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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

MATERIA:
PSICOLOGIA ETICA Y DERECHOS HUMANOS
Prof. Titular: Fariña, Juan Jorge Michel.

2do Parcial

Docente: Lic. Carolina Pesino
Comisión: Nº 1
Film asignado: “Amadeus”, de Milos Forman
Integrantes: Lerena, Rafael
Pujó, Amanda

2º cuatrimestre del 2010

1. Escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre. Justifique su elección.

En el cuento “El muro” de J. P. Sartre, Pablo Ibbieta, un revolucionario anarquista de la Guerra Civil Española, cae preso en manos de la Falange. Allí se ve enfrentado con un dilema decisivo: traicionar a Ramón Gris o perder la vida. Frente a esta situación, Ibbieta cae en la cuenta de que no podrá llevar a cabo sus ideales y de que perecerá tarde o temprano, a partir de lo cual pierde todo interés por la vida y elige burlar a sus verdugos. Sin embargo, dicha burla no alcanza su cometido; su compañero es encontrado allí donde él denuncia y es asesinado a sangre fría.
En esta historia, una exculpación posible para el protagonista es el factor “azar” que posibilitó que mediante una confesión mentirosa terminase diciendo la verdad. De esta manera podríamos deducir que no hay responsabilización por parte del sujeto, ya que ésta se encuentra en un Otro, permitiéndole protegerse, no de la culpa pero sí de la responsabilidad.
Si bien aquí la intención conciente del personaje reside en salvar a su compañero, en “Un horizonte en quiebra”, Fariña destaca la responsabilidad subjetiva que subyace a dicha elección, “el deseo de sobrevivir a cualquier precio”.
En la película “Amadeus”, el sujeto que toma una decisión comparable a la del personaje de Sartre, podría ser Salieri.
Este último, corroído por la envidia y el odio, decide traicionar al talentoso Mozart, aparentando ser de ayuda, cuando en realidad intenta empujarlo hacia el fracaso. A lo largo de la película, el protagonista va cayendo en un profundo desgaste tanto económico como familiar, físico y psíquico. Salieri abusa de la debilidad del músico, quien se encuentra enfermo y hundido en la desdicha, haciéndole componer un Réquiem sin descanso. De esta manera, lo lleva lentamente hacia la muerte.
En este caso, el personaje encuentra su exculpación en la figura de Dios, en ese “Otro” que lo desresponsabiliza de sus actos. En su relato, Salieri dice estar actuando en nombre de éste; es Dios quien decidió matar al genio y dejar con vida al mediocre. Sin embargo, el “sentimiento de culpa” aparece aquí con toda su fuerza, al punto tal que intenta suicidarse. El Sujeto se somete al deseo del Otro para liberarse de la culpa, sin lograrlo, e inclusive incrementando la misma.
En el primer caso, Ibbieta no es necesariamente culpable, pero sí responsable. Responsable de haber intentado burlar a sus verdugos; responsable de haber hablado mismo en la ignorancia, tentando al azar; responsable de haber deseado alargar sus últimos momentos de vida.
Asismismo, podría decirse que Salieri no es culpable de la muerte de Wolfgang pero sí responsable de haber deseado e inducido ese trágico final.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

