Inicio > Acceso Docentes > cuatrimestre 2009 > Breve narración de la historia de Any >

por 

Resumen : Breve narración de la historia de Any

Esta es la historia que narra un episodio de la vida de Any, una joven inteligente, sencilla, soñadora, de buena presencia y enamorada desde hace un tiempo de Fernando. El es un chico inteligente, divertido, carismático, talentoso takwondista, sociable y buen mozo. Se conocieron en una escuela de artes marciales, cuando Any fue a ver una clase, porque su madre le pidió que iniciara alguna actividad de defensa personal, ya que en ese año comenzaba la facultad, y debía viajar de madrugada. Entendiendo la problemática de la inseguridad que se vivía, era bueno saber algunas técnicas de defensa personal y poder defenderse ante cualquier atacante. Entonces Any con 17 años va acompañada de su madre y su hermano menor a ver una clase al gimnasio de su barrio, es entonces cuando queda deslumbrada por ese chico, vestido con la indumentaria propia de las artes marciales, de blanco con su cinto color amarillo cruzando su cintura, creyendo que era un ángel. Desde entonces, no deja de pensar en él. Any Comienza con las clases de taekwondo, ahora ya son compañeros de deporte. Apenas cruzan algunas palabras y saludos, ella estudiante de Psicología y el de Ciencias Económicas.
Ella está perdidamente enamorada, aunque jamás se lo dijo a nadie y mucho menos a él. Y frente al hecho de que Fernando está de novio, ella cree que él jamás se interesará por ella. Ha pasado un tiempo y Any no consigue confesarle su amor, siguen viéndose en las clases, aunque ella lo disimula muy bien, no puede evitar sentir lo que siente.
Un día domingo, día de la madre, Any recostada en su cama pensando en Fernando decide llamarlo para pedirle que se encuentren para hablar, acerca de sus sentimiento sobre él, que sin importar lo que el sintiera por ella, necesitaba decírselo. En ese momento marca el numero de teléfono y del otro lado contesta la hermana de Fernando en ese mismo instante Any cuelga el teléfono, y piensa que no era el momento indicado, que seguramente el estaría con su familia festejando el día de la madre.
Al día siguiente en la casa de la madre de Any recibe una llamada, es Jorge profesor de taekwondo, avisando que Fernando había sufrido un accidente de moto en el cual había perdido la vida. Mientras tanto, Any se encontraba en su habitación terminando un trabajo para la facultad que debía presentar al día siguiente, es en ese momento cuando uno de sus hermanos entra en su habitación diciéndole sin aviso previo, “Fernando falleció”. Any no lo podía creer no sabía que decir, que hacer, se quedó sentada en su habitación, sintiendo que su vida se iba apagando en cada segundo transcurrido. Trató de buscar alguna explicación, lo primero que pensó fue que ella pudo haber evitado ese accidente, con aquel llamado del día anterior, y sin embargo no hizo nada al respecto, no hizo nada para salvarlo, estalló en llanto. Angustiada se encerró en el baño y no lo podía creer, no podía ser cierto, todo tenia que ser un error.
Su mundo se desvanecía poco a poco, sus ilusiones, sus fantasías, ya nada tenia sentido, su vida se había vuelto en blanco y negro. Se negó a aceptar que ese chico, al cual, a pesar de nunca haber tenido ninguna otra relación mas que de compañeros de taekwondo, a quien tanto amaba en silencio, había perdido la vida. Sentía que todo era una injusticia, una ironía, perdió interés por todo, abandonó la facultad, nada tenía sentido para ella. Se reprochaba el porque no lo llamó y se sentía culpable por su muerte por que creía que ella pudo haberlo evitado, ya que si se encontraban para hablar, el nunca se hubiese ido en la moto de su amigo a una reunión.
A pesar de ello, y de lo difícil que fue para Any logró sobrellevar esta pérdida, y lo fue superando día a día. Transcurridos un par de años, Any conoce a un chico, ambos se enamoran y ella decide darse la oportunidad de volver a amar, de vivir un amor, una historia con la persona amada, y lograr salir de esa imposibilidad de poder comprometerse con sus sentimientos.
Análisis:
La protagonista se encuentra indudablemente ante una situación de determinación: la persona que tanto amaba falleció debido a un accidente, y nada puede hacerse al respecto. Corresponde a la categoría de lo inexorable, excede al sujeto y no es posible atribuir responsabilidad.
Se podría afirmar que hay un antes y un después de la muerte de su amado: antes estaba la intención de querer comprometerse con sus sentimientos y vivir una historia de amor con esa persona que llenaba su vida, a pesar de nunca habérselo dicho. Luego, la muerte de Fernando marca un rumbo incierto en la vida de Any , ella no sabe que hacer, abandona sus estudios y pierde interés por todos los elementos que conforman su vida, se siente perdida, y responsable por la muerte de Fernando.
Aquí se abre el circuito de la responsabilidad subjetiva, y en primera instancia es pertinente distinguir esta de la responsabilidad jurídica. La primera interpela al sujeto más allá de la fronteras del yo, sujeto del inconsciente, puntos de quiebre del sentido, efecto de las formaciones del inconsciente, los de mayor potencialidad del sujeto, es el sujeto en su singularidad. En la segunda se plantea al sujeto autónomo, de la razón, sujeto de la conciencia, que puede responder y ser interpelado a la luz de los códigos jurídicos, ya que no podría existir la culpa jurídica sin la responsabilidad objetiva que otorga la razón (“Si es responsable entonces es culpable”).
Teniendo en cuenta nuestro caso, podemos destacar dentro del circuito:
Tiempo 1: Any decide llamar a Fernando para fijar un encuentro y poder hablar con el sobre sus sentimientos, mas allá de lo que el pudiera llegar a sentir, entonces marca el número pero cuando del otro lado se escucha la voz de su hermana, ella decide cortar y considera que tal vez el esté con su familia festejando con su madre en su día.
Tiempo 2: Siente angustia, frente a la noticia de que Fernando ha muerto. Se pregunta que tal vez ella pudo haberlo salvado de ese accidente, si lo hubiese tan solo llamado y hablado con él. Es invadida por el reproche, la culpa por no haber hecho nada por salvarlo, por que el estaba muerto y ella con vida. La culpa es la contra cara de la responsabilidad subjetiva, la primera resulta de factura particular y la segunda una singularidad; “es en este sentido una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva: es una condición sin clivaje, es lo que obliga a responder”.
La culpa depende de una operación eminentemente simbólica: la interpelación subjetiva, que nos hace volver sobre lo hecho, y pone en marcha el circuito de la responsabilidad. No hay forma de no responder, la fuerza simbólica de la interpelación proviene de la internalización de la ley simbólica, es por eso que hay una exigencia de respuesta mas allá de lo que “yo” quiera responder.
Este Tiempo 2 resignifica al Tiempo 1, lo sobreimprime, en Any adviene angustia y tristeza ante la muerte de esta persona amada y ante la pregunta de ¿Por qué no lo llamé el día anterior?, En la interpelación el sujeto resignifica retroactivamente el tiempo 1, que ahora cobra significado para él en el tiempo 2.
Ante esto es posible aventurar una hipótesis clínica que nos permita acercarnos a una explicación:
Ante lo inevitable, lo determinante de la muerte de la persona amada, Any podría haber elaborado el duelo y continuar con su vida aunque no resultara del todo sencillo. Pero no fue así, algún punto ciego operó en ella desde su propio deseo inconsciente. La acción conciente, de colgar el teléfono cuando se comunica con la casa de Fernando, manifiesta el deseo inconsciente de querer cortar con la ligazón madre-hija, independizarse de esa relación, para adoptar la posición de mujer capaz de sentir, amar, arriesgarse y pensar como tal. Abandonando el lugar de niña insegura, indecisa, incapaz de decidir y elegir por si misma, dejando de relegarse a los dictámenes de su madre, posibilitando una salida exogámica. Es decir, tener la posibilidad de elegir un objeto de amor por fuera de la familia, e investirlo libidinalmente, asumiendo su propia identidad, como cualquier salida normal del Edipo, en la etapa de la adolescencia. La angustia y culpabilidad que siente por la muerte de Fernando, por no haber actuado ni haberse jugado por lo que sentía, es en realidad sentirse responsable por no haber cortado con la fidelidad a los mandatos de su madre,.
Esto a su vez se vincula con una parte de su historia personal, Any tiene el anhelo conciente de poder vivir su amor junto a Fernando, pero algo la detiene, cuelga el teléfono. Se niega a abandonar ese lugar de niña, en donde las decisiones las toma su madre, el sujeto debe hacerse cargo de su deseo y no ceder frente al deseo del Otro. Any para pasar a el lugar de mujer y entregarse al amor, debe romper con la endogamia, y tomar decisiones propias y pospone y deja para mañana el echo de asumir sus sentimientos, se niega a crecer.
Su vida responde a la necesidad de satisfacer los dictámenes de su madre, instaurados en ella. La ausencia Fernando, la ubica en posición de buscarse a si misma. La falta ubica al sujeto, ante la posibilidad de diferenciarse de los determinismos superyoicos, desarrollados por la madre sobre ella, desde antes de su nacimiento.
En el personaje de Any aparece un cuestionamiento frente a como se posiciona ante la falta que le permite reordenar los vacíos, las presencias y ausencias que introduce lo simbólico en lo real, siguiendo las enseñanzas de Lacan.
Hay una permanente puja entre el deber ser, como desea su madre, como marca la vida; y su deseo de amar, que le permitirá reubicarse en un lugar para resignificar su historia, como sujeto que busca su identidad, haciendo algo con las marcas que le vinieron de los Otros. Su verdad no radica en volverse a enamorar de otro o no, sino en el efecto de verdad, que le permita crear un acto frente a la sanción simbólica del Otro.
La muerte de Fernando marca en Any la pérdida y la elaboración de un duelo, para poder investir nuevamente el mundo y los objetos exteriores, como así también su propia persona. Aquí se abre la potencialidad de un Tiempo 3, el sujeto de la responsabilidad, pero no desde la dimensión moral (tomando los valores compartidos socialmente, costumbres, lo esperable o lo condenable para una situación determinada, lo pertinente a la conducta social de un sujeto entre otros, la moral es temporal y es una deuda sin alternativa), sino el de la responsabilidad subjetiva. Aquélla que atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo. Es la culpabilidad misma de lo que se hace y dice; una singularidad que emite un sujeto, del deseo inconsciente que lo causo. Esta potencialidad del tiempo 3 nos introduce a un sujeto diferente, ya no al del tiempo1.
Alejandro Ariel afirma en su texto que el sujeto de la responsabilidad subjetiva “es el sujeto de la renuncia, que puede sustraerse a dormir en los signos de un guión ajeno creyéndolo propio” . Esto constituye un acto, distinto de la acción ya que posee sentido singular, lo cual implica llevarlo a cabo por fuera de los otros, por fuera de la moral, es decir, de lo considerado como bien o mal (lo particular), “el devenir particular deviene particularista si se niega la singularidad” .
Es en el campo del universal singular, donde el sujeto debe enfrentarse a su propia soledad, a lo atemporal, a lo existencial y atemático. Ante su nueva realidad, Any se enfrenta al tiempo 3, se posiciona frente a la responsabilidad subjetiva que le otorga un “superávit”, un plus, como contrapartida de la “culpa” que opera como un “déficit”, como aquello que insiste, que repite.
Se produce un cambio en la posición subjetiva de Any ya no duerme en el guión ajeno, ya no descansa sobre los dictámenes maternos, y empieza a poner en escena sus propias elecciones, y puede responder por su deseo, y encontrarse así misma.



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: