por 

ETICA Y D.D. H.H.

CATEDRA: FARIÑA

SEGUNDO PARCIAL DOMICILIARIO

PROFESOR: DEL DO, ADELQUI

COMISION: 02

ALUMNAS: MAGURNO, MARINA LU: 32891860/0
MC CORMACK, CAROLINA LU: 32141201/0

PELICULA: AVATAR

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).

Avatar es una película de ciencia ficción estadounidense, escrita, producida y dirigida por James Cameron. Los acontecimientos que narra se desarrollan en Pandora, una luna del planeta Polifemo habitada por una raza humanoide llamada na’vi, con la que los humanos se encuentran en conflicto debido a que uno de sus clanes se encuentra asentado alrededor de un enorme árbol que cubre una inmensa veta de un mineral muy cotizado y que supondría la solución a los problemas energéticos de la Tierra. Su protagonista, Jake Sully, un ex marino que quedó parapléjico, es convocado para participar en un proyecto de explotación de esos recursos minerales, ya que tiene el mismo ADN de su hermano gemelo, quien murió en un asalto previamente al inicio de la misión. Jake decide continuar con aquel trabajo que su hermano había dejado inconcluso. En Pandora se encuentra con un grupo de científicos que han estado investigando y estudiando la vida ese lugar en los últimos años, dando origen a los Avatars, seres creados a partir de una combinación genética, que igualan físicamente a los Na´vi. La historia se desarrolla a partir de que Jake llega a Pandora, junto a un grupo de militares y científicos, para comenzar su trabajo de explotación mineral.
El profesor Fariña plantea en su libro “Ética, un horizonte en quiebra” que la especie humana, para subsistir, necesita construir la categoría del diferente y descargar en ella su agresividad, y lo hace frente a los grupos minoritarios. En la película se puede observar una clara discriminación a los habitantes de Pandora. El rechazo y persecución de las minorías se debe a partir de una distinción básica. Por una parte, la agresividad constitucional del ser humano, que responde a un carácter antropológico, y por otro lado las condiciones históricas que moldean su aparición en distintas épocas, correspondiente al carácter histórico. Las minorías tienen una tendencia natural a conservar los propios comportamientos tradicionales, es en este punto, que se encuentran frente a una discriminación injusta, discriminación que, independientemente de lo absurdo de la racionalidad que se sostenga, puede alcanzar formas de segregación hasta llegar a caos extremos a medida de expulsión, de asimilación forzada e incluso de la supresión física de los pertenecientes a la minoría, llegando así, al nivel de genocidio. En Avatar podemos ver cómo es aplastado el carácter simbólico de la tribu Na´vi, quienes son considerados por los militares como una especie inferior, sin respeto por su cultura, sus tradiciones, sus ancestros, con el fin obtener un valioso mineral, abriendo explosivos en el territorio Na´vi, mas precisamente, debajo de un árbol ancestral, fuente de vida para dicha comunidad. Este árbol representa su refugio espiritual y aloja la memoria de sus ancestros.

