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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

Segundo parcial
Película: Código de honor

Cátedra I
Profesor trabajos prácticos: Noailles, Gervasio
Comisión: 8
Fecha de entrega: 9/6/10

INTEGRANTES:
Jasin, Giselle (L.U.: 33.691.5900)
Michan, Milena (LU: 29.905.5080)
Referencia: 08_Gilselle Jasin_Codigo de Honor; 08_Michan Milena_Codigo de Honor
1) Tomando en cuenta el comentario del film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.
El personaje principal sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva es aquel que encarna a Jerry, interpretado por el actor estadounidense Jack Nicholson.
El autor del texto correspondiente al análisis de la película “Código de Honor” es Eduardo Laso. Quien escribe varios comentarios en relación a una posible hipótesis de responsabilidad subjetiva del protagonista del film.
Jerry es un policía que se jubila. El día de la fiesta de despedida en el trabajo ocurre una llamada de urgencia. En el bosque han encontrado una niña brutalmente asesinada. Jerry termina haciéndose cargo de visitar a los padres de la víctima para informarles del hecho. Él está incómodo con la tarea, y en medio del dolor de los padres trata de consolarlos diciéndoles que van a encontrar al asesino. La madre de la víctima toma sus palabras y le hace prometer por su alma que va a cumplir con lo que acaba de decir. Jerry queda así preso de sus palabras.
Hipótesis sobre responsabilidad subjetiva propuesta por Laso: Jerry mira la escena del crimen, pero también podemos agregar que la escena lo mira a él. Esta escena que encuentra por accidente lo desestabiliza, al conmover en él su fantasma, que a posteriori pondrá en juego en su estrategia para atrapar al asesino. Estrategia que consistirá en pensar como él, tratar de saber de su goce y tentarlo con otra niña.
Según Laso, Jerry no se hace responsable de sus sentimientos amorosos por Lori y la niña. Jerry es un detective kantiano. La ética kantiana implica un deseo de ley en tanto hacer que el deseo sea deseo de que se cumpla la ley formal, el imperativo categórico, al precio de los afectos y anhelos personales, vale decir, a costa del sacrificio de cualquier objeto que pudiera tener valor fálico para el sujeto.
La responsabilidad subjetiva, surge de esa hiancia en lo simbólico que llama al sujeto a responder, produciéndolo.
Según Laso: Nadie enloquece sólo porque haya fallado un plan para atrapar un criminal. Lo enloquecedor para Jerry es descubrir en sí mismo una comunidad fantasmática con aquel que persigue, en tanto su empeño por descubrir al asesino lo lleva a poner en riesgo los mismos objetos de amor que se supone debería haber protegido. Esto es lo que debería haber descubierto: que con su estrategia podía perder una hija y colaborar con el goce de aquel a quien persigue. Por eso, que no se haya detenido en ese momento le retorna desde el Otro con la sanción “hijo de puta” que Lori le espeta.

2) Sugiera el circuito de la responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
Para pensar el circuito de la responsabilidad comenzaremos describiendo algunas escenas de la película que podrían dar cuenta de posibles “Tiempo 1”, las cuales corresponderían al mismo “Tiempo 2”.
Tiempo 1
a) Promesa a la madre de la víctima asesinada.
b) Jerry coloca las hamacas, poniendo a jugar con ellas a la nena al borde de la ruta.
c) Jerry da lugar a la cita del asesino con la nena en el bosque.
d) Jerry, en la tienda promueve a la niña y su madre a la compre del vestido rojo.
Tiempo 2, Interpelación, momento en que se resignifica el Tiempo 1.
Es el momento en que Jerry cree que encontrará al asesino in fraganti. Para esto, se comunica con la policía y le dice que el presunto asesino se encontrara con una niña (Chrissy) en un bosque determinado. Una vez que el operativo llega, se esconden detrás de los árboles para presenciar aquel momento. Pero a medida que iba pasando el tiempo, como el asesino no llegaba, los policías, cansados de esperar, le comunican a Jerry que se irían del lugar, descreyendo de la idea de que el asesino se haría presente allí. La policía, le informa a la madre de la niña de lo que está sucediendo. Enterada, Lori va a buscar a su hija en un estado de desesperación. A los ojos de ella, lo que ha hecho Jerry es horroroso, dado que el amor por ella y la niña debería haber impedido a Jerry poner a la niña en situación de ser víctima de un perverso.
Lori, lo interpela a los gritos diciendo “¡Sos un hijo de puta, como fuiste capaz de hacer esto, sos un maldito!”
Los dichos de Lori resignifican en Jerry el Tiempo 1.
Laso afirma: El sujeto suspendido en una espera loca sin poder concluir, porque de concluir allí, su alma estaría condenada en tanto ha puesto a un objeto sagrado para la cultura (una niña, una hija) en riesgo de ser asesinada, al mismo tiempo que no ha cumplido con su promesa, y así a los ojos de los demás ha cometido un hecho tan monstruoso como el asesino que persigue. Jerry estaba convencido que el asesino existía y que acudiría a la cita a encontrarse con la nena. Si fue capaz de hacer eso, entonces toda su historia de amor con él aparece ahora como una estafa armada para atrapar a un asesino. El cumplimiento del deber y de la promesa, atados a un fin elevado, termina sirviendo al mal. Punto en el cual Jerry se queda sin familia y sin razón. De ahora en más él esperará para siempre a que el asesino acuda a su cita para darle la razón, para que todo lo que hizo alcance una justificación que lo desculpabilice de su secreta complicidad con el goce del Otro.
Posibles salidas al tiempo 2, consideramos que en el film no habría un tiempo 3 correspondiente al circuito de la responsabilidad propuesto por la cátedra. Sin embargo podría pensarse que la respuesta del protagonista a la interpelación anteriormente descripta es sintomática.
En la última escena de la película, Jerry está bebiendo en soledad, con un aspecto desalineado, abandonado y hablando solo. Inferimos que en este momento el protagonista había perdido todo lo que le importaba. Su reputación profesional, y el amor de Lori y su hija. Cayendo así una vez más en su vieja adicción o síntoma. El Alcoholismo. Entendiendo esto como una solución de compromiso, una modalidad de respuesta sintomática frente a la imposibilidad de poder poner en palabras aquello que le sucedía. Esto lo sostenemos basándonos en los dichos de los compañeros de trabajo, también policías, quienes tenían la idea de que Jerry era un viejo borracho que estaba delirando y en realidad su propuesta de búsqueda de asesino formaba parte de un invento y no de hechos reales.
La salida a la que Jerry se aferra da cuenta de que no hay sujeto allí. No se registra un cambio de posición subjetiva y por lo tanto, no se hace responsable de sus actos. Según Freud, un sujeto es responsable aún de aquello que cree no saber. El síntoma pasa a ser una solución de compromiso.
3) Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.
El Azar implica incertidumbre y podría estimarse que no habría puesta sin incertidumbre, Según Mosca: ¿Cómo habría acto sin el azar, si hubiera pura determinación significante?
Por azar Jerry, en su último día de trabajo presencia el momento en que ve a la niña brutalmente asesinada. Situación en la cual él ve la escena y la escena lo mira a él.
Entendemos Necesidad, como aquello que remite al resultado determinado por una combinatoria entre lo preexistente, relacionado al determinismo del sujeto del inconsciente.
Por necesidad, Jerry promete a la madre de la víctima encontrar al asesino. Vinculando esta escena al hecho de que el protagonista poco tenía en su vida personal. Concluyendo su vida laboral, ya nada veía en su futuro. Comprometiéndose con su promesa de búsqueda y encuentro daba algún sentido a su vida. Por necesidad, Jerry se muda a la ciudad donde vive el asesino. Al parecer, el único estimulo que lo ata a la vida es encontrarlo.
Según Laso, Lacan decía que el amor es una respuesta imprevisible de lo real. Buscando un asesino, Jerry termina encontrando algo no calculado: el amor, una familia y el lugar de padre y esposo. La oportunidad de armar una nueva vida, de tener un proyecto futuro. Lori, empleada del bar cercano a su nueva vivienda, se enamora de él y se va a vivir a su casa. Pero el amor que encuentra en Lori y su hija opera tanto como desvío del cumplimiento de la promesa, como de recurso para alcanzar a atrapar al asesino, en la medida en que se valga de la niña como carnada. De este modo, Jerry queda dividido entre el amor y el mandato de cumplir con la promesa dada.
No estamos de acuerdo con lo postulado por Laso en relación al amor de Jerry hacia Lori, ya que consideramos que el protagonista no se vio involucrado amorosamente como lo propone el autor, sino que se vio envuelto en una situación en donde Lori tuvo intenciones de acercarse a él.
La escena en la cual nos basamos para postular esto es aquella en la que se ve a Lori angustiada llorando, luego de ver a Jerry contándole un cuento a Chrissy (hija de Lori). En ese momento es Lori, quien tiene un acercamiento amoroso hacia Jerry, y le da un beso y también es Lori la que corre a los brazos de Jerry cuando su ex marido la había golpeado.
Jerry, conoce a Lori en el bar de la zona por azar. A medida que va transcurriendo la película, ocurren ciertos episodios, como la llegada de Lori a la casa de Jerry, golpeada por su ex marido pidiendo ayuda. Jerry le ofrece que se quede con su hija sin ningún tipo de obligación ni compromiso. Ella acepta la propuesta y se va a vivir con él.
Un día la niña le cuenta a Jerry que se ha encontrado con un mago que le dio unos chocolates en forma de erizos, y le dijo que se vieran al día siguiente en un claro del bosque. Jerry, al tanto de esta cuestión, permite que ella vaya y se oculta con otros policías para esperar la llegada del criminal. Pero el asesino no acude. Por azar, éste muere en un accidente automovilístico camino a la cita.
Por un hecho del Azar, refiriéndonos específicamente al accidente automovilístico que sufre el asesino inferimos que el caso queda irresuelto, perdiendo así su reputación como profesional y pierde el amor de Lori. Quien lo insulta violentamente tratándolo de loco y culpabilizándolo de sus actos.
Jerry queda atrapado en la serie lógica del asesino, quien goza matando, sin poder hacer ninguna otra cosa.

4) Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
La responsabilidad subjetiva es aquella que se configura a partir del sujeto del inconsciente, sujeto no autónomo, que no es dueño de su voluntad e intención. Es en este punto donde Freud ubica la responsabilidad, en relación a aquel propósito inconsciente, que ajenamente a la voluntad del yo, propicio la acción. Las mociones inconscientes se expresan de modo desfigurado a través de las operaciones fallidas y se valen de algunos episodios de la vida cotidiana, como un medio para expresarse (sueños, fallidos, lapsus, etc). No obstante la conciencia se ve alterada.
Es importante aclarar que Freud responsabiliza al sujeto de aquello que desconoce de sí mismo, que no reconoce como propio, pero al mismo tiempo, no imputa al sujeto en el campo moral por aquello que se juega en el inconsciente.
En la película, hay una escena en la cual Jerry se entera que Chrissy (hija de Lori) fue a la iglesia. El protagonista asocia que el presunto asesino podría ser el cura quien está a cargo de la misa de ese mismo día. Al enterarse de lo sucedido, sale a buscar a la nena. Antes de entrar a la iglesia, se le representa una fantasía en la cual aparece el cura con una actitud sádica ensangrentado junto con la nena muerta. Esto daría cuenta que él llegaba tarde para salvarla y la muerte ya era un hecho. Cuando Jerry, entra a la iglesia agitado, el cura interrumpe su discurso y se acerca a él y lo invita a que sea parte de la misa.
Según Laso, Penn (director de la película) se preocupa por mostrar este impasse ético a través de la escena de la iglesia. Por un segundo, su fantasma, ese que lo tortura todo el tiempo, ocupó el lugar de la escena vista en la realidad.
El superyó no es la ley, sino la ley en tanto incomprendida, que por lo tanto se reduce a la pura función invocante de la voz, culpabilizando al sujeto por desear, es decir, por faltar al Otro, llevándolo a sacrificar su deseo para ofrecerse al goce del Otro. De ahí que para Lacan, apoyándose en la ética del psicoanálisis, afirme que en verdad, “de lo único que se puede ser culpable es de haber retrocedido en su deseo”. Para el psicoanálisis no se trata del deseo de ley, sino de la ley del deseo. La ley articula el goce con el deseo, en tanto inscribe la castración, ordenando por la vía del falo los objetos deseables.
La pregunta por la responsabilidad no supone un cuestionamiento a la persona sino la interpelación al sujeto. Se trata del deseo inconsciente. La culpa es el reverso de la responsabilidad, aparece como contraparte, sustituto.
Laso afirma: Jerry retrocede en su deseo de ser padre para cumplir con un mandato del Otro. La ética kantiana implica un deseo de ley en tanto hacer que el deseo sea deseo de que se cumpla la ley formal, el imperativo categórico, al precio de los afectos y anhelos personales. Podemos relacionarlo con la responsabilidad a nivel jurídico: La responsabilidad jurídica se plantea en función de la noción de sujeto autónomo, la cual restringe la responsabilidad al terreno de la conciencia. El termino autonomía refiere a la voluntad y la intención.

