la interpelación la asalta desde el lugar de su hija, de la mirada de ella, lo que le provoca la emergencia de la angustia y rompe en llanto. Pero nos enfrentamos a un caso similar al anterior ya que se entiende que el apronte angustiado como la posición culpógena de Jack, no implica una emisión subjetiva sobre lo real del acto. Es factible aquí encontrar angustia y una culpa que evalúa los hechos desde lo moral, pues también en esta situación se halla un intento de enmendar moralmente su acto, tal como lo demuestra la idea que surge en Edith acerca de concurrir a terapia de pareja con su esposo luego de haber tenido sexo con Jack unos minutos antes.
En ambos se descubre intentos de exculparse mediante el mecanismo de proyección cuando con un sentimiento de alegría descubren que sus respectivas parejas los estaban engañando. En esta multiplicidad de respuestas a las interpelaciones que recibieron cada uno, la culpa no favorece el avance hacia una responsabilidad subjetiva, entendiendo a la misma como aquella que considera al sujeto no autónomo, no siendo dueño de su voluntad e intención, que lo llama a responder, produciéndolo; sujeto responsable subjetivamente de aquello que desconoce de sí mismo, aun de aquello que el mismo de acuerdo a sus valores morales no estaría dispuesto a reconocer como propio.
Es preciso aclarar que la culpa o sentimiento de culpa es condición necesaria para poner en marcha el circuito lógico que culmina en responsabilidad subjetiva y su consecuente efecto sujeto; pero esta se diferencia con la culpa de ambos personajes, que fueron esbozadas hasta el momento, ya que las mismas son evaluadas y tenidas en cuenta moralmente y con intenciones de aliviarlas con enmendaciones morales, que no hacen otra cosa que cerrar dicho circuito a partir de una respuesta particular, que implica la vuelta al surco moral, no habiendo producido nada del registro de lo singular, es decir, del efecto sujeto.
Teniendo en cuenta todo lo dicho hasta aquí, ha llegado el momento de marcar la tajante diferencia que separa a estos dos personajes que venían manejando sus situaciones con las mismas herramientas morales. Esta diferencia la marca Edith, siendo la única en el film que llega a la formulación de un tiempo 3, llegando a una responsabilidad subjetiva haciéndose sujeto y logra llevar el circuito lógico más allá del surco moral; rompe el universo particular previo con una singularidad, con un acto ético. Este acto es materializado con su abandono del hogar matrimonial. Es un claro ejemplo del “saber hacer” y “poder hacer” con esa culpa que la interpeló y la llevó a responder, en principio, desde lo moral, pero finalmente desde lo ético y así culminar el circuito lógico en la responsabilidad subjetiva. Esto mismo es lo que no llevó a cabo Jack, quien mantuvo su culpa del lado de lo moral: miró a los ojos a sus hijos, un hecho que lo interpela y nuevamente optó por una respuesta que lo deja atrapado en el circuito de la responsabilidad jurídica y moral. Este hecho que lo reafirma en su posición culpógena y no lo deja desplegarse en el efecto sujeto, es su decisión de no hacerle caso a su esposa Terry de marcharse del hogar y quedarse para intentar una oportunidad más junto a su familia.
Se entiende a la responsabilidad jurídica como aquella que queda reducida al sistema de referencias legales vigentes en donde los valores morales propios de un orden social son fundamento de la legislación vigente. Los códigos se establecen por consenso y ello puede dar lugar a incluir intereses corporativos que resulten discordantes con la dimensión de subjetividad. Teniendo en cuenta que el tema abordado por la película es el adulterio, puede mencionarse el valor legal y social que el mismo tiene en nuestro país, esto, a pesar de que en el film no se trate el caso en términos legales. La problemática del adulterio es considerada en la Argentina en la modificación del Código Civil sobre la Ley de Divorcio 23.515, donde las relaciones extramatrimoniales son legitimadas como una de las causas de divorcio. Por lo tanto, desde este punto de vista, tanto Jack como Edith son responsables en términos jurídicos, aunque, vale la pena agregar, esto no es condición para que sean responsables subjetivamente en función de los fundamentos ya enunciados.
