Inicio > Acceso Docentes > cuatrimestre 2010 > Benjamin Button >

por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología
Psicología Ética y Derechos Humanos
1º cuatrimestre 2010
Profesor Titular: Juan Jorge Michel Fariña
Profesora a cargo de la comisión: Lic. Pacheco Mariana
Comisión nº: 20
Integrantes del grupo:
De la torre, Priscila prissdelatorre@hotmail.com
Rossi, Natalia natalia-rossi@hotmail.com
El curioso caso de Benjamin Button
The Curious Case of Benjamin Button
La historia comienza con una escena en un hospital, donde una mujer mayor Daisy, espera la muerte en compañía de su hija Caroline. Daisy le pide a Caroline que lea en voz alta un voluminoso diario perteneciente a Benjamin Button, el cual contiene fotografías y postales. Caroline empieza a leer, si saber que el libro le estaba dirigido y que la historia que narra es la de su padre. Asi comienza a desarrollarse la historia de Benjamin Button, la historia de un hombre que nace en sus ochenta y envejece al revés, al que se le pronostican pocas esperanzas de vida.
La madre del niño muere después del parto, y su padre, Thomas Button, al ver el aspecto de su hijo, decide abandonarlo en el porche de un asilo de ancianos donde es adoptado por Queenie quien será su nueva madre y lo bautizará con el nombre de Benjamin. Con el transcurso del tiempo, bajo el amoroso cuidado de Queenie, Benjamin empieza a crecer en retroceso, a rejuvenecer paulatinamente. Un dia en su casa, el asilo de ancianos, con la apariencia de casi 70 años de edad conoce a una dulce niña llamada Daisy, la cual frecuentemente visita a su abuela en el asilo, y nace entre ellos una gran amistad.
Unos años mas tarde Benjamin regresa de un largo viaje, a su casa de Nueva Orleans con el aspecto de un hombre de 50 años, y visita a Queenie. Allí se encuentra con Daisy, quien ahora es una brillante bailarina de danza. Ella intenta iniciar un romance con él; pero Benjamin sutilmente la rechaza. Thomas Button, un hombre mayor que había querido brindar amistad a Benjamin se revela finalmente como su padre, y le confiesa que está severamente enfermo y que al morir le dejaría todos sus bienes.
Daisy, sufre un gran accidente que le imposibilita seguir su carrera como bailarina, regresa a su país y visita el ascilo donde se encuentra con Benjamin y finalmente el romance nace entre ellos; para entonces Benjamin tiene el aspecto de un hombre de 40 años. Días de felicidad son los que vive Benjamin y Daisy en un dúplex; a pesar del fallecimiento de Queenie, su madre adoptiva. Benjamin ya tiene el aspecto de un hombre de 30 años mientras que Daisy envejece normalmente. Inesperadamente para benjamín Daisy le comunica que van a tener un hijo, lo cual le preocupa a Benjamin quien decide irse de la vida de Daisy pues argumenta que pronto deberá criarlo al volverse el más joven y que, de permanecer junto a ella, la hija que han tenido juntos, no podrá tener una vida normal. Como no hay contra en los argumentos de Daisy, Benjamin se marcha definitivamente.
Al correr de los años, una noche, Benjamin visita a Daisy y advierte que se ha casado con otro hombre un tanto mayor junto con el cual su hija y ella, forman una familia. Benjamin vuelve al asilo de ancianos donde había crecido hasta que Daisy quien ya es viuda recibe un llamado y va al asilo y asiste cuando Benjamin ya tiene aspecto de pre-adolescente que desemboca en el de un niño con Alzheimer y finalmente en el de un bebé de brazos. Benjamin muere a los 85 en los brazos de Daisy, que con la última mirada de bebe, éste la reconoce y muere.
En el presente trabajo se llevará a cabo el análisis sobre la película “El curioso caso de Benjamín Button”.
Juan Jorge Michel Fariña centra su comentario titulado “Benjamín Button: lo que el cine nos enseña sobre la vejez” en el personaje de Benjamín Button.
Delineamos los elementos de necesidad como aquellos que corresponde a la “enfermedad” que posee Benjamín Button. Cabe aclarar que llamamos “enfermedad” a la condición física con la que nace el personaje. Esa “enfermedad” es la que determinará sus grados de libertad. El médico que se encontraba en el asilo de ancianos, donde su padre biológico lo abandonó, dio pocas esperanza de vida al pequeño bebé que luego será llamado Benjamín por la que será su madre, Queenie. Esta “enfermedad” contradice el desarrollo natural de la vida y el pronóstico del médico, haciendo de Benjamín un milagro, aunque “no la clase de milagro que uno espera ver” tal como dice su mama Queenie.
Aquello inesperable, aquello imprevisible que es obra del azar es haber conocido en un día domingo en el asilo a “la persona que cambió mi vida para siempre” y de la cual “nunca olvidaré sus ojos azules” dice Benjamín. Esa persona es Daisy.