En el accionar de Antonio Salieri podríamos ubicar dos momentos correspondientes al Primer y Segundo Tiempo lógico del Circuito de Responsabilidad.
El primer tiempo lógico respectivo a la acción, reside en el momento en que Salieri decide matar a su contrincante, para lo cual lo engaña contribuyendo a su locura, le quita posibilidades de trabajo, lo espía y abusa de su talento, llevándolo a los límites de la explotación.
El segundo tiempo lógico, correspondiente al momento de la “interpelación”, podemos ubicarlo cuando Mozart, en su lecho de muerte, confiesa su inseguridad respecto del gusto de Salieri por su obra y le pide perdón. Esto genera en él un sentimiento de culpa que lo lleva a resignificar su accionar. Este momento de quiebre lo obliga a repensar ese “primer tiempo”, dando lugar a una posible respuesta. A partir de aquí, Salieri puede elegir quedarse con la culpa o responsabilizarse subjetivamente.
Si bien la culpa es tan fuerte que lo lleva a cometer un acto suicida, Salieri nunca arriba a un tercer momento en el cual se pueda observar una responsabilización por parte del Sujeto. A pesar de esto, el personaje se ve obligado a dar una respuesta: la decisión es de Dios.
Al depositar en la imagen divina toda causa de su accionar y al explicar lo acontecido como obra de la “máxima autoridad”, no hay posibilidad alguna de responsabilizarse y de llevar a cabo un acto que parta del Sujeto.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

El azar implica incertidumbre y desliga, por completo, al sujeto de su responsabilidad. El hecho azaroso no se encuentra en las expectativas del Sujeto, es un factor inesperado.
Por el contrario, la necesidad implica una responsabilidad por parte del Sujeto, más allá de que pueda haber una cuota de azar o no. Se trata un acto voluntario, intencional, que puede ser evitado.
Los elementos de azar que podemos pesquisar son: en términos generales, el talento desigual de ambos músicos (del cual ninguno es responsable) y las diferentes posibilidades de instrucción musical, según el contexto familiar en el que cada uno se desarrolló.
En lo que respecta a la situación referida anteriormente, uno de los elementos de azar posible es la muerte del padre de Amadeus, que influye fuertemente en el deterioro de su salud.
La necesidad, en cambio, se encuentra en cada una de las acciones que Salieri realiza con el afán de destruir a Mozart. Ejemplos de ésta son: la espía que manda a trabajar como empleada doméstica; el hacerse pasar como un fantasma, disfrazándose como el difunto padre; difamarlo ante el emperador; y hacerlo componer en estado calamitoso.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

En su texto “Sujeto autónomo y responsabilidad”, Salomone diferencia la responsabilidad correspondiente al “campo jurídico” de la “responsabilidad subjetiva”. La primera se plantea en función del “sujeto autónomo”, restringiendo así la responsabilidad al terreno de la conciencia, es decir, de la intencionalidad proveniente del yo. El sujeto denominado “autónomo” es aquél capaz de autogobernarse; sujeto de la voluntad y de la intención. Por lo tanto, el sujeto no considerado “autónomo” es eximido de su responsabilidad jurídica (ejemplos de este caso bien serían los menores de edad, los locos, los dementes, los idiotas, los intoxicados, etc.). La imputabilidad es una cualidad de aquél que puede ser responsabilizado de un acto reprobable, y está completamente ligada al estado de “conciencia”. Desde este punto de vista, la responsabilidad no es inmanente al sujeto, así como tampoco lo es la cualidad de “sujeto de derecho”. La autonomía debe ser concedida; es entendida como un derecho. Por eso podemos hablar de una autonomía limitada, ya que al sujeto se le otorga el derecho de responsabilizarse o se le quita. Por el contrario, desde la perspectiva de la “responsabilidad subjetiva”, el sujeto siempre es imputable en términos éticos (dejando de lado los aspectos jurídicos y morales). Según Freud, el sujeto es responsable de aquello que desconoce de sí mismo. Esta concepción se basa en la noción de “sujeto del inconciente”, un sujeto “no autónomo” que no es dueño de su voluntad e intención. La responsabilidad se encuentra en el propósito inconciente que, a pesar de ser desconocido por el yo del sujeto, propició su accionar. En este campo, la intención y la voluntad resultan insuficientes para abordar la responsabilidad; nos encontramos aquí en una responsabilidad relacionada con la “verdad del sujeto”, no imputable a partir del campo moral, sino a partir de la ética y la singularidad que compete al sujeto en cuestión.
Cuando la responsabilidad del sujeto está ausente, aparece como sustituto un sentimiento de culpa que puede encarnar diversas figuras. En nuestra historia, éste aparece a partir del momento en que Mozart, ya moribundo, se sincera con Salieri y se muestra débil, inseguro. Se produce aquí una interpelación al sujeto de éste último que lo lleva a resignificar toda su postura previa. Lo obliga a retornar sobre su accionar por el que debe responder y repensar a través de la culpa.
A lo largo de todo el relato, el personaje establece una proyección sobre la figura de Dios, traduce sus propios actos como mandatos divinos. Por otro lado, el hecho más ilustrativo del sentimiento culposo que lo habita es el intento fallido de suicidio que desencadena su posterior internación en un hospital psiquiátrico. Esto último se observa en la primera escena del film, donde el músico se halla gritando desesperadamente, adjudicándose la culpa por la muerte de Mozart.
La culpabilidad de Salieri podría ser leída como una muestra de que éste ha cedido en su deseo; su culpa insensata representaría una suerte de “pago de la deuda con el deseo”.
Respecto de la responsabilidad jurídica, podemos afirmar que Salieri resulta inimputable ya que es considerado demente y trasladado a un manicomio, tras su intento de suicidio. Desde esta perspectiva, dos conceptos resultan cruciales para determinar la responsabilidad en el sujeto: la intención y la razón. Según el derecho, Salieri perdió esta última facultad por lo cual no puede ser culpabilizado y, por lo tanto, no deviene responsable de sus actos.
Por otro lado, pensando desde la perspectiva de una responsabilidad subjetiva, podríamos pensar que Salieri es completamente responsable, ya que es dueño de un “saber no sabido” que lo empuja a la acción. Desde este punto de vista, no hay sujeto inimputable; éste debe hacerse cargo de aquello que le es propio.

5. Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente– el efecto particularista.
En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

Las singularidades, incalificables para el lenguaje de la situación, producen un quiebre en el “universo” del discurso compartido y consensuado. Éstas introducen la novedad y sólo existen como tales si hay un Otro que las sancione, las nomine y les dé existencia.
Mozart llevó a cabo un quiebre con la moral propia de su época. Su obra y sus formas excedieron el universo socialmente establecido, agrandándolo y superando la moral particular que caracterizaba ese momento. Razón por la cual, en muchos casos, fue un incomprendido por sus pares y por su público.
La temática de sus óperas (por ejemplo, un harén en Turquía), la utilización de la lengua alemana, la innovación en la armonías musicales, el quiebre con el protocolo y sus presentaciones en teatros humildes, son algunas muestras de su singularidad.
La ética es una disciplina del pensamiento; aparece allí donde el saber deja de existir. La moral en cambio es una disciplina del conocimiento que nos guía en el “deber hacer”. La primera se abre como dimensión cuando el saber moral no la asiste en una situación determinada.
Así es como Wolfgang Amadeus produce un quiebre en el horizonte moral, generando la necesidad de pensamiento, de reflexión, y adviniendo así la dimensión ética.
El llamado “efecto particularista” es distintivo de la falla ética y se observa cuando un rasgo particular deviene condición universal, es decir, la moral de un determinado campo particular se pretende universal. Ejemplo de esto, se observa cuando los cortesanos del Emperador se oponen a la iniciativa de Mozart de crear una ópera en alemán; están aferrados a la creencia de que toda ópera debe ser
cantada en italiano. Esta regla actúa como ley universal y toda opción alternativa les resulta
impertinente.
El sujeto de la responsabilidad subjetiva es el que responde al deseo inconciente y debe hacerse cargo del “Ello”. Para poder hablar de este tipo de responsabilidad debe ser establecido un acto.
En el caso de Antonio Salieri, al no haber una responsabilización subjetiva y al quedar finalmente todo su accionar en manos de Dios, podemos afirmar que no hay un verdadero “acto ético”, es decir, no se produce un “efecto sujeto”.



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