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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología Etica y Derechos Humanos
Segundo Parcial

Prof. Titular: Fariña, Juan Jorge Michel
Docente: Del Do, Adelqui Oscar
Comisión: Nro. 21, Lunes 16:15 a 17:45 hs.
Alumna: Sarralde, Mercedes D.N.I. 29.454.853

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

Elija un film, un texto literario o alguna otra producción narrativa en la que se despliegue y pueda ser recortada una singularidad en situación. En caso de elegir una creación cinematográfica, la misma debe haber sido realizada entre el año 2005 y el presente (salvo condiciones excepcionales, las cuales deben ser autorizadas por el docente a cargo de la comisión de trabajos prácticos).

En ese recorte, escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre.

Analícela ubicando sus coordenadas en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y explicitando la hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto, en términos de responsabilidad subjetiva.

Incluya las referencias relativas a las categorías de necesidad y azar, así como a las de culpa y responsabilidad.

Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente– el efecto particularista.

Para la realización de la presente evaluación hemos elegido el film Chromophobia (titulado en español como Alta Sociedad), una coproducción entre Inglaterra, Francia y Estados Unidos, dirigida por Martha Fiennes en el año 2005. La película relata situaciones en las que la estabilidad de sus personajes se ve amenazada por una sociedad donde ciertos valores contemporáneos como la belleza, el dinero y el éxito se han convertido en los fundamentos de la vida en Londres.
En dicha película creemos que pueden ser recortadas varias situaciones en las que queda cuestionado el accionar de varios de los personajes. Interpelados en varias ocasiones por situaciones en las cuales el universo yoico de los mismos parece resquebrajarse, nos podemos preguntar en varios casos sobre la posición subjetiva de los personajes ante el deseo.
Sin embargo, hemos optado por escoger una situación de la película que a nuestro criterio, refiere a un viraje que aporta un nuevo sentido al universo de muchos de los personajes. Dicha situación sucede cuando se da a conocer la noticia de que uno de los personajes, Marcus Ailesbury, reconocido como un prestigioso abogado de un conocido bufete de Londres, es afectado por un escándalo que lo involucra en negocios de tráfico de influencias. A partir de dicho escándalo, la vida de muchos de los protagonistas de la película se verá afectada.
Para que la situación anteriormente mencionada se produzca, en la película ha sido necesario que uno de los personajes interpretando un papel de periodista, investigue sobre el caso y encuentre las pruebas que fundamenten la noticia que pronto saldrá en los medios. Dicho periodista, aparece en la película como un amigo del reconocido abogado, al cuál no veía desde hace tiempo y que tras un encuentro casual, comienza a frecuentar nuevamente. De este modo, en uno de sus encuentros y tras una borrachera, el abogado le comenta a su amigo sobre sus implicaciones en ciertos negocios que acontecen en su bufete de abogados. Sin dudarlo ni un momento, el periodista decide investigar sobre dicha causa con el fin de dar a conocer la noticia. Para obtener mayor información sobre los negocios fraudulentos en los que está involucrado el sujeto, el periodista comienza a acercarse cada vez más a su amigo. Es así como acepta del abogado una invitación para ir a cazar a una estancia. Estando ambos reunidos en el salón de dicho lugar, el abogado le comenta a su amigo que ha tomado la decisión de decirle a Wharton (su jefe) que ya no va a llevar su fideicomiso ciego, que no le importa si ya no lo quiere como socio o si lo quiere despedir del bufete. Conversación que a nuestro criterio será crucial en el desenlace, dado que a partir de la misma podría pensarse que el periodista se verá interrogado en su accionar. Al día siguiente, mientras van de casería el periodista hace un llamado telefónico de último momento al diario en el que trabaja e intenta comunicarse con la editora del mismo para que borre los párrafos del artículo que involucren a su amigo Marcus antes de que la noticia sea publicada. Pero lamentablemente, la editora no se encontraba en ese momento en el diario y el periodista solo consigue hablar con su asistente quien se comunicaría con la editora para llevar a cabo la edición. Sin embargo, a pesar de su intento por querer desembrollar a su amigo del asunto, el periodista se entera que nada va a poder ser reeditado y que la noticia saldrá en los diarios la mañana siguiente. Es así como al día siguiente la noticia sale en primera plana de los diarios y el abogado y sus socios comienzan a ser acosados por los periodistas. Ese mismo día, el periodista que aún se encontraba en la estancia de su amigo, le confiesa haber sido el responsable de dar a conocer la noticia y haber destruido “su encantadora vida”. Asimismo, confiesa haber grabado algunas conversaciones mantenidas entre ambos sobre el caso investigado y haberlas vendido a los medios. La conversación entre ambos sucede de la siguiente manera:
El periodista se dirige al salón donde se encontraba su amigo, le anuncia que se irá de la estancia y que un taxi vendrá a recogerlo en unos minutos. El abogado le pregunta por qué se marcha y él le contesta: -“Porque te acabo de joder la vida” y sigue: -“He apuntado todo lo que me has dicho y lo he vendido… he destrozado tu encantadora vida de un solo tiro” el abogado pregunta: -“¿Qué dices? ¿Qué me dices Trent?” A lo que su amigo responde: “Oye, he intentando dejarte al margen…” El abogado insiste: “¿Qué has hecho, qué has hecho?” y su amigo responde: -“Lo siento” y se lo repite cuatro veces (“lo siento”, “lo siento, “lo siento”, “lo siento”). De este modo finaliza la escena.
Creemos que en dicha situación existe un sujeto que realiza una acción comparable a la de Ibbieta en el cuento de Sastre. En este sentido, creemos que el periodista es interpelado en su accionar en el momento en que su amigo le confiesa no querer participar mas de la sociedad de abogados. Suponemos que, el periodista se da cuenta del daño que ocasionaría en la vida de su amigo el hecho de que la noticia salga en los medios. Por ello mismo, intenta revertir la situación queriendo borrar el nombre de su amigo del artículo a publicar.
Ahora bien, intentemos dar cuenta de cómo queda evidenciado el circuito de la responsabilidad del sujeto. Sabemos por lo enunciado en el artículo de Gabriela Salomone que dicho circuito está “…Compuesto por un Tiempo 1 donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo del discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada, la cual se ve confrontada en un tiempo 2, con algún indicador que le señala un exceso en lo acontecido otrora. Tiempo, donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas queda resquebrajado posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo”. Asimismo, la autora supone que dicho momento es propicio para la emergencia de una singularidad que demuestre la incompletud del universo previo, junto con la caída de los ideales que la sostenían hasta ese momento. Veamos ahora si esto es lo que realmente sucede en nuestro caso.
Por un lado, podemos situar un tiempo 1 en el que el periodista decide realizar la investigación sobre los presuntos negocios fraudulentos del bufette de abogados. En este momento, podemos decir que la moral que rige para el periodista se orienta hacia la búsqueda de la verdad de los hechos, se esta cometiendo un delito y la justicia debería intervenir, sin importar las consecuencias que tal intervención podría ocasionar en la vida de su amigo. Sin embargo, qué decir del deseo del periodista por querer tener la primicia sobre una noticia que realmente sucumbirá en los medios. En el momento que decide seguir a cabo con la investigación hasta llegar el día de su publicación, no se plantea como cuestionable el hecho de que al salir a la luz, dicha noticia perjudicará completamente la vida de su amigo, solo le importa tener la primicia, solo le importa llevar a cabo su acción, la cual se agotará en los fines para los que fue concebida, su publicación.
Sin embargo, es en un tiempo 2 donde el sujeto se ve interpelado en su accionar y obliga a retornar sobre la acción cometida en el tiempo 1, dándole ahora un nuevo sentido, resignificándola. Lo vemos en la película en el momento de la confesión de su amigo, ya no quiere seguir participando de la sociedad de abogados de la que forma parte. Algo ahí se quiebra en el horizonte de la moral del periodista, algo comienza a cuestionar su accionar y deviene algo de otra índole, tal como lo enuncia Ignacio Lewkowicz, “se quiebra el horizonte moral y adviene la dimensión ética” . En este momento el periodista podría preguntarse ¿Qué debo hacer? Y responder desde su sistema moral, desde donde uno siempre sabe responder a dicha pregunta, podría haber seguido como si nada y seguir adelante con su convicción de hacer publica la noticia y que la justicia se encargue de su amigo; sin embargo, vemos que en dicha escena el sujeto se ve enfrentando un dilema que siguiendo lo enunciado por Lewkowicz podría ser traducido como una pregunta. El sujeto se enfrente a la pregunta ¿Qué debo hacer cuando no debo hacer nada y sin embargo algo hay que hacer? Momento paradojal en el que debe o bien hacer, o bien omitir una acción, momento en el cual tiene un horizonte que se le quiebra, y a partir del cuál el sujeto tiene que pensar. Ningún recurso previo lo orienta desde ese momento, “No hay retorno, si lo hay es a un costo enorme, la ley sobre la que estaba sostenido el sujeto se cayó, es una experiencia desgarradora (…) el retorno es la miseria subjetiva” Y este no retorno se evidencia claramente, en el intento del periodista por querer borrar a última hora, los párrafos de la noticia que impliquen a su amigo. Intento que fracasa, podemos decir quizás por cuestiones azarosas que hacen que en ese momento la editora no se encuentre en el periódico y el artículo no pueda ser editado, quizás en este momento podemos situar algo del orden del azar. Asimismo, este intento de querer volver hacia atrás, nos permite evidenciar algo del orden de la culpa con la que a partir de ese momento carga el sujeto. Sabemos según lo enunciado por Gabriela Salomone que “no hay responsabilidad subjetiva sin culpa” y en este caso nos referimos a la culpa que ob-liga como dice la autora, a responder, a garantizar una respuesta que es distinta a la respuesta objetiva, jurídica o acorde a la moral del sujeto. La culpa es en este sentido, una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva, es una objeción ética al campo normativo lo que nos ubica en el campo del deseo y que dependerá de la operación simbólica que es requerida por la interpelación subjetiva. Nuestro periodista es aquí llamado a dar una respuesta pero debemos preguntarnos ¿a qué debe responder? O bien, ¿de qué es responsable el sujeto? Y esto nos permitirá esbozar una hipótesis clínica sobre el accionar del personaje elegido. Suponemos que el sujeto es responsable de un deseo distinto al deseo de querer tener la primicia de la noticia, deseo que suponemos conciente y sabido por el sujeto. Sin embargo, podemos suponer que aquí se trata de un deseo de otro orden, un deseo no sabido, un deseo inconsciente del cual el sujeto debe responder. A estas alturas y basándonos en ciertos indicadores tales como la respuesta que le da el periodista a su amigo cuando le comenta que ha decidido dejar la sociedad de la que forma parte, a lo que el periodista responde: “es que a ti todos te quieren, ese es el problema, que eres un hombre al que todos reconocen y quieren” y tomando en cuenta el acto que realiza el sujeto, al decirle que ha arruinado su “maravillosa vida”, podemos suponer que el deseo del que aquí se trata, es el deseo inconsciente de querer también él ser reconocido y querido por los otros, tener esa “maravillosa vida” que tiene su amigo quien ha podido formar una familia y ser exitoso a diferencia de él quién no ha podido siquiera tener algo de aquello. Podemos suponer que por la vía de la identificación el sujeto ha podido ponerse en el lugar de su amigo y de este modo sentir como esa “encantadora vida” se derrumbaba a causa de su accionar. Suponemos que es en base a este deseo, de una “vida encantadora” que el periodista debe responder, y lo hace. No sin culpa, pero con una culpa que propicia una apertura, propicia un otro tiempo. Lo vemos en la escena de la confesión en la estancia, el sujeto podría haber elegido irse sin enfrentar a su amigo, con culpa tal vez, pero sin “hacerse cargo” de la situación. Sin embargo, decide enfrentarla y responder, en lo que podríamos llamar un tiempo 3 del circuito de la responsabilidad. Podemos pensar este acto, como un acto ético, donde el sujeto que responde, ya no es el mismo que el sujeto del tiempo 1, se trata ahora de un sujeto que se crea en acto y es ético, porque es el acto en el que se produce un sujeto de deseo inconsciente.
Siguiendo a la enseñanza lacaniana que nos advierte acerca del sujeto que “la única cosa de la que se puede ser culpable, al menos en la perspectiva analítica es de haber cedido en su deseo” entendido como una traición a un pacto consigo mismo o con otros, podemos suponer que al periodista le toca cargar con el ser de la culpabilidad, con el pago de la deuda, con el deseo convertido ahora en un bien con el que se paga materializando la culpa. Y es por eso que nuestro periodista se angustia y le dice a su amigo “lo siento”, repetidas veces. A pesar de su intento por desculpabilizarse, o desrresponsabilizarse cuando le dice que ha intentado dejarlo al margen; pero bien sabemos que aquel intento desesperado por volver atrás fracasa y que al sujeto no le queda más que responder. Como nos enseña Gabriela Salomone: “(…) no hay equívoco. El me equivoqué es como se dice, una disculpa por la que el yo se desculpabiliza del deseo, aceptando la culpa moral del reconocimiento de la pretendida equivocación” . Y nuestro periodista, no se equivoca, creemos que en cambio, paga la deuda con su deseo.

Bibliografía de Consulta:

● Fariña, Michel J: Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires. 1998.

● Lacan, J.: (1988) Seminario 7: La ética del psicoanálisis. 1959-1960. Paidós, Buenos Aires.

● Reconstrucción de la clase teórica del 10/02/04 dictada por Ignacio Lewkowicz.

● Salomone, Gabriela Z, Domínguez, Ma. Elena: La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

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