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Análisis de la película: “The curious case of Benjamín Button”. David Fincher/ USA/ 2008.

El film de David Fincher, “The curious case of Benjamin Button” (USA, 2008), trata sobre la historia de un niño que nace con una extraña enfermedad, nace viejo, vive como tal, y luego irá “enjuveneciendo”. Michel Fariña nos ofrece un análisis centrado en lo que el cine nos enseña sobre la vejez. En primer lugar, nos dirá que lo que enfatiza la ficción de la película es que nadie puede transmitir a otro su experiencia, ni siquiera nos está dado “aprender “de la misma. Benjamin al llegar a joven reitera las conductas alocadas e irresponsables de todo adolescente. Fariña cita a Federico Ludueña: “el viejo mantiene su posición de responsabilidad aún en los momentos que sólo luego, retrospectivamente, serán calificados de últimos. La muerte no ocurrió antes de ocurrir. (…) La vida no se acaba hasta que se acaba, y con ella la responsabilidad. Ni un momento antes.” Así, Benjamín Button es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva. Propone como hipótesis el hecho de que la experiencia es intransmisible, pero la sabiduría es el efecto de una transmisión. En el caso del film, se trata de la transmisión de un doble legado: Hacia su padre y hacia su hija. En primer lugar, cuando el padre, quién lo abandonó al nacer, aparece para anunciarle que él es su hijo. Ante esto, terminará aceptándolo como tal haciendo suya la filiación que se le ofrece. Lo acompañará al morir y hará del despojo, acto. En segundo lugar, el enjuvenecimiento que representa un desafío para Benjamin como padre, ya que deviene cada vez más niño. No abandona a su hija, sino que renuncia a estar con ella para dar lugar al acto de su filiación. Es decir, para que ella pueda saberlo como padre el día en que su madre, Daisy, esté dispuesta a legitimar su lugar. Escribirá su historia en un diario que retrospectivamente narrará su historia.
Para ubicar los tiempos lógicos de la responsabilidad subjetiva que organizan la situación, tomaremos la escena en que Benjamín se entera que su amada está embarazada. El primer recorte que haremos es aquel en que ambos se encuentran en el bar conversando. Benjamín anuncia que tiene temor, miedo a que el bebe sea como él. Sabe que su condición lo llevará a ser cada vez más joven. Aquí el tiempo 1, Daisy le anuncia que está embarazada, se resignifica y se funda a partir de la retroacción que genera el tiempo 2 de la interpelación subjetiva, algo por lo que se debe responder: ¿Cómo seré padre si voy en la dirección contraria?; esto dice Benjamín, parece sentir la ob-ligación de responder a esa interpelación que le genera deuda, culpa trasmudada en temor. Luego de que su hija cumple un año, decide vender todo lo que heredó de su padre e ingresa el dinero en una cuenta de ahorros, sería una manera de pagar la deuda que siente ante su hija. Ubicamos como otra respuesta a la interpelación, el momento en que decide irse de la casa. Pero algo deviene en un sin-sentido cuando luego de un largo tiempo lejos, Benjamin, con su imagen de adolescente, reaparece ante Daisy, y por obra del azar vuelve a ver a su hija, ella también adolescente. Esa noche se preguntará porque ha regresado, no lo sabe.