Jack Sully, el protagonista de la historia, en un comienzo, obedece las órdenes de su comandante. En este plano, Jake Sully no se siente responsable de aquello que le ordena un superior. Pero para analizar esto debemos hacer una distinción entre dos diversos modos de confrontarse con el campo de la responsabilidad. Por un lado, la responsabilidad jurídica, la cual llama a responder al sujeto del derecho, autónomo, capaz de hacerse responsable, no solo por sus acciones, sino también por sus elecciones y decisiones. Si bien, por definición, el sujeto es responsable, este será considerado responsable en la medida que el orden jurídico le otorgue el derecho de ser considerado sujeto del derecho. La responsabilidad no es inmanente al sujeto. Podríamos pensar que, estando bajo un régimen militar, Jake era un instrumento en mano de fuerzas superiores, acatando órdenes de un superior, lo cual le quita responsabilidad en términos jurídicos. Ahora bien, el otro modo de confrontar al sujeto es en el campo de la responsabilidad subjetiva, el cual confronta al sujeto con aquello que perteneciéndole, le es ajeno. La responsabilidad interpela a un sujeto, quien debe dar “respuesta” por su acto. Así, la responsabilidad la referimos a la singularidad de un Sujeto en acto.
La responsabilidad subjetiva es aquella que se configura a partir de la noción de sujeto inconciente. No se trata de la responsabilidad moral o social, de las buenas costumbres o lo moralmente correcto. Si, en cambio, de una responsabilidad que atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de si mismo. No se trata de confrontar al sujeto con la dimensión de los valores compartidos, ni confrontarlo con la referencia moral, se trata en cambio de la realidad psíquica del sujeto.
En el campo de la responsabilidad subjetiva, los motivos de la acción responsabilizan al sujeto. La obediencia no es ajena a la responsabilidad, la responsabilidad del sujeto reside allí al ofrecerse como instrumento. Si de algo es responsable Jake Sully, es de su deseo inconciente de volver a caminar, a partir de la promesa que le hace su comandante, en un primer momento, como una fuente de poder que opera con recompensas y castigos.
En el circuito de la responsabilidad encontramos tres tiempos, que se dan de modo lineal. En el tiempo uno, Jake Sully emprende una acción conciente, formar parte del equipo de investigación que ingresar a Pandora. Esta acción se agota en los fines para los que fue realizada. Este tiempo se ve confrontado con el tiempo dos. Jake Sully cumple profesionalmente su misión, pero se enamora de una de las nativas, Neytiri, y se da cuenta de que éstos jamás renunciarán a su tierra, mientras que el coronel Miles Quaritch le dice “tienes que entrar y decirles que se vayan, o mueren cuando son atacados”. En este momento, las certidumbres yoicas del universo particular se resquebrajan posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que él tenia al corrimiento del mismo, es decir, se ve interpelado por ciertos elementos disonantes, y algo de esa diferencia le pertenece. Si el tiempo dos se sobre impone al tiempo uno, resignificándolo, es por la presencia de la hipótesis clínica. Podriamos decir que el deseo inconciente de Jake Sully es volver a sentir sus piernas, volver a caminar, pero a diferencia de un tiempo primero, este deseo no está sustentado por la promesa de un superior, sino por el amor hacia Neytiri, este deseo es el lazo asociativo entre el tiempo uno y dos se da una re-ligadura al universo particular, hallando una explicación a su presencia. La resignificación dará cuenta de una respuesta del sujeto que advierta un cambio de posición frente a las circunstancias, de allí la potencialidad de un tiempo tres, el momento de la responsabilidad, el momento que verifica la responsabilidad subjetiva, una toma de posición en relación a lo universal. Así, aparece en Jake Sully un nuevo posicionamiento subjetivo, cuando dice “no pueden llevarse lo que se les de la gana, esta tierra es nuestra (…) estoy decidido a luchar””, esta es la respuesta del protagonista al tomar posición sobre su responsabilidad subjetiva.
No hay responsabilidad subjetiva sin culpa, donde esta última resulta de factura particular y la primera una singularidad. De esta articulación entonces se desprende que el acto ético no podría sino coincidir con el efecto-sujeto. Es decir, el sujeto del acto coincide con el de la responsabilidad subjetiva. Así, la culpa depende de una operación eminentemente simbólica: la interpelación subjetiva.
La interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito. Luego la culpa obliga a una respuesta ad hoc a la interpelación; es decir, dado el tiempo dos que es el tiempo de la interpelación en el circuito, se funda en su resignificación el tiempo uno, facilita una respuesta que aunque no es considerada todavía tiempo tres (aquel de la responsabilidad subjetiva) responde a la interpelación. La retracción que genera la interpelación resignifica porque liga a los elementos “disonantes” que se convierten entonces en tiempo uno, es decir que el tiempo uno es ya un tiempo resignificándo por la interpelación a través de la culpa. La culpa hace a la retracción, hace que se retorne sobre la acción por la que se “debe” responder, entran en juego a partir de la interpelación. Dado un tiempo dos, el de la interpelación, la ligadura al tiempo uno es ya una obligación a responder a esa interpelación. La interpelación es lo que genera culpa, en una doble dimensión, por un lado como una obligación moral, y por otro lado en una dimensión simbólica, generando una respuesta de tipo particular y singular respectivamente que entran en juego a partir de la interpelación.
