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Psicología, Ética y Derechos Humanos
“Film: Adulterio”
Segundo Examen Parcial - Primer cuatrimestre 2010

Cátedra: I Fariña, Juan Jorge Michel.
Docente trabajos Prácticos: Pesino, Carolina Rut
Comisión: 26
Alumnos: Rodríguez Do Campo, Facundo L.U: 339445930
Urri, Sofía L.U: 341523480

La película que nos fue asignada es Adulterio (We don´t live here anymore), dirigida por John Curran. Tal film se basa en la relación entre dos matrimonios que comparten, en apariencia, una amistad desde hace varios años. Uno de ellos es el compuesto por Jack y Terry los cuales tienen dos hijos. Jack es un profesor de literatura mientras que Terry es ama de casa. El otro matrimonio lo conforman Edith y Hank (también profesor de literatura, y obsesivo con su trabajo) quienes comparten una hija que atraviesa la niñez.
En el transcurrir de la película pueden evidenciarse los distintos affaires que llevan a cabo los integrantes de dichos matrimonios. Principalmente el que involucra a Jack y Edith, y que es el motor para el desarrollo de la trama argumental de la película. A partir de estas sucesivas infidelidades y sus consecuentes pensamientos, actitudes, acciones y devenires, se puede extraer el material necesario para analizar el film desde los conceptos centrales del eje de la responsabilidad.

Griselda Gallino Fernández, la autora del comentario acerca de la película, sitúa la noción de responsabilidad subjetiva en el personaje de Edith considerando que al final de la película su rol adquiere suma importancia en tanto sorprende al diferenciarse de los demás personajes, en especial de Jack, con quien llevó a cabo el affaire en todo el desarrollo del film.
Entendemos responsabilidad subjetiva como aquella responsabilidad, que está directamente vinculada a una determinación del sujeto: la responsabilidad subjetiva interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción se sujeto inconsciente. Se opone por lo tanto a la Responsabilidad Jurídica, que pertenece al campo de la responsabilidad moral. La responsabilidad Jurídica se plantea en función de la noción de sujeto autónomo, la cual restringe la responsabilidad al terreno de la conciencia, al ámbito de la intencionalidad conciente, del decidir libre y voluntariamente sobre la propia vida. Sin embargo, el sujeto del Inconciente, es un sujeto no autónomo, no es dueño de su voluntad e intención.
El Psicoanálisis plantea un determinismo inconsciente que hace al sujeto responsable por definición , el campo de responsabilidad subjetiva confronta al sujeto con aquello que perteneciéndole le es ajeno. En este campo el sujeto es siempre imputable y responsable, no ya en términos morales o jurídicos, sino éticos. Pues los motivos de acción responsabilizan al sujeto. Así Freud ubica la responsabilidad en relación a aquel propósito inconsciente que, amenamente a la voluntad del yo, propició la acción. El sujeto es responsable subjetivamente de aquello que desconoce de sí mismo, aún de aquello que el mismo de acuerdo a sus valores morales no estaría dispuesto a reconocer como propio.
La responsabilidad subjetiva llama al sujeto a responder, lo interpela.
La autora intenta desarrollar una hipótesis clínica a partir de la ligadura entre los 2 primeros tiempos (T1 y T2). Afirma que "El problema parece ser que estos personajes solo aman a sus parejas o son amados en términos de lo que hacen y no de lo que son. Y es precisamente ese tipo de amor el que convierte al hombre en un esclavo que se ha comprado todas y cada una de las acciones de una farsa que lo deja en deuda" Los indicadores de esta hipótesis: en el caso de Edith es amada por su marido por lo fuerte que se ha hecho, por perdonarle una y otra vez las infidelidades de su marido. En el caso de Jack parece amar a Terry por sus labores como sostén de familia (limpiar, cocinar, hacer el amor con su marido) en ninguno de los casos aman a sus parejas por lo que son como sujetos, sino por lo que hacen.
Intentando establecer el circuito de la responsabilidad subjetiva teniendo en cuenta los tiempos lógicos, podríamos entender los primeros encuentros entre Jack y Edith como un primer tiempo (T1) entendido como una acción recortada en el tiempo, la acción se agota en los fines para la que fue realizada. Ninguno de los sujetos presenta quiebres ni inconsistencias. Los personajes se encuentran, y viven su relación adultera sin interrogarse sobre ello. A pesar de esto, a medida que la película avanza, cada uno de estos personajes por separado comienza a sentir el peso de su propio comportamiento. Podríamos decir que aparece la culpa, dando lugar así a la interpelación subjetiva dependiente de la misma, lo cual hace resignificar el Tiempo 1. Así estaríamos en presencia de un Segundo Tiempo (T2) es la resignificación del primer tiempo, facilita una respuesta que aunque no es considerada aun tiempo 3, responde a la interpelación, y junto a él las figuras de la culpa.
Aquí se abre una brecha entre los personajes de Jack y Edith (ambos participantes del affaire) en tanto resolución ante una situación que los interpela: Edith empieza a sentir que su situación es disonante y poco a poco se percibe el derrumbe anímico de su personaje cuando es sometida a la interpelación por la mirada de su hija. Edith responde a la interpelación primera mediante la proyección (el otro es culpable de que yo le sea infiel porque no me ama y también me engaña). También se embarca en una especie de intento de enmienda moral cuando, después de tener sexo con Jack, plantea casi irónicamente que desearía que ella y su marido fueran a terapia de pareja. Pero la mirada de su hija, ante la cual no halla justificación alguna, la pone frente a una insoslayable disyuntiva y la invade de angustia (T2).
Jack toma la interpelación pero se responsabiliza moralmente y trata de enmendarlo, quedándose en un segundo tiempo. Evalúa su accionar y lo encuentra moralmente malo. Cuando su mujer le pide que desayunen juntos, y él se va de todos modos al encuentro de Edith, (T2).
Sin embargo es Edith quien puede pasar a un tercer tiempo (T3)es en este tercer tiempo donde aparece la responsabilidad subjetiva. Pensando en las palabras de D`Amore , la responsabilidad subjetiva no es sin culpa. Es a partir de la culpa donde se produce una operación simbólica, la interpelación subjetiva. En la dimensión de la responsabilidad subjetiva exige una experiencia de deseo inconsciente. Siguiendo la lógica de la retroacción se vuelve sobre ese T1, la acción de entablar una relación adultera, la culpa obliga a la interpelación, y resignificación de dicha acción, generándose un T2. Dicho circuito se produce tanto en Edith como Jack.
Sin embargo es solo en la primera que se alcanza un tercer tiempo (T3), y es por ello que podemos decir que es entorno al personaje de Edith que gira la responsabilidad subjetiva. El T3 implica un efecto sujeto, donde se vuelve a resignificar el T1. Se diluye el sentimiento de culpa, dando lugar al efecto sujeto. El T3 es también una respuesta a la interpelación pero no ya como sentimiento de culpa, proyección, negación, intelectualización sino que estamos hablando allí de una dimensión ética, efecto sujeto como acto ético, se produce un sujeto de deseo inconsciente. ¿Cuál sería este tercer tiempo en el personaje de Edith? Edith, en oposición a Jack, mantiene su decisión de irse, a pesar del pedido de su esposo, que le promete eximirla de sus culpas. Sin embargo Edith se encuentra en un nuevo lugar con respecto a su posición como sujeto y permite ubicar algo de donde se juega su deseo singular, inconsciente. El acto de Edith. Ella no será la misma antes y después de dicho acto. Ante el ruego de su marido, Edith contesta que no se va de la casa, porque su marido le es infiel, sino que se va porque ELLA HA SIDO INFIEL y porque puede hacerlo. Es en ese poder hacer donde Edith afirma y firma algo en relación a su deseo, a su propio ser, y comienzan a desplegarse todas las potencialidades del sujeto. Podríamos decir que Edith se asume responsable subjetivamente, haciéndose cargo de su deseo, haciendo emerger su singularidad.
En cuanto a la presencia de azar y necesidad en la trama, podríamos decir que el azar juega un papel casi indiscernible debido a su mínima participación: ninguno de los personajes atribuye a cuestiones azarosas el engaño que llevan adelante. La falta de decencia y constante manipulación no son parte de la suerte sino propias de cada sujeto. Si quisiésemos situar algo del orden de la necesidad podríamos pensar en el personaje de Edith el hecho de la falta de atención y la supuesta constante infidelidad del marido sirven para situar a la necesidad en tanto excusadora de su propia infidelidad. De esta manera entiende la autora, juegan sus papeles tanto el azar como la necesidad. Lo que se puede afirmar con seguridad es que (aunque en distintas medidas) ambos factores están presentes en la trama ya que solo en la grieta entre ambos es posible encontrar la responsabilidad del sujeto.
Las figuras de la culpa son aquellas formaciones que aparecen de modo tal que anestesian la culpa y, por tanto, son ajenas a la responsabilidad subjetiva. Permiten desligarse del asunto, invisibilizarlo. Tienen como objetivo obturar aquellas grietas producidas por el acto. Tales formaciones, además, aparecen en tanto hay interpelación, y se contraponen al efecto sujeto de la responsabilidad subjetiva.
En el film aparecen una serie de interpelaciones, que están del lado de taponar la falta mas que del lado de la emergencia de la singularidad. Las figuras de la culpa pueden ser halladas, principalmente, en el caso de Jack. El mecanismo de proyección puede encontrarse en varias escenas, tanto en Edith como en Jack: ambos comienzan a sospechar que sus respectivas parejas también desean estar juntos, cuestión que ambos fuerzan, casi perversamente, para exculparse. En este caso, la culpa no favorece el efecto sujeto, impide la emergencia de la singularidad. Tal situación se pone en evidencia cuando Jack demuestra cierto entusiasmo y curiosidad ante el relato de infidelidad de su mujer, o cuando llama a Edith para relatarle la infidelidad de sus respectivas parejas. También se observa una especie de intento de enmienda moral por parte de ambos, aunque en situaciones diferentes. En el caso de Jack, luego de tener relaciones sexuales con Edith, vuelve a la casa con una langosta y se pone a cocinar, respondiendo de este modo al pedido de su esposa y reduciendo la angustia provocada por la culpa. En Edith se observa una reacción similar cuando luego de gastarse una gran suma de dinero con Jack, plantea cierto deseo de concurrir con su marido a una terapia matrimonial.
Si tuviéramos que plantear una relación con el personaje de Jean Paul Sartre en “El Muro”, Pablo Ibbieta, podríamos afirmar que la diferencia entre los casos (dejando de lado los datos anecdóticos propios de cada historia), gira en torno a la cuestión de azar y la necesidad.
El escenario propone una singularidad en situación.
En cierto momento del relato, Ibbieta es interrogado por los falangistas acerca del paradero de Gris. Ante esto, y sintiéndose ya muy cercano a la muerte, decide burlarse de estos diciéndoles que Gris estaba escondido en el cementerio, a pesar de que le habían ofrecido salvar su vida si entregaba a su amigo.
Se constituye así un primer tiempo lógico:
T1: El personaje lleva adelante una acción, una conducta orientada por un determinado objetivo y entendiendo que tal iniciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida. Interrogado por el paradero de Gris, Ibbieta improvisa una broma para burlarse de los falangistas. Sabiendo que Gris está escondido en casa de su primo, les dice “Gris está escondido en el cementerio”.
Luego adviene un segundo tiempo (T2), en donde Ibbieta se ve interpelado por una serie de indicadores que lo ponen sobre aviso, algo acerca de lo que dijo anduvo mal: su acción iniciada en el Tiempo 1 fue más allá de lo esperado, los falangistas le perdonan la vida, lo cual quiere decir que encontraron a Gris. Simultáneamente un tercer personaje le comunica que Gris fue encontrado esa mañana, y asesinado. Para la sorpresa de Ibbieta, Gris se hallaba escondido en el cementerio.
Se abre entonces la pregunta por la responsabilidad del sujeto ¿qué habrá tenido que ver Ibbieta con todo eso?, Ibbieta sólo quiso jugar una broma, sabia que el verdadero paradero de Gris era la casa de su primo. Mosca afirma que la responsabilidad nace allí donde hay una brecha entre necesidad y azar.
Actúa el azar y la ignorancia. Ibbieta sabia que Gris estaba en lo de su primo. No sabía que había abandonado ese lugar, y se hallaba ahora en el cementerio. Al burlarse de los falangistas era altamente improbable que Gris esté en el cementerio, altamente improbable pero no imposible. Así el azar quiso que su elección de una confesión mentirosa terminara, sin saberlo diciendo la verdad. Se trata de una coincidencia temporal. El momento en que Ibbieta hace la jugarreta, coincide con el momento en que Gris se pelea con su primo y decide ir a esconderse al cementerio.
La necesidad aquí esta del lado de la situación en la que Ibbieta se ve ante la situación de tener que delatar a su amigo. Ibbieta no elige tal situación de interrogación y eso está en la dimensión de la necesidad.
Pero la brecha entre ambos ordenes, permite la emergencia de un tercer campo: el de la Responsabilidad.
Ibbieta es responsable de haber hablado, de querer vivir un poco más. Al mandar a los falangistas al cementerio, estamos en presencia de un sujeto de deseo, desafía al azar. Y responde a este deseo cuando manda a los falangistas al cementerio.
En el caso de la película analizada, no juega un papel decisivo el azar. Pero tanto Ibbieta como Edith son responsables de su deseo. Ambos personajes pudieron ser hallados en un Tercer Momento, y es por ello que se puede hablar en cualquiera de los dos personajes de responsabilidad subjetiva.



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