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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
Facultad de Psicología

Segunda evaluación

Materia: Psicología, ética y derechos humanos
Cátedra /titular: Nº 71/ Fariña, Juan Jorge Michel
Nº de Comisión: 1
Profesora: Ianina Samolevich
Alumna:
Espinoza, Mercedes L.U. 332826640
Joannaz, Flavia L.U. 333138380
Fecha de entrega: 15/11/2009

SITUACIÓN A ANALIZAR
Willy Wonka es el dueño de una gran fábrica de chocolates. Desde sus inicios lo que la diferenciaba de las demás fábricas era la originalidad de sus productos. Tal era la envidia de los demás fabricantes que empezaron a enviar espías para robarle sus recetas. Devastado por esta situación, Willy Wonka decidió cerrar las puertas de su fábrica. Pero cierto día comenzó a salir humo nuevamente de sus chimeneas, pero ninguno de sus empleados recuperó de su trabajo. Quiénes eran los que trabajaban en ese lugar era un misterio. Asimismo, Willy Wonka vivía confinado en ese mismo lugar. Nunca se lo veía fuera de la fábrica. Lo único que salía de allí eran los dulces para la venta.
Un día, durante un corte de pelo, Willy descubre una cana entre sus cabellos, y tuvo “una revelación muy extraña”: en esa cana vio reflejado el trabajo de toda su vida: “¿quién cuidará todo cuando yo ya no esté?”, así decidió que lo mejor sería encontrar un heredero
Cierto día aparecieron unos carteles distribuidos a lo largo y ancho de todas las ciudades y pueblos del mundo. Estos anunciaban lo siguiente:
“Querida gente del pueblo:
Yo, Willy Wonka he decidido permitir que cinco niños visiten mi fábrica este año. Además, uno de estos niños recibirá un premio especial más maravilloso de lo que se puedan imaginar”
Desde ese día el mundo entero busco los tickets dorados, equivalentes a invitaciones a tal acontecimiento.
El último niño en encontrar dicho ticket era Charlie, un chico humilde que vivía en una pequeña y desalineada casa con sus cuatro abuelos, su madre y su padre.
Charlie fue al evento acompañado de uno de sus abuelos (ex-empleado de la fábrica). A lo largo del paseo por el interior del increíble lugar, poco a poco los niños se fueron “accidentando” hasta quedar Willy Wonka sólo con Charlie y su abuelo. Para contarle cuál era el premio final se dirigió a la casa del muchacho. Ya en ella, al encontrarse con los padres de Charlie los saluda diciendo: “Ustedes deben ser los pa-pa-pppp…”, a lo que el padre de Charlie completa: “Los padres de Charlie”. A continuación Willy anuncia que como premio dará a Charlie su fábrica. Charlie y el resto de su familia lo miran sorprendidos. No podían creerlo. Le propone a Charlie dejar todo eso (haciendo clara referencia a su casa) e ir a vivir a la fábrica. Charlie acepta muy contento, pero a continuación pregunta “¿está bien si viene mi familia también?”. El sorprendido es ahora Willy Wonka que le responde: “por supuesto que no pueden. No puedes dirigir una fábrica con la carga de una familia. Un chocolatero debe operar libre y solo, debe seguir sus sueños sin importar las consecuencias”. Y luego acota: “mírame a mi. No tenía familia y soy un chocolatero exitoso”. Charlie piensa y le pregunta si no volverá a ver a su familia si decide ir con él. Willy responde que no (“¡considéralo un bonus!”). Charlie mira fijo a Willy y le responde firmemente: “entonces, no voy. No dejaría a mi familia por nada. Ni por todo el chocolate del mundo”.
Willy parece no creer lo que está escuchando: “wow! Eso es tan inesperado y… raro”. Todavía asombrado, se despide y se va.
En la próxima escena, Willy aparece haciendo terapia y contando que no sabe lo que le pasa: “los dulces son las únicas cosas de las que he estado seguro toda mi vida, y ahora no estoy nada seguro”. Luego llega a la conclusión de que se debe a que él se siente terrible y por eso todo le sale mal.
Es así que decide recurrir a Charlie. En un momento de la conversación con el pequeño, el señor Wonka le pregunta qué es lo que a él le hace sentirse bien cuando está mal. El niño, sin dudar, responde: “mi familia”. Willy haces gestos de asco y Charlie le pregunta qué es lo que tiene contra su familia. Willy le explica: “no es sólo TU familia. Es toda la idea de los pppp… (No puede decir la palabra padres). Siempre te dicen qué hacer y qué no hacer, y eso es malo para un ambiente creativo”. Charlie explica qué eso lo hacen para proteger a sus hijos, y tras un nuevo bufido de Willy, propone que pregunte a alguien sobre eso. Willy exclama: “¿preguntarle a quién? ¿A mi padre? De ninguna manera…al menos no yo solo”. Charlie se ofrece a acompañarlo y parten rápidamente.
Los dos personajes llegan a una casa en donde una chapa al lado de la puerta anuncia: “Dr. Wonka, dentista”. Willy ingresa al consultorio como si fuera un paciente. Mientras este último es atendido, Charlie observa una pared llena de fotos, hasta que se acerca lo suficiente como para comprobar que aquellos son recortes de sobre noticias relacionadas con el hijo (del dentista).
Finalmente, el Dr. Wonka reconoce a Willy y se funden en un abrazo.
Ese día, Willy Wonka repite la oferta a Charlie que acepta con una sola condición, la misma que en el último encuentro. Pero esta vez el misterioso personaje acepta y en la escena final lo muestra cenando alegremente adentro de la precaria casita de la familia de Charlie…ubicada dentro de la fábrica de chocolate.
ANÁLISIS
Según Dominguez (2006) plantea la existencia de un Primer Tiempo de dicho circuito “donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada”. Un individuo lleva a cabo una acción con un fin determinado conciente y voluntario, en este tiempo tan solo existen las certezas:
“el tiempo 1 se corresponderá con un síntoma egosintónico, un síntoma que al hallarse en la misma sintonía del yo, pareciera conformar aquello que hace a un rasgo propio del sujeto y que agota allí en lo que podríamos llamar su forma de ser o carácter”

La película nos presenta a Willy Wonka como un personaje de rasgos muy llamativos: es un personaje extravagante, aislado del mundo, que ha dedicado su vida a producir golosinas, no se sabe de su historia, representa un enigma para todos. A lo largo del film se muestra se van delineando aspectos que llevan a pensar que a este sujeto nada lo afecta, con cierta malevolencia, siente “asco” por todo aquello que haga referencia a lo familiar, no puede siquiera pronunciar la palabra “padres”.
Tiempo 1:
 Ante la caída de su primera cana, Willy Wonka decide que es hora de buscar a alguien que continúe con su labor de toda la vida y se encargue del cuidado de la fábrica de chocolates y de sus empleados (los Oompa Loompas). Ante la dura tarea de elegir a alguien que lo reemplace decide organizar un concurso a nivel mundial, que dejará en las manos del azar a 5 finalistas (los niños que encuentren un boleto dorado dentro de alguno de los chocolates Wonka). De estos 5 niños sólo uno podrá acceder al “premio especial”, del cual no se dan mayores detalles.

Observamos en esta primera escena algunos de los componentes que intervienen en el circuito de la responsabilidad subjetiva.
Según Mosca (2002), el azar se asocia a la casualidad en la conexión de distintos hechos. En el caso planteado el azar se observa en la caída de la cana de Willy Wonka que despierta toda una serie de preocupaciones respecto al futuro de su fábrica cuando él ya no esté. Además, el azar se ubica también como ya se ha dicho, en la distribución de los boletos dorados que hacen posible que 5 chicos visiten la fábrica, entre ellos Charlie.
En cuanto a la necesidad, entendido según el mismo autor como aquello que es de una forma y no puede ser de otra, se encuentra el imperativo que se le impone a Willly de que alguien cuide su labor de toda la vida, su fábrica y a quienes trabajan y dependen de la misma (si bien podría objetarse que tal hecho podría ser de otra manera, la forma categórica en que este mandato tiene efecto sobre el dueño de la fábrica lleva a pensar que se convierte en necesario para él encontrar un sucesor de sí mismo).

El segundo tiempo es tiempo de interpelación (D’amore, 2006). Al respecto, Domínguez (2006) señala: que es un “momento propicio para la emergencia de una singularidad que, en consonancia con lo universal, demuestre la incompletad del universo previo junto con la caída de los ideales que allí lo sostenían”.
Es a partir de esta interpelación subjetiva que se pone en marcha el circuito, se genera la retroacción (vuelta sobre lo dicho), y así la resignificación a posteriori del primer tiempo.
Ante la interpelación subjetiva el sujeto no puede dejar de responder. De aquí en más la vivencia de perplejidad, de incerteza, de duda, provoca como respuesta del yo una sensación de malestar que responde a la presencia de la culpa (una culpa moral que se diferencia de la culpa que genera la responsabilidad subjetiva), que funciona como respuesta anticipada ante ese interrogante para el cual no hay respuesta por encontrarse en el ámbito del deseo indecible.
Existen ante la interpelación de este segundo tiempo dos posibles respuestas, la primera hace referencia a la posibilidad de una resignificación (siempre inconsciente) que produzca un cambio en la posición subjetiva, permitiendo la posible emergencia del sujeto de la responsabilidad (ante su deseo). La otra respuesta se relaciona con el despliegue que realiza el yo, utilizando mecanismos de defensa que funcionan como un intento de velar el acceso al orden del deseo, si la acción del sujeto queda en este plano del yo, no habrá posibilidad de cambio en la posición subjetiva (sentimiento de culpa, proyección, negación, intelectualización, etc.)
Tiempo 2:
 Cuando Willy Wonka informa sus intenciones de hacer a Charlie heredero de su fábrica, el niño le pregunta si puede acompañarlo la familia. Willy responde negativamente y Charlie le dice que ni por todo el chocolate del mundo él dejaría a su familia.
La respuesta del niño deja a Willy en un estado de perplejidad, de absoluta sorpresa, no entiende cómo es que el niño puede rechazar semejante oferta. Insiste una vez más preguntándole a Charlie si está seguro de su decisión, a lo cual el niño responde que si. Willy aún preso de este desconcierto, se retira sin emitir comentario.

En las escenas posteriores, se observa que algo empieza a andar mal en nuestro personaje principal, consideramos que a modo sintomático surge en él la imposibilidad de hacer nuevas golosinas que sean tan exitosas como las de siempre, llegando Willy en una sesión de terapia a la siguiente conclusión: me siento terrible, es por eso que todo me sale mal.
Resulta de interés resaltar que este momento representa la única evidencia de quiebre subjetivo, ya que el personaje de Wonka se muestra desde el comienzo como un ser desafectivizado, al cual nada lo afecta, cuya insensibilidad debe contarse más como una ventaja que como un defecto. Por primera vez el valor de la omnipotencia de Wonka como “el mejor chocolatero del mundo” se ve desbordado por un exceso que el sujeto no consigue explicarse, él no está conforme con eso, no está conforme con nada.
En busca de una respuesta, inesperadamente Willy acude a ese niño que fue capaz de poner en jaque todo su universo con la simple mención de la importancia que tiene para el su familia, más que cualquier otra cosa. Aparecen indicadores de culpa moral, a modo de ejemplo podemos nombrar una escena en la que Wonka oculta su identidad ante Charly y dice: “una pena lo de ese tipo del chocolate…Wonka...en el periódico dicen que sus nuevas golosinas no se venden muy bien, se lo tiene merecido, es una mala persona”, a lo cual Charlie responde “si” y Willy pregunta “¿en serio?”. En este fragmento puede observarse cómo el señor Wonka siente la obligación de hacer referencia a aquello ocurrido con la familia del pequeño, debe saber si el niño lo considera malo porque es así como el se siente consecuencia de la culpa en sentido consciente.
HIPÓTESIS CLÍNICA:
Según Domínguez (2006) la hipótesis clínica es equivalente al “enlace asociativo” del que hablaba Freud que sitúa la naturaleza de la ligadura entre el tiempo uno y dos. Si algo ha emergido en el segundo tiempo des-ligado del universo particular, este buscara re-ligarlo hallando una explicación a su presencia, esta buscará hallar una explicación al exceso, a esa diferencia (des-ligadura) que se produce entre ambos tiempos.
A partir de esto, puede entenderse que aquello que une al tiempo 2 con la resignificación del tiempo 1 es la dimensión de la búsqueda. En el primer tiempo la acción consciente de la búsqueda de alguien que continúe su labor y se haga cargo del “imperio Wonka”. Como efecto del segundo tiempo algo que permanecía en estado latente se ve afectado por la negativa de Charlie al preferir a su familia antes que a la fábrica de chocolates. Se podría pensar, si tenemos en cuenta la repercusión que ha tenido este hecho sobre el personaje, que la resignificación de esa primera búsqueda pone en juego un deseo inconsciente. Si la principal característica del deseo es que este permanece “entre significantes” siempre inarticulado a la cadena simbólica, resulta en vano la tarea de ponerle palabras a ello. Sin embargo se podría estimar que el deseo de Willy Wonka se relaciona con la búsqueda de una familia, y que aquella acción de buscar alguien que lo reemplace se convierte vía resignificación en la búsqueda de un heredero, la cual adquiere una connotación simbólica absolutamente diferente.
“Un padre” ha sido convocado en este primer tiempo devenido en un acto singular. ¿Por qué decimos “un padre”? En la sintomatología egosintónica que daba cuenta de los rasgos de carácter de Willy Wonka encontrábamos llamativo el hecho de que no pudiera pronunciar ni siquiera la palabra “padre”, así como expresaba un profundo asco cuando se hacia algún tipo de alusión a la familia. Este hecho sólo se ve trastocado una vez sucedido lo siguiente: Willy Wonka sin saberlo convoca la función paterna, repudiada conscientemente. Con lo que se encuentra es con el hecho de que Charlie rechaza la propuesta de convertirse en su heredero lo cual coloca al niño, vía identificación, en la misma posición en que se encontró el pequeño Willy cuando decidió oponerse al mandato paterno y convertirse en chocolatero.
Es en el segundo tiempo planteado en este trabajo donde Willy Wonka es ahora quien ocupa el lugar de “padre rechazado” cuando Charlie se niega a seguir con su imperio chocolatero en preferencia de su familia.
A modo de conclusión, planteamos la posible consecución de un tercer tiempo que implica una suplementación para el sujeto. Esta suplementación se juega en el plano de la responsabilidad subjetiva en cuanto a hacerse responsable de su deseo. Este hacerse responsable lejos se encuentra de un reconocimiento consciente, sino que implica, por el contrario, un movimiento silencioso de cambio en la posición subjetiva.
Vemos como cada una de las características que en un primer momento utilizamos para describir los rasgos de carácter de Willy Wonka se contraponen a este nuevo sujeto que se presenta sobre el final.
El final de la película muestra un nuevo Willy Wonka: sentado en la mesa de Charlie, disfrutando de una cena familiar, desenvuelto, se lo nota feliz y abierto a nuevas relaciones. Además, el cambio fundamental que es consonante con lo que se ha expuesto anteriormente, Willy acompañado por Charlie logra ir a ver a su padre y se estrechan en un abrazo en el que parecen aceptarse y perdonarse mutuamente.



NOTAS

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