por 

Universidad de Buenos Aires

Facultad de Psicología

“Psicología, Ética y Derechos Humanos”

Cátedra: Juan Jorge Michel Fariña

Comisión: 17

Año: 2010

Profesora de Trabajos Prácticos: Lic. Carew, Viviana Sandra

Alumnas:
• Alegre, Verónica, LU: 321512350
• Colomar, Tamara Yanina, LU:305771130

Película: Amadeus

Para realizar el análisis de la escena elegida de Amadeus, comenzaremos introduciendo brevemente la decisión de Ibbieta, personaje del libro “El muro” de Sartre, para fundamentar la elección del personaje Antonio Salieri en nuestro film: Ibbieta, pronto a ser fusilado en el muro, debía rebelar el paradero del líder anarquista Ramón Gris, ofreciéndosele la preservación de su vida a cambio de la vida del anterior.
Ibbieta habló para burlar a los guardianes:”Está escondido en el cementerio”. Sin quererlo (producto del azar), emitió una verdad y fue allí donde ejecutaron al líder. Este relato concluye con el protagonista llorando de risa o riendo hasta las lágrimas, observándose allí un cambio de posición del sujeto en cuestión respecto del primer momento. Es decir, de pasar a sentir que ninguna vida tenia valor (ni siquiera la suya) ya que todos éramos mortales, choca con su deseo inconciente de querer sobrevivir a toda costa al aplazarse su muerte por la inesperada confesión.
El personaje seleccionado de la película analizada es el de Antonio Salieri, reconocido compositor de la corte del Emperador José II.
Desde el momento en el que Mozart llega a la corte, Salieri descubre horrorizado que el talento y la genialidad musical que desea para sí ha sido otorgada a un hombre infantil, lujurioso y jactancioso. Loco por la envidia, confabula la destrucción de Mozart. Ubicamos a partir de la siguiente escena, la toma de desición que llevará al personaje a cambiar su posición al estilo de Ibbieta:
Mozart se encuentra en cama gozando de muy mala salud debido al agotamiento ocasionado por componer sin descanso obras que le reditúan apenas lo preciso para sobrevivir. Salieri, quien ejerce veladamente su influencia hasta reducir a Mozart a una posición de marginal, se encuentra a su lado acompañándolo. De pronto, llaman a la puerta de la casa de Amadeus y éste le pide a Salieri que atienda pensando que era el hombre que le había solicitado una obra en un plazo imposible (tramado por el mismo Salieri para atribuirse la autoría de la misma) y le indica que le diga que sólo con un adelanto podría finalizarla. Al volver, Salieri le da dinero y agrega que debería terminarla en esa noche para recibir una recompensa aún mayor. Para lo cual, le ofrece su ayuda siendo ésta recibida con entusiasmo por parte de Mozart. Este último compone, Salieri escribe la ópera.
Transcurrida la noche, regresa la esposa de Mozart y encuentra a Salieri dormido en la misma habitación. Lo invita a irse y encuentra allí las partituras de la ópera. Las toma y guarda bajo llave ya que consideraba que era dicho trabajo el causante de la enfermedad de su marido, lo cual transformó el rostro de Salieri.
Acto seguido, comprueba que Mozart yace muerto en su cama.
Al comienzo de la película, se ve en escena a Salieri 32 años después de la muerte de Mozart intentando quitarse la vida al grito de “perdóname Mozart, perdona a tu asesino”.

