Inicio > Acceso Docentes > cuatrimestre 2010 > Código de honor >

por 

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Psicología Ética y Derechos Humanos
Cátedra I

Profesor Titular: Fariña, Juan Jorge Michel

Profesor de Trabajos Prácticos: Ollier, Alejandro Marcelo

Apreciaciones sobre la responsabilidad subjetiva en el film
“Código de honor” (The Pledge)

Integrantes:

• Ravioli Ramos, Julieta (LU: 33.434.044.0)
• Zumbo, Vanesa (LU: 27.681.132.0)

Fecha de entrega: 10/06/2010.
Comisión: 24.
Horario de cursada: Jueves de 11.00hs a 12.30 hs
Primer Cuatrimestre - Año 2010
The Pledge – Código de honor
Para el análisis de la película centraremos nuestros comentarios sobre la responsabilidad subjetiva en el personaje principal. Su nombre es Jerry, es un inspector de policía que está muy próximo a retirarse y ha sido una persona completamente dedicada a su profesión y sumamente aplicado. Podría pensarse que esta manera de relacionarse con su profesión, interfirió en su vida social y afectiva dado que tuvo dos matrimonios, sin embargo se encuentra solo. Sus colegas lo apreciaban y respetaban notablemente, esto se observa cuando obedecen sus órdenes, tienen en cuenta sus apreciaciones y su metodología al investigar los casos (Jerry decide cuales son los elementos de la escena del crimen que son relevantes). Aparentemente todas sus alegrías, sus frustraciones, logros y decepciones giran en torno a su trabajo y a cualquier sentimiento que surja a partir de éste. La trama comienza cuando en su fiesta de retiro, a seis horas de jubilarse, se encuentra el cuerpo de una niña de ocho años asesinada brutalmente. Jerry decide abandonar su fiesta y dirigirse a la escena del crimen, se ofrece a dar la dolorosa noticia a los padres de la víctima y en ese contexto promete “por la salvación de su alma” encontrar al asesino. Esta promesa se le vuelve una obsesión, un deber por cumplir, ha dado su palabra y nunca claudicará, veremos a qué precio. El detective realiza la promesa sobre la cruz que la víctima hizo con sus propias manos, y aunque sabemos por las mismas palabras de Jerry que no es una persona religiosa, es curioso que aún así lleve su promesa hasta las últimas consecuencias. Este empeño de su palabra se le ha impuesto como lo que guiará toda su vida, sus actos y su pensamiento.
Acordamos con el comentario sobre el film llevado a cabo por Eduardo Laso, quien manifiesta una división del sujeto entre el deber y el deseo, es decir, entre el mandato que lo insta a cumplir con la promesa dada, y el amor que sin calcular encuentra en esta búsqueda del asesino. La escena del crimen con la que se encuentra lo desestabiliza a tal punto que llega a utilizar a una niña inocente como señuelo para tentar al asesino e intentar atraparlo.
Jerry conoce a una niña con características muy similares a las de las víctimas asesinadas, podría pensarse que el ex policía arma una estrategia para acercarse a ella (invita a la madre a ir a una venta de garaje) y así en cierta forma utilizarla para encontrar al asesino. Probablemente no ha tenido en cuenta que Lori, la madre de la niña, se enamoraría de él, ni que él lo haría de ella, ni que terminaría cumpliendo paulatinamente el rol de padre, teniendo la posibilidad de formar una nueva familia y forjar un nuevo futuro. Pero la promesa realizada sigue teniendo un peso muy fuerte para Jerry ya que llega al punto de poner en riesgo a esos seres queridos con el fin de lograr cumplirla. Se debate internamente entre el miedo de que a la niña le pase lo mismo que a las víctimas y la obsesión por atrapar al asesino, porque sabe que puede atraparlo, porque llegó a pensar casi como éste lo haría. De esta forma se observa como queda dividido entre este mandato y el amor que siente, tanto de padre como de esposo. Vemos un indicador de esto en la escena en la que la niña lo llama porque no puede dormir para que le cuente una historia, él aparece, se detiene un instante mira a un costado indeciso (suponemos la habitación que comparte con Lori), pero finalmente gana la necesidad de pasar tiempo con la niña para lograr su cometido de justicia. Es en esta escena cuando la niña le pide permiso para encontrarse con el “mago” (asesino) y tras permitírselo y pedirle que no se lo cuente a la madre, el ex policía inventa un plan para atraparlo.
Otro indicador de esta división interna que lo atormenta, son las escenas en las que pierde de vista a la niña o ve que esta se está columpiando junto a la ruta y el principal sospechoso hasta el momento está hablando con ella, entonces la expresión de su rostro se transforma por el temor. La desesperación que muestra por llegar a tiempo cuando creyó que el predicador era el asesino y tuvo una visión de la niña muerta. En contraposición, alienta a la madre a que le compre un vestido rojo, sabiendo que es un rasgo para atraer al asesino, elije el lugar del columpio cerca de la ruta para que el asesino pudiera verla y convence a Lori de que es el mejor, aunque estuviera muy cerca del tránsito, porque la podrían cuidar desde el negocio.
Posible circuito de responsabilidad.
En relación a los tiempos lógicos que organizan el circuito de la responsabilidad, ubicaremos como tiempo 1 (T1) aquel “donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada...” (Dominguez M. E, 2006). Esta es, la decisión conciente de Jerry de permitir a la niña que vaya al encuentro del asesino, a la vez que le pide que no le cuente a la madre, porque considera que puede dominar la situación completamente y para reforzarlo le pide un favor a sus ex compañeros para descartar cualquier falla, entonces tiene allí ocho hombres (irónicamente el personaje dice swat) custodiando todos los frentes. En definitiva: toda la escena montada con los policías esperando al asesino, que muestra a la niña como señuelo para atrapar al asesino, bajo un marco totalmente (o aparentemente) calculado.
En el tiempo 2 (T2), aquel que confronta al T1, un efecto inesperado posibilita la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del T1. Bajo el efecto no esperado, sorpresivo, retroactivamente se interpela el sujeto. Ubicaremos como T2 el fracaso de la operación montada por Jerry, ya que el asesino nunca aparece, pero sobre todo porque su ex colega le avisa a la madre de la niña, quien acude desesperada y le reprocha violentamente haber expuesto a esa situación a la niña. El ex detective termina siendo visto como un payaso por sus ex compañeros y como un monstruo por su pareja. Ha perdido la vida familiar que empezaba a construir y todo el prestigio que había obtenido en su carrera de policía. La hipótesis clínica, siguiendo las apreciaciones de Eduardo Laso, la ubicaremos en relación a cierto goce puesto en juego en todo el proceso implicado en cumplir con su promesa, usar a la niña como señuelo para encontrar un asesino. Al enfrentarse con el fracaso de la operación que montó Jerry podría haberse cuestionado por los motivos que lo llevaron a poner a la niña en una situación de peligro, si efectivamente el “deber ser” el policía que siempre encuentra al asesino, el hombre que cumple con su palabra y hace justicia era tan solo lo que estaba en cuestión y nada de un goce desconocido y evidentemente imposible de reconocer por él.
Con respecto al tiempo 3 (T3) consideramos que no lo hay. Esto es porque no se ve un cambio de posición subjetiva en Jerry. Más aún, nos parece que no hay reconocimiento de que ha puesto en peligro la vida de la niña, esto se observa cuando Lori le pega y a él se lo observa ido, parece no escucharla perturbado por sus pensamientos, no puede procesar lo que está ocurriendo. No hay ni reconocimiento, ni intento de reparar, no se avanza hacia nada, ha quedado confrontado con la imagen que le devuelve su mujer, la cual lo deja en igualdad de condiciones con el asesino. Queremos comentar (para destacar cierto efecto de identificación que notamos entre Jerry y el asesino) la sensación que experimentamos en los momentos en que no aparecía el asesino y todavía no se mostraba la razón (el accidente), esta era de no saber a quién se estaba esperando, como si algún desenlace inesperado mostrara que en realidad el asesino era Jerry, entonces nadie tenía que llegar porque “perverso” siempre estuvo allí. Para que pudiéramos ubicar un T3, produciendo Jerry una rectificación subjetiva, consideramos que este tendría que haber podido reconocer que en todo este proceso estuvo comprometido su goce y así asumir que seguir intentado cumplir su promesa implicaba sacrificar sus objetos amados. Este goce en juego es el que el protagonista parece no poder reconocer, no el hecho de que fracasó su intento de apresar a su perseguido.
Nos permitimos interpretar que la escena que da comienzo a la película, que es en realidad la escena final, muestra a Jerry perturbado por la culpa que en este caso produce un efecto tapón, en tanto impide que el sujeto reconozca algo de su responsabilidad. Jerry ha perdido la cordura, Aquí podemos inferir que en lugar de una respuesta subjetiva se manifiesta la culpa, sintomáticamente, dado que Jerry enloquece. Probablemente no pueda asumir que en un punto se puso a un mismo nivel que el perverso, ofreciendo a la niña como carnada para atraparlo, por el deber que le impone la promesa hecha. Esto es confirmado por la mirada que le devuelve la madre de la niña cuando descubre sus verdaderas intenciones para con ellas, y se muestra horrorizada al describirlo.
“El cumplimiento del deber y de la promesa, atados a un fin elevado, termina sirviendo la mal. Punto en el cual Jerry se queda sin familia y sin razón. De ahora en más él esperará para siempre a que el asesino acuda a su cita para darle la razón, para que todo lo que hizo alcance una justificación que lo desculpabilice de su secreta complicidad con el goce del Otro.” E. Laso.

