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Films > Título:  Black Mirror
Black Mirror: The National Anthem
por Ariel, Alejandro
Título original: Black Mirror

Black Mirror / Reino Unido / 2011-2013

Alejandro Ariel: Black Mirror [1]

Juan Jorge Michel Fariña:

Hay una expresión en música que dice así: “una sola nota falsa echa a perder una fuga, pero una nota justa, a tiempo, salva una sinfonía”. ¿Qué significa esto? Que la forma musical de la fuga, en su exactitud, no soporta un solo error. Fracasa ante la menor pifiada porque en ella rige la lógica de necesidad. La sinfonía en cambio, es una forma musical que, a punto de fracasar, puede salvarse por obra de la contingencia, si ese día hay un clarinete inspirado que haga emerger la obra a tiempo, incluso de manera sublime.

La idea del recorte clínico a través del recurso cinematográfico nos habla de eso, cómo poder hacer que una nota justa a tiempo salve lo que hubiera sido un fracaso estrepitoso. Es eso justamente lo que hace Alejandro Ariel con el pasaje del film “El color de la noche”: rescatar esos cuatro minutos que salvan, para nosotros, una película olvidable. Es lo que ustedes están haciendo con el propio recorte en los respectivos escenarios clínico-cinematográficos con los que están trabajando.

La semana pasada tuvimos la oportunidad de recorrer el texto de Alejandro Ariel y proyectar en este mismo aula el fragmento de la película “El color de la noche” y hoy tenemos la ocasión de contar con su presencia. No lo convoca en este caso una película sino una serie. Las series televisivas, el formato de la serie televisiva, se ha ido constituyendo en algo así como el relevo del cine para el gran público. Muchas series están guionadas y dirigidas por grandes realizadores cinematográficos, cuentan con actores que vienen del campo del cine y su ejecución fotográfica y estética compite en buena ley con las grandes películas. Hace poco tiempo hemos invitado a un realizador de series televisivas, exitoso por cierto, que nos dio un dato curioso: dos mil millones de personas en el mundo ven diariamente novelas y series televisivas. Dos mil millones de personas… o sea un tercio de la humanidad modela su moralidad, su sistema de valores, no a partir de textos eruditos, o de grandes obras, sino a través de ese fenómeno de masa que es la novela o la serie televisiva. Y fue el propio Alejandro Ariel quien nos alertó respecto de la existencia de esta serie que vamos a proyectar y discutir luego. Le doy la palabra para que haga entonces una introducción a esta elección; proyectamos a continuación el episodio, que dura 35 minutos, y participamos luego de la discusión. Lo recibimos con un aplauso.

Alejandro Ariel

La serie se llama Black Mirror: espejo negro. Espejo negro es esto, es el espejo negro de las pantallas de las computadoras, las pantallas de los teléfonos, la pantalla de la televisión. Quisiera que ustedes anoten dos preguntas:

  1. ¿Qué hubiera hecho usted en el lugar del Primer Ministro?
  2. ¿Qué hubiera sentido usted en el lugar de la esposa del Ministro?

Todos aquellos de ustedes que se sientan convocados por estas preguntas pueden subir su respuesta al Aula Virtual de la Cátedra. Esas respuestas me las van a reenviar a mí, y tendremos ocasión de charlar, de conversar sobre algunas cosas. Porque van a ver que no se trata de cualquier pregunta, sino que se trata de lugares muy difíciles que hacen a una posición ética, a una posición moral, pero eso lo charlamos luego de ver el episodio.

A continuación describimos algunas líneas argumentales del episodio 1x01 de Black Mirror, "The National Anthem":
El Primer Ministro de Gran Bretaña duerme junto a su mujer y el teléfono lo despierta en mitad de la noche. Son sus asesores, que lo convocan a una reunión urgente. En la sala de situación le exhiben un video que alguien ha subido de manera anónima a la web. En él se puede ver a la princesa, quien ha sido secuestrada y es obligada a leer ante la cámara un texto con las exigencias de sus captores. Los asesores del Primer Ministro han chequeado la información: el video es auténtico y efectivamente tienen a la princesa. El texto incluye una única petición, que le incumbe al Primer Ministro de manera personal. A las cuatro de la tarde de ese mismo día, el Primer Ministro debe aparecer en cámara por el canal oficial teniendo sexo en vivo con un cerdo. La princesa será ejecutada si no se cumple con esta petición. No hay modo de rastrear la fuente del video porque ha sido hábilmente encriptado, ni vía alguna para ponerse en contacto con los secuestradores. La información tampoco puede permanecer en secreto, porque está en las redes sociales. A minutos de haber sido subido, el video ya tiene decenas de miles de entradas y es hit en YouTube, Facebook y Twitter…

¿Qué hubiera hecho usted en el lugar del primer ministro? ¿Qué hubiera sentido usted en el lugar de la esposa del ministro? Las preguntas se me ocurrieron para que ustedes no solamente estuvieran implicados aquí como espectadores, en esta magnífica y tremenda serie, sino que se vieran concernidos por la pregunta: qué hubieran hecho ustedes en el lugar de los personajes.

Vamos a sostener que todo acto comporta, en términos estrictos, una decisión. Comporta dos tipos de responsabilidades: responsabilidades morales y responsabilidades éticas. Si podemos definir muy sucintamente la responsabilidad como la habilidad para “responder por”, la responsabilidad moral sería la habilidad para responder ante el otro por la dimensión de su conducta. En cambio la responsabilidad ética sería la de responder ante el propio deseo por esa conducta. No disponemos de mucho tiempo, pero vamos a recorrer algunas de estas responsabilidades y desplegarlas para que ustedes puedan intervenir en ellas.

Las responsabilidades morales se abren para el Primer Ministro desde el inicio a partir del lugar en donde él está involucrado. La política está involucrada. La realeza está involucrada. Y hasta la democracia está involucrada. Donde el poder en su versión actual está involucrado. En tanto lo que uno ve allí de manera clara es que el poder es básicamente información. Capacidad de información. Ninguna fuerza de ataque es suficiente si no tiene la información necesaria. Sin la información necesaria no podían hacer nada. También la prensa está involucrada, en tanto lo que ha perdido la prensa es parte de su poder. Acá lo vemos. La prensa se llamó el cuarto poder. Fíjense ustedes, eso es notable, ya que nada se puede ocultar. Nada se puede ocultar, ni en la política ni en la prensa. Con lo que podemos apresurar una conclusión temible: Internet, YouTube, Facebook, Twitter han destronado el optimismo de poder que la prensa tuvo durante la segunda mitad del siglo pasado. Hoy cualquiera sube información como ésta y la prensa no la puede parar, la política no la puede parar. Reflexionar sobre la cuestión del poder es también reflexionar sobre la cuestión de Internet. La imposibilidad de contener o dirigir la información de las redes abre la cuestión de lo público y el poder de formas nuevas. Vieron que en un momento dado el Primer Ministro le pregunta a uno de sus colaboradores: ¿Qué sigue? Y el tipo le dice: “No sabemos… esto es nuevo”. No hay una respuesta prevista, no hay un paso previsto para lo que sigue.

Lo que se sabe ya no puede controlarse. Se disemina como un virus o como un cáncer, inevitablemente. Es el fracaso de la inteligencia militar o política en la dirección del Estado, los tipos no tenían ni idea de quién y por qué había sido. Articularemos un intento de fundamentación de esta última novedad, que a mi gusto, fue una novedad descubrir que Internet, que Twitter es una limitación nueva a ese poder que parecía tremendo que es el de la prensa. Novedad que pone en jaque a la política, a la prensa, pero me parece que no pone en jaque a la ciudad, a la Polis, lo veremos…

El Primer Ministro debe responder por la vida de una princesa. ¿Ante quién? Ante la madre de la princesa… ante la reina. Ante su partido. Ante la opinión pública. Ante la prensa. Ante sus colaboradores. Y ante su mujer. Imagínense… a los que tengan ganas y se pongan a pensar ¿qué hubiera hecho yo en el lugar del Primer Ministro? Tiene que responder a todo esto… A quien le gusta gobernar, que gobierne…

La contingencia es dramática. Es totalmente pública y además no tiene tiempo. Es casi en tiempo real. Uno ve unas horas, comparte unas horas con ellos. El Primer Ministro sabe que debe responder, en tanto político, debe responder no por su propio bien sino por el bien de la Ciudad. Se espera de él que sepa hacer. Eso es la ética de la política. Se espera de un político que sepa hacer por el bien de la Ciudad. Debe contentar a un Otro temible… debe contentar a una madre, debe contentar a una reina, debe contentar a un partido político, debe contentar a la opinión pública y debe contentar a su mujer… pobre tipo.

Todo su poder se va desbaratando en un solo día, paso a paso… eso uno va todo el tiempo acompañando ese punto de caída de ese poder. No podrá impedir el fatídico momento que no eligió. Él no eligió esto. No hay comedia allí, algo raro ha ocurrido. No hay negociación allí. Y donde no hay negociación no hay comedia. Acuérdense de esto en esta Cátedra: donde no hay negociación, no hay comedia. Libertad o muerte, es su elección. Si el tipo quiere ser libre está muerto y si no se tiene que matar. Esa es la alternativa trágica. Una alternativa trágica en este sismo. Es tremendo. Es claramente una alternativa trágica en tiempos de comedias. Por otro lado su responsabilidad ética ante su deseo se va resquebrajando… vieron como hacen los colaboradores al principio, le dicen: "no"… "no"… "no"… Su responsabilidad ética ante su deseo se va resquebrajando. La ética lo llevaría a elegir su muerte, incluso la de la familia, porque no quiere sostener su acto. Suicidarse realmente, suicidarse políticamente, suicidarse socialmente, esa es la alternativa que la colaboradora de pelo blanco le dice, no tenés elección. No tiene elección o muere o muere, o se traiciona. A veces la ética es sólo trágica… recordemos a Antígona.

Pero hay un detalle fundamental: él no responde a su mujer en el teléfono. Vieron que cuando él se dirige al estudio de filmación… lo llama la mujer por teléfono y él no le responde. Cuando él termina y está en el baño vomitando, lo llama la mujer por teléfono y él no responde. Prestemos atención a este detalle. Él no puede decirle ni lo que ha decido hacer ni puede decirle luego una sola palabra sobre lo que ha hecho. Él invoca tres cosas antes de su acción, él dice: 1) por la vida de la princesa, o sea el bien de la polis, 2) dice que ama a su mujer, y 3) dice con temor ante el pecado que está por cometer, invoca a Dios en su pecado. Es un hombre enfrentado ante una hora, una hora que él no eligió, es una hora de la verdad que él no eligió. Tiene que decidirse por una cosa o por otra. Por eso les pregunto ¿qué hubieran hecho ustedes en su lugar y por qué?

La otra pregunta es: ¿Cuáles son las responsabilidades de su mujer? Hay una responsabilidad de su mujer ante su marido, ante su hijo… en la primer escena ella está moviendo un moisés, en la última escena cuando mira la tele, tiene a su hijo en brazos. Ante su marido, ante su hijo, ante su amor, ante la opinión pública. Ella imagina, antes de que suceda, las cosas que todos imaginan, las cosas que están pasando por la cabeza de la gente. Y ante el Estado… cuando habla la reina, ella se retira. Uno se pregunta con ella, ¿lo acompañará? ¿lo disuadirá? ¿lo dejará? ¿podrá soportar lo que le toca como la mujer de ese hombre en relación al acto de su marido? Hay una frase impecable, que solamente los ingleses pueden sostener, dice: “un Primer Ministro es reemplazable, una princesa no.” Es maravillosa esa frase. La pregunta que acompaña todo esto, es: ¿una mujer es reemplazable? Esa pregunta es argentina.

Ella decide acompañarlo en lo público. La foto del final antes de entrar a la casa lo atestigua. Pero ¿y las responsabilidades éticas de cada uno con respecto a sí mismos? ¿Del Ministro, de su mujer? Él, creo yo, ha decidido contra su deseo. Ha entregado ese deseo en bien del Estado. Ha perdido su deseo en lo íntimo. Vomita y será rechazado. Ella ha decidido contra su deseo por el bien de su marido. Pero en lo íntimo lo ha dejado, no hay vuelta atrás. No hay perdón en el amor de una mujer ante la traición. Ustedes se preguntarán ¿cuál es la traición? ¿Haberse cogido al chancho? No. No hay perdón en el amor de una mujer ante la traición. La traición que ella no perdona es, creo, que no la atendió en el teléfono. Esa es la traición que ella no perdona, que no la atendió en el teléfono ni antes ni después del episodio. Que por su vergüenza, por su vergüenza por haber cedido ante su deseo, no tiene con qué responder. No está a la altura del deseo de esa mujer, y eso es lo que ella no le perdona. Dice Lacan, en una frase que la recuerdo muchas veces cuando atiendo… una mujer le puede perdonar a un hombre cualquier cosa, cualquier crimen, menos que no esté a la altura de su deseo por ella. Y verdaderamente eso lo que me hizo pensar, esta mujer ¿qué es lo que no le perdona? Porque en el final, en lo íntimo, ella lo mira con total desprecio y se va, sube la escalera. Creo, casi diría, tengo la convicción, es porque él no está a la altura de su deseo por ella. Cuando ella lo llama, él no la atiende. Tiene más lástima de sí mismo que amor por ella.

Es un vértigo, la película y lo que les estoy contando…. Vamos a terminar con este vértigo. Sobre el final hay dos cuestiones que se dicen muy rápido porque uno está tan impactado que casi no tiene tiempo de verlas. La primera cuestión que se dice entre los titulares es: quizás sea la primer obra de arte del siglo XXI, la primera obra maestra, incluso, del siglo XXI. Triste, célebre frase de un crítico de arte. Lo que ahí se sitúa en relación a esta obra maestra del siglo XXI es porque la vieron 19 millones de personas, eso habla del futuro, eso habla de una pregunta por el futuro.

Y la segunda cuestión que es aún más importante es que el actor ganador de un premio, el que realiza todo esto, casi desde el anonimato porque sólo se sabe quién es al final, el actor ganador de un premio que realiza todo esto y se suicida, libera a la princesa media hora antes del acto del Ministro. Es tremendo. Cuando alcancé a darme cuenta de la dimensión de esto, me pareció lo más importante de la película. Insisto: la libera media hora antes del acto del Ministro. La colaboradora se pregunta ¿Por qué? El otro huevón le dice: “… para verlo tranquilo por televisión… la liberó para poder verlo tranquilo.” La mujer reflexiona un momento y dice: “no, no, no… es una lección.” En inglés, está traducido por “es una lección”, pero ella dice: statement, que quiere decir por un lado lección, pero también quiere decir declaración, en el sentido de declaración de principios.

Entonces fíjense: alguien que se suicida, produce este movimiento, libera a la princesa media hora antes, y hace algo que la colaboradora del Primer Ministro dice es una lección, es una declaración. “Saquémoslo. No incluyas esta página.” Por un lado, no incluyas esta página porque el Primer Ministro nos mata a todos, por otro lado no incluyas esta página porque la gente va a pensar que somos todos unos pelotudos que no lo pudimos agarrar… Pero hay algo más importante, mucho más importante. Esta declaración, esta lección, este manifiesto, a mí me hizo recordar a Mishima, cuando Mishima se suicida para restituir la tradición japonesa, es una declaración, el acto mismo es una declaración.

Sea cual fuere la traducción, ella dice: esa hoja debe ser retirada. Lección, declaración, manifiesto en el acto, esta dimensión ética de este acto logrado en el suicidio. No sólo porque indica un fracaso del Estado en la búsqueda y una inutilidad del acto del Ministro… no la liberó por cogerse al chancho, estaba libre media hora antes. ¿De qué se trata? De algo mucho más importante, algo que sin palabras está firmado en esta lección, en esta declaración, en este acto suicida a la manera de Mishima. Fíjense ustedes que la princesa es liberada camino al Parlamento, en un puente donde del otro lado está el Parlamento. Pero ¿saben qué? No había nadie en la calle. Nadie. Todos estaban mirando Black Mirror, todos estaban mirando la pantalla. No había un alma en la calle. Hay un recorrido, un paneo por la ciudad, y uno dice ¿para qué? Y allí uno se da cuenta de que no hay nadie en la calle, entonces cuando uno lee, es una declaración, es un statement, es una lección, lo que se dice es, ¿vieron? Estaban todos mirando por televisión, nadie veía la vida real. Si hubieran visto la vida real, hubieran visto a la princesa media hora antes que el Ministro tuviera que cogerse al chancho. Nadie la encontró durante 30 minutos porque todos eran espectadores de ese Black Mirror.

Esto es lo que tiene verdaderamente de apuesta la serie. Se trata de una apuesta de enorme sutileza. ¿El futuro cuál es? ¿Todos mirando la pantalla mientras lo que sucede no se ve? Y si todos somos espectadores, a mí se me ocurrió al menos colaborar con el director de la película haciendo un par de preguntas para sustraernos del lugar de meros espectadores. Si todos somos espectadores, esa es la lección, la declaración: hacia qué bestialismo vamos, entretenidos como estamos en mirar las pantallas. Es por eso que hoy el verdadero sentido de la proliferación de la nube es el desarrollo de un nuevo poder. Un nuevo poder descontrolado que amenaza a la polis con producir habitantes hipnotizados sin dirección ni política.

Pero no tengan miedo, es efímero, es apenas un ratito, este verdadero testimonio que les dejo es lo urticante de las preguntas y el escozor de un destino para todos nosotros.


Notas

[1] Conferencia dictada en la Facultad de Psicología, UBA, el miércoles 28 de Mayo de 2014. Transcripción de Natacha Salomé Lima con revisión de Juan Jorge Michel Fariña.





 
 
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