El primer tiempo cronológico del circuito de la responsabilidad es aquel que se corresponde con la escena de la película en la que Benjamín y Daisy van a vivir juntos en la casa que compraron. Planteamos que este es el primer tiempo cronológico del circuito porque esta acción se agota en los fines con los que fue concebida. Pues, Benjamín le dice a Daisy en la playa “disfrutaré de todos los momentos que tenga contigo”. Y es justamente el disfrute de ambos lo que se observa en las escenas en las que comienzan a pintar la casa, comprar los muebles, etc.
El segundo tiempo cronológico, es decir, el primer tiempo lógico del circuito corresponde a la escena en la que Daisy le dice a Benjamín en el estudio de Ballet que está embarazada. Benjamín la mira (serio), ella le sonríe y luego de unos instantes, él le
responde con otra sonrisa y un abrazo. Este es el momento de la interpelación subjetiva que pone en marcha el circuito. Este momento resignifica el primer momento (cronológico) y facilita una respuesta a la interpelación. Y decimos que lo resignifica porque tener un hijo no estaba en los planes de la acción emprendida en el primer tiempo. Es decir, la acción de ir a vivir juntos no se agota en los fines con los cuales fue concebida y se diluye el sujeto de la certeza del primer tiempo.
Existen diferentes modos de respuesta a la interpelación. Según Oscar D´ Amore estos son: el sentimiento de culpa, la proyección, la negación, la intelectualización, la formación sintomática, etc. Ahora bien, ¿de qué modo responde Benjamín a la interpelación? Planteamos, de acuerdo a determinados indicadores, que responde con sentimientos de culpa. En la escena en la que Daisy, en un local de comidas rápidas, le dice a Benjamín “yo sé que tienes miedo”. “No lo estoy escondiendo” le contesta él. “¿Cuál es tu peor miedo?” le pregunta a su vez, “que el bebé sea como yo”. “Entonces lo querré todavía más” le replica Daisy. Benjamín le pregunta “¿Cómo puedo ser papá cuando voy camino al otro lado? No es justo para el bebé. No quiero ser una carga para nadie”. En otra escena, cuando están en la plaza con la bebé, Benjamín le dice Daisy “vas a tener que buscarle un papá, alguien con quien pueda envejecer”. “Aprenderá a aceptar lo que pase, ella te quiere” le responde Daisy. “Necesita un papá, no un amiguito”, a lo cual ella le pregunta si en realidad es la edad de ella lo que le molesta a Benjamín. Él le dice “no nos puedes criar a los dos”. Ubicamos la culpa entonces, cuando Benjamín dice que no es justo para el bebé y que no quiere ser una carga para nadie. Hay un cambio en la posición de Benjamín a partir de la interpelación, a partir del momento en que supo que iba a ser padre; pues se lo nota preocupado, tensionado, mira con un toque de tristeza, podría decirse, a otro padre que está acompañado de su hijita en el colectivo. Para el primer cumpleaños de Caroline, un hombre le dice a Benjamin “en un rato estará en la secundaria, con un novio” haciendo referencia a Caroline. Benjamin se voltea y mira con
tristeza a su hija en brazos de su madre, percibiendo que el tiempo iba a pasar muy rápido y que era hora de tomar una decisión.
Oscar D´ Amore explica que la culpa hace que se retorne sobre la acción por la que se “debe” responder. Es decir, el primer tiempo (cronológico) es resignificado por la interpelación a través de la culpa. El autor dice que no hay responsabilidad subjetiva sin culpa, así como no hay ética sin moral. Es el tercer tiempo del circuito, el de la responsabilidad subjetiva, el que tiene como respuesta a la interpelación, el efecto sujeto. En este sentido, es que D´Amore dice que “el sentimiento de culpa se diluye en el efecto sujeto y es una respuesta de dimensión ética”. 1 Aquí se ubica el acto ético que produce el sujeto de deseo inconsciente.
Ahora bien, ¿podemos ubicar el tercer tiempo, la responsabilidad subjetiva en el caso de Benjamín o el sentimiento de culpa no es más que un tapón y obturador en la emergencia subjetiva?.
Ubicamos como tercer tiempo del circuito de responsabilidad subjetiva, cuando benjamín decide irse “… Vendí la casa de verano en el lago Pontchartrain, vendí Botones Button, vendí el barco de mi padre y puse todo el dinero en una cuenta de ahorros. Para que tú y tu madre pudieran tener una vida, me fuí, antes de que pudieras recordarme.”
“…contrariamente a las evidencias iniciales, Benjamín no abandona a su hija. Renuncia a estar con ella cuando advierte que está siendo él mismo demasiado hijo como para ser padre (…). Benjamín prescinde de la guarda de su hija para posibilitar el acto de su filiación” plantea Fariña en el comentario de la película. Situamos aquí su Hipótesis clínica para afirmarla y ampliarla.
