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Psicología, Ética y Derechos Humanos
Primer cuatrimestre 2010

Materia: Psicología, Ética y Derechos Humanos

Cátedra: I, Prof. Tit. Reg. Juan Jorge Fariña

Teóricos: Lunes 16:15 hs

Comisión: 3

Alumna: Abbruzzese, Lucía Eleonora.

Fecha: 7/6/2010

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).

En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

Reseña de la película: Avatar
La película sobre la que se trabajará a lo largo del parcial será Avatar de Jim Cameron. Sobre esta misma Michel Fariña ha escrito un comentario-ensayo titulado
“Avatara: tres tesis sobre Avatar, de Jim Cameron” en las que plantea tres tesis sobre los problemas éticos planteados a lo largo de la película y la responsabilidad de los sujetos participantes del relato (personajes) sobre sus actos.
En principio será necesario realizar una breve reseña sobre el argumento de la película. La misma nos ubica en el año 2154, la humanidad, en busca de mayores recursos económicos ha logrado viajar a Pandora, una luna del planeta Polifemo. Pandora se encuentra habitada por una raza humanoide llamada na’vi, con la que los humanos se encuentran en conflicto debido a que uno de sus clanes se encuentra asentado alrededor de un gigantesco árbol que cubre una inmensa veta de un mineral muy cotizado y que supondría la solución a los problemas energéticos de la Tierra. Jake Sully, un marine que quedó parapléjico, es seleccionado para participar en el programa Avatar, un proyecto que transporta la mente de los científicos a unos cuerpos artificiales de na’vi para que así la comunicación con los nativos resulte más sencilla. A pesar del fin científico del proyecto, el coronel Quaritch, quien dirige la defensa de la base humana en Pandora, convence a Jake para que le proporcione información sobre los nativos en caso de que fuera necesario recurrir a la fuerza para que se marchen. En un principio, Jake cumple profesionalmente su misión, pero se enamora de una de las nativas, Neytiri, y se da cuenta de que éstos jamás renunciarán a su tierra, haciendo inevitable un conflicto armado.

1. En su comentario, Michel Fariña presenta tres tesis sobre cuestiones éticas planteadas en la película.
La primera, sobre el colonialismo y las tendencias del mercado, y como la expansión económica conlleva el avasallamiento de otra cultura. En primer lugar, las referencias a la extracción de minerales y la explotación de los recursos naturales sin coto de la mano del Coronel Quaritch. En segundo lugar, una violación ya no material sino simbólica en referencia al avance de los humanos sobre la cultura na’vi y la destrucción del árbol sagrado, sostén simbólico de esta especie.
La segunda tesis sostiene un problema ético en las estrategias biopoliticas utilizadas por los marines para controlar a los na’vis e ingresar en su territorio. Aquí es donde se propone un planteo implícito acerca de la responsabilidad del sujeto, y si bien Michel Fariña no lo explicita ni hay un análisis desarrollado al respecto, a partir de lo expuesto en su comentario y lo que devela la película podríamos afirmar que el sujeto interpelado es Jake Sully. El mismo es parte del proyecto Avatar, utilizado por el coronel para infiltrarse en la sociedad nativa. En un principio Jake Sully obedece ordenes sin involucrar su subjetividad en sus actos y acontecimientos; obediencia bajo las coordenadas de una promesa lejana de recuperar sus piernas. Pero finalmente, no puede evitar ser tocado por los sucesos que se desencadenan a partir de la decisión de obedecer. En la interacción con la cultura na’vi, el viejo Jake Sully comienza ha mutar y ser mutado, y emerge en esta dialéctica el sujeto, simbólico y responsable. Su nombre muta a “jakesully”, indicador mismo de la emergencia imprevista de un sujeto que responde y es responsable por su deseo, ya no desde la culpa imaginaria.
Finalmente, la tercera tesis plantea la temática de lo irrepresentable, plasmada en la posición ética de la científica Grace “I don’t have the answers yet, I’m just now starting to even frame the questions”, posición situada en la lógica suplementaria de lo universal singular, en la posibilidad de universos abiertos e incompletos, dejando de lado la soberbia totalizadora de particularismos.