En nuestro caso, la promesa que hizo Jerry a la madre de la niña asesinada para encontrar al asesino, hizo que se hiciera responsable jurídicamente del caso hasta sus últimas consecuencias, esto es, no haciéndose responsable de aquello que lo atormentaba, el peligro que corría Chrissy, aquella niña tan querida por él.
En relación a la respuesta sintomática que ubicamos en el protagonista del film cuando describimos los tres tiempos del circuito de la responsabilidad, podríamos pensar que aparece como figura de la culpa o sentimiento inconsciente de culpa. La necesidad de castigo, el remordimiento, autorreproche, no manifestado explícitamente, sino obturado con la modalidad adictiva o sintomática. Pensando al alcoholismo de este sujeto como una respuesta frente a alguna problemática. Teniendo en cuenta que desde una posición psicoanalítica puede pensarse que resulta más fácil sentir dolor físico que dolor psíquico. Hipotetizamos que el sujeto recurre a la bebida como modalidad de anestesiar aquello que resulta insoportable e imposible de tramitar simbólicamente.

5) Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre.)
El muro transcurre en la España de la guerra civil. Un grupo de prisioneros en manos de la falange es arrojado a un sótano, y deberán transcurrir su última noche en espera que al amanecer lo lleven hasta el muro y lo fusilen. El protagonista resistirá el sueño, aunque está agotado, no quiere perder ni dos horas de vida. Sobre su vida piensa “es una maldita mentira”. La vida le es ajena. Por fin llega el alba, todos salen de escena y el protagonista queda solo en el sótano. Ya empezaron las detonaciones. Pero Ibbieta debe esperar. Luego lo suben a una habitación, le piden que denuncie a un líder anarquista, Ramón Gris.
A cambio de dar esta información le dicen: “es su vida por la tuya”. Ya está planteado el problema ético. Ibbieta tendrá que elegir entre su vida o la de Gris.
Ibbieta sabe dónde está escondido Gris, en casa de su primo y sabe que somos todos mortales. Ya había muerto poco antes del alba. Había muerto su amistad por Gris, su amor por una mujer, su propio deseo de vivir. Ninguna vida tiene valor. Pero no iba a hablar, para burlarse de ellos. Tuvo que contener la risa porque temía no poder detenerse y habló. “Está escondido en el cementerio”, mintió Ibbieta y dijo la verdad. Allí encontraron a Ramón Gris, lo mataron. Retornó al patio de los prisioneros esperando una sentencia, la ejecución de Ibbieta fue aplazada. Después de todo ya era mortal. El protagonista termina riendo hasta las lágrimas o llorando de la risa.
La primera exculpación para Ibbieta es la ignorancia y el azar. Lo que él sabía es que Gris estaba en casa de su primo. No sabía que había abandonado ese refugio y se hallaba en el cementerio, menciono ese lugar por azar y sólo por azar coincidió con el sitio real donde se hallaba el fugitivo.
Podríamos atribuirle a Ibbieta el secreto deseo de sobrevivir a cualquier precio. Después de todo encontró para Gris en el cementerio una tumba. Se sostendría la interrogación acerca de un saber no sabido que le hizo mencionar ese escondite. En este sentido es responsable, quizás no “culpable” pero responsable de abrir la boca, aun en la ignorancia. Responsable de haber deseado vivir. A Ibbieta se le ofrecen muchas coartadas para desvanecer su responsabilidad. “Ciertamente no eligió la tumba.”
Jerry se propone encontrar al asesino, burlándose de él, haciéndolo caer en la trampa. Pero resulta que es el asesino quien se burla de él. Por azar, no acude a la cita con la niña y termina siendo Jerry el culpable de todo. La verdad que él creía, era que el asesino efectivamente iba a aparecer en el momento que él esperaba y así atraparlo. Pero lo que resulta ser trágico es que nunca se entera porqué el asesino no acudió a la cita y termina por perderlo todo y volver al lugar que le estaba “destinado”: la bebida. Jerry cometió algo imperdonable a los ojos de Lori: exponer a su hija a semejante riesgo. Y además falló en su promesa: encontrar al asesino de las niñas.
Lo que inferimos es que Jerry no es culpable a nivel jurídico de sus actos, sí lo es en cuanto concierne a su posición de sujeto como deseante. Exponer a la niña a semejante plan a costa de cumplir con una promesa.
Responsabilidad es otro nombre del sujeto. Irresponsable es el niño o el insano o el “obediente” o todo aquel sometido a algún Otro, sea bajo las determinaciones del destino, bajo la forma del azar o la autoridad.

Bibliografía

Alemán, J. (2003) Notas sobre Lacan y Sartre: El decisionismo. En derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
D´Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva 2006.
Fariña, J. (1992). Ética profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3 el status de la responsabilidad sobre los actos.
Fariña, J; Gutierrez, C: “Memoria, víctima y sujeto”, en Índice, publicación de la DAIA, 2005.
Fariña, J; Gutierrez, C (1996): Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En la transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Sartre, Jean Paul: El Muro, Editorial Losada, Bs. As., 1972
http://www.eticaycine.org/Codigo-de-Honor

Anexo

Los impasses del deseo y el deber
por Laso, Eduardo


Título original: The Pledge
Sean Penn / Estados Unidos / 2001

“… todo público y todo contribuyente tienen derecho a sus héroes y su happy-end, y eso estamos obligados a procurarlo por igual nosotros los de la policía y ustedes los de la literatura… Pero en las novelas de ustedes, el azar no tiene ningún papel, y cuando algo parece azar, ha sido también destino y disposición… También lo casual, lo incalculable, lo inconmensurable, tienen un papel demasiado grande”. Fredrich Dürrenmatt, La Promesa, 1958.
Dürrenmatt escribe La promesa como un ejercicio de deconstrucción irónica de la novela policial, en la que la lógica deductiva del detective así como los principales tópicos de la novela de investigación llevan hacia un final doblemente paradójico y desencantado respecto de la razón (algo que también hará Umberto Eco en El nombre de la rosa):
El detective racionalista se topa con el más allá de la cadena deductiva que debería conducirlo a atrapar al asesino, con el límite de lo real, que se presenta como casual, incalculable, inconmensurable, y así pierde el caso y la razón.
Respecto de la dimensión ética, el objetivo elevado de hacer justicia y de cumplir con una promesa dada a la madre de una víctima de encontrar al culpable, lo lleva a aplicar procedimientos que lo hacen tan monstruoso a los ojos de los semejantes como el asesino que persigue.
La novela, ambientada en los cantones suizos, describe al personaje principal como un inspector de policía solitario, impersonal, sin vínculos afectivos, muy formal en sus relaciones, carente de vicios cotidianos como el fumar o beber, y que domina su oficio de detective de modo duro e inexorable. Se trata de un hombre sumamente organizado que maneja el aparato policíaco como una regla de cálculo. No se ha casado ni habla de su vida personal, de la que por otro lado carece. Es alguien que no tiene en su mente nada más que su oficio, que ejerce como un criminalista de categoría, pero sin pasión. El personaje de Dürrenmatt encarna así la racionalidad kantiana, que en el campo ético obra por deber y no por motivos “patológicos”, lo que para Kant implicaba introducir condiciones basadas en pasiones personales que perturbaban el obrar conforme a una Ley incondicional que la razón se dicta a sí misma. Así, el inspector, que era apodado “El definitivo”, dice en determinado momento de la novela “es deber de la policía proteger a los niños y evitar un nuevo crimen”. Se trata de obrar en función de un mandato absoluto que la razón se dicta a sí misma, mandato que pueda ser elevado a Ley universal válida para todos. Es este contexto subjetivo del personaje el que le permite a Dürrenmatt plasmar la tragedia de la ley moral incondicionada, que en pos de su ideal de justicia pura termina retribuyendo al sujeto con una cuota exacerbada de angustia y masoquismo.
El film de Sean Penn, que se basa en la novela, introduce algunos cambios significativos. La acción ocurre en EE.UU., y el inspector es ahora un sujeto dividido entre el deber y el deseo. Si la novela de Dürrenmatt se agota en el tema de mostrar los límites de la razón ante lo incalculable, el film de Penn va más allá del relato al complejizarlo y completar la novela.
Jerry es un policía cansado que se jubila. El día de la fiesta de despedida en el trabajo ocurre una llamada de urgencia. En el bosque han encontrado una niña brutalmente asesinada. Los policías no pueden ver el cadáver sin sentir horror. Jerry termina haciéndose cargo de visitar a los padres de la víctima para informarles del hecho. El está incómodo con la tarea, y en medio del dolor de los padres trata de consolarlos diciéndoles que van a encontrar al asesino. Es en esa situación que la madre de la víctima toma sus palabras y le hace prometer por su alma que va a cumplir con lo que acaba de decir. Un dicho al pasar, de circunstancia, tirado a los padres a los efectos de calmarlos, termina siendo una promesa de carácter sagrado que lo compromete en el núcleo de su ser. Jerry queda así preso de sus palabras. El ha prometido en exceso, y este exceso operará superyoicamente, atentando contra todo lo que pueda llegar a armar en su vida.
