por 

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Psicología, ética y derechos humanos

Cátedra I, Juan Jorge Michel Fariña
Profesora de TP: Ana Corinaldesi
Comisión 4

Annick Achalé DNI: 92.900.121
Silvia Zapiola DNI: 12.892.849

Curso de verano de 2011
“ANALIZAME”, (Harold Ramis / Estados Unidos / 1999)

Paul Vitti, un capo de la mafia de Nueva York, comienza a tener ataques de pánico a partir del momento en que asesinan a su mejor amigo cuando ambos están saliendo de un restaurant.

Frente a estos síntomas a los cuales considera como problemas cardíacos, consulta a un médico que luego de un electrocardiograma le informa que son episodios de pánico. Él no lo acepta, sin embargo, decide consultar con un psiquiatra. A raíz de un choque automovilístico, uno de sus guardaespaldas tiene la tarjeta del doctor Ben Sobol y Paul decide ir a su consultorio.

Vitti refiere que está consultando por un amigo al que le “están pasando cosas” que describe como: infartos, falta de aire, llanto sin razón, insomnio, no puede estar con sus amigos de toda la vida, “siente que se va a morir o algo”. Cuando Sobol le informa que esos son ataques de pánico, Vitti dice que en ningún momento habló de eso, y que su amigo sólo quiere saber cómo puede parar esos episodios. Cuando el psiquiatra asiente que no son ataques de pánico, Vitti acepta que es él quien está sufriendo esos síntomas. Sobol le informa que puede tomar medicamentos pero Paul responde: “No puedo. Yo no tomo drogas”.

Se inicia así una “terapia” que conduce al protagonista a enfrentarse con el momento en que su padre fue asesinado, situación que esquiva en varias oportunidades, de distintas maneras:

-  “Murió de repente, de un infarto. Yo tenía 12 años y en esa época nos llevábamos muy mal porque a mi padre no le gustaba que yo anduviera con una pandilla del barrio. Me pegó un par de veces y luego se murió”. (negación)
-  “¿Por qué habría de sentirme culpable?, yo no lo maté”. (negación)
-  “¿Podemos dejar de hablar de mi padre? Dime tú sobre tu padre, ¿a qué se dedica? ¿Es psiquiatra? Por eso estás jodido. Tu padre es el problema.” (proyección)
-  “Asesinato, infarto, ¿qué más da? Murió” (negación)
En un determinado momento del film, a raíz de que Paul piensa que está siendo traicionado por su psicoanalista, decide llevarlo a un desarmadero de autos para matarlo. Uno de los guardaespaldas, a modo de despedida, le dice a Ben que lo siente y que no es nada personal. Ben le responde que no se engañe, que no hay nada más personal que eso.
Mientras Paul está apuntando al psiquiatra con una pistola, se desarrolla un diálogo en el cual el psiquiatra le hace revivir la escena del crimen. Al principio, Vitti evita recordar pero finalmente lo hace: mientras estaban sirviendo la comida ve que se acerca a la mesa un ayudante de camarero del cual él sospechó porque los pantalones se veían demasiado finos. Sin embargo, no pudo decir nada porque su padre estaba furioso con él y confiesa que él también lo estaba. Expresa que podía haberlo salvado pero no hizo nada. En ese momento comienza a llorar y dice: “Yo lo maté. Yo lo dejé morir, debería haber dicho algo. Yo lo dejé morir y ni siquiera pude decirle adiós”.

Finalmente, Paul decide alejarse de la mafia y no presenta resistencia alguna frente a la policía, cuando lo vienen a detener. En la última escena del film, Paul le manifiesta al psiquiatra sus deseos de continuar con el tratamiento y le pregunta si es posible hacerlo dentro de la cárcel a lo que el Dr. Sobol responde que sí.

Pasaremos ahora a la ubicación de los tiempos del circuito de la responsabilidad subjetiva, tal como los plantea María Elena Domínguez en “Los carriles de la responsabilidad: los circuitos de un análisis”.

Tiempo 1:

En este tiempo el sujeto lleva a cabo una acción que se agota en los fines para los cuales fue iniciada.

En el caso de Paul, se trata de ir al psiquiatra para solucionar los síntomas que lo aquejan. Sin embargo, frente al consejo de que tome medicamentos, algo que le solucionaría de manera rápida y efectiva el problema, el protagonista se niega. Aquí hay algo que “hace ruido”, un elemento disonante. Así como Ibbieta, en El Muro, frente a la pregunta de los falangistas podría haber callado, o decir que Gris está en cualquier sitio, elige decir que está en el cementerio donde finalmente lo encuentran, de igual modo, Paul Vitti decide iniciar hacer una terapia en lugar de aceptar ser medicado.

Tiempo 2:

En este tiempo el sujeto “hace” una acción que resignifica la o las acciones llevadas adelante en el tiempo 1. Sobol confronta a Paul Vitti con la escena en que el padre de éste es asesinado; a través de las preguntas lo obliga a dar detalles de cómo se sucedieron los hechos. Es una interpelación que comienza en el psiquiatra, pero que esta vez, el protagonista, decide escuchar y responder.

El minucioso relato de los acontecimientos sumado a este contexto situacional, en que el psiquiatra ocupa el lugar simbólico del padre al Vitti está dispuesto a matar ubican al sujeto frente a una interpelación ante la cual no puede dejar de responder.

Hipótesis clínica:

La hipótesis clínica se apoya en el material clínico y lo que el psicólogo puede construir a partir de una escucha particular, es el punto de encuentro entre la capacidad de escucha y el material clínico.

En el primer andarivel, podríamos conjeturar que la escena del desarmadero da cuenta de que la verdadera finalidad con la que fue emprendida la terapia: no se trataba de eliminar los síntomas sino poder quitarse la culpa que sentía frente al crimen de su padre, Paul buscaba la manera de poder elaborar su muerte.

En un segundo andarivel, donde se juega el sujeto del inconsciente, podríamos conjeturar el deseo de Vitti de asesinar a su padre, “un deseo incestuoso de amor hacia la madre y un deseo de muerte del rival representado en el padre”

Entre los elementos descriptivos del tiempo 1 y los elementos que configuran el tiempo 2, los cuales van a resignificar la acción emprendida en el tiempo 1, se desarrollan una serie de acontecimientos que van a completar el circuito de la responsabilidad, circuito que podrá devenir o no en un tiempo 3, en el que hablamos de una dimensión ética y eso implica la noción de acto en la que el sujeto produce el acto ético.
Podríamos pensar como un tiempo 3 la decisión de Paul de dejar la mafia, aceptando ir a la cárcel, y solicitando al Dr. Sobol la continuación del tratamiento terapéutico estando allí. Entendemos a este conjunto de decisiones como la realización de un acto ético; Paul se asume como sujeto y enfrenta su existencia, en términos de Fariña:“está dispuesto a quebrar el último de los horizontes que aún permanecía intacto y abrir con decisión la puerta de la incertidumbre”.

Podemos decir que nuestro protagonista, tuvo situaciones en las que, al encontrarse con preguntas por la muerte de su padre, respondió con lo que Oscar D´Amore llama “Especies de la respuesta” que van desde la respuesta culpógena, una pura culpa anclada en el “yo soy culpable”, donde se alcanza un efecto sustancializador por el goce de la culpa, hasta otras variables como la proyección, la negación y las formaciones sintomáticas asociadas al sentimiento inconsciente de culpa en las cuales la culpa resulta “anestesiada” y por lo tanto ajena a la responsabilidad subjetiva. D`Amore explica que la sustancialización de la culpa es un intento del yo de sellar la hiancia que ha sido abierta con el acto, mientras que el sentimiento inconsciente de culpa que se desprende de la situación a través de la moción de angustia, es sólo la posibilidad de nombrar el objeto, de desangustiar la situación pero no de desculpabilizar. “Saberse culpable” implica pasar por una experiencia analítica que ob-liga haciéndose cargo del asunto.

Paul Vitti ensaya algunas de estas respuestas que le evitan el trabajo de enfrentarse con la naturaleza de su deseo, tales como la negación que encuentra su mejor aliado en la proyección y el sentimiento de culpa a través de los ataques de pánico. Ninguna de estas respuestas implica dar una respuesta a la manera del efecto sujeto de la responsabilidad subjetiva, sino que promueven que el circuito gire en torno a los tiempos 1 y 2.

María Domínguez explica que el circuito de tres tiempos lógicos evidencia la aplicación del psicoanálisis en un circuito que revela su eficacia, justamente, en la falla del mismo, en su cortocircuito que no es otra cosa que el lugar mismo del deseo que en tanto incestuoso refleja algo de lo indecible del deseo. Dice Domínguez: “La secuencia así planteada se revela efectiva para desplegar el estatuto de la responsabilidad (…) La travesía se ve interrumpida por un exceso que exige ligadura. El enlace asociativo freudiano, aquí denominado hipótesis, buscará hallar una explicación al exceso”, y agrega que en esa hipótesis se espera situar la responsabilidad subjetiva que ponga en juego la cualidad del eje U-S y su lógica del no-todo, o sea, “una respuesta que avance más allá del goce regulado por el fantasma”, es decir, donde se pueda leer la producción de un sujeto barrado en el tiempo 3. La significación que surja como respuesta a la pregunta: ¿de qué debe hacerse responsable el sujeto?, tendrá una respuesta de sentido para cada quien que introducirá una nueva realidad, lo que Domínguez denomina performatividad.

¿De qué estamos hablando cuando hablamos de un sujeto de la responsabilidad subjetiva? En primer lugar tendríamos que plantearnos ¿qué es la responsabilidad? Responsabilidad nos señala el “deber responder”, la posibilidad de dar una respuesta por lo que somos y por lo que hacemos: ser responsable. Pero este ser responsable no se entiende del mismo modo en el campo clínico que en el campo moral y deontológico-jurídico. Son dos campos diferentes que platean nociones de sujeto muy diferentes. El sujeto del campo deontológico-jurídico es aquel que está en condiciones de responder por sus actos y no todas las personas lo están: los niños y los locos no pueden responder por ello, o sea que el deber de responder no es algo que está en la naturaleza del sujeto sino que se otorga, la ley otorga la posibilidad de ser responsable o no por los actos cometidos; quien puede responder, para la ley, es el sujeto considerado autónomo que por definición es dueño de su voluntad e intención. Es el sujeto que responde a la Moral de lo particular: conjuntos de normas sociales, de códigos compartidos, de leyes, tiene la connotación de lo grupal. Muy diferente es el sujeto de la dimensión clínica a quien no se lo considera autónomo porque está sujetado por los avatares de la Ley y del lenguaje.

Sin embargo, este sujeto no autónomo, para Freud es “siempre responsable”, con mayor o menor conciencia, no sólo de lo que dice o lo que hace concientemente sino también de lo que sueña y lo que desea, por lo tanto, deberá responder por ello, aunque no en términos de la moral o de la ley sino de la legalidad del inconsciente, una dimensión totalmente singular, una dimensión ética.

En este sentido cabe preguntarse si Paul Vitti es culpable por haber deseado la muerte de su padre. Lo es porque el psicoanálisis plantea un determinismo inconsciente que hace al sujeto responsable por definición; responsable de un deseo del que no puede dar cuenta, de un saber no sabido, de aquello que aunque perteneciéndole, le es ajeno. Es un sujeto culpable por estructura, es decir, no en términos morales o jurídicos sino éticos. La Ley Universal dictamina la prohibición del incesto, sostenida para los occidentales, en el eje particular representado por el Complejo de Edipo y vivido por nuestro protagonista a través de la escena del crimen de su padre en aquél restaurant cuando él, Paul, no pudo hacer más que “dejarlo morir”