Ante esta situación la pregunta es: ¿Salieri es responsable por la muerte de Mozart?
La interrogación no es del orden de lo judicial, del orden del delito y del castigo, sino de la subjetivación de la acción que recae sobre el sujeto, es decir, del acto ético que no se encuentra en el registro yoico.
El objetivo de nuestro personaje, consistía en eliminar a su rival, renovar su reputación, y burlarse de Dios (a quien culpa de todo), tal como Ibbieta hizo con los guardianes. Sin embargo, en ambos casos fue el azar que les jugó una mala pasada. En el caso de Ibbieta a partir de su broma (tal como ha sido explicado anteriormente) mientras que en Salieri a partir de la llegada inesperada de la mujer de Mozart. Lejos quedó aquel hombre que basaba sus logros en la disciplina y sacrificio, cuya envidia permitió desearle la muerte a Mozart. Sino más bien, ubicamos un cambio de posición del sujeto el cual queda acosado por la decadencia, la pobreza y el remordimiento, pero sobre todo por la pérdida de su preeminencia como autoridad musical, pierde la cordura, se acusa de la muerte del compositor e intenta suicidarse, sólo para terminar internado en un manicomio.
Por lo tanto, es destacable la implicancia del azar en el resultado de ambas situaciones anteriormente desarrolladas. "el azar quiso que con su elección de una confesión mentirosa terminara, sin saberlo, diciendo la verdad" . Ibbieta, de acuerdo a las propias palabras de Juan Carlos Mosca, metió la pata. Pero la forma de ser de Gris (testarudo por cierto) hizo que se peleara con su primo que lo alojaba en su casa, y cambiase un refugio seguro por el cementerio. Es decir, fue determinante allí la decisión tomada por el propio Gris sobre su devenir. Teniendo en cuenta el rango real de posibilidades de elección que estaban a su disposición y los factores de riesgo en ellas implicados, optó por un refugio menos seguro. Sastre sostendrá que la elección de la que él habla no puede ser confundida con un “querer” de la voluntad, con una decisión yoica: que, evidentemente no puede ser pensada como un acto voluntarista (Alemán, J. 2003)
Luego, los hechos se encadenaron azarosamente para producir el penoso resultado desarrollado anteriormente.
En el caso de Amadeus, quiso el azar que Salieri no pudiera concretar su plan consistente en adueñarse de la tutoría de la ópera de Mozart, la cual sería utilizada para el propio funeral de su objeto de envidia. Sin embargo, la llegada de su esposa sin aviso y el hecho de que guardara las partituras bajo llave, disolvió el objetivo de Salieri. Además la muerte de Mozart y por lo tanto encontrarse con su deseo en lo real, ha hecho que cambie su posición respecto del inicio de situación.
Más allá de la operatoria de la “Necesidad”, es decir, la enfermedad de Mozart causada por el exceso de trabajo, no puede dejar de mencionarse la participación de Antonio Salieri en cuanto a agudizar dicha enfermedad, por hacerlo trabajar sin límites en su delicado estado de salud.
Salieri a partir de allí carga con la culpa de su muerte lo que se ve reflejado al comienzo de la película en su intento de suicidio. Sin embargo al enloquecer, culpará a Dios de dicha tragedia y se quejará por ello. Permitiéndole protegerse no de la culpa, pero si de la responsabilidad.
Según Oscar D’Amore, “así como no podríamos plantear una dimensión ética sin moral, no hay responsabilidad subjetiva sin culpa, en donde esta última resulta de factura particular y la primera una singularidad.”
Así, el sujeto del acto ético coincide con el de la responsabilidad subjetiva. Lo relevante aquí no es juzgar su moral, sino como se ubique el sujeto frente a lo sucedido. Su acto comprende consecuencias y el sujeto no puede desentenderse del compromiso con la humanidad por su acto. Es decir, aquí se trata de la experiencia del deseo inconsciente.
En un primer tiempo del circuito de la responsabilidad subjetiva, aparece el acto consciente, autónomo, moral. Dicho acto, es ejecutado por el sujeto según su universo cerrado, completo, sin fallas. En el caso de nuestro personaje, Salieri, el engañar a Mozart, primero con su plan de quedarse con la tutoría de su obra, y luego al engañarlo cuando llaman a la puerta, da cuenta de dicho acto.
En un segundo tiempo del circuito, hay una interpelación al sujeto, por la cual este debe utilizar respuestas que tienden a la recomposición yoica frente a la formación inconsciente, es decir, la respuesta moral es tranquilizadora en relación a otro tipo de respuesta que podría hacerlo sentir culpable de lo dicho/actuado. En el caso de Salieri, su delirio, cuando enloquece, es culpar a Dios por la muerte de Mozart. Hay una proyección de la culpa, desentendiéndose, de este modo, de su obrar.
El tiempo 2 resignifica, entonces, el tiempo 1. Facilita una respuesta que, aunque no es considerada aún tiempo 3 (aquél de la responsabilidad subjetiva), responde a la interpelación a través de la culpa. La culpa hace que retorne sobre la acción por la que se debe responder. La respuesta es particular. No hay forma de no responder, pues la interpelación exige respuesta. La fuerza simbólica de la interpelación proviene de la internalización de la ley simbólica. La interpelación es lo que genera deuda, culpa.
Recién en un tercer tiempo, aparece la singularidad ética. Este tercer tiempo, es “otro nombre del sujeto”. En palabras de D’ Amore: “Aquí se retorna sobre la acción más moral, más particular, favoreciendo la interpelación para la responsabilidad subjetiva. El sentimiento de culpa de diluye en el efecto sujeto y es una respuesta de dimensión ética. Una singularidad que hace desfallecer al particular previo y obliga a ampliar el universo que antes parecía cerrado, completo. La responsabilidad subjetiva es la culpabilidad misma de lo que se hace y de lo que se dice; una singularidad que emite el sujeto, del deseo inconsciente que causó la acción. Es decir, el efecto sujeto.” (D´Amore Oscar “Responsabilidad subjetiva y culpa”. En La transmisión de la ética. Clínica y Deontología. Vol. 1, 2006) En nuestro caso, el intento de suicidio y los gritos y el llanto que decían: ¡Perdóname Mozart! ¡Si, confieso: yo te maté! ¡Perdona a tu asesino Mozart!, da cuenta de la responsabilidad subjetiva. Es decir, Salieri es culpable de su deseo que Mozart muera y por lo tanto de querer ocupar su lugar, de querer ser como él. El personaje se encuentra con la realización de su deseo.

Bibliografía
• Alemán, J. (2003): Nota sobre Lacan y Sastre: El decisionismo. En derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
• D´Amore Oscar, “Responsabilidad subjetiva y culpa”. En La Transmisión de la ética. Clínica Y deontología. Vol. 1: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Mosca, Juan Carlos “Ética: Un horizonte en quiebra” Cáp. VIII Responsabilidad: Otro nombre del Sujeto. Eudeba, Buenos Aires.



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: