por 

FACULTAD DE PSICOLOGIA

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

Parcial Domiciliario
ÉTICA Y RESPONSABILIDAD

Materia
PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

Responsable de cátedra
Prof. Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Ayudantes de Trabajos Prácticos
Lic. Brunetti, Marcela

Alumno
Christian Caruso L.U: 33.020.050.0
Matías Salgado L.U: 29.118.661.0

Comisión
14

Cuatrimestre
1ero

Año
2010

Análisis de la Responsabilidad Subjetiva: “Camila”

Camila es una película basada en la verídica y trágica historia de amor entre Camila O´Gorman y el sacerdote Ladislao Gutiérrez. Los acontecimientos transcurren a mediados del siglo XIX, en una Argentina gobernada bajo el régimen Rosista. El personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva es el sacerdote Ladislao Gutiérrez. Los autores del análisis proponen dos teorías distintas con respecto a la responsabilidad subjetiva. En un primer momento aparece un Ladislao completamente sumiso, sujeto a las leyes divinas. Aparece en escena Camila y esto comienza a quebrarse. Inicialmente, el sacerdote intenta resistir y sublimar sus pulsiones libidinales a través del castigo físico, sin embargo no lo consigue y cede conforme a su deseo escapándose con ella. Tiempo después es descubierto por otro sacerdote. Este acontecer produce en Ladislao una irrupción inesperada de culpa, la que lo lleva a escapar hacia la iglesia del pueblo y más tarde a entregarse a la justicia.
Por su parte Faletti y Vezzaro proponen dos hipótesis clínicas. En primer lugar considerar esta entrega como un retroceso en su camino a la aceptación de su deseo. Se entrega en tanto acepta los pecados realizados y su responsabilidad moral ante lo sucedido. Vuelve el Ladislao sumiso, ligado a los valores católicos donde su subjetividad plena se encuentra tapada. Finalmente hay un tercer momento, ya en prisión, donde escribe una carta de amor a Camila, retomando así su deseo y la responsabilidad subjetiva de este. La segunda hipótesis consiste en considerar a la entrega como un “tomar conciencia” de la importancia del amor que siente por Camila, y considerar que este amor es tan fuerte que vale la pena morir por él. Entregarse de esa manera por su deseo consistiría en hacerse responsable de su subjetividad. Por nuestra parte nos encontramos más cercanos a la primera hipótesis, que se puede apreciar en los distintos tiempos que hemos de desarrollar acerca de la responsabilidad subjetiva del protagonista.

La responsabilidad subjetiva recorre tiempos lógicos no cronológicos.En vías de realizar un recorrido por el circuito de la responsabilidad debemos señalar los momentos que definen cada tiempo: T1, T2 y T3.

El primer tiempo de la responsabilidad es en el que el Sujeto lleva adelante sus acciones con determinados fines. Él está convencido de que la acción que lleva adelante se agota en tales fines. En el caso abordado, el indicador que marca el T1 es la escena del campanario. Ante el pedido de Camila, el sacerdote Gutiérrez acepta encontrarse en el campanario de la Iglesia para compartir un momento a solas, lejos de la mirada pública. Entonces es allí donde, cara a cara, uno frente al otro, Ladislao pregunta:
- “Camila, ¿Qué voy a hacer contigo?”
- “Lo que usted quiera…”
La oportuna respuesta de Camila haría las veces de: “Actúa conforme a tu deseo”. Es así como el sacerdote se acerca y la besa intensamente. Al otro día escapan juntos y después de un largo viaje llegan a instalarse en un inhóspito pueblo del noreste argentino. El deja los hábitos, su vocación, su congregación; ella su familia y su herencia. Si este primer momento consiste en actuar conforme al deseo, podemos compararlo con el T1 de Ibbieta. En este tiempo, siendo él interrogado –ante el imperativo de confesar la ubicación de su amigo Gris o ser fusilado- decide responder. Su respuesta -"Está en el cementerio"- inicialmente, fue hecha como una broma hacia los falangistas para que estos se la pasen buscando a Gris entre los muertos. Sin embargo, nosotros podemos interpretarla como una manera de: no solo aplazar su condena a muerte, sino también de actuar conforme a su deseo, el cual sería sus ganas de vivir más, ya que si bien era sumamente improbable que Gris se encontrase en el cementerio, la posibilidad existía. Desde esta presentación paralela se aprecia que tanto Gutiérrez como Ibbieta actúan conforme a su deseo, si bien en este primer momento -aun no resignificado- pareciese que la intención de los protagonistas fuera otra.

El segundo tiempo de la responsabilidad es el de la interpelación subjetiva; tiempo donde el universo particular sostenido se resquebraja; algo sorprende al sujeto: su acción pretérita no se agota en sus fines, trae consecuencias inesperadas. Algo del ICC se da cuenta. Algo de su posición lo sorprende. Emerge una singularidad en situación. Ubicamos este segundo tiempo T2 en la escena de la celebración pascual. Para ese entonces, la fugitiva pareja trabajaba de maestros en una escuela en las afueras de la correntina ciudad de Goya. No eran reconocidos por que llevaban falsas identidades. Ante la invitación a una importante reunión para conmemorar las pascuas, se convencen en asistir (más allá del riesgo que podría presentar exponerse ante las todas las personalidades del pueblo). Todo marcha bien, hasta que Ladislao es reconocido por un viejo sacerdote, el cual no demora en delatarlo.

Ante lo súbito del encuentro, su doble personalidad cae. Recordemos que luego del T1, Ladislao crea una segunda personalidad: “Máximo” un tranquilo maestro rural, ajeno a los hábitos. De hecho el protagonista luego del T1, tiene un Yo dividido, ese que responde por el deseo de Camila, y aquel ligado aun todavía a los hábitos religiosos. Hasta que no llega el T2, Gutiérrez mantiene ambas facetas separadas: Por dar un ejemplo, si se dispone a rezar, no lo puede hacer estando Camila presente. Pero cuando aparece un otro que reconoce a Gutiérrez, este se desespera. Ya en su cara podemos apreciar como hay un descolocamiento, un encuentro con lo real. Ladislao se encuentra perdido. ¿Quién es él: Ladislao o Máximo? Ante esta angustia que irrumpe, la culpa lo obliga a responder. La interpelación subjetiva que sucede en este T2 no puede ser ignorada. Podemos pensar que en este momento se produce una regresión a un punto de fijación ya conocido. Ladislao huye hacia la iglesia del pueblo. Le reclama al mismo Cristo crucificado: –“¿Por qué no me dejas vivir en paz?”- como si el mismo Dios lo estuviera castigando por sus pecados, por sus deseos. Aparece así un Otro omnipotente, un Otro no barrado, al cual debe rendir cuentas. Esta culpa que irrumpe da cuenta de una falta, de una deuda pendiente, que en este caso es una deuda para con Dios. Podemos creer entonces que para resolver esta culpa y hacerse responsable moralmente decide entregarse el mismo. De esta manera logra hacerse cargo de su pecado ante la omnipotente ley divina (ejecutada de la mano de la ley del gobierno). Con esta acción Gutiérrez se hace responsable ante la ley, se vuelve sujeto responsable a nivel moral (ante Dios y ante el Gobierno) pero no responsable a nivel subjetivo. Ladislao se convence de un deber de redención ante un mandato divino ubicado por encima suyo, una Ley que lo supera, que sin tregua le demanda una respuesta. Para él, no hay manera de quedar por fuera de la ley de Dios. Ladislao debe confesar su pecado a las órdenes de la congregación.

Es entonces que entregándose que Gutiérrez decide ponerse en término, responsabilizarse moralmente por ser pecador, por incumplir a la ley eclesiástica, el mandato divino. Únicamente a través del perdón de Dios es que el pecado es perdonado. Según la Iglesia, no basta confesarse a solas con Dios (como él hace antes de entregarse). Justamente se entrega para confesarse. La iglesia marca que Dios mismo ha dicho que perdonará los pecados si un sacerdote los perdona y no lo hará en caso contrario: “A quienes les perdonéis los pecados, le son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos” (Jn 20,23).
Nos deberíamos preguntar cuales son los efectos que espera conseguir Gutiérrez ante esta confesión mortal. Para la comunidad católica, los efectos de la confesión son variados y se relacionan directamente con los efectos del pecado: La Confesión Corrige la inclinación desviada de la voluntad; repara el distanciamiento respecto a Dios obteniendo su perdón; recupera la dignidad del alma disminuida por el pecado; da fuerzas para vencer las próximas tentaciones y por último, en caso de pecados mortales, la confesión devuelve la gracia y la vida sobrenatural. Podemos pensar que Ladislao espera que la confesión lo acerque al perdón del Otro todo poderoso y a su vez corrija la desviación de su voluntad, o más precisamente la aparición misma de su deseo. La redención es la promesa de salvación. Es entonces que Gutiérrez emprende una acción paradójica: busca por medio del sometimiento salvarse de su propio deseo. No se siente responsable (subjetivamente), sino que se siente culpable. La lectura particularista de la fe Católica no le deja reconocer su singularidad, su subjetividad, su deseo. Vemos aquí como la obediencia divina obstaculiza la aparición de un Sujeto. Según Mosca , "Una de las quejas más típicas del obsesivo es que no puede producir acto, que todo lo que le sucede es por y para el otro”. Si lo que sucede es por Dios y para Dios, esto obtura la posibilidad que el sujeto aparezca en escena, impidiendo la responsabilidad de lo sucedido.
De esta manera, a la mañana siguiente se deja atrapar, se entrega. Gutiérrez renuncia a su deseo para gozar de la privación, porque como sabemos en la privación también hay un goce. Lacan señala en su seminario sobre ética, que de lo único que puede ser culpable un sujeto es de haber cedido su deseo. Aunque el yo no es propietario del deseo, podemos decir que el Sujeto es responsable de su puesta en acto.

En este segundo momento que venimos desarrollando, Gutiérrez se da cuenta que algo de su jugada, de escaparse con Camila, escapa al cálculo, o al menos ese cálculo falla, deja una diferencia. En el T1, cuando Gutiérrez escapa: ¿Logra escaparse de su pasado religioso? Se puede pensar que Ladislao no logra escapar realmente, y finalmente sucede un retorno de lo reprimido desde lo real. Gutiérrez no entiende lo que pasa. Se sorprende de lo que ha hecho. Desde ese momento que hace marca, aparece el planteo de qué hacer con esa marca, siendo imposible volver ya al mismo punto, ni simplemente repetirlo. El sujeto queda dividido ante la subjetividad. Se abre entonces la pregunta por la responsabilidad del Sujeto ¿Qué habrá tenido que ver Ladislao con todo esto?

Lo importante es como se ubica Gutiérrez ante lo sucedido. En este segundo tiempo se interroga sobre su accionar en T1. Aquellas acciones (significantes) adquieren valor significante sólo a posteriori de un nuevo significante que le da el carácter de tal. Es en la distancia, en la diferencia entre T1 y T2 donde se produce ese efecto. Gutiérrez mismo se interpela, ya que el resultado de su acción lo sorprende: en ningún momento considera que consecuencias podría traerle escaparse de la ciudad y de sus hábitos.
Lo mismo le sucede a Ibbieta. En el T2, donde se entera que Gris efectivamente estaba en el cementerio, esto lo interpela subjetivamente, y comienza a preguntarse en función de su respuesta ("¿En el cementerio?"). Se comienza entonces a resignificar el T1, tal cual como sucede con Gutiérrez.

Entonces surge un tercer tiempo de la responsabilidad, del Acto Ético, del saber hacer con lo ICC que está en juego. Hay en el Sujeto un cambio de posición subjetiva que tiene que ver con la posición ICC. Marca de esta manera un antes y un después para la vida de Gutiérrez y en consecuencia para la de Camila. Se gesta en su interior un “estatuto nuevo y revolucionario”. Es así como ya encarcelados, y condenados ambos a muerte, Ladislao se hace responsable de su amor, de su deseo, no ante el gran Otro que es el mandato divino o la ley pública, sino ante Camila y ante el mismo. Gutiérrez se cuestiona acerca del T1; por la interrogación por su propio deseo -“Camila, ¿Qué voy a hacer contigo?”- y su respuesta –“Lo que usted quiera”-. Se pregunta: ¿Ladislao has actuado conforme a tu deseo? La responsabilidad moral los lleva al dramático final de ser fusilados. Pero el hacerse responsable subjetivamente los lleva a estar unidos para siempre en su deseo. En su última carta le escribe a Camila: “Como no pudimos estar juntos en la tierra estaremos juntos ante Dios”. Este tercer tiempo abre un nuevo horizonte, el de estar juntos para siempre, por más que tenga que enfrentarse ante el otro, ante Dios. Es importante señalar que aquí finalmente Ladislao puede unir su deseo con su religión; puede estar junto a Camila frente a Dios. Lo real de la pulsión, la singularidad del objeto de goce, es el núcleo del la singularidad del sujeto. Ya no se siente culpable. Se siente responsable. La culpa señala un déficit de Sujeto, la responsabilidad un Superávit de Sujeto. Es así como segundos antes de ser fusilados, Camila le pregunta -“¿Dónde estás?”- y él le responde -“A tu lado Camila”-. Ya no se encuentra más del lado de la Ley Divina, de la Moral, sino del lado de su Amor, del lado de su propio deseo.
En el caso de Ibbieta, también podemos apreciar un T3, donde sucede el Acto Ético. Porque finalmente la noticia de la muerte de Gris, la cual anuncia la extensión de su propia vida, lo sorprende debido a que el ya se consideraba muerto y no tenía interés en seguir viviendo. Sin embargo hay un T3, donde Ibbieta llora de la risa. Acepta su deseo de seguir con vida, si bien esto implica un choque debido a su testarudez y su creencia de no importarle más la vida. Se ríe de alegría y llora de tristeza, todo a la vez.

Elementos de Necesidad y Azar
Las consecuencias lógicas de vivir en un determinado momento socio-histórico con un determinado conjunto de leyes como lo fue la era Rosista componen el orden de la Necesidad. Las leyes eclesiásticas, y los decretos gubernamentales escapan a cualquier maniobra o voluntad individual que pueda disponer Gutiérrez. Por su parte, Camila también estaba condenada a la muerte en un destino inevitable. Su padre la condena para que ella no ensucie el apellido de la familia, como ya lo había hecho en su momento su abuela. Todos intentan evitar la muerte de la protagonista: sus amigos, su madre, los policías que la retienen buscando la excepción a la ley (no se puede matar a una embarazada), incluso hasta aquellos que la iban a fusilar intentan no hacerlo. Pero Camila estaba inevitablemente condenada debido a los contactos de su padre. En la condena se juega algo del nivel de la necesidad. Debemos señalar que en este recorrido de la responsabilidad, también se ponen en juego elementos del orden del Azar. La presencia de un sacerdote -que haya conocido alguna vez a Gutiérrez- en una celebración de un pueblito inhóspito del noroeste argentino no es menos que algo librado al orden del capricho de la suerte, al orden del Azar. Es interesante el contraste entre nuestra concepción del azar y la del cura delator: -“No es casual que yo esté aquí, en este pueblo perdido”- .Para este sacerdote no existe el Azar por que la vida vela bajo la voluntad de un Otro omnipotente, que domina lo indomeñable. Nosotros podemos pensar que quizás la fugitiva pareja haya tentado al azar. Es así como entre necesidad y azar se abre una grieta, una vacancia entre ellos, y emerge entonces la responsabilidad del Sujeto en toda su dimensión.

Bibliografía
• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Fariña, J. (1992). Ética profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el status de la responsabilidad sobre los actos.
• Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.
• Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Camila por Faletti, Marcos / Vezzaro Claudia en http://www.eticaycine.org/Camila



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