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Films > Título:  Amor sin escalas
Los procesos de subjetivación contemporáneos y sus efectos en la tarea del psicólogo laboral
por Ormart, Elizabeth
Título original: Up in the air

Jason Reitman / USA / 2009

Resumen El presente escrito se propone partir de una ficción cinematográfica (UP in the air, 2009) para abordar el tratamiento de las actuales modalidades vinculares y el impacto que ésta tienen en la tarea del psicólogo. En particular, se analiza la operatoria de una joven psicóloga que se incorporará a una empresa de despidos para poner sus conocimientos profesionales al servicio de volver más efectiva la tarea de la empresa. En dicha tarea, tropezará con obstáculos éticos, a partir de los cuales se verá interpelado su quehacer profesional. Este trabajo se inscribe en el programa Ética y cine [1], a partir del cual buscamos articular las problemáticas de la subjetividad contemporánea y el arte.

“Las relaciones de producción han cambiado entre el siglo XIX y el siglo XX, y como el hombre ha aparecido no siendo simplemente productor sino ahora consumidor, me parece que en esta aparición del consumismo por un lado como hecho económico esencial y luego en el juego que se ha producido en las relaciones de producción, se ha liberado un espacio dentro del cual un cierto número de prácticas han devenido posibles. La psicología de las aptitudes y la psicología de las necesidades me parecen la una y la otra habitar muy bien al interior de estas nuevas prácticas económicas y yo creo que toda la psicología [...], es forzosamente una psicología de tipo económico.” (Foucault, M. 1965)

El cine resulta en nuestra época un catalizador de las representaciones sociales que circulan y determinan en gran medida nuestros modos de relación con los otros. En la película, “Up in the air” (Jason Reitman, 2009) encontramos cristalizadas las modalidades vinculares epidérmicas y esporádicas que han caracterizado desde diferentes perspectivas: Giles Lipovestky (1996), Marc Augé (2001), Bauman (2000, 2007), Lewcowickz (2004), el momento actual.

El título en castellano “Amor sin escalas” parece orientarnos hacia una película romántica. Nada más alejado de la realidad de este film, sobre el que se puede decir lo que el poeta inglés Coleridge observó sobre la obra de Shakespeare: “Su humor tiende al desarrollo de lo trágico”. Nos habla sobre la vida misma, sobre las relaciones humanas y plasma la irrupción del capitalismo salvaje en la vida cotidiana.

Después de leer la novela de Walter Kirn, en que se inspiró el film; Turner, uno de los creadores del libreto, comenta: “no pude dejar de pensar en Ryan Bingham. Quedé cautivado con su trabajo, su mundo único y el efecto colateral causado por la profesión de despedir a los empleados de diferentes compañías. ¿Cómo podemos cosechar la semilla de la miseria y preservar nuestra alma? Ryan Bingham le habla a la falta de comunicación y aislamiento de nuestros tiempos. Todas las cosas que debían unirnos sólo nos han apartado.”

Clooney encarna a Ryan Bingham, un encantador experto en reducciones empresariales, que recorre el país con un trabajo tan atroz como repugnante: despedir "cara a cara" personas que trabajan en empresas. Lo hace con encanto y tacto, con una técnica psicológica perfecta y con un enorme dominio de sí mismo y de las variables que se juegan en cada caso. Vive en “no lugares”: los hoteles, los aeropuertos y su propio departamento son ejemplo de ello. Un "no-lugar" es un término arquitectónico. Marc Augé (2001), etnólogo francés pionero del concepto del "No lugar”, sostiene: "Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un [no lugar]." El lugar remite a un espacio con memoria, con identidad, un tiempo historizado, subjetivado, que arrastra un pasado y se proyecta al futuro. El no lugar es la ausencia de esto. Pero la ausencia no es sólo privación, también produce. Produce modalidades relacionales superfluas, historias desubjetivadas, espacios descarnados. Un no lugar es un lugar de paso. El habitar se opone a lo transitorio. El no lugar produce una subjetividad que va de ningún pasado a ningún presente, que tiene limites borrosos, que transita sin saber hacia dónde. Los vínculos con los otros también son provisorios, superficiales, transitorios. Los patrones de conducta están homogeneizados y se reducen a un pequeño número de preceptos que se reproducen entre los que transitan los no lugares. “Los no-lugares no requieren dominio del sofisticado y complejo arte de la civilidad, ya que reducen la conducta en público a unos pocos preceptos simples y de fácil aprendizaje” [...] Sea lo que fuere que hay que hacer en los no-lugares, y lo que se haga, todo el mundo debe sentirse como en su casa, aunque nadie debe comportarse como si estuviera en su casa” (Bauman, 2000: 111) Ryan vive en un espacio vaciado de sentido, en un tránsito hacia ningún lugar. Este ascetismo espacial se traslada a las relaciones personales. Vive sin relaciones laborales, personales, familiares. No hay una sola emoción que lo afecte. Todo está inundado en su vida por la no vida. No ha “echado raíces” ni en un lugar, ni en una mujer, ni en un amigo, ni en una familia.

Sin embargo, su agujero existencial es sostenido desde una filosofía de vida de la que da cátedra. Sus conferencias, con las que se ha hecho famoso en Internet, versan sobre “la mochila vacía”. La libertad exige no cargar con nada. De su mochila ha ido sacando la ropa innecesaria y con el mismo fervor la gente innecesaria. Sin embargo, ser completamente libre como Ryan y enseñar que hay que dejar de lado todo lazo con las cosas o las personas conspira contra la naturaleza humana.

Imaginemos que el pequeño Ryan recibió como regalo de cumpleaños un reloj.

“Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.” Cortázar.

Sin embargo, sigue diciendo Cortázar: “Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. [...] Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante.” Resulta que el reloj es la vida misma. Vivir supone perder. La libertad se va cercenando por los rumbos que toman las decisiones que hacemos en nuestra vida. Reitman nos muestra el sentido trágico de nuestra existencia. No hay libertad absoluta. Sostenerlo al punto de Ryan nos deshumaniza. Nos convierte en “no personas”. Un rasgo que caracteriza los “no lugares” es no tener memoria. Ryan en esta misma vía, parece no venir desde ningún lugar, desde ninguna historia y sin pasado desde el que provenga, no hay futuro al que proyectarse. Sólo nos queda la rutina de una vida que tiene como único sentido “juntar millas aéreas”. Esta tragedia en la que viven millones de consumidores [2] se escenifica de forma humorística con la actuación de Clooney.

Otra cuestión sobre la que nos detendremos, es sobre la empleada ideal encarnada en Anna Kendrick. La empresa de “despedidores” para la que trabaja el protagonista está a punto de adoptar un sistema de despidos vía computadora diseñado por una joven y ambiciosa psicóloga. Ryan no quiere dejar de viajar, se opone a echar raíces, quiere probar la efectividad de su método, y para que la bienintencionada principiante aprenda las estrategias del exitoso negocio deberá acompañar a Ryan en su periplo.

Se trata de pensar en la participación de los psicólogos en actividades que en lugar de promover la salud de las personas van en contra de ellas. Métodos que necesitan del asesoramiento psicológico [3] para lidiar con las peculiaridades humanas y requieren asimismo del avance tecnológico para acelerar y volver más eficaces las tareas.

Nos preguntamos en este punto ¿En qué actividades puede participar un psicólogo en calidad de tal? ¿Qué posición debe asumir un psicólogo frente a las demandas institucionales? Cuando lo que le pedimos al psicólogo es que saque provecho de su conocimiento sobre las personas para las necesidades institucionales. ¿Se puede sacrificar a una persona en virtud de la necesidad organizacional? Cuando se encuentra enfrentado el valor de la eficacia con la dignidad humana ¿es deseable que un psicólogo apueste por la primera? Estos interrogantes adquieren en el film su punto culminante cuando la Lic. Keener, en un intento por mostrar confianza en si misma e iniciativa personal, decide despedir a una mujer. La desafortunada seleccionada la mira con resignación y le pide que le explique los términos del despido, luego de ironizar la despreciable perspectiva que le ofrece la empresa que la despide, con absoluta seriedad le dice que la única posibilidad que ve en su futuro es la de suicidarse en un puente cercano a su casa. ¿Se puede mercantilizar la profesión al punto de hacer caso omiso al pedido de auxilio de un sujeto? La escena siguiente, muestra a la joven psicóloga, llorando sin saber qué hacer. Ryan pretende calmarla, diciéndole que es muy común que la gente diga esas cosas. Sin embargo, la Lic. Keener escuchó en esa mujer algo que la impactaba. No parecía una amenaza sin fundamento sino más bien, un propósito claramente definido para ser llevado a cabo. ¿Hasta qué punto las metas institucionales pueden hacerle perder el rumbo de sus responsabilidades profesionales?

Como ya lo hemos señalado en distintos textos, (Gutiérrez, 2009; Ormart, 2009) la responsabilidad no se diluye al entrar en la lógica institucional. Que muchos digan que se van a suicidar, no le quita a Keener la responsabilidad de estar frente a esta mujer escuchando su pedido. La joven intuyó, tal vez por su formación de psicóloga, que esa mujer estaba en peligro. Lo manifestó con la imposibilidad de contener las lágrimas, pero no actuó en consecuencia. Tapó, con la justificación general la singularidad en peligro. No quiso oír este pedido de ayuda y siguió adelante con el itinerario de despidos. Finalmente, la mujer se suicidó. Este suicidio precipitó la decisión de desestimar el plan de Keener. Sin embargo, a diferencia de lo que sostendría una ética consecuencialista, los efectos no definen la eticidad de los actos. Que el programa de despido no se haya concretado no nos aporta claridad sobre la intención que movía a esa emprendedora psicóloga.