En relación a los conceptos de la necesidad y de azar, podemos resaltar que hay mucha responsabilidad subjetiva porque hay poco efecto de la necesidad. Jerry planeó todos sus pasos de forma muy organizada, vistiendo a la niña de igual manera que a las víctimas, colocándole un columpio al borde de la ruta para tentar al asesino y hasta permitiéndole que vaya a su encuentro y exponerla a una violación.
Con respecto al azar lo podemos ubicar en el hecho de que el asesino haya sufrido un accidente automovilístico minutos antes de ir a encontrarse con la niña, en el lugar donde lo esperaba Jerry con la policía para atraparlo y muriera calcinado. De no haber sido por este accidente, hubieran podido atrapar al asesino, y Jerry sería el héroe del final feliz, que atrapa al asesino y que salva a la niña que él mismo puso en peligro.
Otro elemento que nos llamo la atención es cierto efecto azaroso que reside en que, cuando Jerry recibe la noticia del asesinato y hace notar que el lugar del hecho no pertenece a su zona, entonces le explican que recientemente hubo un cambio de jurisdicción, que es lo que determina que el departamento al cual Jerry pertenece sea el responsable de esclarecer el homicidio.
Tenemos que especificar que tal como sucedieron las cosas al protagonista no le cabe responsabilidad jurídica porque no se ha cometido un delito. Jerry en un comienzo aparenta estar en dominio de sus facultades mentales, motivo por el cual, si el asesino hubiera ido al encuentro con la niña, y si a esta le ocurría algo, podemos suponer que allí sí le cabría responsabilidad jurídica, dado que el sujeto del derecho es el sujeto autónomo y en posesión de sus facultades mentales.
Por otra parte, en relación a la responsabilidad jurídica también nos llamó la atención cuando al comienzo de la película interrogan al primer sospechoso por el asesinato. Durante el interrogatorio se ve que si la confesión de este sujeto hubiera sido genuina (en el sentido de que fue inducido), este hombre jurídicamente seria inimputable porque no está en dominio de sus facultades mentales. Cabe destacar que el policía que lleva a cabo el procedimiento, lo induce a que realice una confesión, manipulándolo, aprovechando su estado mental para lograr la confesión, y así dejar el caso cerrado.
Comparando la trama de esta película con el caso de Ibbieta, contemplado en “El muro”, de Jean Paul Sartre, podemos establecer ciertas comparaciones que encontramos en el circuito de la responsabilidad. En primer lugar la decisión de Ibbieta contemplada como el T1, de dar una pista falsa sobre la ubicación de su amigo Gris a los falangistas que lo tenían apresado, si bien es un intento consciente de realizar una jugarreta a sus enemigos, reside en una elección de un sitio al azar para mandarlos a buscar, el lugar menos pensado por ellos. En cambio en la película analizada, durante el T1 la acción conciente llevaba a cabo por Jerry no es nada al azar, sino que es sumamente premeditada y responde a un patrón de pensamiento y conducta atribuido al asesino. En cambio Ibbieta dice “en el cementerio” como el lugar menos pensado en el cual un prófugo intentaría refugiarse. A la vez existe una similitud que radica en que ambos sujetos intentan “ponerse en el lugar del otro” para saber como pensarán. En segundo lugar, en el T2 de la película el asesino no aparece, y se observa la ausencia del desenlace esperado por Jerry, en cambio la sorpresa de Ibbieta radica en que Gris se encontraba en el lugar que él había inventado, y entonces por eso fue asesinado. Se observaría una oposición entre ambos casos, en el sentido en que uno sucede algo (encuentran a Gris), y en el otro no sucede algo (el asesino no aparece y no ataca a la niña), y ese, es en ambos casos, el efecto inesperado.
En tercer lugar y en relación con el T3, en el caso Ibbieta hay un reconocimiento por parte de éste de que ha sido quien delató la ubicación de su amigo, y que por eso murió, pero no hay responsabilidad jurídica y no podría considerárselo responsable de su muerte. Podría pensarse que el efecto de risa/llanto transmite algo de asumir cierta responsabilidad subjetiva, porque retroactivamente al acto del T1, Ibbieta se siente implicado en este efecto no esperado, siente que le concierne algo sobre lo que sucedió. En el teórico dictado por el licenciado Carlos Gutiérrez se indicó que Ibbieta delata su deseo de vivir más, por lo que podría detectarse una cierta responsabilidad subjetiva por la muerte de su amigo y jefe, ubicada en relación con el deseo de prolongar la propia vida. En cambio consideramos que en el circuito que hemos indicado para la película, no hay T3 ya que para que pudiera pensarse en este, Jerry tendría que haber mostrado algún tipo de replanteamiento de su posición, haber realizado algún acto reparatorio o dar algún indicio de arrepentimiento por haber utilizado a la niña y a su madre para encontrar al asesino poniéndola en riesgo para lograr ese fin, convirtiéndose en un punto en un perverso. Sin embargo, se ve que Jerry queda congelado a la espera de que el asesino aparezca como dijimos anteriormente.

Bibliografía
• D’ amore O.: Responsabilidad subjetiva y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra viva, 2006.
• Dominguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En la transmisión dela ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra viva, 2006.
• Laso, Eduardo. Los impasses del deseo y el deber. En http://www.eticaycine.org/Codigo-de-Honor
• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra viva, 2006.



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: