por 

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

CÁTEDRA I- FARIÑA

SEGUNDO PARCIAL
PELÍCULA: “ADULTERIO”

 COMISIÓN 1

 ALUMNAS: -Molina, Natalia
LU: 331875280
E-mail: nt_u-571@hotmail.com

-Ramos, Carolina
LU: 332071560
E-mail: carolina_ramos_5@hotmail.com

PRIMER CUATRIMESTRE 2010

ENTREGA: 7 de Junio

Desarrollo
El personaje en quien se centra el análisis es el de Edith, debido a que a partir de una serie de situaciones y eventos logra posicionarse como responsable subjetivamente. En oposición al camino tomado por Jack.
En este punto se hace necesario deslindar el campo jurídico, del campo de la clínica, debido a que parten de nociones de sujetos completamente diferentes. Mientras que el primero plantea a un sujeto autónomo, definido como sujeto del derecho; el sujeto de la clínica es un sujeto dividido, del deseo, responsable de él, pero inconciente por supuesto; nada sabe acerca de su deseo. Estas dos definiciones, dan cuenta de dos realidades. En la primera se trata de una realidad constatable, comprobable empíricamente; en la segunda, la realidad adquiere el estatus de psíquica, atañe solo al sujeto. Salomone en su texto, plantea que no se trata de confrontar al sujeto con la dimensión de los valores compartidos, ni con la referencia a la moral. En este punto no hay lugar a la realidad objetiva. La protagonista parte de un universo de sentido “cerrado”, al igual que Jack. Tiene claro cuál es su propósito, y por qué hace lo que hace. Es decir, sabe que su marido la ha engañado en diversas oportunidades y que no la ama y actúa en consecuencia.
La autora plantea que a Edith quien la interpela es la mirada de su hija, no la de su marido. Esto se debe a las características particulares del personaje llamado Hank.
El es descripto como ser totalmente egoísta, en todas las dimensiones que conforman a un sujeto; su único objetivo es conseguir que una editorial publique su libro. Por lo tanto, si ella mantenía una relación con Jack, él no tendría que “ocuparse de su esposa”. Y además, porque ella lo hace responsable de su accionar, mediante el mecanismo de la proyección.
El circuito de la responsabilidad que organiza la situación podría ubicarse de la siguiente manera en la película:
El Tiempo 1, que implica el tiempo de las certezas, donde el sujeto lleva a cabo una acción cuyos fines se agotan en la acción misma, tiempo donde no hay lugar para cuestionamientos ni preguntas por su acción y donde el sujeto sostiene que posee todas las respuestas; en la película (desde el personaje de Edith), podría ubicarse este primer tiempo en las citas y encuentros clandestinos que tiene con Jack, donde puede verse que ninguno de los dos se cuestionan sobre el romance que llevan adelante. No hay dudas sobre el comportamiento que tienen.
El Tiempo 2 es el tiempo de la interpelación subjetiva. Algo viene a poner en duda, a quebrar las certezas del tiempo 1. La interpelación lleva al sujeto a resignificar, mediante un camino de retroacción, el tiempo 1. Esto se produce, en el personaje de Edith, a través del surgimiento de la culpa. Ésta aparece bajo las figuras de la proyección y de la angustia, siendo esta última la que la interpela verdaderamente mediante la mirada de su hija. Si bien la cuestión de la culpa se desarrollará en profundidad más adelante, puede plantearse que es a partir de su hija que la sensación de angustia invade a Edith, abriendo una posibilidad de cuestionamiento.
Tanto la proyección como la angustia son respuestas ante la interpelación que, sin embargo, no implican que Edith asuma todavía su responsabilidad subjetiva.
Como hipótesis clínica, podría formularse que, de lo que se trata la infidelidad de Edith no es de arruinar su matrimonio, sino que su acto va más allá de esto y apunta a poder salir de ese “mundo de apariencias” en el que vive, en el cual es la esposa que se hizo fuerte, como le dice su marido, la que soporta las reiteradas infidelidades de él y su falta de amor, por lo cual su marido la ama.
Puede decirse entonces que la acción llevada a cabo en el Tiempo 1 tenía como objetivo, no quizás destruir su matrimonio sino mitigar la falta de atención por parte de su esposo (lo cual podría leerse como el aspecto más conciente de la situación). Ella termina cediendo ante su deseo (deseo inconciente), el cual implica no quedar atrapada en ese universo particular en el que sostenía su matrimonio, abriendo paso así a su singularidad.
Tal como refiere Oscar D`Amore , ceder en el deseo es entendido siempre como la traición de un pacto. En este sentido, puede ubicarse que el pacto que traiciona Edith es su matrimonio con Hank, el cual viene a funcionar como ese particular concensuado en el que ella se sostenía. Ceder a su deseo implica entonces afirmarse como sujeto, un sujeto que quiere, que desea otra cosa diferente a “ser amada” de la forma en que Hank dice amarla y seguir sosteniendo esa clase de vida. De esto debe hacerse responsable.