2. En el texto “Los carriles de la responsabilidad: los circuitos de un análisis” nos encontramos con una conceptualización de la responsabilidad pensada en tres tiempos, símil a la estructura de los tiempos lógicos del trauma planteados por Freud. En este texto se explica a la responsabilidad como el acto del sujeto de interpelarse a si mismo, emergiendo aquí el sujeto simbólico en una dimensión de lo universal singular. “Responsabilidad” de la raíz latina respondere, podría traducirse literalmente como “responder a” o “responder frente a los actos”, siendo en este momento de responder, de responsabilidad, cuando el sujeto es interpelado y emerge algo de lo verdaderamente simbólico.
Así, podríamos estructurar el circuito de la responsabilidad en tres tiempos: un primer tiempo en el que un sujeto realiza un acto que, al parecer, se agota en sus fines inmediatos, acto pensado desde el universo en el que esta inmerso; un segundo tiempo en la que algo aparece como un exceso, algo que sobrepasa la mera finalidad del tiempo 1 y que, en este exceso, lo funda a este como tal; un tercer momento en el que se resignifica el tiempo 1, mostrando lo incompleto del universo previo en la emergencia de un sujeto simbólico, acto que enfrenta al sujeto con el dilema ético de tomar una nueva decisión .
En el caso de Avatar y el circuito de la responsabilidad en Jake Sully podríamos decir que este primer tiempo estaría conformado por la decisión de aceptar la oferta del Coronel y obedecer a sus designios. Como puede verse, este acto se agotaría en sus propia finalidad, el obedecer y realizar un trabajo de exploración para conseguir a cambio una recompensa, en este caso, recuperar sus piernas. A su vez, otro indicativo de que este acto podría conformar el tiempo 1 del circuito de la responsabilidad es que este acto es coherente con el universo de significados en el que Jake Sully, marine del ejército, se encuentra inmerso: el obedecer es algo natural, esperable y congruente a lo que él es, Jake es un marine, debe obedecer y dentro de este mundo clausurado no hay interpelación alguna posible, es decir que los significados del acto se agotan en una sola interpretación.
El segundo tiempo lógico, el del exceso, consistiría entonces en algo que le demostrase que está operando más allá del deber, es decir, que la decisión de obedecer responde a su vez a otros deseos del sujeto frente a los cuales el mismo no se hace responsable. El momento del exceso es en este caso la cada vez más cercana relación que entabla con el pueblo na’vi y en particular con uno de ellos en especial: Neytiri. Es este el momento en donde los hechos superan la aparente finalidad agotada y demuestran que hay mucho más en ese acto, en ese mítico primer tiempo. El sujeto entonces queda interpelado por el exceso y la evidencia de lo incompleto de su universo lo lleva lógicamente a resignificar ese primer tiempo, constituyéndose así un tercer tiempo, el de la responsabilidad, donde emerge un sujeto en su dimensión simbólica que frente a esta interpelación debe volver a actuar. El exceso cometido por Jake Sully conjunto al recrudecimiento de las acciones del Coronel lo ponen al Sujeto en un lugar de responder por sus actos y tomar una decisión, en la misma emergiendo algo del deseo y de la responsabilidad frente al mismo. Jakesully frente al exceso decide no obedecer más, desde la culpa imaginaría, y si responsabilizarse por su deseo, el de estar con Neytiri y ayudar a los Na’vi. Así, emerge entonces de la crisálida de humano de Jake Sully, Toruk Makto, el guerrero sagrado na’vi, asumiendo una posición ética en la lógica de lo simbólico.
