por 

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Psicología Ética y Derechos Humanos
Cátedra I
Prof. Adj. Reg.: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

SEGUNDO PARCIAL

COMISIÓN: 1

PROFESORA: Lic. Ianina Samolevich

ALUMNAS:

García, Gabriela Cecilia L.U. 26.348.149/0
Gigliotti, María Florencia L.U. 29.696.127/0

FECHA: 25/02/10

CURSO DE VERANO 2010

Adulterio , de John Curran, es una película que narra la historia de dos docentes de literatura de una pequeña universidad de Nueva Inglaterra, Jack Linden y Hank Evans, quienes cultivan una vieja y fluida amistad, como también una ambivalente rivalidad. La mujer de Jack, Terry, es amiga íntima de la mujer de Hank, Edith, y habitualmente los cuatro se juntan a cenar. Ansiosa por encontrar la clave para que su matrimonio siga funcionando, Edith se acerca a Jack en tren de confidencias. Este acercamiento no tarda en convertirse en un romance y enseguida en una sostenida infidelidad que deja a los cuatro personajes involucrados en un laberinto emocional de vicisitudes que deberán atravesar con incertidumbre y resignación.

Si bien el adulterio es contemplado por el Derecho Civil como causal de divorcio, la cuestión a interrogar no es del orden de lo judiciable, no está en la línea del crimen y el castigo, el pecado y la condena. Para el campo normativo, la noción de responsabilidad se plantea en función un sujeto autónomo que se define por su intencionalidad consciente y voluntad. Se trata de la condición de ser responsable de si mismo: por sus acciones, elecciones y decisiones. En cambio, la responsabilidad subjetiva refiere a una noción de sujeto proveniente del psicoanálisis. El campo de la responsabilidad subjetiva confronta al sujeto con aquello que perteneciéndole le es ajeno, aquello que desconoce de sí mismo. Para el psicoanálisis el determinismo inconsciente hace al sujeto responsable por definición. Freud ubica la responsabilidad en relación a aquel propósito inconsciente que propició la acción, aquel que desbarata la convicción del yo, que se pretende autónomo, de que es dueño de su decir cuando, más que hablar, es hablado.
Griselda Gallino Fernández al realizar el análisis de este film ubica en el personaje de Edith el abordaje de la responsabilidad subjetiva y, para esbozar una hipótesis clínica al respecto, busca indagar “¿Qué lleva a estos personajes a caer en las garras de una relación adultera que los ahoga en un sin fin de engaños y mentiras?”.
Siguiendo a Domínguez , la responsabilidad subjetiva se plantea vía un circuito de tres tiempos lógicos, cuyo recorrido dará cuenta del accionar de un sujeto y su posición en dicha decisión.
El tiempo 1 del circuito lógico de la responsabilidad subjetiva es aquel en que se realiza una determinada acción concibiendo que tal iniciativa se agota en los fines para los que fue realizada. Se sitúan en este tiempo los primeros encuentros amorosos entre Edith y Jack, en conformidad con el universo de discurso en que ambos se encuentran. Dentro de dicho universo de discurso la infidelidad tiene un lugar: el de la transgresión. Plantea Lewkowicz que la transgresión de la ley es un lugar disponible de la misma, ya que es nombrable como tal y no excede los recursos simbólicos de la situación. Edith juega burlándose de Jack por su miedo a que los descubran y ríe desvergonzadamente cuando éste le pregunta si deben seguir con su romance. Lejos de preocuparse por ser descubierta por su esposo, conversando con Jack luego de uno de sus habituales encuentros, le dice:

Edith: Me pregunto cómo nos atraparán.
Jack: Hank sentirá mi olor en tu cuerpo en el gimnasio.
Edith: No, Terry. Si Hank nos atrapara, no me importaría. No me detendría a menos que lo quisieras, pero tú sí.
Jack: ¿Crees que él se dará cuenta?
Edith: Si lo hace, será un milagro. Como si a él le importara.

La vida de Edith parece estar destina a cumplir, de este modo, la máxima que su marido proclama en repetidas ocasiones “es mejor vivir con una mujer que se siente amada”, agregamos: aunque sea por otro hombre. La infidelidad de ambos se figura como una condición sine qua non para que el matrimonio funcione.
Edith regresa a su casa luego de este encuentro amoroso con Jack, sin embargo esta situación no alcanza a agotarse allí, hay un exceso, un punto de verdadera interrogación que la interpela. Es un inocente comentario de su hija lo que la toca de cerca:
Edith: ¿Qué es eso?
Hija: Un programa.
E: Sé que es un programa, pero, ¿sobre qué?
H: El espacio.
E: ¿Te gustaría ir al espacio, cariño?
H: No. A menos que...No quiero ir al espacio a menos que papá y tú vayan también.
E: Claro que papá y yo iríamos contigo.
H: Entonces, sí.