Aquí conviene definir qué entendemos por responsabilidad. Salomone en su texto dice que la responsabilidad desde el discurso jurídico, parte de un sujeto autónomo que la funda; es un recorte de la responsabilidad moral. En cambio, la responsabilidad subjetiva -que es la aquí interesa- se configura a partir de la noción de sujeto del inconciente, que no es dueño de su voluntad y su intención.
Por otra parte, D´Amore, plantea que mientras en el campo de lo jurídico, primero se es responsable y luego culpable; en la dimensión del sujeto esto se da prácticamente de modo inverso: el sujeto es culpable (siempre y cuando no se quede encapsulado en ese lugar culpógeno), y luego puede hacerse responsable.
Por último, en Edith (a diferencia de Jack) puede ubicarse un Tiempo 3 en el cual se hace responsable de su acto (resignificado ya el tiempo 1).
Luego de ser descubierta su infidelidad con Jack, Edith toma la decisión de irse de la casa con su hija y abandonar a Hank. Él le pide que no se vaya, que no le será infiel de nuevo. Sin embargo, Edith le aclara que no se va por eso, sino porque ELLA le ha sido infiel, y simplemente se va porque puede hacerlo. Es aquí donde se deja ver cómo Edith asume la responsabilidad subjetiva de su acto, y afirma su deseo. Es en este momento donde ella logra ir más allá de ese particular en el que estaba atrapada, cruzando el semáforo en rojo, desplegando su singularidad.
Cuestiones referidas al azar no parecen tener demasiada presencia en la situación. Sin embargo, elementos de necesidad se hacen visibles en la misma ya que la protagonista utiliza el hecho de que su marido no la ama y la engaña para “justificar” su infidelidad. En este sentido, no hay lugar para la emergencia de la responsabilidad subjetiva porque todo tiene su justificación. Su marido no le hace preguntas acerca de por qué se ausenta de su casa, al contrario, parecería que incluso es cómplice. Al final de la película hace un comentario de que esa relación extramatrimonial, en cierta forma le quitaba ciertas responsabilidades y obligaciones que hacen a la pareja. Es decir que, Edith se refugia en la falta de atención y los engaños del marido, los cuales la conducen a la necesidad de tener un romance.
Una cuestión que no fue tenida en cuenta en ningún momento por Edith, que podría ser del orden de lo azaroso, es el hecho de poder sentirse interpelada por la mirada de su hija. Esto puede decirse que desató el sentimiento de culpa.
Las figuras de la culpa que aparecen en el personaje de Edith son la proyección por un lado, y la angustia por el otro.
Como plantea Oscar D`Amore no hay responsabilidad subjetiva sin culpa, y saberse culpable de la situación en juego permite la posibilidad de otro tipo de responsabilidad no advertida. Es decir, que cuando hay algo de la responsabilidad subjetiva pendiente, aparece la culpa en el plano manifiesto.
En el caso de Edith, como respuesta a la interpelación podría ubicarse, por un lado, la culpa en la figura de la proyección, ya que ella sostiene que es infiel ya que su marido no la ama, sólo se ama a sí mismo y le es infiel constantemente. Así, él es el culpable de su infidelidad.
Por otro lado, se puede ubicar como otra respuesta a la interpelación, la sensación de angustia que surge en Edith ante su hija, frente a la cual sí siente culpa. En una escena del film, Edith llega a su casa luego de uno de sus encuentros con Jack, y su hija está mirando en la televisión un programa sobre el espacio. Edith le pregunta si se iría al espacio, ante lo cual su hija le responde que iría sólo si ella (Edith) y su marido fueran también. Luego Edith entra en su habitación, se acuesta y se pone a llorar desconsolada. Ante esta angustia, podría ubicarse el sentimiento inconciente de culpa que emerge por esa acción que lleva a cabo en el tiempo 1 y que la interpela, denotando un quiebre en ese universo cerrado.
En el caso de Jack, elige una de las posibles “salidas”. Es decir, luego de que su esposa le reclama por sus actos, es convocado a responder por una especie de voz interior, que daría cuenta del plano de lo meramente moral. No puede juzgar sus actos sino solo desde lo particular. Él queda como atrapado en el campo de la culpa, este acontecimiento no oficia de puente para ubicarse en relación a su deseo. La culpa que le genera la situación, no permite que de él emerja una respuesta, se haga responsable. Por lo tanto, decide quedarse junto a su familia, pero esta decisión estaría comandada solo por ese sentimiento de culpa. Se pregunta por lo ocurrido en el tiempo 1, pero lo hace desde lo moral, desde lo sabido por el sujeto. Valora sus acciones de acuerdo a los valores compartidos socialmente, lo esperable, lo condenable, etc. Tal como plantea Salomone :”en un intento desesperado por recuperar su cualidad de autónomo (…) el sujeto se dispone a fortalecer su voluntad vía imposiciones morales”. D´Amore en su texto especifica que la culpa moral tapona el acceso al orden del deseo). No favorece el efecto sujeto.

Al igual que Ibbieta , quien pretendía burlarse de los falangistas, nuestra protagonista cree que con su acto puede burlar a su esposo, quien en cierta medida, se muestra como el otro sin barrar. Para ello, no elige cualquier partenaire al azar, sino a un buen amigo de él (al mismo tiempo que es la mejor amiga de la esposa de su amante). En cambio Ibbieta cree decir cementerio al azar.
En nuestro caso, la cuestión del adulterio se muestra como del orden de la necesidad, del determinismo: su marido le es infiel, entonces ella actúa, al tiempo que necesita atención. En este punto, la necesidad oficia de estrategia de desresponsabilización subjetiva. En “El Muro”, el hecho de que los traidores sean fusilados en un régimen totalitario se presenta como del orden del determinismo, de esa manera Ibbieta no se puede hacer responsable de su posición frente al deseo de vivir.
Puede decirse que mientras en Ibbieta el Tiempo 1 implica la jugarreta que se propone al decirles a los falangistas que Gris se oculta en el cementerio, en Edith este primer tiempo se sitúa en los encuentros que tiene con Jack. Tanto en un caso como en otro, ambos personajes llevan adelante una acción sin ningún tipo de cuestionamiento.
Por otro lado, el Tiempo 2 se ubica en Ibbieta en el momento en que le informan que Gris ha sido fusilado luego de encontrarlo en el cementerio. Mientras que en Edith, este segundo tiempo puede ubicarse frente a la enorme angustia que siente ante su hija. Tanto el personaje de Ibbieta como el de Edith son interpelados, poniendo en duda su accionar.
Por último, con respecto a la hipótesis clínica, podría pensarse que, mientras Ibbieta debería hacerse responsable de su deseo de querer vivir más tiempo, deseo inconciente que comandó su acción en el Tiempo 1 (la jugarreta); Edith debe hacerse responsable (de hecho lo hace en un tercer tiempo), de que su infidelidad va más allá de su romance con Jack, implica otra cosa, hay allí un deseo de buscar algo más que esa apariencia en la que vive y de la cual ya no quiere formar parte.

Bibliografía

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs. As., 1972.



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