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Código de familia: entre la lealtad, el ideal y el deseo. Algunas respuestas e implicancias subjetivas ante la castración y el mandato paterno
por Noejovich, Daniela
Título original: Pride and Glory

Gavin O’Connor / Estados Unidos / 2008

El film comienza con un juego de fútbol americano, unos familiares alientan desde la tribuna a uno de los jugadores (Jimmy Egan). De repente uno de los presentes, el Teniente Francis Tierney, recibe un llamado del Departamento de Policía del cual es jefe y debe salir corriendo hacia la escena de un crimen. Cuatro agentes del Departamento 31 de Narcóticos de la Policía, compañeros y subordinados de su cuñado (Jimmy Egan) han sido baleados (dos ya murieron, el resto morirá luego de llegar al hospital). El Teniente, afligido y sorprendido, observa la escena y acompaña a los agentes heridos al hospital. Llegan al lugar Jimmy Egan y Ray Tierney, hermano de Francis y también policía.

Un momento después Francis se encuentra con su padre, el jefe de detectives Francis Tierney Sr. Cuando el Teniente se muestra consternado y abatido por la muerte de sus agentes, su padre, con 40 años de experiencia en el trabajo en la policía, le dice que él no tuvo la culpa: “ninguno de nosotros podía haber hecho nada”.

Luego Ray, también muy apesadumbrado por las circunstancias, se topa con su padre. A pesar de que ha estado fuera de servicio en el Departamento de Narcóticos por dos años luego de un suceso relacionado con su trabajo en él, el padre le demanda que esté al mando de la investigación que se encargará de resolver el crimen y develar la muerte de los 4 policías (bajo el mando de su hermano y compañeros de su cuñado Jimmy). Ray se niega pero el padre insiste, desoyendo a su hijo que dice no poder hacerse cargo. Para convencerlo, se aprovecha de que un compañero cercano a Ray era uno de los fallecidos, y le dice que ya es hora de que deje de compadecerse de sí mismo y de desperdiciar su gran talento y capacidad, que no le dé la espalda. Le pide también que olvide el pasado: “olvida Mott Haven y toda esa mierda” (el episodio a partir del cual Ray abandonó su trabajo anterior), que forme parte del equipo de fuerzas especiales y utilice los dones que Dios le dio. En la escena posterior, vemos que finalmente el hijo ha accedido a la demanda del padre y se dispone a iniciar la investigación en el lugar de los hechos.

Ray accede al pedido del padre, al parecer, en contra de sus propias intenciones. Formando parte de una familia de policías, donde la lealtad y la obediencia al superior son un valor primordial, no puede eludir el lugar al que su padre -a su vez uno de los altos rangos de esa institución- lo convoca. Frente al llamado del padre, entre halagos y exigencias, Ray toma la decisión de seguir respondiendo a su demanda, seguir cumpliendo con esa imagen de gran detective, con dotes fundamentales para alcanzar el esclarecimiento de los crímenes y combatir el narcotráfico y la corrupción.

Ray descubre, interrogando a un niño testigo de lo ocurrido, quién fue el narcotraficante involucrado que logró escapar: Ángel Tezo. Por otro lado, Jimmy y sus compañeros encuentran abandonado el auto en el que Tezo había escapado, lo queman, y hablan de adelantarse a la fuerza policial, encontrarlo y matarlo.

Antes de la reunión familiar por Navidad, el Teniente Tierney interroga a su cuñado, le pregunta si sabe o escuchó algo acerca del paradero de Tezo, y le dice: “nuestro nombre está limpio…tienen que agarrarlo”. Jimmy le responde que no, que él sabría si sus policías fueran corruptos y le pide unos días para averiguar. A la hora de la cena el padre habla de cada uno de sus hijos, de sus cualidades únicas que poseen desde el nacimiento y cómo cada uno se desempeña maravillosamente en sus actividades gracias a ellas. Ray tiene el instinto, el talento: ya desde niño era el cerebro, el pensador, resolvía los problemas, y ahora como adulto eso es lo que hace, resolver problemas; Francis siempre fue un líder, la gente lo escuchaba, tiene personalidad y va a llegar a ser Inspector rápidamente. Vemos entonces cómo cada uno de sus hijos, ambos policías talentosos e intachables, encaja en el esquema que el padre ha trazado para ellos.

Interrogando a la mujer de Tezo, Ray descubre que un policía llamado Sandy lo ayudó a escapar. Al obtener esta información, intenta hablar con su hermano. Ray le cuenta a Francis que afuera del apartamento donde sucedieron los hechos estaba tirado el celular de Tezo. Investigando las llamadas, descubrieron que alguien lo llamó antes de que los agentes entraran. La llamada al 911 provenía del mismo número. Estas llamadas procedían de Coney Island (lugar dónde estaban jugando el partido). Le pregunta entonces: “¿Cómo oyen tiros en Brooklin desde Washington Heights?”, insinuando que hay algo extraño que no cierra [1]. Ray lo interroga a Francis con la intención de mostrarle que hay algo raro en juego de parte de sus propios agentes. Le cuenta que un policía llamado Sandy lo llamó a Tezo para avisar que iba la policía y le pregunta si tiene algún agente con ese nombre o apodo, pero Francis le dice que no. Ray le expresa a su hermano que no necesitan un genio para deducir lo que pasó, y le dice que quiere protegerlo, ayudarlo, pero Francis aún frente a las evidencias sigue intentando mantener su posición (lo importante es encontrar al asesino que terminó con la vida de sus agentes, no cuestionar el accionar de los hombres de los cuales en cierto modo él es responsable). Por la próxima escena, deducimos que se dirige como un niño desesperado a buscar el apoyo y la contención de su padre.

El padre le comenta a Ray que su hermano lo llamó y le dijo que él lo agredió peguntándole cómo operan sus muchachos. Le dice que si tiene algo pertinente al caso que lo comparta. Si busca atar cabos sueltos de los agentes de su hermano ¿qué pasará? Ray le dice que no son cabos sueltos y que la novia del asesino dice que avisaron a Tezo, que un policía hizo la llamada. Su padre le pide que no divulgue cosas que le puedan salir por la culata: “Incriminar a policías no sirve de nada”. Ray le pregunta entonces: “¿Qué quieres que haga?”. A lo que su padre le contesta que él tiene que encontrar al cabrón que mató a su gente, y que si se topa con algo más que le parezca raro, vaya a hablar con él y lo arreglan. Ray: “si tú lo dices”. Padre: “Yo lo digo”.

La reacción de Ray -que parecía convencido de visibilizar la situación de corrupción comprobada- ante lo que el padre le dice y cómo le pide que se conduzca con un tono de imposición, es preguntarle a su padre qué quiere que haga. Nuevamente se entrega a que éste dirija sus acciones, aún ya estando al tanto de que hay policías involucrados en hechos delictivos (de corrupción y narcotráfico). El padre legisla, pronuncia su “yo lo digo”, y Ray acata. Vuelve a callarse, silenciando aquella información con la que ya cuenta pero prefiere evadir. Esta escena nos habilita para plantear que, más allá de las circunstancias particulares, lo que importa es la posición de este sujeto: si bien por momentos pareciera querer regirse por su propia inclinación a visibilizar lo que ocurre, busca nuevamente la palabra del Otro que guíe su accionar. Es por ello que se dirige a su padre preguntándole: “¿Qué quieres que haga?” [2], y que, cuando éste impone su voluntad, sólo atina a proferir un “si tú lo dices”.

Por otro lado, Francis va a increpar a un policía llamado Sandy (aquél al cual se refería la novia de Tezo). Este le dice que el plan de Jimmy era matar a Tezo, quedarse con el dinero y asociarse con otro narcotraficante llamado Casado. Fran no puede creer lo que escucha, ¿cómo su cuñado iba a querer quedarse con el dinero de las drogas? Sandy le dice que todos lo sabían.

Gracias a una pista, Ray encuentra dónde ir a buscar a Tezo, pero cuando llega al lugar están Jimmy con dos compañeros torturando a Tezo, que está a punto de morir. Ray intenta frenar la situación, pero Jimmy toma la pistola de Ray, le pega 3 tiros a Tezo y lo mata. Ante la cólera que desata en Ray por esta acción, Jimmy trata de calmarlo y le dice “ya vienen tus refuerzos. Esto es lo que pasó: tú llegaste primero, él se resistió. Le tuviste que pegar tres tiros. Fue justificado”.

Cuando Ray está volviendo a su casa, se topa con su hermano. Ray, furioso, le dice que Jimmy ejecutó a Tezo con su pistola, le pregunta si él lo mandó, si sabía, si estaba metido en esto. Francis le responde que no sabía, pero Ray le retruca: “¿no sabías, igual que lo de Sandy? (…) “¿tienes idea de lo que ha hecho Jimmy bajo tu mando? ¿Te importa?”. Francis le dice que resolverán las cosas, y Ray le responde que no lo van a resolver: “¿crees que vamos a ir al sótano con papá y arreglarlo todo? Esto no es Mott Haven ¡yo ya no voy a tolerar esta mierda!”. Francis le dice que esto es distinto, no es cosa de la fuerza policíaca: “Esto se trata de mí, de mi gente. Todo este lío recae en mí Ray. ¿Me quieres cortar las piernas? ¿Quieres que me derrumbe? ¿Eso satisface tu sentido del bien y del mal? Tenemos una salida, Ray”. Francis le dice que lo necesita y Ray le contesta que finalmente eso es algo entre ellos, recuerda cómo de niños deseaban con ser policías, sólo hablaban de eso y se pregunta cómo llegaron a esto.

Se da a conocer públicamente que Sandy y los 4 policías muertos estaban involucrados en una camarilla criminal ilícita, coludidos con y bajo la protección del Departamento de Policía. El padre le pregunta a Francis qué demonios está pasando, y cuán metido está en la situación. Francis evade responderle, y su padre, enojado, le ordena que lo mire, le pregunta si sabía lo que estaban haciendo y le dice que quiere ayudarlo a resolver las cosas. Francis le responde: sabía lo suficiente, mientras observa la mirada decepcionada del padre, y le dice: “en todos estos años ¿nunca te viste en un dilema, en un apuro?”. Su padre le responde que no, porque siempre conservó su integridad, sólo ha aceptado cheques girados por la ciudad. Francis apela a su padre intentando buscar alguna falla que lo ubique en campo de lo humano y no como ese ser todopoderoso, omnipotente y perfecto [3], pero el padre sigue ocupando ese lugar de autoridad intachable, sin falla. Francis le responde alterado que él no ha agarrado dinero, ni un centavo, y advertimos que empieza a dibujarse otra posición en él: le dice a su padre que tiene que irse y resolver las cosas a su manera, a pesar de que éste intenta persuadirlo para que se quede y decirle cómo proceder.

Francis va a encarar a Jimmy, le reclama la mentira y el ocultamiento de sus acciones, le dice que si cree que puede hacer que culpen a Ray está muy equivocado. Jimmy le responde que esto es un tiro fácil, si Ray corrobora todo es un héroe. Pero Francis le dice que eso no va a pasar, que él tiene que arreglar este desastre. A lo cual Jimmy le contesta: “¿O qué? ¿Qué carajo vas a hacer Franny? ¿Vas a quemar tu delegación? ¿Destruir todo aquello por lo que has trabajado?”.

Ray es llamado a declarar por Asuntos Internos. Dice no haber disparado a Tezo aunque las balas eran de su pistola, pero se niega a explicar lo que realmente sucedió. Luego Jimmy declara que él intentó revivir a Tezo pero Ray le disparó. Ray se encuentra con su padre, quien le reclama no haber hablado con él antes de declarar. Ray le dice que Jimmy es un narcotraficante, que asesinó a Tezo y Fran, su hermano, está metido hasta el cuello, que le dijo lo menos posible a esos tipos de Asuntos Internos, pero que si Jimmy lo va a arrinconar tiene que decir lo que sabe, no tiene más remedio. Su padre le reclama que sí tiene otra opción, que debería haber tomado la salida que le dieron (adjudicarse el haberle disparado a Tezo por defensa propia), y ahorrarles este lío. Le dice que ahora tienen un hoyo que tapar antes de que destruya a la mitad de la policía.

Nuevamente, el padre intenta que el hijo acate la mentira y se someta a ella. Para Ray, tomar la salida que le daban ahorrándoles un problema y salvaguardando de la destrucción al Departamento, implicaba resolver el problema una vez más, aceptando haber cometido una acción por la cual no era responsable -haber matado a ese hombre por “defensa propia”- y encubriendo así la conducta criminal de los agentes de la policía, entre ellos su cuñado.

Ray le dice que es demasiado tarde. Pero su padre le contesta “nosotros protegemos a los nuestros…tienes que mostrarme un poco de lealtad”. Sigue demandando una lealtad, un valor que se encuentra vaciado de la significación que pretende darle. Y es por eso que Ray le reclama que ya no use esa palabra, diciéndole, afligido, que para él ya no significa nada: “tu clase de lealtad me ha costado demasiado”. “¡Me costó todo! Me costó la mujer que amo. Porque ella me dijo que hicimos mal en Mott Haven y no le hice caso”. Su padre le dice: “tú dijiste que estabas seguro de lo que viste, ¡yo te oí!” y Ray le responde: “oíste lo que quisiste oír, déjate de cuentos. Era una mentira para proteger a un mal policía y lo sabíamos, y me paré y lo dije frente al gran jurado, no lo volveré a hacer. Ni por ti, ni por nadie”.

Es esta nueva demanda paterna -el pedido de lealtad que implicaría un nuevo acatamiento y la sumisión al engaño y la mentira- lo que pone en marcha el circuito de la responsabilidad subjetiva. Ray se ve interpelado sobre su anterior accionar (en el que ya se había sometido al pedido paterno) que queda así resignificado. La interpelación, la puesta en juego de la culpa de saberse involucrado en lo que hizo, hacen que el sujeto deba retornar sobre su acción y dar una respuesta por ella (D’Amore, 2006).

Por otro lado, lo que se observa es la intención del padre de situarse por encima de la ley mediante el engaño y el intento de desconocer las acciones esperables por el marco normativo [4]. Al pretender que su hijo mienta a las autoridades y encubra los hechos delictivos de otros para sostener la imagen del Departamento Policial y de su familia, hace un llamado a la transgresión (Gutiérrez, 2008). Este nuevo pedido del padre que incita a la mentira y lo coloca a Ray en una posición de hijo obediente que acata las órdenes -sin importar en el lugar en que él quede ni lo que pueda perder por eso- lo interpela a Ray sobre el modo en el que ha estado respondiendo hasta el momento. Más allá de su desacuerdo, de su contrariedad interna y de su intento por diferenciarse de aquellos que él llama “malos policías”, ha actuado, en nombre de la “lealtad”, encubriendo los errores de otros a pedido de su padre. Él prestó su cuerpo para enfrentarse al Jurado y mentir, para complacer a los demás, para obedecer la orden paterna. Podemos pensar además que la posición paterna de renegación de la ley por ser inconveniente o ir en contra del beneficio propio, y el intento de evadirla a través de las acciones que intenta imponer a su hijo, tiene efectos en Ray. Porque sin la palabra del padre (o incluso de su hermano), sin el discurso del Otro que le diga qué hacer, queda casi paralizado, sin saber cómo responder.

Es ante la incipiente vacilación de Ray que el padre debe arremeter el golpe con su arma más poderosa: “la familia”. No se trata del Departamento de Policía, se trata de la familia, de sus vidas, de su modo de vida. Hay una imagen, una cuestión familiar que debe ser sostenida, no importa el precio que se deba pagar por ello: “Jimmy está casado con tu hermana, es el papá de sus hijos, por Dios. Y tu hermano está en mala posición y tú eres la única salida, la única puerta. Jimmy se va a retractar, yo me voy a encargar de eso, tú sigues las migajas como vayan cayendo enfrente de ti…respiras hondo y dices lo que tiene que decir…y lo dices como si lo creyeras de verdad, y entonces dejamos esto atrás”. Ante la mirada turbada de Ray frente a estas palabras, aparece Francis y dice que no, que Ray no va aceptar la culpa por lo que él hizo, que esto se acaba esta noche y si por eso debe dejar de ser policía no importa. El padre se muestra resignado, decepcionado. Y resulta llamativo que Ray, ante la irrupción de su hermano en la escena y lo que éste dice, le pregunta: “¿Qué quieres que haga?

En relación a Ray, nos encontramos entonces con un padre que cuenta las virtudes y especiales capacidades del hijo, que brinda la imagen perfecta que este debe reflejar. Ray ha respondido hasta entonces con un intento fallido de despegarse de la imagen fija del Otro en la cual, sin embargo, se sigue sosteniendo. Ray queda paralizado como sujeto. La imposibilidad de tomar decisiones, de poder elegir por fuera del designio paterno, nos remite a que “siempre hay una pérdida a la vez que una alternativa” y a aquella “elección forzada” que Lacan describió como la alienación del hablanteser (Soler, 1988/2007, p. 113). Siempre que uno debe elegir o tomar decisiones se enfrenta con el no-todo, con la falta de respuestas predeterminadas a la pregunta sobre el ser y la existencia.

Ray, en cierto modo ha elegido. Ante esta falta estructural de respuestas, ha elegido quedar prendido del mandato paterno, aunque eso le costara perder a la mujer que ama y mentir para encubrir los errores ajenos. Freud (1914/2007) plantea que el sujeto es incapaz de renunciar a la perfección narcisista de su infancia, por lo cual procura recobrarla en el Ideal del yo. El distanciamiento respecto del narcisismo primario “acontece por medio del desplazamiento de la libido a un ideal del yo impuesto desde fuera; la satisfacción se obtiene mediante el cumplimiento de este ideal” (Freud, 1914/2007, p. 96). Ray, por seguir obteniendo una satisfacción narcisista de ese lugar de “hijo perfecto” con determinadas características -proveniente desde el inicio de su padre y adquirido como un Ideal- hizo a un lado aquello vinculado con su deseo.

Además, se juega el temor a la pérdida del amor del Otro. La angustia frente a la pérdida de amor se origina en el temor a quedar desprotegido frente a diversas clases de peligros y “sobre todo frente al peligro de que este ser hiperpotente le muestre su superioridad en la forma del castigo” (Freud, 1930/2007, p. 120). Se trata de la angustia social frente a la autoridad externa, grado infantil de la conciencia moral. Luego esta autoridad es interiorizada (pero no abandonada) y es posible hablar estrictamente de conciencia moral y sentimiento de culpa –angustia frente al superyó, frente a la autoridad interna- (Freud, 1930/2007) [5]. Conciencia moral que velará a su vez por el aseguramiento de la satisfacción narcisista procedente del Ideal del yo (Freud, 1914/2007). La situación y el vínculo entre Ray y su padre nos remiten entonces tanto a este temor a la pérdida de amor, como a la identificación al Ideal en pos de esa satisfacción.

Pareciera que hay una mirada que se pierde y está obstaculizada, la del sujeto en relación con su deseo, que queda cooptada en una referencia única y absoluta: la de ese padre incuestionable [6]. Un padre que desde su saber y su posición como Otro completo, habla a y de su hijo, que demanda continuamente y le exige seguir situándose en ese lugar de responderle obedientemente una y otra vez. Un padre que intenta abolir aquello que de su hijo como sujeto pueda discordar con el destino y la posición que él ya ha planificado y fijado para él y para el grupo familiar. Un padre que además, imponiendo su propia ley, pretende anular lo que sería esperable desde el marco legal. Pero no es suficiente con que un padre ofrezca al hijo un lugar y apele a la obligación de que éste cumpla con sus demandas incesantes de ocuparlo, es necesario también que el hijo responda cada vez a estas exigencias y acepte, aun con quejas, enojos, y angustia mediante, ocupar ese lugar.

“Aunque parece quedar signado el lugar al que el sujeto es destinado por este deseo que habita en el Otro, las conclusiones no pueden cerrarse a priori (…)” (Kletnicki, 2008, p. 216). Hay un discurso que antecede al sujeto, un lugar ya destinado para él desde el Otro, pero que no puede traducirse por un determinismo absoluto que genera sí o sí, necesariamente, una respuesta automática (Kletnicki, 2008). El sujeto, así como forzosamente debe emitir una respuesta ante los significantes que desde el inicio le vienen del Otro, deberá también responder y decidir ocupar mecánicamente el lugar ya trazado para él como un destino inapelable que le es dado de antemano, o intentar formular, crear una respuesta más acorde con su propio deseo. En este sentido, hay una decisión en juego, las consecuencias no serán iguales en cada caso, el sujeto no será el mismo.

Ray, a lo largo del film, vacila entre seguir respondiendo desde el mismo lugar, seguir siendo el que “resuelve problemas”, tal como su padre lo describe, preguntándole a éste qué hacer y esperando de él la respuesta salvadora que le evite decidir; o, por otro lado, tomar una posición propia frente a todo lo que sucede, desasiéndose en cierto punto del camino predestinado por su padre para él, actuando de un modo más acorde con su deseo.

Freud (1909/2006) postula el desasimiento de la autoridad parental como una de las operaciones más necesarias y dolorosas que el sujeto debe realizar en el curso del desarrollo. El desvalimiento y la desprotección infantil despiertan una profunda añoranza del padre (Freud, 1930/2007), aquél padre poderoso y normativo. Por otro lado, N. Rabinovich (2010) sitúa que:

El rehusamiento de la castración en el sujeto es correlativo a la ilusión de que el Otro garante y protector, existe (…) El sujeto pone en manos del poder del Otro y de su voluntad, es decir sobre ese oscuro referente subjetivo que es el deseo del Otro, la dirección de su propio deseo. (pp. 433-434)

Estas referencias nos sirven para reafirmar lo que ya venimos planteando, es decir, el sometimiento de Ray a la palabra paterna. Este dejar en manos del Otro la conducción del propio deseo se vincula con el sostenimiento de que hay Otro todopoderoso, un “Padre de grandiosa envergadura” (Freud, 1930/2007, p. 74) que gobierna y resguarda al sujeto. Esta cuestión la evidenciamos en el film en el abandono del hijo a la voluntad del padre. Sosteniendo que hay un Otro capaz de guiar y garantizar el curso de las propias acciones, Ray rehúsa la castración (podemos pensar que influye en este punto la particular posición paterna señalada anteriormente).

El sujeto es responsable por su obediencia y su sometimiento a ese Otro y, en cierto modo, comienza a advertirse de eso hacia el final. Es lo que podemos leer en el llanto y en algunas de sus palabras hacia el padre: “Era una mentira para proteger a un mal policía y lo sabíamos, y me paré y lo dije frente al gran jurado, no lo volveré a hacer. Ni por ti, ni por nadie”. Se trata aquí esencialmente de la culpa que Ray experimenta por sus acciones pasadas en relación al acontecimiento de Mott Haven (alienación de la subjetividad en la obediencia al Otro paterno). Las últimas palabras de Ray a su hermano –“¿Qué quieres que haga?”- idénticas a las proferidas a su padre, señalan que no parece jugarse un cambio en su posición, sino que se trataría en verdad de una respuesta culpógena. Ray sigue buscando hasta el final las instrucciones en el Otro, sin poder romper con la sujeción a sus mandamientos y responsabilizarse como sujeto, tomando la palabra [7].

Por otro lado, podemos pensar qué sucede con Francis. Si bien él pareciera no haber estado del todo al tanto de la situación –de la cual todos sabían- sino sólo advertir la ocurrencia de ciertas irregularidades que dejó pasar, pensamos que las cosas no fueron tan sencillas. En cierto modo, Francis eligió cerrar los ojos ante lo que sucedía delante suyo y, entonces, con su consentimiento. Eligió también tratar de responder a la imagen de funcionario policial ejemplar, ascender en la cadena de mandos lo más rápido posible, y mantener “limpio su nombre”, pasando por alto la corrupción y los errores de sus hombres para evitar cuestionar tanto la institución policial que tanto prestigio e importancia comporta para su familia, como su papel en ella y su verdadero funcionamiento. Si abrir los ojos implica ver que no todos los agentes son tan nobles, honestos y con vocación de deber como él quisiera, y si eso implica aceptar que aún bajo su mando pueden suceder esas gravísimas irregularidades, mejor mirar para otro lado y seguir creciendo y ascendiendo tranquilo, satisfaciendo la imagen de líder ejemplar que su padre, y él mismo, tienen de él.

Colette Soler (2007) retoma la distinción implícita de Freud entre “la castración como hecho de estructura, que es lo universal del sujeto, de lo que puede llamarse una actitud en relación a ese hecho de estructura, una posición” (p. 117). Entonces cabe preguntarse: ¿qué posición asume Francis como sujeto ante la castración estructural? Podemos pensar que hay un intento por velar la castración en el Otro. Él cierra los ojos, corre la mirada, pero no sólo para evitar visibilizar la problemática de corrupción y criminalidad dentro del propio Departamento del que es Teniente, no sólo para eludir la puesta en cuestión del ejercicio de su función y de cómo ha desempeñado su papel como jefe de sus subordinados, sino también, y principalmente, para evadir encontrarse con un punto de la castración en el Otro, para esquivar toparse con que aquella institución tan idealizada porta una grieta desde la que pueden vislumbrarse la corrupción y la mentira. Es el riesgo de enfrentarse con la caída de este Ideal, encarnado en la institución policial, y fuertemente anudado al mandato paterno, a su identidad y a la novela familiar –ya que el Ideal no tiene solamente un componente individual, sino también uno social como Ideal común de una familia (Freud, 1914/2007)- lo que conduce a Francis a una complicidad silenciosa con la corrupción y la criminalidad de sus subordinados. Y es por esto que, en cierto modo, no se sorprende demasiado al advertir finalmente lo que estaba ocurriendo. Si bien se enoja, se decepciona, se enfurece con su cuñado y le recrimina haberse aprovechado del lugar de hermano que le habían otorgado tanto él como Ray, lo que aparece fundamentalmente es la culpa y el saberse involucrado desde el inicio en esa situación que él supuestamente desconocía. Por otro lado, no es un dato menor que justamente el padre sea uno de los mayores referentes y un importante funcionario de esa institución que está en peligro de aparecer en jaque. Es posible pensar que el cuestionamiento de la entidad policial y de todo aquello por lo cual él ha trabajado con esfuerzo tantos años, implica también la puesta en cuestión del padre y el acercamiento a un punto de inconsistencia en esa figura paterna que se muestra como absoluta y sin falla, y a la cual se ha identificado todo este tiempo. Podemos plantear entonces que, frente al peligro de la inconsistencia del Otro, Francis ha operado intentando colmarla, asegurándose de que no haya un lugar para el vacío, que no exista la posibilidad del error.

Pero podemos pensar también que la culpa da paso a la responsabilidad. Si en un primer momento Francis da una serie de respuestas que pretenden anestesiar la culpa: se paraliza, niega la situación, siente miedo y duda si arriesgar todo por lo que ha luchado y trabajado para resolver las cosas, proyecta en los otros (Sandy, su cuñado) la culpa de lo sucedido a través de la bronca y de reproches y evalúa la posibilidad de que su hermano mienta para tapar lo sucedido, luego comienza a asumir su parte en lo ocurrido. Esto podemos evidenciarlo, por un lado, en las palabras que le dirige a su padre una vez puesta al descubierto la camarilla ilícita formada por sus subordinados: su padre, enojado, le pregunta si sabía lo que estaban haciendo, y él responde: sabía lo suficiente. Resuenan entonces aquellas palabras del padre en una de las primeras escenas: “ninguno de nosotros podía haber hecho nada”, Francis sabía lo suficiente y, por ende, sí podría haber hecho algo.

Pero aún evidenciamos cierta vacilación en su posición, y es por ello que se dirige a reclamarle a Jimmy por lo que hizo. Esta escena es crucial ya que, con sus palabras, Jimmy le devuelve a Francis algo de su propia implicación en lo sucedido: Cuando Francis lo interroga por la mentira y el ocultamiento de sus actos, Jimmy le contesta que él le dijo lo que quería oír. Francis le responde que quería la verdad. Pero Jimmy le dice: “¿Sobre el dinero que nos daban? ¿Sobre tus policías corruptos? Tú sabías todo, pero sólo te importaban tus ascensos”. A lo que Francis responde: “yo te di rienda suelta para hacer el trabajo, si aceptaste un poco acá o allá no vi nada, pero te pasaste”. Jimmy le contesta entonces: “¿y el que no hayas aceptado un sobre te absuelve? Hay poca diferencia. Bajó el crimen, hubo más arrestos, eso es lo que querías. El fin justifica los medios, amigo”.

Pensamos que es a partir de esta conversación que la interpelación cobra todo su peso. Jimmy, con sus dichos, le devuelve en cierto modo aquello por lo cual Francis era responsable: haber oído sólo lo que quería oír, haber visto sólo lo que quería ver, haber sabido en algún punto sobre lo que ocurría y haber preferido, sin embargo, pretender no saber para evitar el encuentro con la falta y el fracaso.

Lo interpela también sobre algunos de los motivos que indujeron su “ceguera”. Si, desde el mandato paterno, Francis era un líder innato, con la capacidad y hasta la “obligación” de ascender a puestos cada vez más prestigiosos y de mayor rango, como Jimmy le dice, cualquier medio era aceptable con tal de alcanzar sus fines. Es a partir de este momento que podemos hablar de la responsabilidad subjetiva, del efecto sujeto. Es cuando Francis, con la intención de esclarecer lo sucedido, dice que Ray no va aceptar la culpa por lo que él hizo, y que si por eso debe dejar de ser policía no importa. Se produce un cambio en su posición subjetiva, ya que -movilizado por una verdad que vaya más allá de la impuesta por el padre-decide resolver por sí mismo la situación en la cual estaba involucrado, aun si para ello debe sacrificar su identidad de policía, y dejar caer el Ideal que esta institución encarna para él.

Tanto Ray como Francis, cada uno a su modo particular, habían logrado adecuarse a las expectativas y las demandas de este padre que, desde su posición de autoridad, legisla qué lugar y qué imagen para cada hijo. Esta cuestión nos permite esbozar brevemente un último punto: una rivalidad encubierta entre hermanos que se disputan el amor paterno y un lugar como el hijo ideal del padre. Cuando Francis le dice a Ray que ya resolverán las cosas, éste le responde: “¿crees que vamos a ir al sótano con papá y arreglarlo todo?” A lo que su hermano responde: “¿Me quieres cortar las piernas? ¿Quieres que me derrumbe? ¿Eso satisface tu sentido del bien y del mal?”. Es ahí cuando Ray advierte que hay algo más en juego relacionado al vínculo existente entre ellos (recuerda cómo de niños deseaban y sólo hablaban de ser policías –como el padre-).

Freud (1923/2007, p. 39) sitúa en “El yo y el ello” que los sentimientos sociales nacen en el sujeto como una superestructura “que se eleva sobre las mociones de rivalidad y celos hacia los hermanos. Puesto que la hostilidad no puede satisfacerse, se establece una identificación con quienes fueron inicialmente rivales”. En nuestros personajes, observamos que hacia el final surge en forma más evidente esa rivalidad entre ellos signada ya desde aquella infancia en que los dos soñaban con ser policías como su padre. Si hasta el momento la rivalidad y los celos habían permanecido opacados por una identificación, es con estos últimos hechos que los involucran a ambos desde su profesión, desde su relación fraterna, y con el padre implicado continuamente, cómo algo de este enfrentamiento que operaba latente entre ellos se visibiliza.

Entonces, lo que se jugaba alrededor de los hechos no era sólo la posible puesta en cuestión de la institución policial del lugar ideal que encarnaba para ellos (con todas las vertientes ya explicitadas) sino que se trataba asimismo de la competencia entre hermanos por un lugar en el amor, en el deseo paterno. Y, principalmente, de lo que le sucede a cada uno frente a cierta caída del referente paterno como aquél que siempre tiene una respuesta (ya no se puede apelar a juntarse con el papá y arreglarlo todo). Cuestión fundamental ya que, ante un padre que siempre sabe cómo resolver las cosas, que intenta imponer su visión y su modo por sobre el de sus hijos, que establece qué lugar debe ocupar cada uno de ellos y qué acciones deben emprender para alcanzar sus propios fines, es importante que progresivamente cada uno de estos hijos pueda comenzar a agujerear esta consistencia absoluta del Otro paterno.

Bibliografía

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Freud, S. (2007). Introducción del Narcisismo. En S. Freud, Obras Completas: Vol. XIV: Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico: Trabajos sobre metapsicología y otras obras: 1914-1916, (2ª ed. 12ª Reimpresión, pp. 65-98). (José L. Etcheverry, trad.). Buenos Aires: Amorrortu. (Obra original publicada en 1914).