Edith regresa a su habitación y llora dramáticamente. Signo inequívoco el de la angustia que, tal como plantea Lacan , es un afecto que no engaña, porque ella plantea la pregunta del deseo, guía al sujeto neurótico hacia lo real . Se trata del tiempo 2 en donde “una interpelación que el sujeto recibe a partir de indicadores que lo ponen sobre aviso de que algo anduvo mal. Su acción iniciada en el Tiempo 1 fue más allá o más acá de lo esperado” .
Edith se encuentra con una intervención de su hija que, sin buscarlo, “realmente” la toca, roza lo real. Pero, tal como destaca D’Amore , en lo inequívoco de la angustia nos encontramos con una manifestación de las vicisitudes del sentimiento inconsciente de culpa que no implica la emisión subjetiva sobre lo real del acto. Se trata de la culpa como reverso de la responsabilidad, allí donde la responsabilidad alcanza al sujeto donde éste no tiene consciencia de serlo, su registro imaginario se detiene mucho antes. Se abren, entonces, distintas formaciones que constituyen una respuesta que dice si a la interpelación subjetiva: la negación, la proyección y las formaciones sintomáticas asociadas al sentimiento inconsciente de culpa. Encontramos en Edith los mecanismos de la negación y la proyección como modos de respuesta a la interpelación. En ocasión de un encuentro en un hotel, Edith le dice a Jack que él la hace ser una buena esposa porque si no lo amara, tendría que amar a otro: “Hank nos necesita, pero...pero no puede amar a nadie, sólo su trabajo, el resto es superficie…Pronto colapsará. Confía en mí. Conozco la rutina. Ha hibernado mucho tiempo con esa novela. Muy pronto buscará acostarse con quien primero entre a su oficina”. En estas posibilidades frente a la interpelación, la culpa no favorece el efecto sujeto, porque la interpelación es exigencia de respuesta más allá de lo que el “yo” querría responder, la culpa resulta así “anestesiada”. Anestesiada la culpa, no hay responsabilidad subjetiva, dado que la pregunta por la responsabilidad no supone un cuestionamiento a la persona, a la sustancia del sujeto, sino que se trata de una interpelación al sujeto del inconsciente, más allá de las fronteras del yo. Jinkis propone que sólo el hecho de “saberse” culpable de la situación en juego permite la posibilidad de otro tipo de responsabilidad: “no consciente de lo que hace ni que se hace cargo de lo que dice, sino culpable de lo que hace y dice” . Entonces, si la interpelación subjetiva pone en marcha del circuito, luego la culpa obliga a una respuesta a la interpelación, es, en este sentido, una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva.
Si bien aparece la negación como respuesta a esta interpelación estas “coartadas para la recomposición yoica” indican su inconsistencia cuando ella refiere claramente su disgusto porque su marido no iría con un consejero matrimonial, Hank advierte la contradicción y expresa: “Eres muy graciosa. Luego de coger como locos, ¿hablas de un consejero? ¿Quién eres?”. Las justificaciones que Edith presenta como “inatacables”, dada su argumentación, han sido usados para encubrir otros pensamientos de los que se desea sustraer: ya no es posible seguir justificando su infidelidad por la infidelidad de su marido, ubicando a Hank como el culpable de su posición ante su situación matrimonial. En cada respuesta, en cada una de las vueltas interpelativas del tiempo 2, la retroacción en su resignificación tiene distinto efecto sobre el tiempo 1. Esto implica que aquello que se encontraba de manera impersonal, comienza ahora a ser subjetivado como algo que es lo más propio, que marca el camino hacia el deseo y la responsabilidad subjetiva. La retroacción que genera la interpelación resignifica porque liga a los elementos “disonantes” que se convierten entonces en un tiempo 1, es decir que el tiempo 1 es ya un tiempo resignificado por la interpelación a través de la culpa. La culpa hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se “debe responder”. Dado un tiempo 2, el de la interpelación, la ligadura al tiempo 1 es ya una obligación a responder a esa interpelación. No hay forma de no responder pues la interpelación exige respuesta.
A partir de la hipótesis clínica, se intenta explicar el movimiento que supone que el tiempo 2 se sobreimprime al 1 resignificándolo. Dicha resignificación dará cuenta de una respuesta del sujeto que advierta un cambio de posición frente a sus circunstancias, dando lugar hacia un posible tiempo 3. En un primer tiempo, Edith luego de juzgar a Hank por sus infidelidades, súbitamente, se dedica a lo mismo, como un modo engañoso de luchar para que su relación funcione. Conjeturaremos que Edith atribuye al Otro el impedimento de su conducta, busca desligarse así de su responsabilidad en la vida, coartada obsesiva para no comprometerse con su deseo. Protegiéndose en la creencia de que el impedimento viene del Otro para no correr riesgos, especialmente, el del deseo. A raíz de que Hank y Terry comienzan un affaire, Edith considera su lugar en la trama de infidelidades. Ante la posibilidad de estar con Jack sin ocultarse, primero ante el pedido de él y después habilitada por el marido, acaba por quebrarse la certera idea de la infidelidad como modo de sostener y preservar el matrimonio:
Hank: No lo haré más.
Edith: No me voy porque seas infiel. Me voy porque yo lo fui.
Hank: Eso ya no importa. Ya terminó. ¿No es verdad, Edith?
Edith : Sí, terminó.
Hank : Entonces, ¿por qué te vas?
Edith: Porque puedo hacerlo.