Al enterarse de que va a ser padre, identificamos en Benjamin como figuras de la culpa en el tiempo 2: la inexpresión en su rostro inmediatamente después de haber recibido la noticia; el temor y la angustia que le genera al saber que va a seguir “enjuveneciendo”, ya que siendo niño se volverá totalmente dependiente y no podrá cumplir las expectativas que la sociedad tiene con respecto al rol de padre. Esa pregunta que marcamos anteriormente: ¿Cómo seré padre si voy en la dirección contraria? Da lugar a la distancia entre un tiempo 1 y un tiempo 2, y autoriza la puesta en marcha de una hipótesis clínica acerca de aquello respecto de lo cual se espera una respuesta de Benjamin. Podríamos decir que al verse limitado en su ideal de padre, siente que será “una carga”, un niño que no puede ser padre: “No quiero ser una carga para nadie”, y luego expresa: “tengo miedo de que el bebe sea como yo”. Un temor a que se le devuelva su imagen, ver como lo vió su padre, un “monstruo”. Luego del nacimiento de su hija, responderá alejándose de ella con el fin de protejerla. Parece estar repitiendo inconscientemente su historia familiar, es decir, el haber sido abandonado por su padre biológico, y ahora él “al alejarse” de su hija. Pero con esto Benjamín hace algo más, produce una respuesta diferenciada. No dependía de él modificar su condición, porque se trata de aquello que rige por fuera de la intervención del sujeto en situación: su enfermedad es inexorable, sabe que va a morir niño, nunca será el padre socialmente esperado. Y aquí podemos ver la diferencia entre responsabilidad subjetiva y jurídica. El sistema jurídico en el marco de un orden social dado, es un modo legítimo de expresión de la legalidad simbólica fundante de la cultura. La ley establece lo permitido y lo prohibido como fundamento del lazo social, a la vez que es campo de la constitución subjetiva. Entonces en lo que respecta al campo normativo es responsable quien es sujeto autónomo, dueño de su voluntad e intención, pero paradójicamente, a éste se le otorga el derecho de responsabilizarse o se le quita. Un niño no es considerado tal, por lo tanto, nunca podría responder como padre. En cambio, decíamos, Benjamin trasciende la situación cuando decide escribir su historia, el legado que será transmitido a su hija Caroline para que pueda ser sabido como padre. Y es su madre que, en el momento límite de su vida, decide dárselo a su hija para que sepa de su verdad. Así como nos dice Fernando Ulloa: “El único remedio posible contra la malignidad de lo siniestro es el develamiento de aquello que lo promueve, simultáneamente al establecimiento de un nuevo orden de legalidad familiar. Aun dentro de lo doloroso de ésta explicitación, de este hacer justicia, la verdad operara como incisión, para drenar, aliviar y curar el abceso de lo siniestro”.( ) Es así que se produce la singularidad de un Sujeto en acto: “Uno es lo que uno hace con lo que hicieron con uno”. El tiempo 3 como responsabilidad subjetiva es también una respuesta a la interpelación, pero se trata aquí de una dimensión ética. El sujeto es siempre imputable, pero ya no en términos morales o jurídicos, sino éticos. Según Juan Carlos Mosca, la responsabilidad es otro nombre del Sujeto. En su texto, sugiere que la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Es decir, que cuando rigen por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Pero basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión. En su diario, Benjamín le expresa a su hija su deseo de ejercer como padre: “nada de lo que he hecho quitará esa pena”. Aquí la culpa, algo de su deseo se pagó con ella. Y luego agrega: “ Si te sirve de algo, nunca es demasiado tarde, o en mi caso, demasiado precoz para ser quien quieras ser”. Con esto parece expresar que a pesar de su inevitable destino, y esto es del órden de la necesidad, responde a la invitación de sus marcas, logra ir más allá y hacerse voz en los labios de su hija. Tal como nos expresó Carlos Gutierrez e Ignacio Lewkowicz: “ No es posible prescindir de las marcas de la herencia. Precisamente, por ello, para el sujeto se trata del desafío de administrarlas”. La primera de las posiciones vive (sobrevive) de las marcas. La segunda, vive a partir de las marcas. Esta última afirmación explicaría la respuesta de Benjamín.
Hay hechos que existen por fuera del designio humano, en la situación citada se observa la vulnerabilidad del protagonista ante la inexorable enfermedad que toca su cuerpo, que lo enjuvenece cada vez más acercándolo así a su fin. La Necesidad establece una conexión entre causas y efectos, la muerte es parte de ese órden, es el destino de todo ser humano, la condición de “enjuvenecimiento” de Benjamin también. En cambio, hay algo de otro órden que juega en el momento en que ellos, el protagonista y su amada, se encuentran, lo hacen fortuitamente en la mitad de sus vidas. Es el azar, quizás la suerte lo que juega en ese encuentro, es en ese momento y no en otro (Daisy todavía esta en una edad fértil para embarazarse). Es menester aclarar que el azar desconecta la relación de causas y efectos. El film nos muestra una historia de encuentros y desencuentros de este órden constantemente.