Se abre como respuesta a la interpelación el sentimiento de culpa, que dice sí a la interpelación. La interpelación subjetiva se pone en marcha cuando la Ley simbólica del deseo, ob-liga a retornar sobre la acción. No hay deseo sin culpa, implica el retornar sobre la acción. Así, como dijimos, Jake Sully es interpelado en el momento que se ve enfrentado ante una decisión a tomar, “tienes que entrar y decirles que se vayan, o mueren cuando son atacados”, debía decirles la verdad a los Na`vis para que puedan irse y no morir en el ataque. En este sentido, la responsabilidad subjetiva es la culpabilidad del deseo del sujeto, este deseo inconciente. Es esta culpa la que obliga a responder a esa interpelación, resignificando así el tiempo uno. La respuesta del personaje ante la interpelación es: “no pueden llevarse lo que se les de la gana, esta tierra es nuestra (…) estoy decidido a luchar”. La respuesta del sujeto nunca es obvia, pero siempre hay respuesta, es decir, siempre se es responsable de un modo u otro de la posición subjetiva que ya implica la interpelación.
En relación a la responsabilidad subjetiva, la pieza literaria de Jean Paul Sartre, “El Muro”, tiene mucho que decir. Pablo Ibbieta es el protagonista, un joven condenado a muerte, militante del anarquismo español durante la guerra civil española. Fue capturado por las fuerzas falangistas y le comunicaron que al amanecer será fusilado. Esa noche Ibbieta no quiere dormirse, quiere permanecer despierto las últimas horas, la última noche de su vida, esta agotado, pero resistirá el sueño. Aquí podría plantearse la hipótesis clínica, el deseo inconciente de vivir un tiempo mas, de no morir, de seguir vivo. Aparece en ese momento una propuesta, le ofrecen salvar su vida entregando la de su amigo, Ramos Gris. Ibbieta debía decir donde se encontraba Gris para poder seguir viviendo. Y decide jugar una broma a los falangistas diciendo que estaba “en el cementerio”. Su amistad por Ramón Gris había muerto, su amor por su mujer, sus ideales, solo quiere morir valientemente.
Allí encontraron a Ramón Gris, lo mataron, y la ejecución de Ibbieta fue aplazada. Había mentido, y a la vez dicho la verdad. El relato termina con el protagonista llorando de risa, o riendo hasta las lágrimas.
El interés esta puesto en la subjetivación de una acción, acción que recae sobre el sujeto. Eso inesperado lo toca de cerca, y luego debe decidir que hacer con esa marca.
Podríamos atribuirle a Ibbieta el deseo de sobrevivir, al menos el tiempo de espera hasta el retorno de los falangistas. Ibbieta salvo su vida, si ese fue su deseo, de eso es responsable.
Tanto a Pablo Ibbieta, como a Jake Sully, se les plantea una propuesta. La posibilidad de seguir viviendo, y la posibilidad de volver a caminar, respectivamente. Estas propuestas van de la mano con lo que podríamos plantear como sus deseos inconcientes, por un lado el deseo de seguir viviendo, y por el otro el deseo de volver a sentir sus piernas, volver a caminar.
Ambos, claro esta, son interpelados subjetivamente, “mataron a Gris, lo encontraron en el cementerio”, y “tienes que entrar y decirles que se vayan, o mueren cuando son atacados”.
Esta interpelación obliga a dar una respuesta, a un cambio de posicionamiento del sujeto. Como planteamos previamente, el cambio de posicionamiento en Jake Sully, lo podemos ver plasmado en la frase “no pueden llevarse lo que se les de la gana, esta tierra es nuestra (…) estoy decidido a luchar”, mientras la respuesta de Ibbieta se da en su llanto, o en su risa, mostrando las dos caras de la responsabilidad, las dos caras de una misma moneda, por un lado, en la risa, la desresponsabilización, atribuyendo las causas de lo sucedido al azar, y por otro lado, en el llanto, la aceptación de la responsabilidad subjetiva.
El azar se juega de alguna manera en ambos casos. En el caso de Ibbieta, el azar lleva a los dos amigos de la infancia, a tomar decisiones cruciales para su supervivencia. En un escenario Ibbieta fue conminado a revelar el paradero de Gris a cambio de su propia vida, y en otro escenario Gris debió buscar un nuevo escondite para poner su vida a resguardo luego de la pelea con su primo. Ambos pasaron por el otro antes de elegir el cementerio. Solo a posteriori, el significante cementerio, dicho de manera azarosa, adquiere un valor particular en la historia. En Avatar, las circunstancias del azar no permiten al hermano de Jake ir a Pandora, ya que lo mataron en un asalto para robarle su billetera poco antes de que se concretara el viaje a Pandora, es por ello que Jake decide tomar el lugar del hermano en la investigación.
Cuando rige la necesidad o el azar, afirma Mosca, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Solo cuando ocurre una grieta entre ellos, la pregunta por la responsabilidad adquiere toda su dimensión.
Solo posteriormente, estas elecciones de Jake e Ibbieta, por circunstancias azarosas, cobra su real dimensión, interpelando al sujeto del inconciente con respecto a su deseo inconciente.

