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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos

Cátedra I: Profesor Reg. Asociado Fariña, Juan Jorge Michel

SEGUNDO PARCIAL DOMICIALIARIO

Docente: Carew Viviana
Comisión: 17
Alumnas:
• Valente, Paloma – LU. 32552795/0
• Logica Tornatore, Tamara Maite Ayelén - LU. 33268104/0
Fecha de Entrega: Martes 17 de Noviembre del año 2009

Buenos Aires, 2º cuatrimestre 2009

Ubicación de los elementos de la viñeta: Circuito de la responsabilidad, necesidad, azar e hipótesis clínica.

Primer tiempo: “Juguemos en el bosque mientras el lobo no está…”

En lo que ubicamos como primer tiempo tenemos una Caperucita muy segura de sí misma, valiente y confiada, que lleva a cabo una acción consciente y consistente, propia de un sujeto autónomo, bajo la premisa de que ésta se agota en los fines mismos para la que fue emprendida.
Recortamos como primer tiempo dos acciones que hacen a una misma escena; la primera, el momento en que, displicentemente, Caperucita le cuenta al lobo que va a lo de su abuela creyendo, erróneamente, que esto se agota en los fines de contestar a su pregunta. Es decir que frente al encuentro con lo temido, Caperucita sale del paso simplemente contestándole a donde iría.
En este punto se vuelve a jugar la responsabilidad del sujeto ya que, ante el encuentro con el lobo se abren nuevamente dos posibilidades, seguir el camino directo hacia lo de la abuela, o quedarse juntando flores para ella dando por sentado que el peligro ya había pasado.

Necesidad y Azar

A partir del recorte de este primer tiempo ubicamos, por un lado la necesidad que, citando a Fariña, se configuraría aquí como aquello que rige por fuera de la intervención del sujeto en situación, es decir, aquellos sucesos ajenos a la voluntad humana.
El cuento comienza ubicando a nuestra protagonista Caperucita, quien, por pedido de su madre debía llevarle unos pasteles a su abuela, que estaba muy enferma. Como ésta vivía al otro lado del bosque necesariamente, para llegar a su casa, debía atravesarlo.
Sostenemos que concierne específicamente al azar que Caperucita se encontrara con el Lobo, siendo el bosque tan grande. En este sentido las advertencias que la madre le hace abren una brecha dicotómica, al modo de una grieta entre el azar de encontrarse o no al lobo y la necesariedad de tener que pasar por el bosque. Es en esta grieta que, como dice Juan Carlos Mosca , se encuentra la responsabilidad del sujeto, es decir, en la elección de una de las dos opciones que se generan para la protagonista, a partir de la advertencia de su madre: el hacerle o no caso a las recomendaciones de mamá. Ir por el bosque tranquila, desatendiendo sus advertencias y confiando en que si hubiese peligro sus amigos del bosque la ayudarían o tener en cuenta las recomendaciones, ir directo a lo de la abuela sin detenerse a hablar con extraños. Esta dicotomía que se abre en el comienzo del cuento nos dará paso a pensar el primer tiempo de lo que luego se constituirá como el circuito de responsabilidad subjetiva.

Segundo tiempo: “¿Lobo estás?”

Ubicamos como Segundo tiempo el nuevo encuentro con el Lobo en la casa de la abuela. Notamos en él que nuestra protagonista se siente interpelada por el aspecto que esta abuela presenta. Entendemos esta escena como aquella que interpela a la sujeto, ya que Caperucita se siente obligada a responder a esta situación.
En este sentido este segundo tiempo estaría resignificando el primero, dando cuenta de que, al decirle al lobo a dónde iba y quedándose en el bosque juntando flores, se condenó a ella misma y a su abuela a ser devoradas por él, y todo esto a raíz de su decisión, la de no prestar atención a las recomendaciones de su madre.

Circuito de responsabilidad

Hemos recortado como tiempo uno una escena que se constituye a partir de dos acciones distintas que Caperucita emprende. Por un lado el decirle al lobo a donde se dirigía sin considerar que él podría ir hacia allí. Por otro, quedarse en el bosque juntando flores dando por sentado que el peligro ya había pasado. Entendemos que éstas dos acciones van en un mismo sentido, el de volver inocuo el elemento del peligro manifestado en el personaje del lobo.
Lo que funda el circuito de la responsabilidad es el tiempo dos entendido como aquél ”donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo mismo” y que recortamos como el encuentro “inesperado” con el Lobo feroz en la casa de la abuela.
Nos parece importante destacar que en este encuentro hay un diálogo entre ambos personajes en el cual Caperucita parece percibir que la abuela con la que espera encontrarse no es la misma de siempre. Este lobo-abuela se sostendrá durante una serie de preguntas que Caperucita realiza empeñándose en continuar desmintiendo la situación de peligro, hasta el advenimiento de este tiempo dos. Este tiempo implica un resquebrajamiento de la certidumbre yoica, apoyado en la premisa de que el peligro ya había ocurrido y, por otro lado, en la imagen del lobo inofensivo, este mismo lobo con el cual ya se había encontrado anteriormente y que no le había hecho ningún daño.
Así encontramos dos figuras del lobo, la del Lobo Feroz, imagen que reviste todo el potencial peligroso y que es aquello que la interpela y la del Lobo inofensivo, que es la que se constituye en el tiempo uno, producto de la negación del peligro que sustenta las acciones que la llevarán al tiempo dos.
Caperucita, interpelada por este “encuentro inesperado”, o más bien, desmentido, dará una respuesta. En palabra de Oscar D’Amore “Dado un tiempo 2, el de la interpelación, la ligadura del tiempo 1 es ya una obligación a responder a esa interpelación. No hay forma de no responder, pues la interpelación exige respuesta” . Esta respuesta la podemos ubicar en el final del cuento. Luego de que Caperucita es salvada por el leñador, quien casualmente pasaba por allí y había visto la situación, ella decide nunca más desobedecer a las juiciosas recomendaciones de su madre y su abuela.
Un elemento que da cuenta de la interpelación y de la consecuente respuesta a la misma, es el susto, referido en el cuento como sentimiento a partir del cual la protagonista decide, desde ese momento, seguir las mencionadas recomendaciones de sus mayores.
Esta respuesta cae en el campo de la moral, actúa taponando la pregunta que emerge interpelando al sujeto del inconsciente, sujeto barrado. Frente a esta hiancia que da cuenta de la emergencia de este sujeto, sujeto deseante, Caperucita responde sin hacerse cargo de la misma, sino, automáticamente cierra la posibilidad de la emergencia de un sujeto responsable por su deseo, instrumentalizando la responsabilidad moral a favor de la negación.
De este modo, nos permitimos desarrollar una hipótesis clínica que de cuenta tanto del recorte de los tiempos como de la lógica que muestra el circuito de la responsabilidad.
Hipótesis Clínica
Tenemos en un primer momento las recomendaciones de la madre actuando como un Ideal en Caperucita: “debes evitar el encuentro con el Lobo”. Sin embargo en el primer tiempo es ella misma la que, con su acción, le termina dando las coordenadas al lobo para que llegue a su encuentro. Esta acción se corresponde no sólo con el comentario de a donde se dirigía sino también con el quedarse en el bosque, dándole tiempo al Lobo para que llegue primero a la casa de la Abuelita. Entendemos que estas acciones están sustentadas en la negación de la peligrosidad del Lobo, la cual le permite emprenderlas vehiculizando de esta manera el encuentro con su deseo, encarnado en la imagen del Lobo Feroz (al modo del objeto imaginario).
De esta manera la respuesta moral de Caperucita se corresponde con una insistencia en el mantenimiento del Ideal materno, que representan las recomendaciones y advertencias juiciosas ofrecidas por su madre, taponando así, gracias al elemento del susto al ser devorada por el Lobo, el deseo propio.
En este sentido el encuentro con el Lobo claramente tiene que ver con el deseo de Caperucita, pero no queda claro qué representaría para ella este encuentro, ya que no tenemos en el relato elementos que nos lo indiquen ni la posibilidad de un sujeto en análisis que incurra en una asociación libre. Sin embargo, al investigar sobre el contexto en el que este cuento surge, nos enteramos que la finalidad del mismo era la intención de mantener advertidas a las jóvenes niñas del peligro que implicaba la relación con extraños. De hecho varios autores encuentran en él muchos elementos de connotación sexual y eróticos, representados por la figura peligrosa del lobo.
De este modo podríamos deducir que el lobo, que en muchas versiones es condenado a hundirse bajo las aguas por su propia gula, podría estar figurando allí mismo algo del deseo del cual nada se quiere saber y que se oculta debajo del mar para ser olvidado, contraparte del seguir las juiciosas recomendaciones de mamá que la mantienen alejada de su propio deseo en una negación continua. Pero esta misma negación, máscara y silenciadora del deseo de Caperucita, presente en cada uno de sus actos a la vez que sotierra y sepulta su deseo, lo denuncia tan implícito como recurrente jugándose en todo su actuar durante el cuento.
Conclusión
A partir del análisis realizado en el cuento infantil de “Caperucita roja”, pudimos ubicar una hipótesis clínica que sostiene el recorte de los tiempos que constituyen el circuito de la responsabilidad subjetiva.
Caperucita en el segundo tiempo de nuestra historia queda interpelada por un elemento que se le escapa y que irrumpe en la escena (el encuentro con el lobo). Esta interpelación sin embargo, y lejos de generar en la sujeto un cambio de posición en relación con su deseo, lo cual implicaría responsabilizarse subjetivamente, cierra el universo en el campo de lo particular, es decir, no se pregunta nada acerca de lo acontecido. Es más, Caperucita decide, luego de haber pasado un gran susto, nunca más desobedecer las recomendaciones de su madre (“juiciosas recomendaciones nos dice el texto), respondiendo de esta forma bajo la figura de la negación, figura que es una de las formas de responder frente a la interpelación. Esta respuesta, sostenida en el reconocimiento de la culpa ante los hechos acontecidos, nada tiene que ver con ubicarse como sujeto responsable, responsable en tanto sujeto deseante. Es por esto que sostenemos que su respuesta es del orden de lo particular, ya que sostiene un universo que no fue conmovido por la interpelación, sino que se cerró en el mismo momento en que ella decide sostener el ideal materno, una promesa moral.
Este elemento de la negación confirma nuestra hipótesis clínica y el recorte que hemos realizado acerca del circuito de responsabilidad. Caperucita lejos está de tener un cambio de posición subjetiva, mediatizada por un acto ético que interpele el universo establecido. Más bien se queda fijada a la posición, neurótica por excelencia, de “no querer saber acerca de su deseo”, cerrando así su acción sobre el campo de lo particular.

Bibliografía Consultada:

• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

• Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

• Fariña, Juan Jorge: “Responsabilidad entre Necesidad y Azar”. Ficha de Cátedra.

• Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. III. Eudeba, Buenos Aires.

• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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