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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

“PSICOLOGIA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS”

Cátedra I - Prof. Tit. Reg: “Juan Jorge Michel Fariña”
Ayudantes de Trabajos Prácticos: “Lic. Lucila Kleinerman”
Alumno: Barnabá, Pablo Gabriel

D.N.I.: 28.692.987

E-MAIL: pablo.barnaba@hotmail.com

Comisión 3

2009 – Segundo Cuatrimestre

Segunda Evaluación

La pieza elegida para abordar este segundo parcial fue el film “Five Minutes Of Heaven” (cinco minutos de cielo) dirigida por Oliver Hirschbiegel en el año 2009.

El film comienza en Lurgan (pequeña ciudad del Condado de Armagh, Irlanda del Norte, Reino Unido) en el año 1975, con el asesinato de un joven católico llevado adelante por cuatro adolescentes deseosos de labrarse una reputación como miembros del UVF (Fuerza de Voluntarios de Ulster).
A fin de aclarar cuestiones que hacen a mejorar el entendimiento de la evaluación, quisiera agregar que la UVF, es un grupo paramilitar, leal a la Corona Británica, calificado como grupo terrorista, cuya función principal en los años 70, fue la de perseguir y asesinar a los católicos; que por ese momento aspiraban a consumar una reforma política y social.
El asesinato antes mencionado, es diagramado por este grupo de adolescentes, pero quien consuma el hecho es uno de ellos, ante los ojos del hermano pequeño del asesinado, que queda fuertemente traumatizado, no solo a causa de haber sucedido en sus narices, sino también por ser el blanco de las iras de la madre quien lo culpa por no haber impedido el mismo.
Luego de este acontecimiento, el film propone un salto en el tiempo trasladándose hacia finales de los años 90, donde vemos en primera instancia al hermano del asesinado (James Nesbitt) dentro de un auto conducido por un chofer, y al “asesino” (Liam Neeson / Alistair) dentro de otro auto, conversando tranquilamente con el chofer del mismo.
Ambas personas, han sido contactadas individualmente por la producción de un programa televisivo local, cuya temática esta apuntada en “reunir”, mediante las cámaras, a personas que han sido separadas durante años por motivos intencionales o causales. En este caso, el motivo buscado es la reconciliación de ambos.
Durante el transcurso del viaje hacia el lugar que los reuniría, podemos, a través de las conversaciones con los respectivos choferes, entender un poco más acerca de lo que sienten y piensan al respecto.
Por un lado, el hermano del asesinado, se muestra totalmente intranquilo, arrojado copiosamente al recuerdo persistente de la situación del hecho, dudando de su presencia, intentando convencer al chofer que lo devuelva a su hogar. No lo logra.

Por el otro, el “asesino”, viaja con la mirada calma, respondiendo a las preguntas que el chofer emite. Citaré un breve intercambio verbal entre estos

- “… Voy a conocer al hermano del hombre que asesine…”
- ¿Ya lo había visto antes?
- No, no desde aquel día
- ¿Usted se lo ha pedido?
- No. Yo no tengo derecho a pedirle nada a ese hombre…si él lo quiere, me encantaría hacerlo…haría cualquier cosa para…
En este momento se produce un silencio, y continúa narrando que ha cumplido una condena de doce años por ese asesinato. También, que el padre del adolescente que asesino falleció ocho meses después, “se le exploto el corazón”, agrego. El otro hermano de sobredosis, meses más tarde, y por último la madre. Hace una breve pausa y dice: “es lo que pasa, a menudo es lo que pasa”
Me detendré en este personaje para continuar la evaluación.
Una vez que arriba al lugar lo ubican en un salón; y comienzan a grabar un pequeño monologo dedicado a narrar su historia. Quisiera destacar, textualmente, unas frases que aportaran sentido al posterior análisis:
“…Para que yo les hable del hombre que soy, necesitan saber el hombre que era”… “…lo que tienen que entender es la mentalidad, una vez que te unes con el terror, y te unes a la organización, al grupo, tu mente se cierra completamente…” “…Cuando fui a ver a nuestro comandante y le dije que quería asesinar a un hombre católico, para mi no era algo malo, era lo adecuado, lo justo lo que debía hacer… así es como era, solo tenía 17 años…” “…Lo que quiero contarle a la gente, lo que la sociedad debe hacer, es evitar que la gente se una a estos grupos, cuando ello sucede ya es demasiado tarde, nadie te hará cambiar de opinión, y una vez dentro harás cualquier cosa, una vez que el hombre se une al grupo, la sociedad se pierde…” ”…Nadie me decía que matar no estaba bien en mi ciudad, solo en la cárcel llegue a oír esas voces…”
La escena posterior muestra como se trunca la posibilidad del encuentro, por motivos ajenos al “asesino”. Así, este queda perplejo, con el retorno amenazante de la imagen del niño que lo miro asesinar a su hermano.
De esta manera, durante el transcurso del film nos enteramos de diferentes problemas que empujan al “asesino” a vivir con un sentimiento cotidiano de culpa, con la imagen de ese niño (devenido adulto) tatuada imaginariamente por los últimos 33 años; sin saber que hacer, como sobrellevar la situación “…Siento como si hubiese llegado al límite de lo que puedo soportar…dicen que los años curan todo, y cada vez son más pesados, porqué nadie te cuenta esto…” le confiesa a su terapeuta, luego de postergarse el encuentro televisivo. Agrega:
“… Culpa si río, culpa si bebo, culpa si olvido, cómo superar cada día, cómo llenarlos, me levanto salgo, pero a dónde ir. Él siempre esta ahí, en mi cabeza. Y no se a dónde ir…”
No nos interesara aquí juzgar la responsabilidad, desde una lógica discursiva jurídica, moralista o social del hecho en cuestión; así como tampoco afanarnos en develar si fue su intención hacerlo o no, si debería hacerse cargo o responder ante la ley.
Lo que nos interesará aquí será, ubicar un sujeto responsable, pero desde una responsabilidad subjetiva, no planteada desde las bases teóricas que indica el estatuto jurídico, a saber, la idea de una responsabilidad inmanente al sujeto autónomo, dueño de su voluntad e intención. La responsabilidad subjetiva que tomaremos, esta configurada a partir de un sujeto inconciente, y no autónomo. “La responsabilidad subjetiva confronta al sujeto con aquello que aún perteneciéndole le es ajeno” “responsabilidad que atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo” (1)
Teniendo en cuenta el fragmento del film narrado anteriormente, podemos ubicar en un primer tiempo, en el Circuito de la responsabilidad, la acción que describe Alistair del asesinato, pero tanto en la conversación que mantiene con el chofer del auto que lo lleva al “encuentro”, como una vez que ha llegado al set de filmación, en el “monologo” introductorio que realiza a fines de presentación.
En ambas escenas, el sujeto intelectualiza la situación del hecho, demostrando que estas cosas “suelen pasar”, y de hecho “es lo que pasa en situaciones así”; y que nunca sintió la voz de la sociedad diciéndole que no estaba bien matar. Es decir, respuestas que le han servido al sujeto para mantener entero un universo de simbolismos, de sentido, que a su vez le proponga sentirse dueño de sus palabras y reflexiones consistentes.
Es interesante destacar, tomando a Freud (2), que en éste Tiempo 1 existe la utilización del mecanismo defensivo de la proyección, para los ejemplos mencionados. De esta manera, el sujeto puede sostener un estado egosintónico, expulsando fuera de sí, sentimientos que no reconoce concientemente como propios “…Lo que quiero contarle a la gente, lo que la sociedad debe hacer, es evitar que la gente se una a estos grupos, cuando ello sucede ya es demasiado tarde, nadie te hará cambiar de opinión, y una vez dentro harás cualquier cosa, una vez que el hombre se une al grupo, la sociedad se pierde…”

1. GABRIELA Z. SALOMONE, El sujeto dividido y la responsabilidad, Clínica y Deontología, p. 117

2. LAPLANCHE, J. PONTALIS J. – B. 1981, (2. ed.,) Diccionario de Psicoanálisis, p 306, Ed: Labor S.

Hasta aquí, el momento privilegiado, donde el universo particular, egosintónico, sostienen al sujeto. En el caso de Alistair, una vez que la conciliación hace aguas, y no puede encontrarse con la imagen real de sus fantasmas, se “resquebraja el universo particular soportado en las certidumbres yoicas” (3). Es aquí, entonces que mencionamos el Tiempo 2 como “desencuentro”. Es este, el momento propicio para la emergencia de una singularidad. Tomando la definición de Ignacio Lewkowich,”…la singularidad no es una función monótona…” “…requiere de una intervención subjetiva que la produzca…” (4)
Es interesante mencionar que la frustración que ha generado la postergación del encuentro real, hace que el sujeto se vea solicitado por elementos, devenidos ahora disonantes, que lo llevan a resignificar de alguna manera, los dichos que destacamos en el Tiempo 1. Intelectualizaciones, que ya no puede seguir manteniendo.
Todo el escenario plagado de racionalizaciones se modifica luego de haber ocurrido el desencuentro.
Tal como lo plantea D´ Amore (5) no hay responsabilidad subjetiva sin culpa. Culpa que motoriza la resignificación del circuito.
Tomando los extractos del film, podemos mencionar algunas frase que improvisa en terapia luego del desencuentro: “…Siento como si hubiese llegado al límite de lo que puedo soportar…”
Y agrega: “… Culpa si río, culpa si bebo, culpa si olvido, cómo superar cada día, cómo llenarlos, me levanto salgo, pero a dónde ir. Él siempre esta ahí, en mi cabeza. Y no se a dónde ir…” De alguna manera este caso, la organización del encuentro televisivo, ha puesto en marcha el circuito de interpelación, que impulsa o produce una vuelta de resignificación del tiempo anterior.
Continuando con la hipótesis clínica en la lógica de la retroacción, podemos verificar que el individuo que describimos en el Tiempo 1, de la intelectualización del hecho, desconocía el sentimiento de culpa que aflora en la terapia, luego de frustrarse el encuentro que ubicamos en el tiempo 2. Por supuesto, este desconocimiento estaba tapado por algunos mecanismos que ha elegido para balancear las culpas que relata. En la confusión de no lograr el contacto visual, el sujeto ingresa al campo de la culpa, siente que ha quedado inconcluso más allá de la acción, o el resultado final.

3. MARIA ELENA DOMINGUEZ, Los carriles de la responsabilidad: El circuito de un análisis,
Clínica y Deontología, p. 131

4 IGNACIO LEWKOWICZ, Particular, universal, singular, Un horizonte en quiebra,
P62 , Ed: Eudeba

El sujeto es culpable por no poder/querer hacer frente a sus síntomas, e intentar ubicar insistentemente diferentes lugares donde proyectar sus culpas y miedos, una recurrencia que no le permite pensar en su persona, en sus sentimientos.
Tomando una frase de Lacan que cita Oscar D´Amore (5) “…La única cosa de la que se puede ser culpable, al menos en la perspectiva analítica, es de haber cedido a su deseo…” me pregunto: ¿habrá cedido al deseo de “enfrentarlo” proyectando en un programa televisivo la responsabilidad?
En el Tiempo 3, que en este caso llamaremos “encuentro”, es el sujeto quien lo rastrea infatigablemente hasta que da con su paradero. Aquí es el sujeto que elige enfrentarse a un niño que lo mira y cuestiona con mentalidad adulta, un cambio de postura frente a los hechos sucedidos y destacados en los otros dos tiempos.
Quisiera agregar un punto clave de la situación en este tiempo. Hay dos encuentros.
El primero lleva la particularidad de ser “cara a cara”, con una violencia explicita que gobierna la escena. El segundo, días mas tarde, mediante un llamado telefónico del hermano del asesinado, con el siguiente mensaje:” hemos terminado” con la particularidad de producirse una especie de reconciliación, por lo menos a nivel personal. A partir de este momento, parecería, entonces, que el sentimiento de culpa se ha “diluido” o “menguado” provisoriamente. Como si aquello que le aquejaba, aquello que quería y buscaba acallar, se redimiría con el mensaje telefónico.

Habrá que plantear el interrogante para preguntarnos cuanto ha cedido en su deseo, si podrá responder a la siguiente pregunta: “¿has actuado conforme con el deseo?” (6)

5 OSCAR D´AMORE, Responsabilidad y culpa Particular, Clínica y Deontología P145

6 LACAN JACQUES, J. Op. Cit., P373



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