5-Ibietta es un prisionero en la España de la guerra civil quien, en manos de la falange, espera su última noche en un sótano. Al día siguiente lo fusilarán. Se esfuerza por no dormirse, desea no perder ni dos horas de vida y mientras tanto piensa que ahora ninguno de sus ideales tiene sentido. Al llegar el alba es interrogado, le piden que denuncie la vida de un líder anarquista, Ramón Gris. Le ofrecen cambiar su vida por la de Gris. Él sabe que este hombre, a quien lo une un vínculo de amistad, se encuentra en casa de su primo. Entonces responde pretendiendo burlarse del tirano: “está en el cementerio”. Pero allí encontraron a Gris dándole muerte, aplazándose la ejecución de Ibietta. El correspondiente de este, el Tiempo 1, en el personaje de Edith se situaría en una escapada clandestina con Jack que siembra dudas en sus cónyugues. Se preguntan con sarcasmo sobre la situación que los atrapa. No hay aquí interpelación de su responsabilidad como sujetos, ella se ríe desvergonzadamente y niega la relación adúltera. Éste es solo uno de otros tantos encuentros donde no presenta quiebre alguno, no pone en duda su conducta, la que pretende suplir las carencias sufridas en su matrimonio con Hank. Es un primer tiempo, tanto para Ibietta como para Edith, donde la acción conciente está orientada con un objetivo, tal se agotaría en dichos fines.
El Tiempo 2 es el advenimiento de una interpelación, aquella acción efectuada (tiempo 1) revela un efecto más allá de lo esperado adquiriendo valor significante en un a posteriori. En la distancia entre 1 y 2 halla sitio el efecto de resignificación. Así, Ibietta recibe con sorpresa que a su regreso los falangistas no acaben con su vida. García lo pone al tanto de que esa mañana lo mataron a Gris y nada menos que en el cementerio. Aparece en él desconcierto, está en el lugar de burlador burlado.
En el film trabajado, Edith es interpelada por la mirada de su hija, comienza a sentir entonces que su situación es disonante, progresivamente se produce su derrumbe anímico, es invadida por la angustia. Esto no había ocurrido frente a su marido ya que a él lo hacía responsable de su infidelidad por tener amantes y no amarla. Su pequeña, en cambio, la confrontaba con la imposibilidad de justificación de su acto, el personaje se vio movilizado por la revelación de su hija del cumplimiento de un deseo que solo querría llevar a cabo con sus padres junto a ella. En ambos casos se abre la pregunta por la responsabilidad del sujeto, es decir, de aquel de quien se espera una respuesta por su acto debido a la distancia que entre la necesidad y el azar existe en las situaciones presentadas. Sólo con la producción de una respuesta singular es posible plantear un Tiempo 3. En este sentido Ibietta es responsable, no de la muerte de Gris sino de haber hablado, de su deseo de vivir por lo menos un poco más. Pretendiéndose omnipotente desafía al azar, elige la palabra “cementerio”, no era imposible que Gris esté allí, tanto es así que ese fue el sitio donde lo hallaron. De dicha elección también es responsable. Gris había pensado en dirigirse a la casa de Ibietta, informó García, pero como él estaba preso decidió ir al cementerio. Fue entonces ante la angustia de la muerte que los amigos produjeron sendas producciones impredecibles en las que emergió su condición subjetiva. Ibietta cae de rodillas y la risa y el llanto simultáneos dan cuenta de un sujeto dividido. Asimismo, es ante la angustia frente a su hija que Edith, a partir de la decisión de marcharse de su hogar con su hija, se implica con el acto cometido, responde por él, en la soledad, único modo de tener convicción de existencia produciéndose como sujeto. Por ello ante esta decisión no se tienen garantías, la responsabilidad gana la escena. No hay lugar a excusas en determinismos como dejarse arrastrar por las pasiones o en que las condiciones estaban dadas para la elección de aquel acto, el del tiempo 1. La angustia que emana es justamente por la incertidumbre de lo que generará la decisión, el elegir produce sujeto. Si el sentimiento hubiera sido el miedo se pensaría en el conocimiento de lo amenazante. Tanto Ibietta como Edith son responsables de su posición como sujetos, la decisión que implicó su actuar no los libera de su destino, por impredecible que sean las consecuencias, los convierte en sujetos deseantes, culpables de lo que hicieron y dijeron.



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