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Psicología Ética y Derechos Humanos
Cátedra I
(Curso de verano 2011)

“Amélie”

"Elle va changer ta vie..."

Docente titular: Fariña, Juan Jorge Michel

Docente a cargo de la comisión: Pacheco Mariana
Ayudante de comisión: Navés Flavia Andrea
N° de Comisión: 3

Alumno: Balbiani Martín José

LU.: 317641920
Fecha de entrega: 28-02-11

Consigna de evaluación

Elija un film, un texto literario o alguna otra producción narrativa en la que se despliegue y pueda ser recortada una singularidad en situación. En ese recorte, escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre. Analícela ubicando sus coordenadas en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y explicitando la hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto, en términos de responsabilidad subjetiva. Incluya las referencias relativas a las categorías de necesidad y azar, así como a las de culpa y responsabilidad. Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente- el efecto particularista.

Ficha técnica

“Amélie”

Título original: Le fabuleux destin d’Amélie Poulain, "El fabuloso destino de Amélie Poulain"
Origen: Francia
Director: Jean-Pierre Jeunet
Género: comedia romántica
Año: 2001.
El lema de la película: "Ella cambiará tu vida..." (En francés: "Elle va changer ta vie...") .
Protagonistas: Audrey Tautou (Amélie Poulain) y a Mathieu Kassovitz (Nino Quincampoix).

