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Amadeus “El que ama Dios”
Introducción
Si se menciona el nombre de Mozart, la gran mayoría de la gente inmediatamente relaciona ese nombre con el mundo de la música. En cambio el nombre Salieri, tal vez no sea tan reconocido. Pero esta familiaridad con el nombre Mozart y no con Salieri que se evidencia hoy, es uno de los destacados que el director Milos Forman en su film “Amadeus” propone. Este film relata uno de los mitos de la historia del compositor: el triste desenlace de su vida y la implicación de Antonio Salieri en las circunstancias que rodearon su muerte. El film es un relato en primera persona realizado por Salieri, en el que cuenta la vida de su rival, W. Amadeus Mozart.
Para la realización de este trabajo, se tomará el personaje de Salieri para analizarlo en relación a la consigna propuesta. Primero estipularemos qué tipo de decisión es la que toma Salieri en el film y se hará una posible comparación con la decisión tomada por el personaje de Ibbieta en el texto “El muro” de J. P. Sartre. Se analizarán los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y se establecerán los elementos de Azar y Necesidad. Asimismo se establecerán las figuras de la culpa, la responsabilidad subjetiva y la responsabilidad jurídica.
Sinopsis.
En primer lugar, conviene destacar, se realizará una pequeña sinopsis del film, y el relato de dos escenas que podrían considerarse fundamentales para este análisis.
Todo comienza con el personaje de Salieri que grita desesperadamente “Mozart, Mozart, perdona a tu asesino. Lo confieso, te he matado”, al mismo tiempo que pasa al acto de cortarse la garganta. Si bien no muere, es encerrado en un psiquiátrico en el que vivirá el resto de sus días. Un sacerdote va a pedir su confesión 32 años más tarde, le dice “tomos somos iguales ante los ojos de Dios” a lo que, el ya anciano Salieri, con ironía le responde ¿lo somos? Parecería, en esta escena que Salieri sabe de algo, sabe que no todos somos iguales, que Dios favorece a unos mas que a otros. ¿O tal vez sería que sabe de la existencia de la singularidad de cada uno de los hijos de Dios? Develar esta incógnita puede dar la respuesta acerca de la existencia o no de la responsabilidad subjetiva de este personaje.
Así comenzará a relatar una historia llena de celos y sentimientos de venganza que culminará con los hechos que rodearon la muerte de Mozart.
El prodigioso Mozart realizaba conciertos para emperadores a la edad en que Salieri jugaba, pero éste dice que no recuerda una época en que no supiera quien era el gran Mozart. Idolatraba a este niño genio y a la vez lo envidiaba. Pero lo que más le molestaba era que Mozart tuviera un padre que amaba la música y que le había enseñado a su hijo todo lo que sabía. Mientras que su propio padre despreciaba ese mundo y consideraba que Mozart era un mono entrenado. Salieri pide a Dios un milagro que le permita ser músico. A cambio él le dará fidelidad y hará que la voz de Dios se escuche en la tierra a través de su música. Dios le concede el milagro, muere su padre y el se va a Viena a empezar su carrera como músico. Con esfuerzo y dedicación logra ser el famoso compositor de la corte.
Estaba muy complacido consigo mismo, era todo lo que anhelaba ser. El emperador y Dios lo amaban y adoraban su música. Hasta dejó de lado la lujuria, permaneció casto el resto de su vida para encargarse a este Dios tan justo y complacido.
Cuando conoce a Mozart dice que es el día en que su vida cambió. No puede creer que el gran compositor admirado sea esa “criatura vulgar, de risa sucia que vio arrastrándose en el suelo” y persiguiendo mujeres. Puede leer las partituras y no lo cree. Mozart tiene que ser la perfección en la tierra, tal y como la música que componía. Mozart es irreverente, vanidoso y mujeriego; pero a la vez es un genio que humilla a Salieri. Le muestra su genialidad sin humildad y le permite a Salieri ver cuan defectuoso es su ser. Se puede pensar que le devuelve una imagen de sí hasta ahora desconocida. Lo aproxima a lo intolerable. Le siguen otras circunstancias que le permiten a Salieri aumentar su ira y celos. Mozart desaira a la mujer que Salieri ama platónicamente, lo que se le vuelve imperdonable.
Tiempo 1 primera escena.
Enojado, celoso y olvidado por Dios, decide renunciar a él. En una dramática escena, quema la cruz y jura vengarse de Dios a través de su “criatura”. Dios lo ha obligado a hacerlo, puesto que ha puesto en la tierra una criatura como Mozart para burlarse de él. Para hacerle notar que no es amado, que no goza de los dones y la gracia de Dios, que su música ni él son la perfección en la tierra. Se podría pensar que esta es una escena en la que se juega una decisión comparable a la tomada por Ibbieta, ya que ambos poseen cierto saber y deciden hacer algo respecto de la situación que se encuentran. En primer lugar, ambos saben algo. Ibbieta, sabe que se va a morir, mientras que Salieri sabe que Dios no lo ama, que no son todos iguales ante su mirada, Dios le ha dado la habilidad de reconocer su encarnación en la tierra. Frente a esta realidad, ambos deciden hacer algo para burlarse del tirano. Es el Otro el que los ha puesto en esta situación y quieren vengarse. Ibbieta con la certeza de la muerte, decide hacer una jugarreta a los oficiales, decide burlarse de ellos. Salieri, en cambio, quiere burlarse de Dios mediante la ruina de Mozart. Decide hacer todo lo posible para arruinarle su encarnación. Hacer de Mozart una burla viviente. Planea que componga en secreto la mejor de sus obras: su propio réquiem, y una vez finalizado, planea lograr su muerte. De esta manera, sería Salieri el que se quede con la autoría del réquiem ante el mundo. Solo Dios lo puede ver, pero es impotente para impedirlo. Lo único que le preocupa es cómo va a lograr la muerte de Mozart. Dice: “¿cómo se mata a un hombre? Una cosa es soñarlo… otra muy distinta… es hacerlo… con tus propias manos”.
Es que en este primer tiempo, se puede pensar que las decisiones que ambos toman, llevan a acciones que se agotan en sus fines. Es decir, en los objetivos para los cuales fueron concebidas; por un lado, Ibbieta solo quiere burlarse de los oficiales por eso les dice que Gris está en el cementerio. Salieri quiere burlarse de Dios, por eso elabora su plan.
El plan de Salieri.
Salieri utiliza la figura de la muerte para atormentar a Mozart. Visita a Mozart disfrazado de su padre muerto para pedirle la composición del réquiem. Atormentado por esta figura y los sentimientos que le despierta con respecto a su padre y su propia vida, Mozart se interna en una sucesión de abusos, inestabilidad emocional y decadencia. Se empobrece, se hunde en el alcohol y comienza a enfermar.
Casi al final de la película, aparece la segunda escena a tomar en cuenta en el análisis del segundo tiempo lógico del circuito de la responsabilidad.
Tiempo 2 – Segunda escena
Mozart enferma, sobre exigido por el trabajo que le demanda la composición del réquiem y otras obras, colapsa su salud. Sufre un ataque en una de las presentaciones y Salieri que secretamente asistía, lo lleva a casa. En medio de la agonía, Mozart le agradece por ser un verdadero amigo, por ser el único compositor que asistió a su presentación y por haberlo ayudado. Salieri comprende que Mozart desconoce su implicancia en lo que lo atormenta y decide seguir con su plan, le propone ayudarlo a que termine el réquiem. Al ayudarlo, puede ver en acción la genialidad de Mozart, puede ver la música como lo hace Mozart. Pero lo que no prevé es que Mozart muere antes de terminar de componer su réquiem. Articulación y análisis.
En este segundo tiempo, lo planeado no resultó como se suponía. Aquí es donde Salieri queda paralizado frente a lo sucedido que no esperaba. Conjuntamente elementos de azar y necesidad abren una grieta en que el sujeto se ve interpelado. El factor de necesidad también esta presente, este factor tiene que ver con lo que anuda cierta causa con cierto efecto. Depende de leyes específicas, lo que necesariamente sucede como efecto de determinada causa. Se puede estipular como indicador de necesidad el hecho de que un enfermo terminal tarde o temprano tiene que morir. La causa sería entonces, la enfermedad terminal de Mozart y su efecto necesario sería la muerte. Por otro lado, se puede decir que el azar tiene que ver con la incertidumbre de un evento, lo contingente del mismo. Como indicador del azar, se puede pensar en la casualidad del momento de la muerte de Mozart. Fue casual que Mozart muriera en determinado momento y que éste tiempo coincidiera con dejar la obra inconclusa. Es en esta grieta en que Salieri se enfrenta con las consecuencias de sus actos. Sabe que lo sucedido le concierne y debe responder por lo dicho por lo hecho. La muerte temprana de Mozart en este tiempo 2 es lo que le posibilita que se replantee la visión de un tiempo 1, y como consecuencia, también la visión de sí mismo. De esta manera, la consistencia de su ser se desvanece, al igual que Ibbieta al enterarse que Gris fue encontrado en el cementerio. Las consecuencias de sus actos fueron más allá de lo planeado, Mozart se muere sin terminar su réquiem. El sujeto del tiempo 1 no esta más, se tambalea lo establecido y le obliga a releer su accionar. Se enfrenta con un real, que le concierne y le devuelve eso que deseó. De esta manera se posibilita la entrada a un tiempo 3, el de la responsabilidad de Salieri. Donde debe responder por su deseo.
Sin embargo, el interrogante es ¿Cómo se ubica Salieri con eso que sucedió? Salieri dice que Dios ha preferido matar a su criatura antes que permitir que un mediocre obtenga un poco de su gloria. Podría pensarse que con estas declaraciones, no se puede pensar a sí mismo como un sujeto responsable y admirado con lo que ha producido con su propio deseo. Al contrario, le atribuye la responsabilidad a Dios. Se queda sujeto a los designios de Dios y no a su propio deseo. Este sometimiento al Otro, le invisibiliza la responsabilidad subjetiva, lo resguarda de ella pero no de la culpa. La culpa como la contratara de la responsabilidad, le retorna feroz. Es algo por lo que debe responder Salieri en un plano distinto. Se culpa, en la primera escena, por la muerte de Mozart a tal punto que decide cortar con la suya para acabar con la mortificación de ser sujeto de los designios de un Otro que no lo ama. Aparece trastocado el motivo de la culpa, su responsabilidad no es sobre las causas de la muerte de Mozart sino por el deseo de su propia existencia. Como hipótesis Ese deseo conciente que se le hizo realidad a costes de la muerte del padre. Deseo inconciente, también, de parricidio que se esconde detrás del sentimiento inconciente de culpa, puesto que algo de su propia hostilidad se le hace presente y lo vivencia como culpa. Esta culpa auto referida, por la muerte de Mozart, que aparece; vela la responsabilidad subjetiva pendiente por su propia existencia. Podría decirse que Salieri es un irresponsable porque es incapaz de hacerse cargo de su propio deseo, de su propia subjetividad. Tampoco es responsable jurídicamente, porque el sujeto conciente, es decir el yo, no tuvieron nada que ver con la muerte natural de Mozart. Con lo cual la ley penal no puede atribuirle responsabilidad por esa muerte, pero sí por su intento de suicidio. En consecuencia será llevado a un hospital psiquiátrico donde prefiere proclamarse el protector de todos los mediocres del mundo. Ha sido nombrado mediocre por Dios, no por elección propia, y ha sido burlado por él.
Por último, se puede hacer una articulación con las nociones de ética como horizonte en quiebra. En este sentido, se puede pensar que para Salieri, la vida funcionaba estable bajo el amparo de los otros significativos, Dios y el Emperador. Su identidad y su música estaban enmarcadas en el universo conocido hasta ese momento. La aparición de Mozart en la corte, le hace ver a Salieri no solo que él no es el compositor que pensaba que era; sino que la música puede llegar hasta un nuevo nivel. En este sentido, la singularidad en situación pone en evidencia lo incompleto del conjunto de lo conocido para Salieri. Él ya no es más el mejor compositor de la corte, solo es uno más. La aparición de Mozart transforma en particular lo que antes era conocido como universal. Quiebra el horizonte de lo conocido hasta el momento y deja a Salieri mal parado ante sus Otros significativos. Es aquí cuando se puede pensar la confesión, su relato ante el sacerdote como un posible acto ético. Puesto que el sacerdote no juzga en términos de moral, de lo bueno ni de lo malo; sino da cuenta del sentido. Le puede permitir a Salieri la formación de un nuevo espacio en el que pueda aparecer como sujeto de deseo. La terapia como la confesión, pueden pensarse como actos éticos puesto que se realizan en soledad y cuando han fracasado todos los marcos de contención y las normas de organización que estaban funcionando hasta ese momento. La frase “tomos somos iguales ante los ojos de Dios” enuncia lo que Salieri no sabe que sabe. Que la singularidad subjetiva es de todos y cada uno de forma particular, y que lo envuelve a él en su propia condición como sujeto de deseo.

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