No existe en Vitti responsabilidad jurídica: nadie asesina por desear la muerte de otro, pero sí la responsabilidad subjetiva: responder por ese acto, por ese deseo. Tal como podría atribuirse a Ibbieta, el secreto deseo de vivir a cualquier precio podríamos atribuir a Paul el deseo de poseer a su madre a cualquier precio. Juan Carlos Mosca nos ilustra en este aspecto: “En el tratamiento de este tema, conviene desanudar culpa y responsabilidad como se debe desanudar culpa y angustia. La culpa, si se me permite una metáfora económica, subraya un “déficit” de Sujeto, la responsabilidad, un “superávit” de Sujeto (…) Responsabilidad es otro nombre del Sujeto”. Como diríamos hoy es “hacerse cargo”, no dar cuenta de la irresponsabilidad de un niño o de un insano, así como tampoco, de la irresponsabilidad del “obediente”, en nuestros ya conocidos casos de Obediencia Debida que responden haber estado sometidos “bajo la forma de azar, las determinaciones del destino o la autoridad” (J.C.Mosca – Responsabilidad otro nombre del sujeto)

¿Fue una cuestión del Azar que Paul presenciara el crimen de su padre en el mismo momento que deseaba su muerte? ¿Una casualidad, algo del orden de lo imprevisto? Evidentemente hay algo fortuito en la relación de estos dos hechos, algo tan contingente como el encuentro del guardaespaldas de Paul con Ben Sobol unos momentos antes que Paul decidiera consultar con un psiquiatra. Las cosas podían o no haber ocurrido de esa manera: alguien podría haber ido o no a asesinar al padre de Paul justo cuando ambos estaban tan peleados, o podría haberse cometido el crimen cuando la edad de Paul fuera otra y no la tan controvertida edad de la adolescencia. Del mismo modo, podría haberse producido o no el choque automovilístico, o bien Sobol podría no tener tarjetas personales en ese momento o el guardaespaldas haberla perdido.

Otra cosa muy distinta es el orden de la Necesidad. La necesidad es forzosa, rigurosa, exacta, inexorable, inflexible, fatal, establece relaciones causa-efecto. En el hecho de iniciar una terapia, es forzoso que en algún momento tengamos que ponernos a pensar sobre nuestros actos, que estemos ob-ligados a reflexionar sobre ellos, a ligar, lo que hacemos con sus consecuencias; nadie pasa por una terapia sin alguna consecuencia.

Dentro del orden de la Necesidad también está la Muerte, algo inexorable que nos habrá de suceder a todos. En lo Universal: la falta de significante para la muerte; en lo particular: los ritos funerarios para poder sobrellevarla; en lo singular: la manera en que cada persona tramita los duelos, una singularidad. En nuestro protagonista, dos muertes: la de su padre y la de su mejor amigo, dos sentimientos de culpa: yo no hice nada para salvarlo (muerte del padre), yo podría haber estado muerto junto a él de no haber ido a recoger el palillo (muerte del mejor amigo) y con ambas muertes, el pánico, el terror ante la propia muerte.

A modo de conclusión podemos recapitular diciendo que en un tiempo 1 Paul tiene el deseo conciente de iniciar una terapia para solucionar sus síntomas, que en un tiempo 2 se ve interpelado, y que responde con un acto ético en un tiempo 3, abriéndose el campo de la responsabilidad subjetiva. Paul se enfrenta con su deseo inconsciente de elaborar la muerte de su padre por la cual se siente tan responsable y tan culpable a la vez.

Bibliografía

D’Amore, O. Responsabilidad subjetiva y culpa, en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Domínguez, M.E. Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis, en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006

Laplanche-Pontalis, Diccionario de Psicoanálisis, Paidós.

Fariña, J. (1998). Qué es esa cosa llamada ética. (Cap. II); Lo universal-singular como horizonte de la ética. (Cap. IV). El interés ético de la tragedia (Cap. V). Del acto ético (Cap. VI). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Mosca, J.C. Responsabilidad: Otro nombre del Sujeto. (Cap. VIII) en Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Salomone, Gabriela Z.: Consideraciones sobre la Ética Profesional: dimensión clínica y campo deontológico-jurídico. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Salomone, G. Z.: El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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