¿Por qué Jerry se involucra en un caso cuando se está jubilando? Las ganas de seguir un poco más en el trabajo, la falta de un horizonte futuro para alguien que no ha hecho nada de su vida fuera de trabajar de inspector, todas estas razones no alcanzan para dar cuenta de por qué toma justamente este caso. Es que Jerry es conmovido por una escena insoportable hasta para los policías más experimentados: el cuerpo destrozado de una niña asesinada en la flor de la inocencia, algo que está en el límite de lo representable o pensable, que encarna un mal obsceno y sin velo posible, y que convoca al rechazo o a la petrificación fascinada. En la novela esto es particularmente destacado. El inspector dice: “No tengo mas remedio que seguir pensando siempre en esa niña… Yo miré de frente, sin apartar la vista: había un cadáver descuartizado en las matas; sólo la cara estaba intacta, una cara infantil. Yo me quedé mirando fijo…”.
Jerry mira la escena, pero también podemos agregar que la escena lo mira a él. Esta escena que encuentra por accidente lo desestabiliza, al conmover en él su fantasma, que a posteriori pondrá en juego en su estrategia para atrapar al asesino. Estrategia que consistirá en pensar como él, tratar de saber de su goce y tentarlo con otra niña.[2]
En la novela, el inspector arma una trampa para cazar al criminal: pone un negocio en una zona de circulación de autos donde han ocurrido otras muertes semejantes, adopta una niña similar a las víctimas de la zona para que juegue a la vista de los autos que pasan, y contrata una prostituta para que le ayude a atender a los clientes y la niña. Se trata de un cálculo frío y racional tendiente a cumplir la promesa de manera incondicionada, sin temor y sin piedad por las personas que involucra.
En el film las cosas ocurren de un modo diferente: el inspector compra una estación de servicio en la zona donde pasan autos entre los pueblos donde han ocurrido otros asesinatos similares de niñas, para anotar las chapas de los mismos y llegar a encontrar al responsable. Trabajando en este lugar, conoce por azar a Lori, una mujer golpeada por su ex marido, que tiene una hija que se parece a las víctimas del asesino buscado.
Lacan decía que el amor es una respuesta imprevisible de lo real. Buscando un asesino, Jerry termina encontrando algo no calculado: el amor, una familia y el lugar de padre y esposo. La oportunidad de armar una nueva vida, de tener un proyecto futuro. Lori se enamora de él y se va a vivir a su casa. Pero el amor que encuentra en Lori y su hija opera tanto como desvío del cumplimiento de la promesa, como de recurso para alcanzar a atrapar al asesino, en la medida en que se valga de la niña como carnada. De este modo, Jerry queda dividido entre el amor y el mandato de cumplir con la promesa dada.
El amor de Lori por Jerry, así como el creciente cariño de éste por ella y su hija no figuran en la novela, dando a la historia un sesgo dilemático: se trata del impasse ético por el cual cumplir con la promesa de atrapar al asesino requeriría de la estrategia de ofrecer a la niña como objeto de tentación a un violador, justamente a una niña frente a la cual se ubica desde un deseo de padre, lo que implica que ese objeto sea sagrado y no sacrificable. Como consecuencia, Jerry viste a la niña con los rasgos de las otras víctimas y la pone a jugar frente a la ruta donde pasan autos, al mismo tiempo que está torturado por la idea de que el asesino efectivamente aparezca y la mate.
El film de Penn se preocupa por introducir tres personajes durante la investigación que le hablan a Jerry del valor único y sagrado de un hijo, a este solterón hasta ese momento inconmovible: una abuela, un padre y Lori no figuran en la novela y están en el film para operar como llamado al valor insacrificable de un niño. En la novela, el Dr. H, enterado de la niña que Jerry adoptó para atrapar al asesino, le dice: “¿no comete con eso algo diabólico?” “Es posible”, respondió él.
Penn se preocupa por mostrar este impasse ético a través de una escena en la cual Jerry pierde de vista a la niña y se entera por la madre que fue llevada a la iglesia por un extraño pastor de aspecto siniestro, que era considerado el sospechoso principal. Jerry corre desesperado hasta la iglesia, irrumpe con un arma en la mano y lo primero que ve es al sacerdote desnudo bañado en sangre y a la niña muerta, para luego ver la típica escena de una misa dominical. Por un segundo, su fantasma, ese que lo tortura todo el tiempo, ocupó el lugar de la escena vista en la realidad.
¿Por qué, con este antecedente, Jerry persiste hasta el final en poner a la niña en peligro? Dürrenmatt pone en boca del Dr. H. la salida que hubiese sacado a Jerry de la encerrona: “Sólo se necesita hacer que Jerry tenga razón y que capture al asesino, y ya tenemos la más hermosa novela o guión de cine;... con el éxito de Jerry, mi degenerado detective no sólo se vuelve interesante sino incluso una figura bíblica, una especie de moderno Abraham, en esperanza y fe... (Recordemos el lugar que tiene Abraham en la Biblia como padre de la fe, a partir de superar la prueba que Dios le impuso de sacrificar a su hijo Isaac) Le propongo que Jerry, apenas ha descubierto las trufas (se refiere a los chocolates con los que el asesino seducía a las víctimas), al saber del peligro en que está la niña, encuentre imposible seguir llevando adelante el plan de utilizar a la niña como cebo, bien sea porque ha madurado su afecto altruista, o bien por cariño paternal hacia la niña; por lo cual dejaría segura a la niña con su madre y pondría junto al arroyuelo una pequeña muñeca”.
Pero Jerry es un detective kantiano. La ética kantiana implica un deseo de ley en tanto hacer que el deseo sea deseo de que se cumpla la ley formal, el imperativo categórico, al precio de los afectos y anhelos personales, vale decir, a costa del sacrificio de cualquier objeto que pudiera tener valor fálico para el sujeto. Se trata de reducir el deseo a la ley misma hasta que el deseo reduzca al imperativo categórico mismo.
Recordemos que la Ley Moral para Kant se enuncia “obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislación universal.” Se trata de una ley incondicionada, es decir, que no admite excepciones ni condiciones que la moderen o la relativicen, ya que es ella la que establece las condiciones del deber ante el cual el sujeto se tiene que someter, incluso si eso implica el campo del malestar. Kant rompe con la ética del placer para señalar una ética del más allá del placer. Lacan dice de la ley moral kantiana que es el deseo en estado puro, “ese mismo que conduce al sacrificio de todo lo que es el objeto del amor en su ternura humana, no sólo el rechazo del objeto, sino su sacrificio y asesinato”. Punto que le permite a Lacan señalar al sistema sadiano como la verdad de la ética kantiana. Para el psicoanálisis no se trata del deseo de ley, sino de la ley del deseo. La ley articula el goce con el deseo, en tanto inscribe la castración, ordenando por la vía del falo los objetos deseables.
El superyó no es la ley, sino la ley en tanto incomprendida, que por lo tanto se reduce a la pura función invocante de la voz, culpabilizando al sujeto por desear, es decir, por faltar al Otro. Freud calificaba al superyó “abogado del Ello”, y “cultivo de la pulsión de muerte”, porque atacaba al sujeto por vía de la culpa, llevándolo a sacrificar su deseo para ofrecerse al goce del Otro. De ahí que para Lacan , apoyándose en la ética del psicoanálisis, afirme que en verdad, “de lo único que se puede ser culpable es de haber retrocedido en su deseo”.
Jerry retrocede en su deseo de padre para cumplir con un mandato del Otro, mandato que es leído en una vía que lo pone en una secreta comunidad de goce con el asesino que persigue: ambos ofrecen una niña en sacrificio, uno por goce sádico, el otro por deber.
Un día le niña le cuenta a Jerry que se ha encontrado con un mago que le dio unos chocolates en forma de erizos, y le dijo que se vean al día siguiente en un claro del bosque. Jerry permite que ella vaya y se oculta con otros policías para esperar la llegada del criminal. Pero el asesino no acude. Por azar, éste muere en un accidente automovilístico camino a la cita.