La responsabilidad de Benjamín se halla en la elección de irse y dejar a otro hombre la crianza de Caroline, renunciando al deseo de criar a su hija. Desde que Benjamín dejó la
1 D´ Amore, O.: (2006) “Responsabilidad subjetiva y culpa”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I Fundamentos, Letra Viva.
casa y hasta que su memoria lo permitió, escribió la historia de su vida que luego Daisy le entregará a Caroline. Mediante este libro él lega a su hija la memoria de un padre. Sabemos lo importante que es para la constitución subjetiva el acceso a los elementos que permitan construir su autobiografía. “Autobiografía no solamente jamás terminada, sino en la cual, incluso los capítulos que se creían definitivamente acabados, pueden prestarse a modificaciones, ya sea añadiendo nuevos párrafos o haciendo desparecer otros”.2
Según Alejandro Ariel, el acto es una decisión y no una acción. Tiene consecuencias para quien lo produce y también para los otros. La decisión no se toma en el campo moral.3 La elección se hace sin garantías y por fuera de las determinaciones. La elección constituye al sujeto.4 Decimos que la decisión de irse que toma Benjamín está por fuera del campo moral porque no calcula los pros y las contras, las ventajas y las desventajas, ni los consejos y las críticas. Desde un punto de vista moral, juzgaríamos como una “mala persona” al hombre que decide abandonar a su mujer e hija. Pero no es justamente un análisis desde el punto de vista moral el que persigue este trabajo.
Juan Carlos Mosca se pregunta “¿Cuál es la importancia de cómo se ubique el Sujeto frente a esto que “le ha sucedido”? (…) eso inesperado e impensado que le ha sucedido lo toca de cerca, “realmente” lo toca (…). De eso roce, que hace marca, la segunda vuelta plantea qué hacer con esa marca (…).”5 En este sentido, decimos que Benjamín es responsable de la decisión que permite el acto de la filiación. No es culpable por haber deseado una hija con la mujer que amó, tampoco es culpable por el deseo de criar a esa hija, pero si es responsable de la renuncia a ese deseo para posibilitarle a Caroline la
2 Aulagnier, P.: (1991) “Construir(se) un pasado”. Revista de Psicoanálisis ApdeBA. Vol. XIII N: 3.
3 Ariel, A.: (2001) “La responsabilidad ante el aborto”. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.
4 Alemán, J.: (2003) “Nota sobre Lacan y Sartre: el desicionismo”. En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
5 Mosca, J. C.: (1998) “Responsabilidad: otro nombre del Sujeto”. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba.
presencia de un padre. En la renuncia de lo pulsional se funda la ética dice Gabriela Salomone.6
Lacan afirma que “el padre existe incluso sin estar.” 7 Y se pregunta ¿Qué es el padre? El padre es el padre simbólico. El padre es un significante. La posición del Nombre del Padre es una necesidad en la cadena significante. Está estrechamente vinculado a la enunciación de la ley. Ahora bien, es la palabra de la madre quien dice el Nombre del Padre. Es justamente Daisy quien le entrega a Caroline el diario mediante el cual conoce a su padre, acompañado del relato de su madre. Entonces, no se trata de cuán presente estuvo Benjamin en la vida de Caroline, no se trata de juzgar como “buena” o “mala” la decisión de irse de su casa. Se trata, más bien, de ubicar la responsabilidad subjetiva en la renuncia al deseo de criar a su hija, cediendo su lugar a otro hombre. Responsabilidad que le permite a Caroline agregar un capítulo más a su autobiografía y modificar algunos otros. Porque “la vida no se acaba hasta que se acaba, y con ella la responsabilidad. Ni un momento antes” dice Federico Ludueña.
Ese poco de libertad que se juega en la elección, en el acto, es un despertar. Mientras tanto, dormimos en los signos de un guión ajeno.
“Siempre hay una oportunidad, por mas ínfima que ésta sea, para cambiar el curso de las cosas.”8
6 Salomone, G. Z.: (2006) “El sujeto autónomo y la responsabilidad”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I Fundamentos, Letra Viva.
7 Lacan, J.: (1999) “Las formaciones del inconsciente”. En El seminario. Libro 5. Paidós.
8 Michel Fariña, J. J.: “Benjamín Button: lo que el cine nos enseña sobre la vejez”. Comentario extraído de la
página web de Ética y cine.
Bibliografia:
Alemán, J. (2003): Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo. En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.
Aulagnier, Piera: “Construir(se) un pasado” en Revista de AP de BA. Vol. XIII-N° 3. Año 1991.
D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Fariña, J. (1992). Ética Profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el estatus de la responsabilidad sobre los actos.
Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.
Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires. Lacan, J.: (1999) “Las formaciones del inconsciente”. En El seminario. Libro 5. Paidós.
Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires. Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: