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- UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES -
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
Psicología, Ética y Derechos Humanos

2º PARCIAL

Cátedra: I
Prof. Tit. Reg: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Comisión: 5
Prof.: Lic. Tamara García Karo
Lic. Silvia Capurro

Alumnas
Lopez, Carolina L.U.: 26390416-0
Rolfo, Paulina L.U.: 24599335-1

Curso de Verano 2011

CASA DE MUÑECAS
PIEZA TEATRAL- H. Ibsen- Noruega- 1879

Es navidad, la historia transcurre en casa de la familia Helmer. La protagonista es Nora, perfecta esposa, madre y ama de casa. A los festejos de esta fecha se suma que a Helmer, su esposo, lo han ascendido. Será el nuevo director del banco. Todo parece perfecto pero, a través de un diálogo entre Nora y su amiga Cristina, nos enteramos que nuestra protagonista guarda un secreto del cual se siente muy orgullosa: hace ocho años le pidió dinero a un abogado llamado Krogstad para poder viajar a Italia y pagar así la recuperación de su marido mortalmente enfermo. Enfermedad de la cual éste no estaba enterado; tampoco de dicho préstamo.
Helmer es un hombre muy escrupuloso y moralmente muy estricto. Decide despedir a Krogstad por no considerarlo un hombre intachable. En el pasado cometió fraude, pero al no haber el caso llegado a los tribunales jamás cumplió una pena por esto.
Krogstad necesita este trabajo no solo por cuestiones económicas sino para enmendar su pasado y construir un nuevo futuro. Este despido le arruina todos sus planes. Es por eso que amenaza a Nora con denunciarla y contar toda la verdad si no intercede con su marido para que éste le devuelva su puesto de trabajo.

Lo que Nora creía ser la mejor acción de su vida, la enfrenta ahora a una denuncia por falsificación y a la posibilidad de que la delate frente a su marido.
En este momento también nos enteramos que Nora no sólo pidió un préstamo a escondidas de su marido sino que para conseguir el dinero falsificó la firma de su padre moribundo. Krogstad le había solicitado a Nora que su padre firmara como garante del préstamo y ésta, para no preocuparlo en sus últimos días de vida, optó por no contarle nada y falsificar la firma pero sin darse cuenta que la fechó tres días después de la muerte del padre.
Tras ésta escena entre Nora y Krogstad vemos que ella comienza a inquietarse. Intenta convencer a su marido de que desista de la idea de despedir a Krogstad pero no lo consigue. Mas bien lo contrario, Helmer precipita la decisión y le envía por correo su despido.

Enterado de esto, Krogstad decide visitar nuevamente a Nora para comunicarle que no va a hacer una denuncia judicial en su contra y que el secreto va a quedar entre ellos tres (Nora, Helmer y él) pero que, a cambio de su silencio, quiere que no sólo se le restituya su puesto de trabajo, sino que se le dé uno mejor. Para asegurarse de que Helmer se entere de lo sucedido, Krogstad trae consigo una carta para él en la cual cuenta la verdad de los hechos. Luego de dejar a Nora sobre aviso se retira pero no sin antes depositar la carta en el buzón de la casa. Buzón que se encuentra cerrado bajo llave siendo Helmer el único que posee las llaves para abrirlo.

Nora se inquieta aún más y piensa que están perdidos, a menos que suceda un prodigio, un “milagro”. Logra que Helmer no abra el buzón ese día, pero no así al día siguiente. Finalmente llega el momento tan esperado y tan temido; después de ocho años de ocultarle su secreto, Helmer se entera de todo. Al principio no puede creer lo que Nora ha hecho, la acusa de tener liviandad de principios, de no tener religión, moral y ningún sentimiento del deber. Teme que el caso trascienda y que se sospeche que fue cómplice de la acción criminal de Nora o, peor aún, que fue él el instigador, siente su futuro y su reputación amenazados. Dice que es necesario tomar medidas: seguirán viviendo juntos pero sólo para guardar las apariencias y además, le prohíbe de ahora en adelante educar a los tres hijos que tienen juntos. Nora sólo atina a contestar con monosílabos.

Cuando pensamos que aquí finaliza todo, surge algo inesperado; llega una nueva carta de Krogstad en la que dice estar arrepentido, pide disculpas por lo sucedido y devuelve el recibo falsificado ya que un hecho feliz acaba de cambiar su vida y ya no le interesa el puesto en el banco. Helmer se muestra feliz y aliviado, dice estar a salvo y que tomará todo lo sucedido como una pesadilla que se terminó, a continuación rompe las dos cartas, el documento y los quema.
Mientras tanto Nora se encuentra seria y pensativa. Helmer no entiende porqué ella no está feliz si ya están a salvo, además le dice que la perdonó, que no la ama menos porque no pueda dirigirse a sí misma y que de ahora en más él la dirigirá para que no se extravíe.
Nora la agradece el perdón y se retira a su habitación a cambiarse de ropa, venían de una fiesta y ella estaba “disfrazada”. Al cabo de un rato regresa y le dice a Helmer que se siente que tienen que conversar extensamente.
Por primera vez en la obra, nos encontramos con una Nora seria, distinta. En esta conversación ella le plantea a su marido que es la primera vez que hablan seriamente acerca de algún asunto grave, dice haberse dado cuenta que jamás fue feliz, que estaba contenta y nada más, que sólo hacía gracias para distraerlo y distraerse. Dice necesitar estar sola para examinarse así misma y a cuanto la rodea, y por eso debe abandonarlo. Helmer le contesta que no puede abandonarlo ya que estaría faltando a los más sagrados deberes hacia él y sus hijos. Nora le contesta que ya no cree en eso, ni en la religión, tampoco en lo que dicen los hombres y los libros sino que se tiene que formar su propia idea al respecto. Reconoce que no entiende mucho de la sociedad de que forma parte, ni de las leyes, ni de la razón, pero que desea entenderlo. Esa noche esta más serena y segura que nunca, ya no lo ama y siente que vivió ocho años con un desconocido.

ANÁLISIS:

Centraremos nuestro análisis en el personaje de Nora quien a lo largo de esta obra va mostrando ir lentamente hacia el encuentro con su deseo. Intentaremos dar cuenta de su responsabilidad subjetiva, desplegada en los tres tiempos lógicos.

Es necesario tener en cuenta que la obra transcurre a fines del 1800 en el universo de la sociedad burguesa. Dicho universo de sentido no es, obviamente el mismo que rige actualmente. Como ya sabemos, la moral, ubicada en el plano de lo particular, es siempre la moral de una época por lo cual cambia con los tiempos.
Nora, nuestra protagonista, vivía tranquila en este universo: mujer obediente, perfecta esposa y madre; un poco alejada de la realidad y de los problemas mundanos. Como sin voluntad, como sin deseo ni vida propia, Nora vivía respondiendo a ese Otro Padre/Esposo/Hombre que la cuidaba, la protegía, la dirigía. El universo de Nora era consistente con aquel particularismo donde la mujer no era sujeto sino sujetada. Sujetada a la idea de Otro que le decía cómo actuar, cómo hablar, cómo pensar, cómo vivir. Nora creía en ese Otro completo que le proveía ilusoria completud. Y ella obedecía sin cuestionarse nada. Primero había vivido bajo las alas de un padre sobreprotector (Nora perdió a su madre de muy pequeña por lo cual había sido criada por su padre y una nana; nana que ahora cuida a sus propios hijos), para luego casarse con un esposo posesivo, que la cuida y trata como a una niña.

Por andar siempre soslayando la realidad, no pudo nunca imaginar que lo sucedido ocho años atrás, el pedido del préstamo y su ocultamiento,- el primer tiempo del circuito de la responsabilidad-, iba a tener las consecuencias que tuvo. La amenaza de Krogstad hace sucumbir su universo, su vida feliz y perfecta se quiebra. El pedido del préstamo, la mentira y la falsificación se ven resignificados, Nora se ve interpelada por la amenaza de Krogstad. Su mundo ya no se muestra consistente, la falsa seguridad en la que vivía se resquebraja, debe volver sobre su acción y responder por aquello que hizo.
Con esta interpelación, segundo tiempo, se pone en marcha el circuito. A partir de aquí se abre una pregunta que puede posibilitar, o no, la emergencia de una singularidad.

Pero no podemos responsabilizar de todo a Nora ya que en esto que le sucede intervienen el azar y la necesidad. Por un lado, es una cuestión azarosa que justamente la persona a la que ella solicitó el préstamo ocho años atrás sea ahora empleada del Banco y, al mismo tiempo, la persona a la que Helmer, en su nuevo puesto como director, quiere despedir sí o sí por no considerarla intachable. Por otro lado, es del orden de la necesidad la amenaza de Krogstad: si Nora no logra convencer a su marido de que le restituya el trabajo, la denuncia. Esto lo podríamos comparar con lo que ocurre en el cuento “El muro”, en el cual el axioma de los falangistas “es su vida por la tuya” es también del orden de la necesidad. En ambos casos hay algo que escapa a la decisión y a la voluntad de los personajes Nora e Ibbieta.

En un principio, como respuesta a la interpelación, vemos aparecer una serie de figuras de la culpa. Respuestas que no hacen más que volverla al surco de la moral, respuestas que des-ligan y que intentan cerrar el circuito. Nora intentará primero re-ligar eso que se ha des-ligado, pero re-inscribiéndolo en lo particular.
Primero niega lo que ocurre, minimizando el alcance de la amenaza y sus consecuencias. Desprestigia al abogado diciendo que él no sabe nada, no queriendo creer lo que él le dice. Pero a pesar de todo eso, notamos que se empieza a intranquilizar. Podríamos ubicar también como otra de las figuras de la culpa los intentos reiterados de convencer al marido para que no despida a Krogstad.
Este es un punto muy importante porque si Nora hubiese convencido a su esposo de esto, ninguna implicancia subjetiva hubiese sido posible. Los sentimientos de culpa la llevan hasta al extremo de querer terminar con su vida. Y todo ello por no querer saber de su deseo, por no querer enterarse. No se responsabiliza subjetivamente, todo el tiempo trata de zafar y no saber.

Sin embargo, a pesar de las numerosas tentativas de Nora de querer volver a su yo obediente y cerrar así el circuito de la responsabilidad, vemos que hacia el final de la obra algo diferente ocurre. La reacción que tiene Helmer cuando se entera de la verdad la hace preguntarse una vez más acerca de lo ocurrido. Y esta vez, Nora responde, pero no en función de la demanda. Decide abandonar la seguridad del universo particularista en el cual vivía e ingresar en un mundo nuevo, desconocido, sin certidumbres, sin Otro completo que la dirija, que le diga que debe hacer y pensar. Se da cuenta que no es feliz, que nunca lo fue y que no ama a su marido. Dice tampoco saber quién es pero que esta dispuesta a averiguarlo. Siente que ya no puede regirse por las leyes morales de la época, ni por la religión porque no sabe si la representan, cree que no. Cuando Helmer la interpela por sus deberes más sagrados: ser esposa y madre, Nora le responde:

- “Ya no creo en eso. Primero que todo soy un ser humano con iguales títulos que tú…o, por lo menos, debo intentar serlo. Sé que la mayoría de los hombres te darán a razón, y que esas ideas están escritas en los libros; pero ahora no puedo pensar en lo que dicen los hombres y en lo que se escribe en los libros. Necesito formarme mi idea sobre esto y tratar de darme cuenta de todo”.

Debemos decir que en varias oportunidades nos encontramos dudando si la decisión final de Nora de abandonar a su esposo debía ser pensada como una respuesta subjetiva y su consecuente quiebre de lo particular o si era una huída, un no hacerse cargo, una respuesta desde la culpa que entonces tapona la dimensión ética; una trasgresión caprichosa a lo preestablecido pero siempre dentro del mismo universo.

Luego de varios debates llegamos a la conclusión de que se produce una respuesta pero no ya desde el campo de lo moral sino una que pertenece al campo de la ética: un acto ético en el que Nora deviene sujeto, sujeto responsable. No sabe quién es pero intentará saberlo. Es este acto entonces, el tercer tiempo de la responsabilidad. Como dice Fariña sobre Truman: “Un sujeto puede pasarse la vida huyendo de sí mismo. Pero existen ciertas circunstancias en las que algo cambia, en las que se encuentra eligiendo…”
Y ella elige. Elige enfrentar la situación desde una posición subjetiva, tiempo de toma de posición en relación a lo universal.

HIPOTESIS CLÍNICA
Nora vive “dirigida” por un otro que se muestra siempre completo, primero el padre, luego el esposo, ella no pregunta sino que vive para satisfacer siempre las demandas y los deseos del otro, y como Truman, durmiendo siempre en los signos de un guión ajeno.
Pero en este universo de sentido aparentemente consistente algo ocurre, ella había falsificado la firma del padre y por un acto fallido había equivocado la fecha. Al verse interpelada comienza respondiendo desde la lógica de lo particular ya que los deseos culpógenos le sirven para no confrontarse con la verdadera naturaleza de su deseo.
Desde su yo consciente ella no quiere que todo salga a la luz, pero en su intento de tapar las inconsistencias, estas no hacen más que aparecer. El fallido de la fecha en el recibo nos viene a hablar de un deseo inconsciente que no se condice con lo que ella dice. Ella “equivoca” la fecha y en este equívoco su inconsciente se manifiesta. En la conversación que tiene con Cristina (en la cual le cuenta su secreto), y ante la pregunta de ésta de porqué no le ha contado nada a su marido, Nora responde:
- “¡Santo Dios, no! ¡A él, tan estricto respecto a este tema! Y después que con su amor propio de hombre se le haría muy difícil. ¡Qué humillación! ¡Saber que algo me debía! Eso hubiera cambiado todas nuestras relaciones; nuestra vida hogareña, tan feliz, no sería ya lo que es”.

Pensamos que Nora sí quiere que se sepa lo que hizo, desea que Helmer sienta que le debe algo, nada menos que el haberle salvado la vida. Desea que se sepa que vale más de lo que todos creen, que no sólo sabe hacer gracias y divertir sino que ella también puede resolver problemas serios, que también puede tomar decisiones. Y por lo tanto, también desea otra relación distinta de la que tiene, una relación en la que ella pueda ser parte de las decisiones de los “asuntos graves” como ella los nombra. Durante los ocho años en los que mantuvo el secreto Nora temió, ansió y deseó que se supiera la verdad, pero nunca imaginó hasta que punto modificaría su vida.
Durante todo ese tiempo deseó que Helmer, al saber la verdad, finalmente la reconozca, la comience a tomar en serio. Pero esto no ocurre, más bien todo lo contrario. Como decíamos antes, es esta reacción inesperada la que la interpela nuevamente. Nora, entonces, decide sacarse el “disfraz”. Tomamos la frase, “Voy a sacarme el traje de disfraz”, en su literalidad, rompiendo con el sentido compartido ya que, “sin quererlo”, como un saber no sabido, Nora dice lo que está por suceder. Elle realmente se saca el disfraz, lo que fue hasta ese momento, para mostrarse quizás por primera vez.

Bibliografía
- Ariel, A. (1994). Moral y Ética. Una poética del estilo. En El estilo y el acto. Ediciones Manantial, Buenos Aires.
- D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

- Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006
- Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cáp. III. Eudeba, Buenos Aires.
- Michel Fariña, J. (1998). Qué es esa cosa llamada ética. (Cáp. II); Lo universal-singular como horizonte de la ética. (Cáp. IV). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

- Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Desgrabación de clase teórica. Publicado en la página web de la cátedra.
- Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

- Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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