La “amnistía” y la promesa de fidelidad que le propone Hank parecen no enmendar…ser infiel ya no significa lo mismo. Ahora para Edith su conducta tiene que ver con algo que sabía pero desconoció. Se trata del tercer tiempo del circuito, donde el sujeto da una respuesta diferenciada a la interpelación y se reposiciona subjetivamente: Edith deja su casa porque la infidelidad ahora se lo permite ‘subjetivamente’, dicha acción deviene entonces la puerta de salida para dejar su relación matrimonial. Hay un sujeto anterior al acto y un sujeto posterior al acto, transformado por su acto. Edith se marcha con su hija y se conmueve sonriente ante su alegre expresión, en una maravillosa combinación de vulnerabilidad y decisión.
Planteado este circuito de la responsabilidad para esta situación -considerando que Edith se reposiciona subjetivamente a partir de que decide dejar atrás su matrimonio- es que podría pensarse que no hay presentes elementos del orden de azar y necesidad. Necesidad es lo que establece una conexión entre causas y efectos, mientras que el azar es lo que desliga tal relación . Juan Carlos Mosca sugiere que la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Si azar o necesidad rigen por completo una situación (alguno de ellos o una combinación entre ambos) no hay lugar posible para la pregunta por la responsabilidad, no hay acto posible bajo su reinado. Pero para que se haga lugar a esta pregunta, sólo basta con que se produzca una iancia, una grieta, para que la responsabilidad adquiera toda su dimensión. La infidelidad no es necesaria en esta situación, Edith elige elije ser infiel ante la insatisfacción en su matrimonio, lo hace de manera conciente, se lo propone, no escapa a su voluntad. Siente que es la única alternativa para sostenerse al lado de su esposo, pero a partir de lo que sucede luego de su adulterio se encuentra con algo inconsciente, algo que no vislumbraba antes de iniciar su relación con Jack, y es ahí donde no puede escapar a la interpelación que se le plantea. Ante esta interpelación elije ahora desde su deseo, ese mismo deseo que antes estaba imposibilitado, obturado vía la culpa del Otro.
Podrían pensarse los elementos comunes entre el caso presentado en este film, y el caso de Ibbieta (personaje del cuento “El muro” de Jean Paul Sartre), a partir de la posición de ambos personajes respecto a la responsabilidad subjetiva. Tanto Ibbieta como Edith, ante una situación dada se ven interpelados y deben responder: angustia frente a la muerte en el caso de Ibbieta, angustia frente a la infelicidad en su matrimonio en el caso de Edith. Ambos son responsables de lo que hacen, están implicados en sus respuestas, son responsables de lo dicen, en tanto sujeto del inconciente son responsables de su deseo.
Ibbieta es responsable de haber hablado aún en la ignorancia. Responsable de haber deseado vivir, de querer burlar al Otro; aceptando al mismo tiempo sus reglas. . En tanto Edith, es responsable de haber elegido desde el deseo del Otro. Pero ambos van más allá, y además pueden hacerse responsables subjetivamente de aquello que los interpela: Ibbieta ríe y llora al enterarse que Gris fue encontrado a raíz de sus dichos, muestra de su división subjetiva. Edith, por su parte, ante la posibilidad de continuar con su relación de pareja decide partir a pesar del desconcierto de su deseo.

Bibliografía
• Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Eric Laurent, "¿Desangustiar?", publicado en Mental N° 13 de diciembre de 2003.
• Jean Paul Sartre: El muro, Losada, Buenos Aires, 1972.
• Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.
• Juan Jorge Michel Fariña: “Responsabilidad: entre necesidad y azar”, Ficha de Cátedra, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2008.
• Juan Jorge Michel Fariña: Ética: un horizonte en quiebra, Eudeba, Buenos Aires, 2007.
• Lacan, J. (1962). El Seminario. Libro 10: La angustia, Clase VI. Buenos Aires: Paidós.
• Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. III. Eudeba, Buenos Aires.
• Mosca, J. C. (1988): Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: Un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Oscar D’Amore: “Responsabilidad subjetiva y culpa”, en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos, Letra Viva, Buenos Aires, 2006.



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