Freud, S. (2007). El yo y el ello. En S. Freud, Obras Completas: Vol. XIX: El yo y el ello y otras obras: 1923-1925 (2ª ed. 11ª Reimpresión, pp. 1-66). (José L. Etcheverry, trad.). Buenos Aires: Amorrortu. (Obra original publicada en 1923).

Freud, S. (2007). El malestar en la cultura. En S. Freud, Obras Completas: Vol. XXI: El porvenir de una ilusión, El malestar en la cultura y otras obras: 1927-1931 (2ª ed. 10ª Reimpresión, pp. 57-140). (José L. Etcheverry, trad.). Buenos Aires: Amorrortu. (Obra original publicada en 1930).

Gutiérrez, C. (2001/2008). Restitución del padre. En J. Fariña & C. Gutiérrez (Comps.), La encrucijada de la filiación. Tecnologías reproductivas y restitución de niños (4ª Reimpresión, pp. 57-71). Buenos Aires: Grupo Editorial Lumen.

Kletnicki, A. (2001/2008). Un deseo que no sea anónimo. En J. Fariña & C. Gutiérrez (Comps.), La encrucijada de la filiación. Tecnologías reproductivas y restitución de niños (4ª Reimpresión, pp. 207-228). Buenos Aires: Grupo Editorial Lumen.

Lacan, J. (2010). Clase XVI: Las insignias del Ideal. En El Seminario de Jacques Lacan: libro 5: las formaciones del inconsciente. (9ª Reimpresión, pp. 295-309). (Enric Berenguer, trad.) Buenos Aires: Paidós. (Obra original publicada en 1998).

Lacan, J. (2010). Clase XVI: El sujeto y el Otro: la alienación. En El seminario de Jacques Lacan: libro 11: los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. (16ª Reimpresión, pp. 211-223). (Juan Luis Delmont-Mauri y Julieta Sucre, trad.). Buenos Aires: Paidós. (Obra original publicada en 1973).

Rabinovich, N. (2010, 2° semestre). El Nombre del Padre: articulación entre la letra, la ley y el goce. Artigos Temáticos, Año II, Edición II, pp. 432-443. Recuperado de: http://www.uva.br/trivium/edicoes/e...

Soler, C. (1988/2007). La elección de las neurosis. En C. Soler, Finales de análisis (2ª Reimpresión, pp. 113-130). (Graciela Brodsky y Adriana Torres, trad.). Buenos Aires: Manantial.


Notas

[1] Es decir, el mismo policía –Sandy- que se encontraba en Coney Island viendo el partido, y que llamó a Tezo para avisarle que los agentes se dirigían al lugar, a su vez llama anónimamente a Emergencias para reportar el hecho.

[2] Pregunta que nos remite a la alienación del sujeto, y a su captura en relación al enigma del deseo del Otro. “El sujeto encuentra una falta en el Otro, en la propia intimación que ejerce sobre él el Otro con su discurso. En los intervalos del discurso del Otro surge en la experiencia del niño (…) me dice eso, pero ¿qué quiere?" (Lacan, 1973/2010, p. 222).

[3] Podríamos decir, retomando lo situado por Masotta (1989, citado en Gutiérrez 2008), un intento de comenzar a reconstruir la función del padre. La conducta mentirosa del padre y la intención de que sus hijos se sumerjan en el engaño para tapar lo sucedido -eludiendo el proceder esperable según el marco legal- introducen una relativización de la función paterna como soporte de la legalidad y como aquel que “se ofrece como la encarnación necesaria para hacer pasar por su palabra al Otro de la ley (…)” (Gutiérrez, 2008, p. 68).

[4] Este punto se vincula con la importancia misma de la relación del padre con la ley situada por Lacan (1984, citado en Gutiérrez, 2008).

[5] Por su parte, Lacan, señala en el Seminario V: “nos dicen que el Ideal del yo surge de una identificación tardía, vinculada con la relación tercera del Edipo, que en ella se mezclan de forma compleja deseo y rivalidad, agresión y hostilidad. (…) Aunque es incierto el resultado del conflicto, se plantea que ha acarreado una transformación subjetiva, debido a la introducción (…) en el interior de cierta estructura, de lo que se llama Ideal del yo, que resulta ser en adelante una parte del propio sujeto, aunque conserva sin embargo alguna relación con el objeto exterior. Están las dos cosas y se ve que, tal como nos lo enseña el análisis, intrasubjetividad e intersubjetividad no se pueden separar” (Lacan, 1998/2010, p. 297).

[6] “El neurótico se aferra a ese Otro y con la renuncia a sus propios deseos custodia el cumplimiento de su voluntad, lo eterniza en su poder, lo enaltece en sus virtudes (…)” (Rabinovich, 2010, p. 435).

[7] Esta hipótesis puede pensarse aun cuando en la última escena del film pareciera que ambos hermanos concurren a declarar junto a su padre, ya que esto sucede justamente porque es Francis quien toma la determinación de enfrentar los acontecimientos.





 

 
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