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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

PARCIAL DOMICILIARIO

SOBRE LA PELÍCULA:
“EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON”

Materia: Psicología, Ética y Derechos Humanos

Profesor Titular: Juan Jorge Michel Fariña

Docente: Lucila Kleinerman

Coayudante: Vivian Hudson

Alumnas: Di Yorio Daniela
LU: 30978293/0

Sorroza Paula
LU: 30750655/0

PRIMER CUATRIMESTRE 2010

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

1- Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

2- Sugiera el circuito de la responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3- Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

4- Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparece, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

5- Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibietta (Cuento “El muro” de Jean Paul Sartre)

Introducción
En el siguiente trabajo, basándonos en la película “El curioso caso de Benjamin Button”, nos proponemos hacer un recorte de la situación que nos permita conceptualizar y ubicar el circuito de la responsabilidad subjetiva. Tomando como eje central la relación del padre de Benjamin con su hijo, marcaremos lo que consideramos los tiempos de la responsabilidad, así como también ubicaremos ciertas cuestiones en relación a las nociones responsabilidad jurídica, azar y necesidad, culpa e hipótesis clínica. Finalizaremos el escrito tratando de realizar una comparación conceptual entre el caso presentado aquí con el caso de Ibbieta, propuesto por Sartre en su texto “El muro”.

Breve resumen de la película
La película cuenta la vida de Benjamin, un bebé que nació el día que finalizó la primera guerra mundial y cuya madre fallece en el momento de darlo a luz. Benjamin nace viejo, producto de una rara enfermedad, e irá rejuveneciendo con el trascurso de los años. La madre, antes de morir, encomienda el cuidado del niño a su esposo, quien se horroriza por el espectáculo de ese bebé abandonándolo a su suerte. Pero el bebé será encontrado por una mujer que decidirá adoptarlo y le dará un nombre. Pasados varios años, se producirá un encuentro entre Benjamin y su padre, el cual llevará a que, al borde de la muerte, el padre le cuente toda la verdad de su historia. A su vez, Benjamin también se convertirá en padre, fruto del amor entre él y Daisy, una joven a la que conoce desde niña. Sin embargo, Benjamin tomará la decisión de dejar a su mujer y su hija para que esta pueda tener un “verdadero padre”.

Desarrollo
Para comenzar a pensar algunas cuestiones en relación a la responsabilidad, definiremos en un primer momento qué entendemos por este concepto. Siguiendo a Salomone , no es lo mismo la responsabilidad jurídica que la subjetiva. Ambas son dos modos distintos de confrontación del sujeto con la responsabilidad, obligándolo a responder desde distintos lugares. La responsabilidad jurídica se plantea en función de la noción de sujeto autónomo, la cual restringe la responsabilidad al terreno de la conciencia, es decir, aquel que tiene la capacidad para decidir libre y voluntariamente, capaz de responder por sus actos. Del lado jurídico, entonces, existe una ley que decide si el sujeto es imputable o no por sus actos, por lo que en este terreno la responsabilidad no sería inmanente al sujeto. “La responsabilidad jurídica es una forma de responsabilidad moral. Desde el campo moral, la valoración de las acciones tomará como referente valores compartidos” . Desde el campo de la responsabilidad subjetiva se juega algo diferente. La misma interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción de sujeto del inconsciente. Para el psicoanálisis hay un determinismo inconsciente que hace al sujeto responsable por definición. Este campo confronta al sujeto con aquello que perteneciéndole le es ajeno. Siempre es imputable en términos éticos, siendo la desimplicación de gran costo subjetivo.
Centrándonos en el recorte de la película que analizaremos, vamos a ubicar como personaje sobre el que se juega la responsabilidad, a Thomas Button, el padre de Benjamin. Como mencionamos, cuando nace, Thomas se horroriza ante su hijo y decide abandonarlo a merced de su suerte. Pasarán muchos años hasta que se produzca el reencuentro. Retomando lo explicitado anteriormente, en este acto de abandono se ponen en juego ambas responsabilidades por la cuales deberá responder. Responsable es aquel del que se espera una respuesta. Desde la responsabilidad jurídica, la ley social podría penalizar legalmente a este hombre por el abandono de su hijo. Desde los derechos humanos, se trata del derecho a la identidad. Si bien no hay una instancia que responsabilice y culpe al padre por este hecho a nivel jurídico, podemos hipotetizar que si esto se diera, este hombre debería responder por ello desde el lado de la responsabilidad jurídica. Como sujeto autónomo, se lo encontraría responsable, lo cual no significa la asunción del otro tipo de responsabilidad. Para abrir esta temática desde el lado de la responsabilidad subjetiva, introduciremos los tiempos de la responsabilidad.
El circuito de la responsabilidad, como conceptualiza Dominguez , se presenta de un modo lineal aunque los tiempos que se establecen se sitúan como lógicos y es necesario que entre ellos se produzca el aprés coup. El circuito se compone de un tiempo uno donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada. En el caso presentado, proponemos un primer tiempo cuando Thomas abandona a su hijo. Esta acción puntual, fijada en el tiempo, realizada a conciencia y con intencionalidad absoluta, se agota allí, en el acto del abandono. Se podría pensar que no hay aquí pregunta por esta acción. Sin embargo este tiempo uno se ve confrontado con un tiempo dos, tiempo que señala un exceso en lo acontecido otrora, donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo. En este caso el tiempo dos lo ubicamos en el momento en que se produce el encuentro entre padre e hijo a la salida de un prostíbulo. Thomas lo reconoce y lo sigue con el auto, ofreciéndose para acercarlo a alguna parte. Sin embargo, ya en el auto lo invita a tomar una copa. Benjamin accede y se dirigen a un bar, donde comparten una larga charla, entre trago y trago, luego de una noche de “debut” como la caracteriza Benjamin (era la primera vez que iba a un prostíbulo, que tomaba alcohol y, sin saberlo, la primera vez que veía a su padre). Thomas le pregunta por su enfermedad y también le cuenta acerca de su vida, de su fábrica de botones. Finalmente lo deja en la casa y le dice que disfrutó haber hablado con él y le pregunta si le molestaría que él pasara de vez en cuando a saludarlo. Esta situación lo interpela, le abre pregunta acerca de la acción llevada a cabo en un primer tiempo. Se presenta como una ruptura de lo universal, un tiempo de perplejidad, de exceso. Podríamos hipotetizar que por lástima, Thomas se acerca a su hijo, pero este primer acercamiento va más allá de lo que él imaginaba, produce un plus respecto a las expectativas de ese encuentro. Quizás él pensaba que acercándose era una forma de resarcir lo que había hecho, que no se jugaba nada en esa invitación, pero, a decir de Freud, el determinismo del inconsciente no nos permite pensarlo así. Podríamos homologarlo con lo que conocemos como segundo movimiento de la ética, donde se presenta un escenario dilemático siendo la situación misma la que funda conocimiento al sustraerse de la lógica precedente. Esta singularidad interpela los límites de lo ya dado, desestabiliza el estado de las cosas, interpela y obliga a buscar un nuevo punto de referencia. El horizonte de la moral se quiebra . Algo en relación a la culpa estructural se jugó en ese segundo tiempo que le hizo resignificar aprés coup el primero, su acción de abandono. Se pone en marcha así el circuito que impulsa o produce la vuelta sobre lo dicho, emergiendo una singularidad que demuestra la incumpletud del universo previo. Esta singularidad en situación demuestra la falta de lo que se creía universal. Entre ambos tiempos debemos poder hallar un lazo asociativo, lo que llamaremos hipótesis clínica, que sitúe la naturaleza de esta ligadura. Si algo ha emergido en el segundo tiempo des-ligado del universo particular, éste buscará re-ligarlo hallando una explicación a su presencia. La hipótesis clínica es del orden de la interpretación, tiene que ver con por qué hace lo que hace el sujeto. Es un intento de nombrar este exceso, una conjetura respecto a la responsabilidad del sujeto. Será la encargada de explicar el movimiento que supone que el tiempo dos se sobreimprime al tiempo uno resignificándolo. Esta resignificación dará cuenta de una respuesta del sujeto que advierta un cambio de posición frente a sus circunstancias, de allí la posibilidad de un tiempo tres, donde deberá dar cuenta del accionar de un sujeto y su posición en dicha decisión. No queremos aventurarnos mucho en torno a este tema, pues lo consideramos bastante dificultoso. Simplemente mencionaremos que creemos que tendría que ver con algo en relación al deseo, deseo de ser padre que queda relegado en un primer tiempo (el del abandono) y que se pone nuevamente en juego en este segundo tiempo. Lacan propuesto al final de su seminario acerca de la ética que la única cosa de la que puede ser culpable un sujeto es de haber cedido su deseo. El Sujeto cede en el camino del deseo para amoldarse a los mandamientos del superyó. Renuncia al deseo y cuanto más renuncia más culpable se siente. El yo no es propietario del deseo, pero el Sujeto es responsable de su puesta en acto. Esto nos llevará a hablar de la culpa. Hay dos formas de pensar este concepto. En el texto “Responsabilidad y culpa” , se plantea que no hay responsabilidad subjetiva sin culpa. Esta culpa es un daño por el que hay que pagar. Contraer una deuda es contraer una culpa. “Estar en deuda ob-liga a re-spondere” , pagar la deuda. Esta culpa es una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva por lo cual la ubicamos siempre en el segundo tiempo de la responsabilidad (y en el tercero), pues depende de la interpelación subjetiva. Esta culpa es la que proponemos ligada al deseo en el caso de Thomas, a lo que planteamos en relación a la hipótesis clínica. El sujeto debe responder ante esto, aunque la respuesta que de no sea considerada todavía tiempo tres. Es decir que el sujeto puede responder desde un tercer tiempo, el de la responsabilidad subjetiva, u ofrecer otras respuestas que serán particulares porque actuarán taponando la dimensión ética, volviendo al campo de la moral. De este lado, encontramos respuestas como el síntoma, la proyección, la negación, la culpa pero en tanto sentimiento inconsciente de culpa. Estas respuestas están del lado del yo, el cual responde para estabilizar la tensión que produce la interpelación, intentando recomponerse de lo que le aparece en distonía. En nuestro recorte de la película, Thomas dará otras respuestas en torno a esto. Luego del primer encuentro ya mencionado, pasarán muchos años hasta que el padre de Benjamin vuelve a buscarlo. Podríamos pensar que estos años de separación fueron causados por el mecanismo de negación, que no le permitía aceptar el volver a encontrarse con su hijo, negando todo lazo anterior. Cuando finalmente esto sucede, decide contarle toda la verdad de su historia, sin antes decirle que está enfermo y no sabe cuánto tiempo le queda de vida, que no tiene a nadie, que está solo. Van a la fábrica de botones de Mr. Button y ante la pregunta de “¿Qué puedo hacer por usted?” formulada por Benjamin, Thomas le confiesa que es su hijo (quizás lo que Benjamin podía hacer por su padre era reconocerlo como tal, abrirle la posibilidad de ocupar nuevamente en ese lugar, actuando en conformidad con su deseo). Sin embargo, confesión no es lo mismo que responsabilidad. Thomas primero debe dar una vuelta más, le dice que siente mucho no habérselo dicho antes, se arrepiente, le dice: “Nunca debí haberte abandonado”: el arrepentimiento es otras de las formas de sentimiento de culpa. La culpa se constituye en el reverso de la responsabilidad. Cuando la responsabilidad del sujeto se halla ausente, aparece, como sustituto, el sentimiento de culpa. Son formas desplazadas en el yo de la responsabilidad ausente en el sujeto. Thomas le cuenta a su hijo su historia, le muestra fotos de una casa de veraneo y recuerda que cuando era niño le gustaba ser el primero en despertar y correr al lago para ver comenzar el día. Benjamin lo interroga acerca de por qué le está diciendo todo esto y su padre le dice que planea dejarle todo lo que tiene, en un intento de resarcir el abandono. Esa noche, decide volver a la casa de su padre, lo saca de la cama y lo lleva hasta la casa de campo para que vea el despertar del día. En el último suspiro, su padre se libera. Podría hipotetizarse que aquí estaríamos dentro del tercer tiempo de la responsabilidad. El tiempo tres también es una respuesta pero hablamos allí de una dimensión ética. Es el acto en que se produce un sujeto de deseo inconsciente. La responsabilidad subjetiva es esa relación ética del sujeto al deseo. Siguiendo el comentario que realiza Fariña de la película, “cuando ese padre esté dispuesto a serlo, Benjamin lo acompañará en una mutua adopción que haga del despojo, acto. A ese padre, que lo privó del apellido, de la infancia, de la memoria de su madre, a ese padre Benjamín terminará aceptándolo, haciendo suya la filiación que se le ofrece. El padre lo abandonó al nacer, el hijo lo acompañará al morir” . Es decir que el padre pone en juego su deseo de ser tal, permitiéndole a su hijo que lo acompañe en la muerte, en una demanda de amor de este padre para con su hijo. Como marca el comentario final de la película: “Nunca es tarde para ser quien queremos ser”. A decir de Ariel: “Un padre es aquel cuya generosidad consiste en dejarse amar por un hijo” . Este tiempo tres implica una toma de posición en relación a lo universal inscribiendo un acto que produzca un sujeto, donde aparece una respuesta diferenciada, la cual realiza el deseo. Se podría pensar que es esta relación la que marcará luego a Benjamin en su decisión de dejar a su familia abriendo la posibilidad de darle un padre a su hija.
Fariña postula que la responsabilidad subjetiva se abre paso en la grieta que aparece entre la necesidad y azar (ambos, formas de desculpabilizarse). El azar se presenta como algo que desconecta causa efecto. Podríamos pensarlo en términos de “suerte, “casualidad”, “accidente”. Ubicamos del lado del azar en la película, el encuentro entre Benjamin y su padre en el prostíbulo. Este encuentro no estaba pautado. Fue una coincidencia pero “los hechos pueden encadenarse azarosamente pero es importante cómo se ubique el Sujeto frente a esto que le ha sucedido” . Por otro lado, la necesidad tiene que ver con los sucesos ajenos a la voluntad humana, donde no hay allí nada del sujeto, no hay responsabilidad. Es lo que conocemos como “destino”, “fatalidad”. Desde la película, lo que pensamos como necesidad es la muerte del padre. Y es cierto que la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar, porque es justamente entre estas situaciones que podemos pensar un tiempo tres en Thomas Button. Eduardo Laso, al comentar sobre el film Hace mucho que te quiero, propone que “mientras que la muerte es
inapelable, el morir ofrece un espacio a la palabra. Allí radica la apuesta subjetiva” .
Siguiendo a Ludueña en su artículo “La responsabilidad en la vejez”, es una falacia concluir que debe haber algún privilegio de desmontamiento de la responsabilidad en el caso de la vejez, cuando se supone que la proximidad del fin de la vida otorga cierta impunidad frente a las consecuencias de los actos propios, pasados o presentes: “El viejo no está más cerca ni más lejos de la muerte que cualquier otro hombre. La muerte es tan inmanente para él como para el niño (…) No hay posición privilegiada respecto a la muerte. Por lo tanto, el viejo mantiene su posición de responsabilidad aún en los momentos que sólo, retrospectivamente, serán calificados de últimos. La vida no se acaba hasta que se acaba, y con ella la responsabilida., Ni un momento antes” . La responsabilidad indeclinable permite que la última fase de una vida siga teniendo la potencialidad resignificadora que vuelva a dibujar algunos significantes esenciales, pero sólo a condición de no borrar.
Para finalizar, planteamos una comparación conceptual entre el caso presentado aquí con el caso de Ibbieta , propuesto por Sartre en su texto “El muro”. Tomamos como eje central los tiempos lógicos en el circuito de la responsabilidad subjetividad. Ibbieta es interrogado por los falangistas sobre el paradero de Gris, sabiendo que Gris esta escondido en casa de su primo, les dice “Gris está escondido en el cementerio”. Adviene un tiempo 2, como consecuencia de una conversación con García que le comunica que Gris fue asesinado en el cementerio. Como ya dijimos anteriormente, este segundo tiempo tiene la característica de interpelar al sujeto. Como dice Fariña “un termino adquiere valor significante solo a posteriori de un significante que le da carácter de tal”. En este caso la palabra “cementerio”, deviene efecto de resignificación a través de las palabras relatadas por García. En este segundo momento Ibbieta se ríe hasta que las lágrimas inundan sus ojos, aquí es donde podemos ubicar al sujeto como efecto de la palabra que lo divide. En las formaciones del inconsciente es donde manifiesta esa división del sujeto. En Ibbieta la elección de la palabra “cementerio” esconde un deseo inconsciente de vivir. Desde el film, Thomas también pone en juego un deseo. En ambos casos podemos decir que la responsabilidad subjetiva siempre interpela al sujeto mas allá de las fronteras del Yo, donde el sujeto se confronta con aquello que le es ajeno, con su propio deseo y es eso lo que se cuela en cada decir de nuestras vidas.

Bibliografía

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• Salomone, G. Z.: El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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