De haberse producido el encuentro, Jerry habría quedado redimido, al haber cumplido su promesa y a la vez salvado a la niña que él mismo puso en peligro. En cambio, el desencuentro devela la estructura de lo que más allá de las buenas intenciones estaba en juego. La policía, cansada de esperar, abandona el lugar e informa a la madre de lo que está sucediendo. Enterada, Lori va a buscar a su hija en un estado de desesperación. A los ojos de ella, lo que ha hecho Jerry es horroroso, dado que el amor por ella y la niña debería haber impedido a Jerry poner a la niña en situación de ser víctima de un perverso. Si fue capaz de hacer eso, entonces toda su historia de amor con él aparece ahora como una estafa armada para atrapar a un asesino. El cumplimiento del deber y de la promesa, atados a un fin elevado, termina sirviendo al mal. Punto en el cual Jerry se queda sin familia y sin razón. De ahora en más él esperará para siempre a que el asesino acuda a su cita para darle la razón, para que todo lo que hizo alcance una justificación que lo desculpabilice de su secreta complicidad con el goce del Otro.
El cumplimiento de la promesa queda así diferido, y el sujeto suspendido en una espera loca sin poder concluir, porque de concluir allí, su alma estaría condenada en tanto ha puesto a un objeto sagrado para la cultura (una niña, una hija) en riesgo de ser asesinada, al mismo tiempo que no ha cumplido con su promesa, y así a los ojos de los demás ha cometido un hecho tan monstruoso como el asesino que persigue.
Nadie enloquece sólo porque haya fallado un plan para atrapar un criminal. Lo enloquecedor para Jerry es descubrir en sí mismo una comunidad fantasmática con aquel que persigue, en tanto su empeño por descubrir al asesino lo lleva a poner en riesgo los mismos objetos de amor que se supone debería haber protegido. Esto es lo que debería haber descubierto en la escena de la iglesia: que con su estrategia podía perder una hija y colaborar con el goce de aquel a quien persigue. Por eso, que no se haya detenido en ese momento le retorna desde el Otro con la sanción “hijo de puta” que Lori le espeta.
El film muestra así una impasse de la razón: empleando la lógica del automaton (los rasgos de fijación del goce del asesino permiten volverlo calculable: zona donde opera, tipo de víctima que elige, rasgos idénticos de las niñas, estrategia para atraparlas), se topa con la tyche, el encuentro con lo real en tanto imprevisible, azaroso, incalculable, desarmando al sujeto mismo.
En su seminario “Los no incautos yerran”, Lacan afirmaba “Lo que ustedes hacen, muy lejos de ser obra de la ignorancia, está siempre determinado ya por algo que es saber, y que llamamos inconsciente. Lo que ustedes hacen, sabe, sabe lo que ustedes son, los sabe a ustedes”.
Jerry es un buen ejemplo de aquello que Lacan calificaba de los no incautos: que yerran. “Aquellos que no son incautos del inconsciente, es decir, que no realizan todos sus esfuerzos para ajustarse a él, no ven la vida sino desde el punto de vista del viator, del viajero”. Se trata de ser incauto, es decir, de ajustarse a la estructura. “Para el buen incauto, el que no yerra, es preciso que haya en alguna parte un real del que él sea incauto”. Ser incauto de lo real, vale decir, de aquello que está más allá del automaton: la tyche, el punto de real que está en el centro del nudo inconsciente, ese punto de goce oscuro en el que finalmente queda atrapado. Jerry es en este sentido un no incauto, porque de haberlo sido, habría advertido el punto en que su goce estaba comprometido, para hacer otra cosa que sacrificar sus objetos amados.
Dice el Dr. H. en la novela : “No hay cosa más cruel que un genio que tropieza en algo idiota. Pero en tal caso, todo depende de cómo tome el genio lo ridículo en que cayó: de si lo sabe aceptar o no. Jerry no lo supo aceptar. Quería que su cálculo le saliera bien también en la realidad. Por tanto tenía que negar la realidad y desembocar en el vacío... También lo peor es lo que sale a veces. Somos hombres, tenemos que contar con ello, armarnos contra ello y, sobre todo, darnos cuenta de que sólo evitaremos estrellarnos en el absurdo, que por necesidad se muestra cada vez más evidente y poderoso, y sólo podremos hacer de esta tierra un lugar relativamente habitable, si introducimos ese absurdo en nuestros cálculos”
[1] Penn, S.; The pledge, EE.UU. 2001
[2] En el film Backdaft, de Ron Howard, un bombero interpela a un piromaníaco. Este último descubre en el bombero una secreta comunidad: el oscuro goce con el fuego, la mirada fija ante los incendios, especialmente aquel en el que murió su padre. El bombero goza del fuego igual que él, sólo que no lo asume y vive combatiéndolo. Combatir el fuego es una lucha contra la tentación de incendiarlo todo, especialmente al padre.




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