Sinopsis

Comienza con una voz en off que narra la niñez de Amélie, quien creció aislada del resto de los niños por decisión de su padre, debido a su equivocada creencia de que ella sufría problemas cardiacos (equivocada, pues cada vez que él le hacía un chequeo médico en casa, el corazón de Amélie se disparaba simplemente por el contacto físico con su padre, ya que él normalmente nunca era afectivo con ella). Este hecho, junto con el ambiente tenso que imperaba en su casa debido a la naturaleza inestable y nerviosa de su madre, y sobre todo por la trágica muerte de ésta (aplastada por una turista suicida) que agudizó las tendencias antisociales de su padre, hacen que la niña desarrolle una inusual y activa imaginación. Como se cita en la película, “pasan los días, los meses y después los años”. A su alrededor todo parece tan muerto que “Amélie prefiere soñar hasta alcanzar la edad para irse de casa". Amélie cumple 22 años y deja su casa para instalarse en un apartamento en Montmartre que se costea trabajando como camarera del "Café des 2 Moulins” (café los 2 molinos). Allí, se dan a conocer una serie de personajes de lo más excéntricos con los que Amélie interactuará durante toda la película.
Amélie no tiene novio, lo intentó una o dos veces, pero los resultados la desanimaron. En su lugar Amélie ha cultivado un gusto por los pequeños placeres.
El 30 de agosto de 1997 ocurre el evento que cambiará la vida de la joven. Tras una serie de circunstancias por el shock ocasionado al enterarse por televisión del accidente de Lady Di, descubre tras una losa de su baño el pequeño tesoro guardado por un niño hace cuarenta años. Fascinada por el hallazgo, el 31 de agosto a las 4:00 de la madrugada, tiene una idea espectacular: dondequiera que esté, Amélie encontrará al dueño y le devolverá su tesoro. Si lo conmueve, se convertirá en una vengadora del bien. Si no, pues no.
Con la ayuda de su vecino Raymond (un anciano conocido como “el hombre de vidrio” por la debilidad de sus huesos, que lleva 20 años sin salir de casa y que sólo ve el mundo a través de la reproducción de un cuadro de Pierre-Auguste Renoir) y tras una larga búsqueda por toda la ciudad, Amélie consigue finalmente localizar al dueño del tesoro y devolvérselo de forma casual tras una estrategia muy original. El dueño no sólo se emociona profundamente al descubrir que toda su infancia estaba en esa cajita, sino que además se plantea mejorar su vida actual.
En ese momento Amélie tiene una sensación de completa armonía y decide volcarse hacia los demás para crearles felicidad en sus vidas. De esta forma, inventa toda clase de estrategias de lo más originales y conmovedoras para intervenir, sin que se den cuenta, en la existencia de varias personas de su entorno.
Así, por ejemplo, consigue sacar a su vecino Raymond de la obsesión por el cuadro de Renoir mediante el envío anónimo de videos donde se muestran hermosas escenas de lo más curiosas, que producen en el anciano una inmediata necesidad de expandir su mente más allá de lo que había hecho antes.
Pero mientras todo esto sucede y nadie se preocupa por ella, se ve forzada de forma involuntaria a examinar y valorar su vida solitaria. Este sentimiento se agudiza especialmente tras conocer a Nino, un chico tan raro y soñador como ella, que trabaja medio día en “el tren del horror” y el otro medio en un sex shop, que colecciona las fotos que la gente va desechando en los fotomatones. Amélie siente fascinación por Nino, pero prefiere un encuentro casual a una presentación directa. Lo intenta varias veces sin éxito y acaba dejándolo por imposible. Finalmente Raymond, le corresponde con la misma moneda a Amélie, incitándola a buscar lo que había dejado en un segundo plano: su propia felicidad. Así, Amélie, acaba felizmente en los brazos de Nino al que besa de la forma más sutil y complaciente que se pueda imaginar.
Necesidad
Entendemos por Necesidad, todo aquello que está determinado por fuera de la voluntad o lo posible de ser modificado por el sujeto, pero que tampoco está por dentro del azar o la casualidad de la vida. Necesidad es todo lo que viene ya dado para el sujeto en cuestión, en palabras de Mosca: “…los determinismos (superyoicos) que lo esperan antes incluso de su nacimiento”.
Desde este punto de vista del concepto de necesidad, ubicamos entonces dentro de la historia de Amélie, aquellos determinantes o lo correspondiente a la necesidad que será fundamental para el porvenir del análisis: Amélie, hija única, creció aislada del resto de los niños por decisión de su padre, Dr. Raphael Pulain, debido a su equivocada creencia de que ella sufría problemas cardiacos (con cada chequeo médico que él le hacía, provocaba que el corazón de Amélie se disparara simplemente por el contacto físico con su padre, quien nunca era afectivo y evitaba todo tipo de contacto emocional con ella). Debido a esto, a los seis años la niña fue declarada incapaz para la escuela, por lo que su madre se ocupó de su educación. Por otro lado, aparecía la naturaleza inestable y nerviosa de su madre, quien sufría de “nervios” acompañados de espasmos faciales, tal como sostiene la voz en off. Sumado a lo anterior, la trágica muerte de la madre de Amélie (la niña presenció el momento del accidente) agudizó las tendencias antisociales de su padre, provocando que la pequeña desarrollara una inusual y activa imaginación. Dice la voz en off: “a falta de compañeros de juego y rodeada de una neurótica y un iceberg, Amélie se refugia en su imaginación”. Los rasgos obsesivos de ambos padres, la marcada falta de actividad en el mundo real durante su infancia, así como también la tendencia antisocial agudizada del padre, conforman “eso” que recibió la niña desde pequeña y forman el escenario desde donde ella parte y desde donde puede hacer algo con todo eso. ¿Qué hace con esto que recibió de manera necesaria y por fuera de su voluntad? Se refugia en el nivel fantasmático, en el imaginario, escondite esencial para el goce neurótico. Desde aquí entendemos, entonces, que el sujeto no es responsable de lo que recibe de antemano, pero sí puede ser responsable de lo que hace con aquello que recibe. Amélie se “hizo” desde sus determinantes como una persona frágil (sentido del Otro), ubicándose como objeto de la demanda ajena y encontrando en el plano imaginario, el modo de goce sustitutivo más apropiado para ella. Voz en off: “ Amélie prefiere soñar hasta alcanzar la edad para irse de casa". ¿Dónde podemos ubicar estos rasgos? La voz en off relata que Amélie tuvo dos o tres intentos de buscar un novio, e incluso durante el relato se la ve teniendo relaciones sexuales, aunque en sus gestos se observa cómo se ubica como puro objeto; mientras al hombre se lo ve involucrado en la escena sexual, ella esta ahí, “solo para cumplir su posición”, acompañando a la situación, con un gesto de desinterés total.

Azar

Este concepto es de suma importancia para el análisis del caso, ya que del mismo depende una porción de lo que se dará dentro del circuito de responsabilidad subjetiva. Es necesario que podamos ubicar situaciones azarosas en las que la protagonista no tenga control alguno sobre la situación, y que sobre todo, estas situaciones de pura suerte, sean significativas para el giro y la modificación del rumbo del sujeto, de su posición, de lo que nos es pertinente en dicho trabajo. Según Fariña, “Si Necesidad establece una conexión entre causa y efecto, Azar desconecta esta conexión”.
Se han encontrado tres momentos cruciales que corresponden al hilo de la situación, que han sido azarosos y que serán fundamentales para que el movimiento del circuito de Amélie pueda darse rodaje.
Situación 1: El 30 de agosto de 1997 ocurre el evento que cambiará la vida de Amélie. Al enterarse por televisión del accidente de Lady Di, deja caer la tapa redondeada de su perfume, debido al shock de la noticia, la cual recorre el piso del baño y golpea contra una losa de la pared del mismo. Descubre tras la losa que se desprende, el pequeño tesoro guardado en una caja por un niño, hace cuarenta años.
Situación 2: Luego de haber decidido salir en busca del dueño del tesoro, Amélie ingresa a la estación del metro, y su atención es llamada por una música que, la joven sigue dicha música y termina topándose en el mismo momento y en el mismo lugar con Nino, quien está buscando algo debajo de un fotómetro. Luego de mirarse, Amélie queda petrificada y sale corriendo . Situación 3: Podemos conjeturar que cuando uno se muda tiene la “suerte” de elegir el departamento al cual quiere ir a vivir, pero no tiene la voluntad u oportunidad de elegir a sus vecinos. Amélie, luego de vivir cinco años en el mismo departamento, se encuentra con su vecino Raymond, un señor mayor conocido como “ el hombre de vidrio”, el cual nació con los huesos frágiles como el cristal, por lo que evita salir de su casa hace unos 20 años, además de caracterizarse por una negación a socializar demasiado. El anciano utiliza un cuadro de Renoir para imaginar el mundo desde ahí. Esta situación azarosa, se considera como la de mayor importancia para poder pensar la interpelación del tiempo 2, ya que podría considerarse a Raymond como una especie de analista para Amélie, debido a las intervenciones que realiza en sus charlas con la protagonista, las cuales serán desarrolladas en breve.

Circuito de responsabilidad subjetiva del caso “Amélie”
Hipótesis clínica

Análisis del circuito
Acción (Tiempo 1)
“La farsa de un sujeto refugiado en la pereza del destino”
Fariña, Michel.

En primer lugar, comprender… ¿A qué remite la acción del tiempo 1? María Elena Domínguez nos dice: “…un tiempo 1 donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo del discurso en el que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada…”
“El 31 de agosto a las 4:00 de la madrugada, Amélie tiene una idea espectacular. Donde quiera que esté, Amélie encontrará al dueño y le devolverá su tesoro. Si lo conmueve, se convertirá en una vengadora del bien. Si no, pues no”, voz en off. Acción que constituye entonces, el tiempo 1.
El hecho de que Amélie decidiera ir en busca del dueño del tesoro (ese cambio rotundo que la misma voz en off nos anticipa que será un giro inesperado para la protagonista) conlleva un más allá del enunciado de la acción. ¿Qué es lo que busca la joven más allá del dueño de la caja? La respuesta a esta pregunta podremos encontrarla en la medida en que la interpelación se haga presente, ya que para Amélie (o mejor dicho, para su Yo) esta acción no tiene otro fin que el enunciado. Ella cree que el objetivo de buscar al dueño del tesoro se agota en encontrarlo, pero las consecuencias que dicha acción del tiempo 1 dejará entrever, muestran que a partir de su puesta en marcha, Amélie comenzará a dar con situaciones de la vida real a las cuales responderá con su lógica fantasmática. Esta acción primera será la motora de las venideras circunstancias con las que Amélie se topará, sin pensar en el fondo, que fue este accionar inicial el que originó un despliegue de situaciones que irán mucho más allá de encontrar al dueño del tesoro. Será el comienzo de una cadena de situaciones en las que ella intentará responsabilizarse, pero siempre desde un punto de vista moral, siempre desde lo particular de su fantasía y promoviendo el hecho de que la casualidad de la vida se encargará de hacer el trabajo del cual ella no se hace responsable, sin saberlo. Cada uno de los escenarios a los que esta primera acción la llevó, serán solucionados, no desde una respuesta, como así lo requiere la responsabilidad subjetiva, sino desde su moral, su hacer el bien a la humanidad… Ahora bien, ¿Qué es lo que busca Amélie más allá del goce sustitutivo de ver el resultado de sus acciones morales? ¿Será que la culpa la frena a posicionarse sobre su deseo? Un día su padre le dijo: “cuando eras niña tu madre y yo nos moríamos por viajar, pero no podíamos por tu corazón…”
Esta acción disparadora de las posteriores hará, por un lado, que Amélie se ancle cada vez más a su nivel imaginario y se posicione con más fuerza sobre su fantasma, pero por otro lado, esto le costará mucho más caro al ver que no todo es factible de ser satisfecho a través de la fantasía y la imaginación. Amélie se quedará en su timidez y su vergüenza (culpa) hasta el momento de la interpelación.