Podemos sostener una hipótesis explicativa por la vía de lo que Bauman (2006) define como moralización de la técnica. La preocupación de la Lic. Keener ha quedado descentrada, en lugar de ocuparse de los sujetos con los que se encuentra, su preocupación pasa a ser la tarea en si misma de despido, su perfeccionamiento, lograr hacerla más eficientemente, más rápido, con costos económicos menores, etc. Los valores impuestos por la técnica, en una sociedad tecnificada como la actual, pasan a definir lo bueno como lo eficiente, lo racionalmente económico, colocando como modelo de toda relación, el vínculo costo beneficio. Cuando el particularismo mercantil tapa el valor del sujeto con el del objeto no hay vuelta atrás. Es un condicionante común en los psicólogos nóveles, creer que deben responder a la demanda institucional a toda costa. Pero hay precios que no se pueden pagar, no se puede ser ejercer la psicología en desmedro de lo específico de la tarea del psicólogo, la subjetividad. No podemos olvidar que la respuesta (responsabilidad) se anuda al sujeto que ejerce su acto. Responder a la demanda institucional, a la demanda social, a la exigencia actual de la eficacia a todo precio, lejos de eludir la responsabilidad, la precipita.

Bibliografía

Augé, M. (2001) Los no lugares. Barcelona, Gedisa.

Bauman, Z. (2000) Modernidad líquida. Buenos Aires, FCE. (2006) Modernidad y Holocausto. Madrid, Sequitur. (2007) Tiempos líquidos. Buenos Aires, Tusquets.

Cortázar, J. (2001) Instrucciones para dar cuerda al reloj. En Obras completas. Buenos Aires, Alfaguara.

Badiou (1994) Filosofía y Psicología, entrevista a Michael Foucault Retranscripción realizada por J.d’Yvoire, de la emisión difundida por vez primera el 27 de febrero de 1965. El texto apareció en 1994 editado por Gallimard en el compendio de textos de Michel Foucault «Dits et écrits».

Gutiérrez, C.: (2009) “Eichmann y la responsabilidad”. En Michel Fariña, J. J.; Salomone, G. Z.: Dossier de Ética y Cine: Ética y ciencia. De la eugenesia al tratamiento contemporáneo de las diferencias humanas. Proyecto IBIS / Aesthethika©. Grupo Blanco ediciones, Buenos Aires.

Michel Fariña, J. (2007) La ética en el ámbito laboral: un comentario del film Whisky, Romeo Zulú, de E. Piñeiro. En http://www.eticaycine.org/Whisky-Ro....

Laso, E. (2009) Las coordenadas de la obediencia. En Ética y Ciencia. Cátedra de Psicología, ética y Derechos Humanos. UBA.

Lewcowickz (2004) Pensar in Estado. La subjetividad en la era de la fluidez. Buenos Aires, Paidós.

Lipovetsky, G. (1996) La era del vacío. Barcelona, Anagrama.

Ormart, E (2009) Comentario del Film: La Ola. En http://www.elsigma.com/site/detalle...


Notas

[1] El programa Ética y cine se realiza conjuntamente entre los Proyectos UBACyT (Bio)Ética y Derechos Humanos: su articulación en la declaración universal (UNESCO 2005) a la luz de los nuevos dilemas de la práctica, dirigido por Juan Jorge Michel Fariña y Estrategias didácticas que favorecen el desarrollo de la sensibilidad moral en educación, dirigido por Elizabeth B. Ormart. Más información en www.eticaycine.org; http://www.redibis.com.ar/ethika/; http://www.psi.uba.ar/academica/car...

[2] La transformación de la figura de ciudadano en consumidor ha sido trabajada por Lewkowicz (204: 33) en su artículo: Del ciudadano al consumido, en el que el autor señala la figura del consumidor como soporte del actual Estado técnico administrativo.

[3] Recientemente, ha tomado estado público la necesidad de modificar el Código de Psicólogos Americanos a fin de clarificar la exigencia de que los psicólogos se sustraigan a la tarea de asesorar en torturas. “En su reunión de febrero 2010, la American Psychological Association introdujo una enmienda en dos artículos de su Código de Ética para dejar claro que en ningún caso sus normativas pueden ser interpretadas para justificar o defender violaciones a los Derechos Humanos. Recordemos que la última actualización del Código de Ética de la APA fue realizada en 2002 y en sus artículos 1.2. y 1.3 hacía referencia al potencial conflicto entre las normativas éticas que emanaban del código y las exigencias de legislaciones estatales o de instituciones bajo las cuales los psicólogos prestan sus servicios. La redacción de los artículos era ambigua y podía ser interpretada en el sentido de que los profesionales debían inclinarse por seguir las normativas de tales instituciones. Esto fue utilizado como una excusa para justificar la participación de psicólogos en la así llamada "enhanced interrogation" de sospechosos luego de los eventos de Septiembre 11.” Ver www.ibisnewsletter.org





 
 
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