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SEGUNDO PARCIAL

Materia: Psicología, ética y derechos humanos.
Cátedra: Fariña, Juan.

Profesora: Pesino, carolina rut.

Alumnos : Fernández, Matias Alejandro.,
Señuk, Lucas Javier.

Película: Cinema Paradiso.

Nuestro propósito en este escrito será intentar una lectura de film “Cinema Paradiso”, dirigida por Giuseppe Tornatore, quien esta vez nos trae una historia en la que se juegan los recuerdos de Salvatore Di Vita, el cual nos será presentado más familiarmente como “Totó” a lo largo del film. La lectura la haremos guiados según un concepto elaborado por María Elena Domínguez, a saber, el “Circuito de responsabilidad”, el cual consta de tres tiempos lógicos, a la vez que intentaremos demostrar los indicadores que nos autorizan a demarcar la presencia de los mismos en la película. Cabe destacar que no consideramos una situación en particular para analizar dichas categorías, sino que tomamos la película toda para analizar los tres tiempos de la responsabilidad, enmarcados ahora en grandes bloques que dividimos según nuestro criterio.
Asimismo iremos viendo, de la misma manera otros conceptos dados en lamateria y en las diferentes unidades.
Salvatore es un hombre de edad madura al cual vemos, en las primeras escenas del film, llegar a su casa tarde a la noche, suponemos, luego de una jornada laboral como otras. Lo recibe su mujer y le cuenta de un llamado de su madre. Hasta aquí todo dentro del marco de lo esperable por nosotros y también para Salvatore quien no se muestra asombrado de que su madre llame de nuevo quejándose porque no ha ido a visitarla a su casa en treinta años; “¿Sólo eso dijo?” responde a su mujer, pero ésta le informa de algo más: “ha muerto un tal Alfredo”. Eso produjo un efecto en el personaje, aún no sabemos cuál, pero es evidente en su rostro. A partir de aquí Salvatore comienza a rememorar lo que se convertirá a su vez en la trama de la película. Esa última frase de su mujer no le resultó tan indiferente como la primera, fue, más bien, un hecho no esperado, o más bien temido, como sea, se transformó en un disparador para él. Luego explicaremos con más detalle este hecho, ahora nos interesa avanzar en el desarrollo de la historia.
Se nos muestran todas las escenas del recuerdo que invade la mente del personaje, escenas de su infancia en su pueblo natal en Italia, escenas que lo mantendrán despierto toda la noche al lado de su mujer que duerme sin sospechar nada de lo que esa noticia ha significado en realidad. Recuerda sus vivencias junto a este mismo Alfredo, quien ha sido, no solo aquél que le enseñó como manipular un proyector de cine y convertirse en un amante del mismo, sino también el que lo ha acompañado y marcado a lo largo de su vida de juventud, casi como un padre, aquél que faltaba en la vida de Salvatore, puesto que lo perdió en la guerra.
La historia muestra como Totó fue acercándose al cine, viendo las películas que se proyectaban en la iglesia de su pueblo que fue bautizado “Cinema Paradiso”, donde el sacerdote se encargaba de censurar las películas que no estaban en sintonía con la “moral cristiana” por la que él intentaba abogar levantando su campanilla ante cada escena “prohibida”: aquellas en las que dos personajes se daban un apasionado beso, siendo de éste modo dada la señal a Alfredo, el operador del proyector, para que cortara la cinta en esa escena y así permitir que se proyectara la película en su cine. Así fue como Totó se acercó a Alfredo, quien le enseñó todo lo que sabía de su arte, al tiempo que éste fue apasionándose e involucrándose más en el mundo del cine. Luego del trágico incendio que se desató en el cine de la iglesia, a causa de que la película del proyector se incinerara, las graves quemaduras que recibió en su rostro produjeron en Alfredo la pérdida de la vista, quedando de este modo Totó a cargo de su trabajo. Pero Alfredo no desaparecerá de la vida del niño que ha tomado su lugar en el “Nuovo Cinema Paradiso” abierto en reemplazo del anterior, sino que la ligazón ente los dos personajes continuará afianzándose más y más.
Llegará el día en que, después de haber tenido que partir para cumplir con el servicio militar obligatorio, Totó regresa a su pueblo; lo encuentra muy distinto de cómo lo había dejado. Alguien lo había reemplazado en la sala del proyector; su amada, que había partido a estudiar en la universidad, dejó de responderle sus cartas, y él mismo había cambiado. De aquél alegre niño sólo quedaba un joven preocupado por su futuro.
Fue el mismo Alfredo quien lo animó a abandonar el pueblo y buscar su futuro en Roma, le dio los ánimos que necesitaba pronunciando unas palabras que, en el andén de la estación del tren que lo llevaría a “la gran ciudad”, lo marcaría de allí en más en su vida: “¡No vuelva más! ¡Nunca piense en nosotros, no mire para atrás, no escriba! (…) ¡Si no resistes y vuelves, no entrará en mi casa!. Y así fue como lo hizo Salvatore, se fue sin retornar nunca, ni para visitar a su madre que no comprendía que su hijo no la haya ido a visitar en todos esos treinta años que sucedieron hasta la actualidad que relata la película.
Luego de esta breve reseña de la película pasaremos a ubicar la elección del personaje a partir del cual partirán nuestros análisis.
En este sentido el personaje que elegimos para tomar como referencia en el análisis de los tres tiempos lógicos y demás categorías teóricas fue el de Salvatore. Consideramos que la elección que tomo y llevó adelante es comparable con la de Ibbieta, el personaje principal del cuento de Sartre, “El muro”. Argumentamos para dicha elección y comparación lo siguiente: Ibbieta toma la decisión de dar una información falsa a quienes lo interrogaban y mantiene esa decisión de manera obstinada. Esto último, el hecho de tomar una decisión y mantenerla de esta manera es lo que nos llevó a considerar que también Salvatore toma una elección de ese orden. Cuando Alfredo, cuya interacción con nuestro personaje no es menor, le exhorta no volver jamas al pueblo de donde él es originario, Totó decide hacer caso de este mandato y no volver hasta que, por algo del orden del azar, decide revocar este designio y volver al pueblo en cuestión.
Pasaremos ahora, luego de haber indicado a nuestro sujeto principal, a dar lugar a la ubicación de los tres tiempos lógicos, es decir, al “circuito de responsabilidad”. Utilizaremos la breve reseña anteriormente mencionada como referente para situar lo que denominaremos el primer tiempo lógico del Circuito de Responsabilidad.
Circunscribimos el tiempo uno a lo que atañe la infancia, juventud y adultez de Salvatore. Precisamente demarcamos este tiempo, no solo incluyendo estas tres etapas de la vida del sujeto, sino también la decisión suya y apoyada por Alfredo de irse del pueblo y no volver sino treinta años después, cuando dicha decisión es cuestionada. Podemos pensar que la obstinación de “Totó” seguía todavía vigente y sin ningún cambio; creemos que así habría seguido extendiéndose este primer tiempo de no haber sido por un dato que define retroactivamente este primer tiempo lógico y abre el camino hacia lo que denominaremos el segundo tiempo lógico, que es el momento en que recibe la noticia de la llamada de su madre, hecho que no lo inquieta en lo mas mínimo, salvo por información de la muerte de Alfredo. Dato que para nosotros fue decisivo y da cierre, apres coup, al tiempo uno.
Ahora bien, nos preguntamos qué fue lo que sucedió en ese preciso momento. La respuesta que encontramos es la siguiente: fue la muerte de Alfredo lo que interpeló a “Totó” a realizar este proceso retroactivo del primer tiempo, es decir, de su pasado; pasado que se extiende hasta el mismo momento en que recibe la información. Esto lo podemos observar en el hecho de que Salvatore no puede conciliar el sueño una vez recibida la noticia.
De aquí partirá el tiempo tres del circuito de responsabilidad. Nosotros sostenemos que el hecho de que “Totó” haya revocado el mandamiento de Alfredo y su propia decisión de no volver al pueblo natal, como así también plantearse el hecho de no haber vuelto a ver a su madre en treinta años, frase que en la película se plasma con un dejo de culpa: “madre, te he abandonado”, es un claro indicio del tercer tiempo. Creemos también que es a partir de aquí que surge la emergencia de un nuevo sujeto. El reencuentro con su mamá, con la gente de su pueblo, con el cinema a punto de demolerse y con el regalo que Alfredo le dejó, es decir aquellos recortes que la censura del cura velaba, permitieron la emergencia de un nuevo sujeto, sujeto responsable ahora de su decisión de haber dejado todo atrás. Ponemos el acento en el hecho de que Salvatore vuelve al pueblo, de que hay una búsqueda de aquello que se dejó y abandonó, como así también una nueva historia, ahora historizada desde el presente, es decir resignificada.
Para dar paso ahora a los elementos de necesidad y azar pedidos en la consigna de este trabajo, utilizaremos lo que hasta ahora venimos mencionando en relación a los tres tiempos.
Ubicamos la necesidad en el hecho mismo que se enmarca dentro del primer tiempo lógico, es decir su infancia, juventud y lo que ubicamos como su adultez, hasta el momento en que se pone en juego la resignificación. Consideramos que es algo del orden de lo natural el hecho de haber nacido y crecido en el pueblo natal. El haber puesto el interés en el cine y la consiguiente relación con Alfredo, el tomar la decisión, apoyada, como ya se dijo, por esta figura tan importante que fue para el personaje principal, nos da un claro indicio de cuestiones que tiene que ver con la categoría de la necesidad.
Asimismo ubicamos dentro del azar, concretamente a la muerte de Alfredo. Retomando lo que ya se mencionó, creemos que este punto tiene que ver pura y exclusivamente con el hecho de que la situación, el irse de su pueblo y no regresar, era mantenida en tanto Alfredo siguiera con vida. Es evidente que a partir de esta situación, azarosa por cierto, Salvatore es interpelado y llevado a realizar el trabajo de resignificación que dará lugar a la emergencia de un nuevo sujeto que podremos enmarcar dentro de la categoría de “responsabilidad”, es decir, aquello que el sujeto pone de si en cada uno de sus actos. Claramente esto se observa en el momento en que el sujeto viaja a su pueblo natal.
Pasaremos ahora a la parte del trabajo en donde nos dedicaremos exclusivamente a tratar de utilizar los conceptos de Universal, Particular y Singular. Trataremos asimismo de analizar la película sobre la base de dichas categorías y luego veremos como, mediante ejemplos, podemos sostener nuestro análisis.
Como breve introducción a la categoría de lo universal, diremos que es todo lo que tenga que ver con lo más propio del ser humano y que, precisamente es lo que lo diferencia cualitativamente del animal. Lo simbólico, o sea, el lenguaje, el funeral, las leyes, la prohibición del incesto, etc., es decir, todo lo que sea del orden de lo humano y, por lo mismo, universal en él, en tanto sea compartido por todos los miembros de dicha especie.
En el caso especifico que estamos analizando, tomaremos como eje centrar el cine, es decir, la fascinación por la imagen que compartimos como especie. Asimismo, creemos que esta temática del cine recorre toda la película y en tanto sucede esto, nos permite ver cuales son los diferentes modos en que se juega dicha temática. Como bien dijo M. Fariña, titular de la cátedra de Ética, en uno de sus teóricos: “El humano es el único animal que va al cine”. Podemos leer y ubicar en esta frase la creación del cine, el interés por él y la fascinación por el engaño de la imagen, dato que podemos fácilmente corroborar por la gran cantidad de películas que desde el comienzo del cine, allí por 1895, se han venido produciendo pero que, de no ser por esta capacidad inherente al ser humano no se hubiera podido desarrollar o al menos no hubiera sido una industria gigantesca, como lo es.
Dicho esto, pasaremos ahora a ubicar el eje de lo particular, el cual atraviesa el Universal – Singular. Ubicaremos para esta categoría, no ya el cine, sino ahora el modo particular en como ese cine, el “Cinema Paradiso” se relacionó con la comunidad y como esta imprimió en él sus particularidades. Esto se puede observar en el hecho de que la gran mayoría de las personas esperaban de manera ansiosa las diferentes funciones. También podemos ver como se reproducía, dentro del cine, las particularidades de cada una de las personas, como por ejemplo el personaje que “escupía” hacia algún espectador y la reacción que esto traía aparejado.
Para resumir, diremos que el eje particular es el modo en que el cine se plasmo en las diferentes épocas, no ajeno a las demás variables, particulares por cierto, y como tales, cambiantes. Podemos ver esto en las últimas escenas de la película en donde se muestran que la censura ya no representaba ningún problema, producto del cambio de mirada de la sociedad en relación al tema de la sexualidad.
Para concluir, diremos que lo singular es aquello de lo universal que se pone en juego desde lo particular. Es en este sentido que, concretamente, vamos a poder observar cómo lo singular, es decir, el modo en que la fascinación por la imagen sostenida desde lo contingente de su vivencia, o sea, la relación con el cine del pueblo y su relación con Alfredo, se plasmó en Salvatore. Esto se sostiene por el hecho de que la elección que lleva a cabo Salvatore para su vida esta condicionada por toda la vivencia en derredor al cine de su pueblo, a su relación con Alfredo y, en última instancia, podríamos pensar que no hubiera habido ningún interés en aquel pequeño niño por el cine de no existir una inherente tendencia de la especie humana a la fascinación por la imagen, plasmada en este caso en el cine.
Sostenemos, entonces, que lo singular en Salvatore es la elección de vida en relación a su profesión, elección que deja entrever las marcas de aquello por lo cuál fue atravesado.
A continuación, nos interesa añadir unas palabras acerca de la Responsabilidad a propósito de un hecho implícito en la trama de la película. Nos referimos al hecho de que Salvatore haya hecho caso del consejo que Alfredo le hiciera en el anden del tren antes de partir para no regresar sino treinta años después. Nos tomaremos licencia para suponer que Salvatore tomó esas palabras como un mandato en honor al aprecio que le guardaba a su gran amigo, pero suponemos también que esas palabras hubieron de ser comprendidas en el sentido general y no necesariamente de manera literal, como suponemos que lo hizo a fin de cuentas Salvatore con su actitud de no regresar realmente jamás a su pueblo, ni aún cuando ya hubo conseguido una vida exitosa, si se quiere, o mejor dicho, cuando ya se hubo establecido en el mundo con un futuro que podemos suponer estable.
Podemos decir, junto con Juan C. Mosca, que la responsabilidad interpela al sujeto, el cual puede o, mejor dicho, debe dar respuesta por su acto, de aquí que la responsabilidad la referimos a la singularidad de un sujeto en acto. Es decir, esta vez desde una postura mas cercana a Lacan, que para hablar de responsabilidad debemos invocar la posición que el sujeto toma ante su deseo, “la única cosa de la que puede sentirse culpable un sujeto es de haber cedido ante su deseo”. Entendemos esta frase, tomada del psicoanalista francés, en el sentido de que el sujeto cede para acomodarse así a los mandatos superyoicos, es decir renuncia a su deseo para someterse a un Otro, renunciando de este modo para gozar del sometimiento. Al referir la responsabilidad a la singularidad del sujeto estamos postulando que ésta recae sobre él, es él mismo el que está en acto. Asimismo, Freud considera que la fortaleza del individuo está en asumir la condición de su acto, y este último en sí implica una decisión. Entendemos por Responsabilidad a la facultad del sujeto para responder ante una situación que le demanda una toma de postura subjetiva: que el sujeto como tal se ubique respecto de su deseo, se haga responsable subjetivamente de éste.
Salvatore se enfrenta así al hecho de no haber regresado a su hogar en estos treinta años y ahora se ha enfrentado a una situación en la que debe dar respuesta ante ello, debe tomar una postura respecto de su decisión. Puede optar por exculparse a sí mismo, invocando a la necesidad o el azar, es decir, borrar su acto, en el sentido de tomar la postura de quien no ha tenido nada que ver en el resultado final de lo sucedido, o bien responsabilizarse en el sentido que lo venimos planteando. Pues bien, desde el lugar de la responsabilidad subjetiva, él no puede desentenderse de que las cosas no han sucedido sin que él tomara su parte en ellas.



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