Si se recuerda al cuento “El muro” de Jean Paul Sartre donde el personaje Ibbieta al ser interrogado por el paradero de Gris, improvisa una broma para burlarse de los falangistas. Sabiendo que Gris está escondido en casa de su primo, les dice “Gris está escondido en el cementerio”. Luego, en un tiempo 2, el personaje se ve interpelado ante la noticia de que su amigo fue muerto en el cementerio, y a él no lo matan. Tomando a este relato cuyo escenario propone la emergencia de una singularidad en situación, haremos una comparación conceptual con la situación planteada anteriormente. En primer lugar, con respecto al órden de la necesidad, en el relato “El muro” el personaje se encuentra sometido bajo la presión de los falangistas. No eligió estar ahí para salvar su vida o la de su amigo. Es un factor externo a Ibbieta pero no ajeno. El mismo campo de determinación lo ob-liga a responder. En el caso de Benjamin, se trata de ese embarazo que lo sorprende, lo deja mudo, eso que no le es ajeno y que luego lo interpela en su posición de padre, en esa ambivalencia padre-niño podríamos decir. En segundo lugar, en el caso de Ibbieta hay algo del órden del azar en la situación en la que el personaje, al estar seguro de que su amigo esta en casa de su primo, trata de burlar a los falangistas diciendo que Gris está escondido en el cementerio. Éste, justo en ese momento efectivamente se fue a esconder a ese mismo lugar. Tanto Ibbieta como Gris, ambos por ser amigos entrañables, trataron de salvar al otro de la muerte... un inconsciente al otro inconsciente, donde se permutan sus vidas. En la trama analizada del film, la situación fortuita se da en el reencuentro de ambos en la mitad de sus vidas, cumpliendo el personaje su deseo amoroso hacia Daisy. En cuanto a la Responsabilidad subjetiva, Ibbieta es interpelado por el hecho de enterarse que su amigo ha sido fusilado en la mañana que él esperaba ser ejecutado, y al saber que estaba escondido en el cementerio. Al enterarse del hecho trágico llora y ríe a la vez, siente culpa pues lo ha delatado sin saber, y a la vez ríe de satisfacción al seguir con vida (división del sujeto). Algo de su deseo se ha logrado, aunque ese deseo se pague con culpa. En la película, el protagonista al ser interpelado por la noticia de la llegada de un bebe, siente angustia por cómo será su hijo, si nacerá como él, sabe que le será imposible ser padre pues es especial, diferente a los demás, esa situación lo lleva a resignificar lo vivenciado hasta ese momento a través de la escritura de su diario que será el legado transmitido a su hija. Allí se expresa hacia Caroline: “nada de lo que he hecho quitará esa pena”. La pena de no ejercer como padre, la culpa… Algo de su deseo se pagó con ella. Se muestra aquí la implicación del sujeto respecto de su acto.
Podemos ubicar la escena en la que Benjamin, en medio de la guerra, es uno de los sobrevivientes del remolcador donde solía trabajar. Inferimos que el personaje aquí parece sufrir una catástrofe subjetiva, es decir, una alteración de sus referencias simbólicas ante la magnitud de un evento como es en este caso la guerra, y el hecho de haber visto tanta gente joven morir. Se trata de situaciones que desbaratan los sistemas de sentido que le permitían al ser humano mitigar la ajenidad de lo imprevisible. Es importante aclarar aquí que se le presenta algo novedoso, la muerte le muestra otra faceta... A él le tocó criarse en un geriátrico donde la gente tenia una edad avanzada, morían “de viejos” vulgarmente hablando. A Benjamin en esta escena lo escuchamos reflexionar: ”Acá la muerte no pareciera natural”. Finalmente, citamos la frase de M. Fariña en su comentario “Benjamin Button: lo que el cine nos enseña sobre la vejez”:: “La doble vulnerabilidad de la especie humana nos recuerda que no sólo del paso del tiempo puede morir el hombre. Como Aquiles en los campos de Elea, estamos infinitamente cerca e infinitamente lejos de la muerte. No la elegimos, pero a veces podemos decidir que hacer con ella.”
Bibliografía:

• Lewkowicz, I. y Gutierrez, C.: “Memoria, víctima y sujeto”, en Índice, publicación de la DAIA, 2005.
• Mosca, J.C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• D´Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Salomone, G.Z.: El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Desastres y catástrofes. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado también en la página web de la cátedra www.psi.uba.ar.
• Ulloa, F.(1986).”La ética del analista ante lo siniestro”. En territorios, número 2. MSSM. Bs.As.
• Fariña, M.J.J.: Benjamín Button: lo que el cine nos enseña sobre la vejez. En Ética y Cine. Versión resumida de la ponencia preparada por M. Fariña para el Congreso de la Cátedra de Psicología de la Tercera Edad y Vejez, Facultad de Psicología, UBA, 2009.



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