Interpelación (Tiempo 2)

La interpelación es entendida como aquel momento de un instante cuasi imperceptible que produce una interrogación subjetiva en el sujeto, momento en el que el sujeto queda dividido por esa pregunta, que no es dicha pero que es vivida por el mismo. Esta interpelación es la encargada, a su vez, de resignificar el tiempo 1, de darle la visibilidad de verdad a la acción llevada a cabo en el primer tiempo del circuito. En palabras de María Elena Domínguez: “Tiempo donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja, posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo…la caída de los ideales que ahí la sostenían”. Momento en el que Amélie se corre de ese significante “cristal”, de ese sentido del Otro (papá) que la definió como alguien frágil y vulnerable de ser expuesta a la vida real, al mundo en el que están inmersos. En este momento, Amélie se corre de esa vergüenza y timidez que hacían a su ser. Pasa de ser una persona tímida e introvertida que camina, a elegir el momento de serlo o no serlo, a elegir enfrentar su existencia desde lo que se le dio, pero a enfrentarlo al fin. Se puede observar cómo en este momento la angustia y la culpa están presentes en su rostro y es en un momento casi imperceptible que esa culpa y esa angustia son diluidas por su actuar.
Escena de la interpelación: “Amélie llora en su casa pensando que Nino se fue con su compañera de trabajo. Mientras cocina, fantasea con que Nino va a ir a buscarla a su departamento, pero el ruido de su gato golpeando las cortinas la sacan de ese imaginario y comienza a notar que la fantasía ya no puede darle lo que solía darle. De pronto suena el timbre. Es Nino, pero ella no le abre. Una puerta de madera los separa. Ella se apoya en la puerta para sentir la cercanía de él, mientras él le pasa un mensaje escrito por debajo de la puerta: “volveré”. Amélie lo ve cruzar la calle a través de la ventana. Nuevamente ve que la “vida” no los une. Hace un gesto de desazón y de pronto suena el teléfono. Su vecino Raymond le dice que entre al dormitorio. Al entrar, ella observa que el televisor está rodeado de velas encendidas y seguido a esto prende el video. Aparece un mensaje de su vecino Raymond que le dice: “Bien, pequeña Amélie. Tus huesos no son de cristal (momento en el cual ella abre sus ojos cual gesto de perplejidad). Tú puedes con los golpes de la vida. Si dejas que pase esta oportunidad…entonces tu corazón se hará tan seco y frágil como mi esqueleto ¡Así que….ve por él, por dios!”.
Este es el momento propiamente dicho de la interpelación en Amélie. Ella queda atravesada por ese video, por ese mensaje y por esos significantes que fueron devueltos por su vecino de la misma manera en que un analista le devuelve a su paciente sus palabras. Es en estos significantes que ella ve que le pertenecen de algún modo, que hay algo de este mensaje que ella toma como suyo y se produce la interrogación subjetiva hacia su ser. En palabras de Lacan: “¿Has actuado en conformidad con el deseo?”
Este tiempo 2 del circuito es el encargado de resignificar el tiempo 1, de darle valor de verdad para Amélie, de hacerle ver que no era encontrar al dueño del tesoro lo que ella buscaba con esa acción. “El movimiento que supone que el tiempo 2 se sobreimprime al tiempo 1 resignificándolo.” Hay un más allá, a donde ella desea llegar, escondida tras la idea de que buscar al dueño de la caja es su deseo, sin saber que tan sólo es un anhelo que tapona al deseo. Ella logra interrogarse sobre su propia caja, sobre salir en busca de su tesoro, logra “ver” que lo que ella desea realmente es ir en busca de la vida, enfrentarse a la existencia, ya no cuidando a los demás con el bien moral, sino siendo la propia arquitecta de su existencia. Reconoce su castración y se corre de los sentidos del Otro, dándose cuenta que la interrogación sobre su existencia no la responderá nadie (sentido del Otro).

Efecto sujeto / Respuesta diferenciada / Responsabilidad subjetiva (Tiempo 3)

“El de nuestro tiempo 3 es el sujeto de la renuncia. El que puede sustraerse al dormir en los signos de un guión ajeno. El que enfrenta su existencia”
Michel Fariña

“La responsabilidad…aquella en la que se ponga en juego la cualidad del eje U-S y su lógica del no-todo. Es decir, una respuesta que avance más allá del goce regulado por el fantasma.” Esta es una de las definiciones de la responsabilidad propuesta por María Elena Domínguez. Podemos ver muy representativo de esto, el hecho de que Amélie estuviera anclada en el fantasma con tal fuerza que todo lo solucionaba desde ese nivel, desde la imaginación, la fantasía y la ubicación como objeto a. Pero Amélie comienza a notar que la imaginación ya no responde a las vicisitudes de la realidad. Esto es parte de lo que se tiene que hacer cargo Amelie, el hecho de que debe enfrentar la existencia desde una posición de sujeto, ya que vivir en la imaginación y en la esperanza de las casualidades de la vida no hará que ella encuentre su tesoro.
Ubicamos en este tiempo del circuito, el efecto sujeto, aquel que corresponde a la presencia del ACTO propiamente dicho y no ya a la acción. “El efecto sujeto claro está, es también una respuesta a la interpelación, pero ya estamos hablando allí de una dimensión ética”. Estamos hablando ya, del acto ético. Se trata de que el sujeto se haga responsable subjetivamente, de que tome una posición de sujeto castrado. Cuando el sujeto toma una posición de este tipo, toma la posición del sujeto de deseo, lo que lo hace un acto ético. Ético en cuanto a su responsabilidad subjetiva, acto ético hacia su deseo inconciente. “Para decirlo de otro modo, la responsabilidad subjetiva es esa relación ética del sujeto al deseo”. La respuesta diferenciada es aquella que no pertenece al nivel de la obturación fantasmática, tal como la proyección, la negación, la intelectualización y otras más. Pudimos ver cómo Amélie utilizó este tipo de accionar durante todo el transcurso de su vida, evitando enfrentar a Nino, evitando hacerse cargo de ser quien le devuelve la caja al dueño, armando un encuentro “casual” entre el tesoro y su dueño; soñando con cada una de las cosas que toma de la realidad, llevándolas a la realidad psíquica y “solucionándolas” en el plano imaginario, buscando el goce en ese mismo plano.
Por otro lado, es aquí donde el sentimiento de culpa se diluye, ya habiéndose presentado en el tiempo 2, llegados al tiempo 3, donde ella toma acto sobre su vida, el sentimiento de culpa que tanto la empujó hacia acciones bondadosas y a preocupaciones por los demás, así como la culpa que el padre le transmitió en distintas situaciones de la vida, logra por fin de cuentas, diluir esa culpa y tomar cartas en el asunto.
Por ultimo, aclarar el verdadero posicionamiento de Amélie en este tercer tiempo del circuito. Aquí, más que la responsabilidad en cuanto a su deseo de amor por Nino, el cual aparece como el “representante” de este posicionamiento, es la responsabilidad que ella toma sobre su eje U-S, enfrentando la existencia del vivir y saliéndose de ese sentido que la obturó durante tanto tiempo. El deseo de amor es tomado desde una posición de sujeto por Amélie, gracias a que ella se posiciona éticamente hacia su subjetividad. Para que ella pueda tomar su deseo de amor por Nino como sujeto barrado, es condición de posibilidad el que ella esté posicionada ante la existencia primero, como un sujeto de responsabilidad subjetiva.
Escena del ACTO: como pudimos ver en el tiempo 2, Amélie queda interpelada por el mensaje que su vecino le deja grabado en el video. Luego de esas palabras, ella sale corriendo hacia la ventana donde había visto cruzar a Nino, observa que no hay nadie ahí, por lo que gira y sale corriendo hacia la puerta para ir en busca de él. Pero cuando abre la puerta de su departamento, él esta parado del otro lado…ella lo mira fijo a los ojos (anteriormente siempre bajaba la mirada) con su mano evita que él diga algo, lo toma de su abrigo y lo ingresa en su departamento…más cerca que nunca y mas “enfrentados” que nunca, Amélie lo besa de la manera más peculiar (haciendo de Nino, su objeto de amor), luego ella le “ordena” a él dónde y cómo besarla…

Hipótesis clínica (lectura del caso)