Avatar es una película que, por su temática y desarrollo, nos lleva a reflexionar sobre la cultura, las nuevas tecnologías, la ciencia, el dominio y el poder, mostrando así cómo el poder económico y militar, al cual se subordinan cada vez más la ciencia y la tecnología, basa su avance en la expansión dirigida a poner bajo su dominio a esos otros diferentes, a las minorías. En este caso a los Na’vis, incitando al espectador a identificarse con ellos. Cabe preguntarnos, a modo de reflexión, en qué condiciones la utilización de una tecnología determinada produce y promueve el desarrollo de lo simbólico, y en qué casos favorece su relativización o, atravesados ciertos límites, fomenta su aplastamiento.
En este punto, es necesario definir las condiciones necesarias, no contingentes, que producen una separación entre aquellas tecnologías y sus usos, que se constituyen en valiosas mediaciones instrumentales, y las que se presentan trasgrediendo la propia definición de la especie humana. Valiéndonos de los comentarios del profesor Fariña, y del argumento presentado en la película, vemos que la estrategia ideada por el coronel Quaricht incluye el sometimiento de los Na´vis en base a la infiltración en Pandora de seres creados a partir de una combinación genética. El ADN se constituye así en factor de control poblacional, esta posibilidad de control se lo otorga el poder de las tecnologías, y la impunidad que puede generar los malos usos. Así, se crea el dispositivo tecnológico para crear un engendro que someta a los nativos. El Coronel Quaritch y sus marines van en busca de un valioso mineral e intentan obtenerlo abriendo con explosivos el territorio Na´vi. La estrategia extraccionista se presenta como criminal y violatoria del equilibrio ecológico, desentendiéndose del presente y futuro de la flora y fauna del planeta. Más aun, recordemos que los nativos encuentran su refugio espiritual en el árbol sagrado, porque se aloja allí la memoria de los ancestros. El conquistador avasalla también ese espacio, de carácter simbólico. Pero esa estrategia de biopoder encuentra su límite ante la propia complejidad que pone en marcha. La tecnología adviene entonces algo diferente. No ya un sofisticado software protésico, sino un real no representable a través del lenguaje. Un punto de inflexión a partir del cual un humano se emancipa de su discapacidad, pero no tanto de la parálisis de sus piernas, sino de la ceguera sobre la propia existencia.
Un punto fundamental a tener en cuenta es el deseo inconciente que planteamos en relación al personaje, y la presencia del coronel, que se vale del artificio pero ignora sus alcances. Le sigue prometiendo a Sully un par de piernas, sin advertir que ya las está obteniendo en otro lugar.
La tecnología se nos presenta así en su encrucijada contemporánea: transformación de lo simbólico o afectación de un núcleo real.
El principal merito de la película no es su original temática, sino la manera de comprender y contar la historia. Las preguntas que deja abiertas y que plantes subliminalmente, y a las reflexiones que nos lleva.

BIBLIOGRAFIA:

• Lewcowicz, Ignacio: “esparta o la paternidad abolida”, en La encrucijada de la filiación.

• Fariña, Juan Jorge Michel: “La cuestión de las minorías”, en “Ética, un horizonte en quiebra”.

• Gutiérrez, Carlos: “Eichmann y la responsabilidad”, en “Ética y cine”.

• Fariña, Juan Jorge Michel: “Avatar: tres tesis sobre Avatar, de Jim Cameron”

• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

• Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

• Fariña, Juan Jorge Michel(1998): “La cuestión de las minorías”, en “Ética, un horizonte en quiebra”. Eudeba, Buenos Aires.

• Fariña JJ Michel, ¨ Responsabilidad: entre necesidad y azar¨. Pág web Cátedra.



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