3. Los elementos de azar que podemos establecer en la situación son:
En primer lugar, momento cero, la muerte sorpresiva del hermano de Jake. Este suceso es necesario para que Jake pueda ser parte del proyecto Avatar en Pandora, y a su vez, para que Jake pueda interpelarse a si mismo. La muerte de su gemelo abre un agujero que permite poner en marcha un proceso de re significación.
En segundo lugar, el encuentro con animales salvajes en la selva de Pandora, en su primera expedición, y la huida que debe emprender permiten a Jake encontrarse con Neytiri. Este hecho es impredecible y abrupto, pero permite el avance de la situación.
Finalmente, que Jakesully sea el elegido por Eywa podría ser considerado un elemento de azar. Por otro lado, cabe aclarar que, por más que estos elementos sean azarosos, eso no quita que el sujeto no sea responsable de lo que hace o no con ellos.
Frente a esto ¿el sujeto es o no libre? Es libre y responsable en la toma de decisiones, en sus actos; y el sujeto es, a su vez, sujeto al devenir.
Con respecto a los elementos de necesidad, podemos establecer que es la necesidad de Jake de recuperar sus piernas lo que lo llevan a obedecer. La necesidad de Jake conlleva la obediencia, y la obediencia es necesaria en un primer tiempo de la situación para que luego la catástrofe interpele a Jake en un segundo tiempo. Aquí, para el pasaje de la culpa a la responsabilidad, adviene Turuk Makto frente a la necesidad de proteger a los na’vi y a la misma madre tierra, Eywa.
4. Las figuras de la culpa, como la contracara de la responsabilidad subjetiva, pueden ser ubicadas en el plano de lo imaginario-particular, situándose en la dimensión del mandato, el deber y la obediencia y no permitiendo la emergencia de algo de la índole de lo simbólico universal-singular.
En primer lugar la obediencia al coronel Quaritch, obediencia que como hemos visto en textos como “Eichmann y la responsabilidad” y “Veinte años no son nada” impiden la emergencia de un sujeto que se interpela a si mismo ni la asunción de la responsabilidad. La figura del Traidor aparece para Jake Sully frente a la posibilidad del incumplimiento, y por culpa se somete a las órdenes, siendo en esta obediencia inocente de no responder a sus deseos. La obediencia, vía culpa imaginaría, permite, en primer lugar, no asumir responsabilidad por los propios actos, delegando la toma de decisiones en el tercero superior que da la orden y situándose a si mismo en la posición (perversa) de objeto ejecutante o herramienta; en segundo lugar la culpa sirve como refugio frente al propio deseo, es decir que el responder a la culpa sirve como un “no querer ver” que se halla detrás de ella. Es decir que la obediencia sostiene la culpa frente al deber y permite al sujeto escaparse de su deseo.
Al entenderse a si mismo como obediente, el protagonista se escinde de su propio deseo y de los múltiples significados que pueden cobrar sus actos. Pero por debajo de la superficie, el “exceso” del circuito de la responsabilidad pulsa, transformando inconcientemente; el sujeto deberá entonces elegir el abandonar la culpa y saberse responsable por eso que esta “debajo”. Solo cuando abandone la culpa y la obediencia, Jake Sully podrá encontrar otras razones en su decisión de “infiltrarse” y convivir con los na’vi. Entonces emergerá de forma imprevista, un “jacksully”, un plus que antes era inasequible, ahora simbolizado y asumido en la conciencia; el propio deseo de ser un na’vi. La posibilidad de tocar niveles de existencia no conocidos por su “ser humano” y el amor hacia Neytiri habilitan el deseo de salir del circuito de la culpa y la repetición. Permite entonces la emergencia del Sujeto del deseo, de un “Ser” simbólico y ya no un “ser humano” imaginario.
Por otro lado, podríamos detectar otra figura de culpa en el hermano de Jake. Al comienzo de la película, vemos que Jake decide participar de la misión frente a la muerte de su hermano gemelo. La culpa de ser el superviviente, el vacío generado por la muerte de otro imaginario y la herida narcisista que esto genera interpelan al sujeto, generando un hueco en el que se debe contestar, como el “che vuoi?” que se vuelve sobre uno mismo. Frente la emergencia de lo Real, Jake debe simbolizar la muerte y re simbolizar la vida.
En un acto, en un impulso que luego cobrará otros significados, Jake decide viajar a Pandora para cumplir con el deber de su hermano, instalándose entonces en el circuito de la culpa y lo particular, agotando significados, actuando por el deseo del Otro y no el propio. Obediencia al mandato y a las identificaciones. Será por eso que dejar de obedecer a las ordenes del Coronel se vuelve tan difícil, será por eso a su vez que tampoco podrá abandonar el proyecto científico. Jake ha decidido transitar los caminos de la culpa, caminando en los zapatos de su hermano y acallando su propio deseo.
Solo luego, cuando algo nuevo emerja en él, descubrirá que ese primer impulso de viajar por cumplir la tarea de su hermano deviene en viajar en búsqueda del si mismo, haciéndose responsable de la culpa y de su deseo, implicándose en la toma de la decisión de haber viajado. Eso abrirá paso a la real simbolización de la muerte de su hermano, el abandono de la culpa y la instauración de la responsabilidad.
Podríamos ver representado en la escisión de Jake Sully, el humano, y Jakesully, el na’vi, al sujeto dividido de Salomone, entre la culpa y la responsabilidad.
Por otro lado, la culpa ob-ligacion se ve en la decisión de Jakesully de volverse Toruk Makto luego de darse cuenta de la relevancia de sus actos al ver como los marines destruían el árbol sagrado de los Omaticaya. En el circuito de la culpa, el tiempo 1 es la decisión de infiltrarse en el pueblo na’vi, el segundo momento, el de la catástrofe, lo interpela como sujeto culpable y de esa culpa surge el acto ético, el efecto sujeto.
5. Comparado el caso de Ibbieta con el de Jake Sully podemos puntuar:
En primer lugar, ambos se ven involucrados en situaciones disímiles. En el caso de Jake, obediencia por necesidad-finalidad (sus piernas) frente al mandato de un superior; obediencia que encuadra en el universo habitado por Jake Sully, humano y marine. Ibbieta se encuentra, por otro lado, en una situación que lo enfrenta de lleno con lo Real, lo irrepresentable: está por ser fusilado y piden a cambio de su liberación que devele el lugar en el que se encuentra escondido aquel por quién luchó.
En segundo lugar, en el caso de Ibbieta hay un gran factor azaroso que dificultaría en su caso el hacerse responsable por el acto. Él decide mentir, y sin saberlo, dice la verdad. Es responsable por decidir mentir, es responsable en su deseo de querer sobrevivir, no culpable de una muerte librada al azar. En contraposición, en el caso de Jake, pocos son los elementos librados al azar; desde un principio Jake conoce la finalidad del coronel Quaritch y es cómplice de ella. Solo a ver frente a sus ojos el horror adviene la culpa, y frente a esto asume la responsabilidad y actúa en consecuencia. Jake es entonces, culpable y responsable.
Avatara: tres tesis sobre Avatar, de Jim Cameron
por Michel Fariña, Juan Jorge

