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En el presente trabajo, a los fines de ubicar una singularidad en situación –entendida como “algo que obliga a ir más allá de la aparente totalidad, una potencia de sustracción al régimen del uno…cuya presentación hace tambalear las consistencias previamente establecidas” - tomaremos algunas circunstancias vividas por Alfred Elkins, el protagonista de “Alfie”.

El film, dirigido por Charles Shyer y protagonizado por Jude Law fue estrenado en 2004 y es una nueva versión de una película de 1966.
Esta película tiene una característica especial: el protagonista le habla directamente al público, le cuenta al espectador, en primera persona, lo que le sucede y lo que piensa.
Esta peculiaridad resulta interesante para apreciar al detalle los cambios en la posición de Alfie.

Analizaremos esta singularidad en situación y sus efectos a la luz del “Circuito de la Responsabilidad” y plantearemos una hipótesis clínica acerca de la misma.

Dividiremos el relato de los acontecimientos en tres momentos, que se relacionan -aunque no coinciden con exactitud- con los Tiempos del Circuito, y que sirven para ordenar el relato y dar cuenta de los cambios en la posición de Alfie.

- Primer momento
Alfred Elkins es un joven británico, que vive en Manhattan y se gana la vida como chofer de limusinas.
Lo primero que Alfie le cuenta al público al comenzar la película es que él nunca invita a nadie a su departamento, su territorio.
Y prosigue, explicando su teoría de que a todos los hombres -incluso a los novios más cariñosos- lo único que les interesa es lo que él llama los “C.P.T.: cara, pechos, trasero”. Señala que sus prioridades en la vida son las mujeres y el vino, cuenta que su motivo para mudarse a Manhattan fue el hecho de saber que allí viven las mujeres más lindas, y que no puede elegir a una sola.
Despliega una sólida posición en contra del matrimonio y considera que comprometerse en una relación significa “ser domesticado” y que nunca es bueno depender de alguien.
Por esto, es capaz de detectar el momento exacto en que tiene que dejar a una mujer, en el que tiene que “desaparecer”, según sus palabras. Este momento es aquel en el que ella comienza a demandar un mayor grado de compromiso de su parte.
Alfie se jacta de tener perfectamente calculado el momento en que debe decirle un piropo a alguna chica, y también despliega una serie de evasivas, evitaciones y rodeos que utiliza para evadir los planteos que ellas le hacen.
Se muestra siempre seguro de sus decisiones, y aparece como el mejor consejero, tanto de su amigo como de su jefe, con las respuestas e indicaciones precisas para cada situación.
Presenta a quien define como su “semi-regular cuasi-novia” –Julie- (que tiene un hijo pequeño).
Dice que su novia es linda, pero cree que eso no es suficiente. Afirma que “el problema es que Julie no tiene todas las cualidades superficiales que realmente importan”. Señala que salir con una madre soltera es un error, porque vienen con “accesorios” –los hijos-, aunque éstos pueden ser muy simpáticos y encantadores.
Luego, presenta a su mejor amigo, Marlon. Dice que “Marlon tiene un problema que se llama Lonette”.
Marlon está perdidamente enamorado de Lonette, su reciente ex – novia, quien lo abandonó porque él no quiso asumir un mayor grado de compromiso en la relación y tuvo algún romance fugaz con otra mujer. Marlon se arrepiente de esto y hace lo imposible por reconciliarse con ella.
Alfie también tiene el diagnóstico preciso de la situación de su amigo; dice que él había podido predecir el problema, porque “en todas las relaciones se produce un punto crítico a los 18 meses, en el que las mujeres exigen compromiso, casamiento e hijos, y los hombres solo quieren mantener la relación, hasta que se les presente algo mejor”.

En un momento determinado, unos días después de haber discutido con Julie, Alfie va a visitarla intentando recomponer la relación, pero ella, cansada de su inmadurez y falta de compromiso, decide dejarlo y lo echa de su casa.
Alfie se dirige desde la casa de Julie al bar de Lonette, con la intención de hablar con ella para intentar convencerla de que perdone a Marlon y que ambos se reconcilien.
El bar queda vacío. Ambos comienzan un juego de pool y beben tequila, y Alfie termina acostándose ella. En el mismo momento en que esto sucede, Alfie lo explica diciendo que le estaba haciendo un favor a Marlon: “Lo que pasó luego fue lo último que estaba pensando cuando vine al bar. Pero también pensé: esto la ayudará a superar su enojo con Marlon. Se lo debo a los dos, como amigo. Debo hacer lo que pueda para ayudar”.
Efectivamente, al día siguiente Marlon interroga a Alfie sobre lo ocurrido con su novia el día anterior, ya que no puede salir de su asombro por el repentino retorno de ella, y le cuenta que esa misma noche ambos decidieron casarse.
Alfie –sorprendido por la noticia- no le dice a Marlon lo que había sucedido, sino que lo abraza y lo felicita. Y le dice al público que gracias a él ambos recompusieron su relación y que él salió “oliendo a rosas”.

- Segundo momento
Luego de la ruptura con Julie y la noche con la novia de su mejor amigo, encontramos a Alfie en el intento de retomar sus costumbres, es decir, la conquista superficial de mujeres para relaciones ocasionales. Él lo resume en la frase: “Tengo que simplificar mi vida con mujeres que no significan nada”.
Y como “Soltero al acecho” afirma que sigue reglas muy simples: “el credo o filosofía Alfie Elkins, que puede resumirse en el único consejo que mi padre alguna vez me dio. Dijo: “Hijo, si conoces a una mujer preciosa, sólo recuerda que hay un tipo harto de coger con ella””.
No obstante, una vez realizadas las conquistas, Alfie se encuentra con algo inesperado: impotencia sexual.
Nos dice: “A pesar de estar viviendo la fantasía de cualquier hombre, algo me tenía desenfocado. No fue fácil volver a la vida de antes…No sé que me pasó. Esto nunca me sucede”.
“Yo pensaba que no había nada peor que la muerte, y de repente, de la nada…lo impensable”.
Esta situación se repite durante varias semanas, por lo que decide consultar a un médico especialista, que constata que Alfie no tiene ningún problema fisiológico que esté causando su impotencia, pero encuentra una anomalía, una especie de quiste, que decide analizar por medio de una biopsia.
La incertidumbre de los días que demoraron los análisis se suman a una noticia que le comunica Lonette: que está embarazada. Todo esto deja a Alfie perplejo.
Acompaña a Lonette a hacerse un aborto. Allí, esperándola, comienza a experimentar, según sus propias palabras, remordimientos de conciencia, pensando: “Este es otro niño que no tendrás la oportunidad de conocer. Tu hijo”.
Esta es la última vez que ve a Lonette, ya que ella y Marlon se mudan fuera de Manhattan, unos días después, sin despedirse de él.

- Tercer momento
Luego de la noticia del embarazo de Lonette, encontramos a Alfie reflexionando: “Esa noche en el bar creí que estaba consiguiendo algo por nada. Pero no parece funcionar así la cosa.”
Y frente a la incertidumbre vivida los días que tardó la biopsia se plantea: “Puede ser que este roce con la mortalidad sea una señal. Debería pensar en hacer cambios en mi vida”.

Alfie recibe los resultados de los exámenes médicos que indican que goza de un perfecto estado de salud, por los que festeja aliviado, pero indica que no ha olvidado su promesa de cambiar su vida. Adopta hábitos alimentarios más saludables y desarrolla su plan de negocios para, en un futuro próximo, comprar la pequeña empresa en la cual trabaja.
Y unos días después Alfie realiza algo llamativo; en total oposición a lo que –con convicción- afirmaba al principio: invitó a vivir, a su casa, a una chica de la cual se enamoró.
Esta relación duró un cierto un tiempo, y finalmente concluyó en la separación de la pareja.
En este momento, Alfie dice: “Es extraño… porque aun sabiendo que tiene que terminar, cuando finalmente termina, sientes ese remordimiento inevitable: ¿Hice lo correcto?”.
Aquí no vemos al hombre de la plena certeza de sus acciones y decisiones, la claridad consciente y el desapego sentimental del principio, sino a uno que puede admitir que duda, que extraña la compañía de su pareja, y que puede darle la razón a una frase, no la de su padre, sino la de su “vieja tía fea, Gladys” : “La apariencia no lo es todo”.
Alfie nos dice: “Solía pensar que era una tontería, pero últimamente he estado pensando, que puede que la vieja tuviera razón”.

Luego de esto se produce un acontecimiento que viene a “redoblar” el cuestionamiento (ya producido y efectivo) de la primera posición de Alfie.

Alfie va de sorpresa a visitar a sus amigos. Descubre que Lonette no había abortado y que tuvo un bebé: su hijo.
Mirando al bebé, recuerda el día que acompañó a Lonette a hacerse el aborto; recuerda haber tratado de mirarla a los ojos para comprender, y que ella no quiso mirarlo. “Creo que lo supe entonces. Pero no quise admitirlo. Y, típicamente, no dije nada.”
Alfie se sorprende de que Marlon se haya quedado con ella y el bebé, y le pregunta a Lonette si puede hacer algo por ellos. Ella le responde con una mezcla de ironía y decepción: “¿Qué vas a hacer Alfie?”
Cuando se dispone a irse se encuentra con su amigo Marlon, quien lo mira con notable rencor y decepción.
Alfie le dice: “Yo nunca quise…”
Y Marlon lo interrumpe, con lágrimas en los ojos: “Nunca quisiste lastimar a nadie…pero lo hiciste, Alfie”
Alfie se queda mudo, absorto en sus pensamientos. Esto lo perturba y conmueve hasta el llanto.

Alfie necesita hablar acerca de esto con algún amigo, pero descubre que no le queda ninguno. Entonces llama a un anciano que había conocido en la clínica, cuando consultó al médico.
Le cuenta que no recuerda cómo, luego de irse de la casa de sus amigos, se encuentra estacionando el auto en el camino y llorando. El hombre le pregunta si lloraba por el bebé y Alfie le responde:
- “No sé exactamente. Puede que por él, principalmente por mí. Y por Marlon”.
Su amigo le dice:
-“Bueno, metiste la pata.¿Y qué vas a hacer? ¿Tirarte de un puente? La pregunta es: ¿Qué pasará con el resto de tu vida?” Alfie no responde; se queda pensando.

En la siguiente escena lo encontramos de vuelta en Manhattan. Ya no intenta ser el “soltero al acecho” de los viejos tiempos. Lo encontramos ahora con la firme decisión de comprometerse con Liz, una mujer mayor que él de la cual se ha enamorado.
Va a decidido a manifestárselo, y ella termina dejándolo por un muchacho más joven que él.

En la última escena Alfie está en el muelle junto al río, afectado por lo sucedido con Liz, y se encuentra con una de sus antiguas amantes, a quien había dejado de llamar cuando sintió que ella se estaba encariñando con él. Se le acerca e intenta disculparse y explicarle porqué había desaparecido: “Lo que me pasa es…no sé…cuando alguien se acerca, no se acerca, pero algo así, empiezo a sentirme, no como maniatado, no como atrapado, pero algo así. Y yo….¿entiendes lo que digo? ¿Tiene sentido? “
Ella le responde: “Creo que tiene que tener sentido para ti, más que tenerlo para mí”.
“Tienes razón” responde él. Y le pide perdón.
Dice: “Yo les avisaba, les decía algo como “Tengo que advertirte que no me voy comprometer” “Nunca me casaré”….Pero a pesar de mis mejores esfuerzos, estoy empezando a sentir grietas en mi acabado…Cuando miro mi pequeña vida, y todas las mujeres que he conocido, no puedo evitar pensar en lo mucho que han hecho ellas por mí y lo poco que he hecho yo por ellas. Yo creía que salía ganando… ¿Ahora que tengo? De verdad. Tengo un poco de dinero en mi bolsillo. Ropa fina, un buen auto a mi disposición. Y estoy soltero. Sin compromisos, libre como un pájaro. No dependo de nadie…nadie depende de mí. Mi vida es mía. Pero no tengo paz mental. Y si no tienes eso no tienes nada. Así que, ¿cuál es la solución? Es lo que me pregunto. ¿De qué se trata todo?”

El circuito de la responsabilidad. Hipótesis clínica.

El circuito de la responsabilidad es un esquema, que sirve para explicar la cuestión de la responsabilidad subjetiva.

- Tiempo 1
Como señala J.J.M.Fariña en la clase dictada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ sobre el film “The Truman Show”, “en el Tiempo 1, el personaje lleva adelante una conducta con determinados fines, con el supuesto de que su accionar se agota en los objetivos para los cuales fue concebida” .
Encontramos este Tiempo 1 en Alfie, en lo que habíamos mencionado como “Primer momento”. La visita de Alfie al bar de la ex - novia de su mejor amigo y su encuentro sexual con ella, con el objetivo determinado de convencerla de que perdone y acepte de vuelta a éste último.
“…esto la ayudará a superar su enojo con Marlon. Se lo debo a los dos, como amigo. Debo hacer lo que pueda para ayudar”, en palabras de Alfie.

- Tiempo 2
Fariña dice “…en un tiempo 2, recibe de la realidad indicadores que lo ponen sobre aviso respecto de que algo anduvo mal. Las cosas fueron más allá o más acá de lo esperado. El sujeto se ve interpelado por esos elementos disonantes. Algo de esa diferencia le pertenece…” .
En la historia de Alfie, hay varios elementos que adquieren la función o valor del Tiempo 2 del Circuito así entendido.
El primero de estos elementos es el síntoma de la impotencia psicológica. La impotencia es algo propio del sujeto, pero que se le presenta claramente como algo ajeno, extraño.
Alfie dice: “…No sé que me pasó. Esto nunca me sucede”.“Yo pensaba que no había nada peor que la muerte, y de repente, de la nada…lo impensable.”
A esto se suma la posibilidad de tener un tumor o estar padeciendo de cáncer, que lo enfrenta con la idea de la propia muerte, y además, la noticia de haber engendrado un hijo con la novia de su mejor amigo.
Todos estos acontecimientos, que se producen casi simultáneamente, en continuidad temporal, interpelan a Alfie respecto de su conducta y su universo del Tiempo 1.
Oscar D’Ammore señala que “la interpelación subjetiva se pone en marcha cuando la Ley simbólica del deseo ob-liga a retornar sobre la acción”
“…La interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito…dado el Tiempo 2, que es el tiempo de la interpelación en el circuito, se funda en su resignificación el Tiempo 1, facilita una respuesta que aunque no es considerada todavía un Tiempo 3 –aquel de la responsabilidad subjetiva- responde a la interpelación...”

Alfie dice que comienza a tener remordimientos de conciencia, junto con el pensamiento: “Este es otro niño que no tendrás la oportunidad de conocer. Tu hijo”.

D’Amore afirma que no hay responsabilidad subjetiva sin culpa. Se refiere a un tipo de culpa –la que permite saberse culpable de lo que se hace, y no de la culpa en el sentido moral, en la forma autorreproches por una acción “buena” o “mala” en términos morales. Dice, citando a Jinkis, que “sólo el hecho de ‘saberse culpable’ de la situación en juego permite la posibilidad de otro tipo de responsabilidad, no clivada…”. “…la respuesta esperable queda supeditada a ese pasaje por la culpa, en la que ya no cuenta la intención y la pretendida autonomía de la conciencia, pues introduce una dimensión deseante más allá de ella. La culpa es una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva” .
Los remordimientos de conciencia mencionados por Alfie darían cuenta de esta culpa “de lo que hizo”.
La interpelación, a partir de los hechos mencionados previamente produce efectos, genera una respuesta por parte de Alfie, que analizaremos más adelante.

Pero, con posterioridad, se produce algo que vendría a redoblar, a producir otro movimiento retroactivo, de interpelación, (característico del Tiempo 2) sobre la misma acción del Tiempo 1, que es el descubrimiento de Alfie de que efectivamente ha tenido un hijo, fruto de ese encuentro con Lonette.
Él mismo señala: “recuerdo haber tratado de mirarla a los ojos para comprender, y ella no quiso mirarme. Creo que lo supe entonces. Pero no quise admitirlo. Y, típicamente, no dije nada.”

- Respuestas a la interpelación

D’Amore señala que “…se abre como respuesta a la interpelación, de un modo general, un abanico de posibilidades; a saber: el sentimiento de culpa, la proyección, la negación, la intelectualización –como poderoso anestésico psicosocial- y en líneas generales, la formación sintomática. Cada uno de estos elementos puede ser considerado una respuesta que dice sí a la interpelación…”.
“…Planteamos una diferencia respecto del Tiempo 3, como responsabilidad subjetiva…el efecto sujeto, es también una respuesta a la interpelación, pero ya estamos hablando allí de una dimensión ética. Y esto implica la noción de acto en la que el sujeto se produce…es el acto en que se produce un sujeto de deseo inconsciente…”.

• Tiempo 3
Como respuesta a la interpelación –que plantea ya el primer conjunto de hechos, previos al conocimiento del hijo- encontramos, a nuestro parecer, un acto notable: Alfie se enamora e invita a su novia a vivir con él, en su casa. Este Alfie es claramente uno bien distinto a aquel que encontramos al principio, cuya primera advertencia y aclaración había sido que nunca invitaba a nadie a su casa. Este cambio de posición es notorio también luego de la separación de esta chica, cuando Alfie puede mostrarse inseguro respecto de su decisión, y aceptando como cierta la idea –que poco antes le había parecido absurda- de que la apariencia no es lo más importante.

En sintonía con esto, la respuesta al descubrimiento de su hijo, también se trata, a nuestro entender de un acto: la decisión de proponerle un compromiso a su nuevo amor, Liz.

Así, a modo de hipótesis para este trabajo, a partir de un movimiento retroactivo desde sus efectos, podríamos conjeturar que ambas acciones, (como respuestas a la interpelación), podrían tratarse de actos –éticos- de realización del Sujeto del deseo inconsciente. Por lo tanto, la respuesta a la interpelación podría nombrarse como Tiempo 3, de responsabilidad subjetiva.

Como señala D’Amore: “…Tiempo 3, como responsabilidad subjetiva…el efecto sujeto, es también una respuesta a la interpelación, pero ya estamos hablando allí de una dimensión ética. Y esto implica la noción de acto en la que el sujeto se produce…es el acto en que se produce un sujeto de deseo inconsciente…”.
Gabriela Salomone indica que el modo de entender la responsabilidad está en estrecha vinculación con la noción de sujeto: “Llamaremos responsabilidad subjetiva a aquella que se configura a partir de la noción de sujeto del inconsciente, sujeto no autónomo, que, por definición no es dueño de su voluntad e intención…”. “La responsabilidad subjetiva, en el corazón de la dimensión ética, surge de esa hiancia en lo simbólico que, en tanto campo de indeterminación, llama al sujeto a responder, produciéndolo. El sujeto del que aquí hablamos es el sujeto que situamos como efecto de la palabra que lo divide…En las formaciones del Inconsciente se manifiesta esa división del sujeto, que el yo experimenta como punto de inconsistencia. Algo extraño irrumpe y quiebra todo sentido; el yo se desorienta frente a esto que le es ajeno…”

Este deseo inconsciente, a nuestro parecer, a partir de los efectos identificados, podría tratarse de un deseo de amor, de enamorarse, de asumir otra posición, un compromiso con una mujer con la que el sujeto pueda hacer un proyecto, una mujer que significa algo (en contraste a las mujeres que “no significan nada”, mencionadas al principio por Alfie).

Fariña indica: “El sujeto que adviene en ese Tiempo 3 no es el mismo que dejamos en el Tiempo 1. Sin embargo, es en la acción emprendida en el Tiempo 1 donde el sujeto anticipa, sin saberlo, una verdad que se evidenciará sustancial para su existencia”.
De este modo se podría inferir que esa verdad jugada, sin saberlo, ya en el Tiempo 1, en el encuentro sexual con la mujer amada por su amigo, no es la intención (quizás omnipotente de ese primer Alfie) de propiciar la reconciliación entre ambos, sino el deseo de estar con una mujer que signifique algo, un deseo de amor.
Este deseo inconsciente jugado ya en ese encuentro (y resignificado a partir de la interpelación a partir de varios hechos, y que da lugar a la respuesta de la responsabilidad subjetiva, el Sujeto en acto), es la singularidad en situación que viene a complementar ese Universo (particular, no-todo) en el que Alfie se creía consciente y seguro de sus pensamientos y agente de sus acciones. Ese Universo del Alfie identificado o alienado a un rasgo del Otro (“el credo o filosofía Alfie Elkins, que puede resumirse en el único consejo que mi padre alguna vez me dio. Dijo: “Hijo, si conoces a una mujer preciosa, sólo recuerda que hay un tipo harto de coger con ella”); aquel no se enamoraba de nadie para no depender de nadie, el que podía calcular todos los movimientos y las estrategias en sus relaciones con las mujeres.
El aparato psíquico es relativo al Sujeto deseante, y esto -el deseo inconsciente- genera la falla del cálculo. Como afirma J.C. Mosca: “el aparato psíquico en Freud funciona según el modelo de máquina que calcula, caracterizándose por ser relativa al Sujeto deseante y esto implica que en ella algo escapa al cálculo. Falla, no se resuelve el cálculo con exactitud, deja una diferencia, un resto irreductible. Es una máquina fallida que funcionando a pérdida recorta lo no calculable…”
La singularidad en situación, ese deseo inconsciente revela la incompletud del Universo -de orden particular- del primer momento, y es señalada por el propio Alfie, cuando reflexiona: “…Pero a pesar de mis mejores esfuerzos, estoy empezando a sentir grietas en mi acabado…Cuando miro mi pequeña vida, y todas las mujeres que he conocido, no puedo evitar pensar en lo mucho que han hecho ellas por mí y lo poco que he hecho yo por ellas. Yo creía que salía ganando… ¿Ahora que tengo? De verdad. Tengo un poco de dinero en mi bolsillo. Ropa fina, un buen auto a mi disposición. Y estoy soltero. Sin compromisos, libre como un pájaro. No dependo de nadie…nadie depende de mí. Mi vida es mía. Pero no tengo paz mental. Y si no tienes eso no tienes nada. Así que, ¿cuál es la solución? Es lo que me pregunto… ¿De qué se trata todo

Bibliografía

 D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

 Fariña, J.J.M. The Truman Show. Versión resumida de la clase dictada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ. 8 de noviembre de 1999

 Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. III. Eudeba, Buenos Aires.

 Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

 Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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