La hipótesis clínica es la encargada de dar una lectura o explicación al movimiento que sucede entre el tiempo 2 y el tiempo 1. A través de la hipótesis, intentaremos proponer la lectura del caso que hemos plasmado en el circuito de la responsabilidad. “Una hipótesis clínica que sitúe la naturaleza de esa ligadura” .
Amélie fue criada lejos de todo contacto con otros niños, porque el padre creía que ella tenía problemas cardiacos, cuando en realidad, ella se emocionaba muy fuerte por las pocas veces que el padre tenía contacto con ella. Dice la voz en off: “a falta de compañeros de juego y rodeada de una neurótica y un iceberg, Amélie se refugia en su imaginación”. La necesidad que la esperó incluso antes de su nacimiento, otorgó suficiente material para que ella tomara la posición de una persona frágil, retraída, tímida y solitaria. Luego de algunos encuentros azarosos, toma la decisión de ir en busca del dueño del tesoro que encontró, creyendo que este hecho no tendría más consecuencias que justamente hacer feliz al dueño de la caja... (T1). Sin embargo, en esta búsqueda, experimenta situaciones de la vida real, entre las que conoce a un chico del cual se enamora. Su miedo lo evade con "artimañas" que sólo le permiten alargar el momento de enfrentarse con la realidad y actuar en conformidad (la procrastinación del neurótico). Pero este más allá del tiempo 1, se le presenta a ella en la interpelación, en la cual el vecino le devuelve su propio “discurso”, como lo haría un analista. (T2) Amélie lo visitaba con frecuencia y de no menor importancia es que la joven hablaba con él, más que con nadie. La supuesta vida de una chica del cuadro de Renoir (que en realidad representaba a Amélie), era utilizado por ambos para “permitir” el diálogo sobre la vida de la protagonista. La interpelación, resignificando la acción del tiempo 1, le presenta su propia castración, abre la posibilidad de ver que ella busca algo más allá de hacer el bien a los demás, que ella en su búsqueda del dueño del tesoro, busca su propio “tesoro”. El hecho de que salga decidida en busca de Nino, no es el hecho en si de la toma de posición ética de Amélie, sino que ella toma las riendas de su existencia y es esa la condición de posibilidad para ir en busca de Nino desde otra posición subjetiva. Ahora, ¿Por qué sucede esto en Amélie y no en otra persona? Pues hay movimientos de significantes entre un tiempo y otro, tales como la fragilidad, el cristal, la vulnerabilidad, el temor, la timidez, y la supuesta suerte que hará que ella encuentre lo que busca…posiblemente este tipo de intervención por parte del vecino no provocaría el mismo efecto en otros sujetos, pero por la historia, por la acción del tiempo uno, por la subjetividad de ella, es que se considera pertinente pensar esta ligadura entre la acción y la interpelación.

Ampliación de la hipótesis clínica

Durante casi la totalidad de la vida de la protagonista, ella “encontró” como solución a las circunstancias de su universo, la satisfacción sustitutiva en el nivel imaginario, debido a la imposibilidad de llevarla a cabo en la realidad propiamente dicha. La acción del tiempo 1, es representativa de lo que Amélie voluntariamente decidió llevar a cabo para evitar hacerse cargo de su existencia, de su propia vida plasmada en el mundo real material. Ella encontró un objetivo que sirvió para la procrastinación y para evitar interrogarse sobre su verdad subjetiva, sobre sus propios deseos y su felicidad. Halló en el nivel imaginario, la forma ideal de responder y taponar dicha interrogación, llevando a cabo acciones que posicionaban a la protagonista en el lugar de objeto de la demanda ajena, dedicándose a la felicidad de los demás. Dicha acción podríamos conjeturar que lograba en Amélie, un cierto sentimiento de satisfacción, pero siempre sustitutiva, siempre temporal y obturadora de lo angustiante de la pregunta existencial. Para Amélie, hacer el bien a los demás, ser la “vengadora del bien” (responsabilidad moral), la hace feliz…por un tiempo. Como de pequeña ella logró utilizar la fantasía, conocida forma sustitutiva de goce neurótico, como forma de satisfacción, de adulta se ubica en este nivel imaginario para llevar a cabo una respuesta que estaría en concordancia con su historia personal, con la educación que recibió, con la supuesta fragilidad a la exposición que el padre le impuso como su verdad, su ser. Ella en el nivel imaginario sigue siendo lo que el Otro, su padre, le dijo que era: alguien que puede ser herido en caso de salir al mundo. ¿Por qué podríamos conjeturar que ella no PUEDE llevar a cabo la búsqueda de su felicidad, de su enamorado? Podríamos pensar dos razones. Por un lado, el mandato paterno que le dio sentido a ella, reduciéndola al nivel fantasmático. Por otro lado, podemos considerar la culpa, siendo esta la que impide a Amélie llevar a cabo su deseo, culpable de no seguir ese mandato, no ser lo que el Otro dijo que es. Ella se siente culpable de desear un más allá de lo que su Otro le indicó. Esto basándonos en que ante las situaciones en las cuales su deseo se presentaba, la timidez y la vergüenza, se hacían más fuertes que su deseo. Ante la presencia de esta culpa, ¿Qué hace ella? Busca el bien, el bien moral, el bien para los que son moralmente maltratados, infelices, para aquellos que son injustamente desdichados. Una visible respuesta particular, llevada a cabo en el nivel moral imaginario del yo. Ubicada, entonces, en el plano del sujeto jurídicamente responsable.
Es el momento del flash (interpelación), en palabras de Fariña, el instante en el que ella cambia por completo su posición con respecto a su verdad, y vemos el “efecto sujeto” en toda su dimensión. Es aquí donde podríamos ubicar el ACTO propiamente dicho, ya que la respuesta de Amélie no es imaginaria, ya no es posicionada en el objeto de la demanda ajena, si no que ella misma se posiciona como sujeto de su deseo, de su deseo de amor, diluyendo así la culpa. Pero de lo que verdaderamente se hace responsable Amélie, es de su posición con respecto a su deseo, más allá de que el amor sea el ejemplo utilizado en la película, ella logra hacerse cargo de su vida, corriéndose del sentido (destino) del Otro; logra por fin ese saber- hacer que nombra Lacan, como sujeto de su verdad.

Observaciones

Mi vecino el analista
Me tomo el atrevimiento de comentar una analogía que considero pertinente, entre el vecino de Amélie y la posición y tarea de un Analista.
En primer lugar, se puede ver que ella encontró el departamento de Raymond, como el lugar ideal para poder hablar, a través de la identificación con una figura de la pintura de Renoir. ¿Qué hace ante esto Raymond? Como un analista, se deja llevar por la subjetividad de la paciente (Amélie) y no intenta romper con este “juego”, por lo que al preguntar por la vida de ella, lo hace también a través de la figura de la pintura. Ella logra en ese lugar y con esa persona, lo que no había logrado nunca, abrirse en sentimientos y emociones. ¿Qué posición toma Raymond? La de escuchar y preguntar. Interviene con preguntas que provocan una reacción en Amélie, a las cuales ella responde con mayor apertura de su ser, hasta llegar al punto de que casi sin pensarlo, ella comenta algo en tanto crítica hacia su padre, algo inimaginable: “es mejor ayudar al prójimo que a un gnomo de jardín”, objeto con el cual su padre estaba obsesionado. Dos intervenciones de Raymond, podrían ser consideradas similares a las que hace un analista, provocando el ingreso al camino de la angustia, necesario para una terapia. “La suerte es como el Tour de France…si esperas, pasa volando…tienes que agarrarlo mientras puedas”. En referencia a la “niña del cuadro”, Raymond dice: “creo que llegó el momento de que tome algún riesgo…de hecho…es una cobarde”. Podemos considerar que este personaje ubicó el lugar de un “analista” para Amélie, ya que la preparó para la angustia, ya que se trabajó en un ambiente transferencial, visible consentimiento de Amélie de ir a visitarlo y siendo el espacio donde ella logró hacerse entender y donde alguien pudo ubicarse en su subjetividad como lo hizo su vecino. Por último, la intervención de Raymond que dio lugar a la interpelación, es llamativamente similar a los tipos de intervención que son esperables en un analista. Le devolvió a ella su decir. No desde lo que se dijo, si no desde el cómo se lo dijo. Como un analista le devuelve a su paciente su decir, Raymond le devolvió a Amélie un “video”.

Bibliografía

- D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

- Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

- Fariña, J. (1992). Ética profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el status de la responsabilidad sobre los actos.

- Fariña, Michel. “The Truman Show”. Versión resumida de la clase dictada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ, el lunes 8 de noviembre de 1999.

- Fariña, “Responsabilidad: entre necesidad y azar”. Ficha de cátedra

- Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires

- Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

- Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

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