¿Hay algo entonces que sea verdaderamente difícil de imaginar? Por supuesto que sí. Imagina un trozo de materia contigo adentro. Contigo conciente, pensando, y por lo tanto sabiendo que existes. Capaz de mover ese trozo de materia en el que estás, de hacerlo dormir o despertarse, amar o subir una colina. Imagina un universo –infinito o no, como desees representarlo– con mil millones de millones de millones de soles en él. Imagina una partícula de barro girando a través del tiempo alrededor de uno de esos soles. Imagínate parado sobre esa partícula de barro, girando con ella, girando a través del tiempo y el espacio hacia un destino desconocido. ¡Imagina!
Frederic Brown, “Imagina”, traducción de Federico Ludueña [1]
El argumento no se reduce a un artificio del Demonio que toma forma de mujer para apoderarse de Álvaro; el Demonio, enredado en su propio juego, se enamora de Álvaro, como si la fugaz mascarada hubiera transformado su esencia, hasta convertirlo en la verdadera y apasionada heroína de la obra. Nada queda en Biondetta de la monstruosa aparición que responde al conjuro de Álvaro en las ruinas de Portici y que le dice en italiano: “Che vuoi?” La máscara es el rostro.
Jorge Luis Borges, prólogo a “El Diablo enamorado”, de Jacques Cazotte.
Fritz Jahr, creador del concepto de bioética, hubiera estado feliz de ir al cine para ver Avatar. Se hubiera calzado con entusiasmo los anteojos oscuros 3D y hubiera disfrutado de una película que de alguna manera entrevió hace ya más de ochenta años. Porque cuando en 1927 publicó su artículo “Bio-Ethik: Eine Umschau über die ethischen Beziehungen des Menschen zu Tier und Pflanze” (Bio-ética: una perspectiva de la relación ética de los seres humanos con los animales y las plantas) [2], se adelantó a su tiempo legándonos lo que se llama con toda propiedad una visión. A su memoria y reconocimiento está dedicado este artículo.
El vocablo avatar -del sánscrito, avatara, "descenso"- designa, en el hinduismo, la bajada de un dios al mundo terrenal por un lapso de tiempo coincidente con la vida de un ser humano. A diferencia del concepto cristiano de encarnación, un dios hindú puede hacerse presente en varios lugares al mismo tiempo a través de formas parciales del avatar -amshas-, conservando no obstante su integridad original. Dos curiosidades: la primera, al encarnar en un cuerpo, los avatares conservan sus atributos divinos -la sabiduría y el poder; la segunda, el avatar puede mantener conversaciones con las formas fragmentarias a que dio origen. El ejemplo clásico suele ser el dios Visnú, famoso por sus numerosos avatares, entre los que se cuentan Krishna, Rama, y el mismísimo Buda. [3]
Inspirada en esta tradición milenaria, la acepción computacional del término, acuñada hace ya más de quince años, guarda una interesante pertinencia. Un "avatar" –la palabra es la misma en español y en inglés– designa las sucesivas ’encarnaciones’ del usuario en la virtualidad de la Web. Como Visnú, también en su descenso al mundo de los bytes, podrá el usuario escoger un cuerpo –ni más ni menos estrafalario que el humano– y un apodo que le permita ser nombrado.
Con distintas variantes esta idea fue llevada al cine, encontrando su realización más lograda hace una década con la primera Matrix. Allí se sugiere que los seres humanos somos en realidad avatares, entes virtuales creados a imagen y semejanza cuando nuestros cuerpos reales han sido reducidos a energía para alimento de las computadoras. El film Surrogates (Jonathan Mostow, 2009), de menores méritos cinematográficos, introduce sin embargo una versión inquietante. La ciencia y la tecnología han avanzado tanto en materia de prótesis y robótica, que finalmente han logrado exportar del cuerpo todas sus funciones, físicas y mentales. Los seres humanos podemos quedarnos en nuestras casas, descansando plácidamente, mientras un sustituto al que estamos conectados, se desempeña en nuestro lugar. Pero no en una realidad virtual, como en la Matrix, sino en el mundo tangible.
Con Avatar, James Cameron viene a decirnos que la tecnología ya está madura para imaginar un paso más. Que podemos representarnos a un humano encarnando en la materialidad de otro ser, creado por computadora pero a partir del propio ADN. Este avatar heredará sus atributos, pero al interactuar en el mundo sensible le transferirá los cambios que él mismo sufra. Este giro de lo Real estaba ya presente en la obra literaria de Philip Dick, cuyos relatos inspiraron clásicos del cine –Blade Runner, Minority Report, Surrogates, la propia Matrix. En consecuencia, el mérito de Avatar no radica tanto en la originalidad temática, como en la manera de comprender y contar la historia. Como lo ha declarado recientemente Sigourney Weaver, para Jim Cameron, “la ciencia ficción es la exploración sobre qué es ser humano”.
Por eso para él la experiencia cinematográfica es cada vez más, ella misma, una compleja interfase. Los espectadores extendemos nuestro brazo para alcanzar una extraña flor que flota sobre la butaca de enfrente, o giramos imperceptiblemente nuestra cabeza para evitar el impacto de un objeto que se nos arroja desde la profundidad de la pantalla. Pero no hemos necesitado para ello de sofisticados cascos o incómodas prótesis de realidad virtual. Seguimos en el cine. Lucimos apenas un par de lentes oscuros. No hizo falta más para que la experiencia sea todo lo intensa que deseamos soportar.
El film de Cameron nos dice que existe un equilibrio libidinal que acompaña la evolución tecnológica del cine. Que podemos pasar de las películas mudas a las sonoras, del blanco y negro al color, y ahora de las dos dimensiones a la estereoscopía, permaneciendo, como nuestros abuelos, en la butaca de un cine, tomados de la mano de la persona elegida para esa velada, en esa compartida soledad de la luz en medio de una sala oscura. [4]
Con esa misma economía de recursos, las tesis que despliega el film son tan simples como cruciales y resumen los dilemas ético-tecnológicos de nuestro tiempo.
La primera, presenta de manera descarnada la tendencia del Mercado contemporáneo. Como lo advirtió la crítica cinematográfica, Avatar recrea parcialmente la historia de Pocahontas, la princesa powatan que asistió al desembarco inglés en las costas de Virginia a inicios del siglo XVII. Efectivamente, el encuentro entre Neytiri y Jack Sully evoca el de Pocahontas y John Smith, así como el guerrero Kocoum y el comandante Ratcliffe tienen sus equivalentes en el film de Cameron. Pero allí terminan las similitudes. Porque mientras que la Diseny produjo su película para intentar saldar las polémicas generadas por el así llamado V centenario del descubrimiento de América, la obra de Cameron va en otra dirección.
La referencia a Pocahontas está allí justamente para decirnos que existe una diferencia entre la etapa de la acumulación capitalista y su fase actual. Para fundamentarlo, el argumento introduce dos elementos decisivos.
El primero, la referencia a las formas más descarnadas de la explotación de la tierra. El Coronel Quaritch y sus marines van en busca de un valioso mineral e intentan obtenerlo abriendo con explosivos el territorio Na´vi. En una clara referencia a la minería a cielo abierto, la estrategia extraccionista se presenta como criminal y violatoria del equilibrio ecológico, desentendiéndose del presente y futuro de la flora y fauna del planeta. [5]
El segundo, es de carácter simbólico. Los nativos encuentran su refugio espiritual en el árbol sagrado, porque se aloja allí la memoria de los ancestros. El conquistador avasalla también ese espacio. El tema había sido llevado al cine con La nave de los locos (Wullicher, 1995) y Poltergeist (Hoover & Spielberg, 1982), en las que empresarios inescrupulosos intentan hacer un negocio inmobiliario sobre un cementerio indio, atentando así contra el carácter sagrado de la sepultura.
Estos dos elementos, las formas despiadadas de extracción mineral y el avasallamiento de los rituales funerarios, no están allí por azar. Cameron toma distancia no sólo estética sino también conceptual de los alegatos indigenistas precedentes.
La segunda tesis ya es decididamente biopolítica. La estrategia ideada por el coronel Quarithc incluye el sometimiento de la población Na´vi valiéndose de la penetración de seres creados a partir de una combinación genética. El ADN se constituye así en factor de control poblacional. Pero lo interesante de la propuesta de Cameron es la fisura que introduce en esa lógica. El avatar destinado a infiltrarse, es y a la vez no es el marine lisiado que le dio origen. Esto se expresa claramente en el modo en que lo bautiza Neytiri: jacksully. Ya no el nombre y el apellido de un ciudadano americano, sino casi un “nickname”, un apodo a través del cual va emergiendo, imprevistamente, un sujeto. El coronel, que se vale del artificio pero ignora sus alcances, le sigue prometiendo a Sully un par de piernas, sin advertir que ya las está obteniendo en Otro lugar.
La tecnología se nos presenta así en su encrucijada contemporánea: transformación de lo simbólico o afectación de un núcleo real [6] . En la entrada situacional, el sistema se vale del dispositivo tecnológico para crear un engendro que someta a los nativos. Pero esa estrategia de biopoder desfallece ante la propia complejidad que inadvertidamente pone en marcha. La tecnología adviene entonces algo diferente. No ya un sofisticado software protésico [7], sino un real no representable a través del lenguaje. Un punto de inflexión a partir del cual un humano se emancipa de su discapacidad. Pero no tanto de la parálisis de sus piernas, sino de la ceguera sobre la propia existencia –I see you.
En esta misma línea, la tercera tesis acompaña el desenlace argumental, sorprendiendo una vez más a los espectadores, especialmente a aquéllos que fueron al cine a buscar una película de marines y batallas interplanetarias. No vamos a adelantar aquí ese giro, pero sí sugerir algunas de sus coordenadas. Se trata de una pregunta por la complejidad. Por lo irrepresentable. Grace, la científica encarnada por Sigourney Weaver reconoce abiertamente su ignorancia al respecto: I don’t have the answers yet, I’m just now starting to even frame the questions . ¿Por qué se defiende la naturaleza? Aparentemente existe algún tipo de comunicación electroquímica entre las raíces de los árboles. Como la sinapsis entre neuronas. Cada árbol tiene diez mil conexiones con los árboles que están en torno suyo. Y el número de árboles en Pandora es de diez elevado a la doce… lo cual suma más conexiones que las del cerebro humano…
Se resignifica entonces la delicadeza extrema de Neytiri cuando instruye a jacksully para que cuide a las plantas y a los animales, incluso en el modo de darles muerte cuando ello resulta inevitable. Fritz Jahr, creador del concepto de bioética, anticipó la cuestión en 1927: si tenemos un corazón sensible hacia los animales y las plantas, no vamos a negarle nuestra compasión y cuidados a los seres humanos que sufren. Entrevió así una ética que anuda nuestros actos al destino del cosmos. Quiso darle carácter no metafísico a su intuición, y se apoyó para ello en la ciencia de su época, la cual estaba lejos de dar cuenta de semejante complejidad.
Y si bien casi un siglo después seguimos en pañales, hoy sacamos provecho de esa ignorancia. Sabemos que no sabemos, y esta nueva herida narcisista se transforma, esperemos, en motor de pensamiento. Así al menos parecen indicarlo las iniciativas ecológicas más serias y las sorprendentes experiencias con animales, como la zooterapia [8] o los recientes descubrimientos acerca de la complejidad cerebral de los delfines [9] .
En las antípodas de esta sensibilidad, Selfridge, el administrador que regentea la misión interplanetaria de Avatar, responde pragmáticamente “son sólo árboles”. Justifica así la devastación, recordándonos la frase de Adorno cuando sugirió que Auschwitz comienza cuando ante el matadero de un frigorífico, alguien dice “son sólo animales”.
* * *
Y es finalmente la riqueza del idioma español la que nos ofrece las pistas para resignificar también nosotros este film. El galicismo "avatar", en su difundida acepción de "vicisitud", o "cambio", se aplica perfectamente a las transformaciones sufridas por Jack Sully, haciendo que el vocablo, como el sujeto, renuncie a sus vestiduras ancestrales para tornarse definitivamente terrenal.
Según los medios, ya se cuentan por cientos y cientos de miles las personas que vieron el film. Una verdadera multitud, es cierto, pero también una insignificancia si se la compara con los casi mil doscientos millones de seres humanos que hoy habitan la India. En ese territorio olvidado, Visnú, segundo término de la trinidad bramánica y paradigma de los avatares, es venerado desde tiempos inmemoriales. Considerado por el hinduismo el "conservador del mundo", ha reaparecido imprevistamente en las marquesinas de los cines.
Quizá sea, por qué no, para proteger a la humanidad de sus propias vicisitudes tecnológicas. Haciendo nuestro ese conjuro, por el momento, sigamos imaginando:
Imagina fantasmas, dioses, diablos. Imagina infiernos y cielos, ciudades flotando en las alturas y ciudades hundidas en el mar. Unicornios y centauros. Brujas, hechiceros, genios y hadas oscuras. Ángeles y harpías. Conjuros y encantamientos. Espíritus elementales, demonios. Es fácil imaginar esas cosas: la humanidad las ha estado imaginando durante miles de años. Imagina naves espaciales y el futuro. Es fácil de imaginar: el futuro se acerca realmente, y habrá naves espaciales en él. ¿Hay algo entonces que sea verdaderamente difícil de imaginar? Por supuesto que sí. Imagina un trozo de materia contigo adentro. Contigo conciente, pensando, y por lo tanto sabiendo que existes. Capaz de mover ese trozo de materia en el que estás, de hacerlo dormir o despertarse, amar o subir una colina. Imagina un universo –infinito o no, como desees representarlo– con mil millones de millones de millones de soles en él. Imagina una partícula de barro girando a través del tiempo alrededor de uno de esos soles. Imagínate parado sobre esa partícula de barro, girando con ella, girando a través del tiempo y el espacio hacia un destino desconocido. ¡Imagina!

NOTAS


[1] Traducido al español por Federico Ludueña para su proyecto de tesis Psicoanálisis y Cosmología: intersecciones en lo irrepresentable, UBA, 2009.
[2] Un análisis del artículo, como así también varios pasajes originales de Jahr traducidos por primera vez al español pueden verse en el comentario de Natacha Lima “Fritz Jahr y el Zeitgeist de la bioética”, publicado en Aesthethika, Journal of Subjectivity, Politics and the Arts, Vol. 5 Número 1, Setiembre 2009. En http://www.aesthethika.org/limav5n1.html
[3] Ver al respecto la editorial “Avatares”, preparada por Viviana Alonso y Juan Jorge Michel Fariña, y publicada en el número de Junio 1996 de la Revista Compumagazine, Buenos Aires, MP Ediciones.
[4] Alain Badiou diría que el cine ha pagado un precio por esa permanencia como arte de masas. Las películas que narran de manera cada vez más espectacular y verosímil historias portentosas, siempre mantienen una parte del argumento anclada a lugares comunes. Las historias de amor universales suelen cumplir esa función. No son necesariamente una desviación cursi de los directores, sino la cuota de simbólico que requiere el espectador para poder sobrevivir a lo real que roza la pantalla. ¿Podríamos haber soportado el hundimiento del Titanic sin el romance entre Rose y Jack Dawson?
[5] Ver al respecto las denuncias sobre la explotación de la mina La Alumbrera, en Catamarca, Argentina, y las discusiones sobre la aceptación de sus regalías por parte de las universidades nacionales. Reportajes a Patricia Altamirano y Raúl Montenegro, en Psicoscopio, Universidad Nacional de Córdoba: http://psicoscopio.wordpress.com/ps...
[6] Para hacer referencia una vez más al artículo de Armando Kletnicki “Un deseo que no sea anónimo”, En Michel Fariña & Gutiérrez: Encrucijada de la Filiación, Lumen, 2000.
[7] Así como el cine animado de Disney resulta ser la prehistoria de esta animación digital en 3D, también las tortugas y el lenguaje LOGO popularizadas por Seymour Papert en los años 80 lo son de este modelo complejo de interfase que nos presenta Cameron.
[8] Médicos, psiquiatras, psicólogos, asistentes sociales y terapistas ocupacionales de la UBA, trabajan en el Jardín Zoológico de Buenos Aires, donde niños y jóvenes con trastornos emocionales o problemas de conducta interactúan con animales silvestres de distintas especies. Ver http://infouniversidades.siu.edu.ar...
[9] Si bien en un lenguaje algo sensacionalista, la reciente nota de Bioedge resulta tan reveladora como inquietante. Are humans the only persons on the planet? Two zoologists and an ethicist have created a stir in the silly season after Christmas by announcing that dolphins should be counted as persons. "Many dolphin brains are larger than our own and second in mass only to the human brain when corrected for body size," says Lori Marino, a zoologist at Emory University in Atlanta, Georgia. "The neuroanatomy suggests psychological continuity between humans and dolphins and has profound implications for the ethics of human-dolphin interactions." She believes that dolphins are even more intelligent than chimpanzees, who appear to have the IQ of a 3-year-old child. http://www.bioedge.org/index.php/bi...



NOTAS

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