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Junio de 2010.
Psicología Ética y Derechos Humanos Cátedra I: Jorge Michel Fariña
2° Parcial domiciliario
Comisión 18 _ Graciela Maggiolo _ Código de Honor

- . El comentario sobre el film Código de Honor –The Pledgge-, desarrollado por Eduardo Laso, basa el análisis en el personaje central, el inspector-investigador Jerry Black.
Aún siendo éste el rol más rico en información y matices para efectuar este análisis, habrá otros que, por la implicancia de sus decisiones y actos, también merecerían un lugar destacado en el presente trabajo.
Jerry es un policía que enfrenta su último día en funciones. Pareciera que el inminente retiro pone fin, más que a su carrera profesional, a lo que queda de su propia vida. Una escena lo muestra percibiendo tal vez su futuro, mientras mira desde la ventana de su oficina a un anciano arrastrando pesadamente su cuerpo cansado.
Denota desolación en su agasajo de despedida, pero el azar le proporcionará la oportunidad de un último caso. Uno que conmoverá su estructura, como nunca antes le había sucedido.
El repaso de su vida a través de unas pocas fotos dan cuenta de su pasado como soldado, del orgullo de sus trofeos y condecoraciones. ¿Qué precio habrá debido pagar por esos honores? ¿Qué vidas ajenas habrá cobrado su función de soldado? ¿Qué imágenes terribles permanecerán indelebles en su retina? Tal vez las de los horrores de la guerra? Civiles inocentes atrapados entre fuegos contrarios, cuerpos mutilados en muertes injustas (habrá alguna que no lo sea?), madres desoladas ante los cuerpos destrozados de sus hijos.
¿En qué laberintos habrá quedado atrapado Jerry? ¿Qué otras escenas lo “miran” desde su pasado?
Tal vez Jerry esté convencido de haber cumplido con su deber moral, con las órdenes de sus superiores, con su patria y su bandera (1). Tal vez sienta orgullo en lugar de culpa por haber sido un funcionario ejemplar, un “instrumento” de la guerra -como soldado- y del cumplimiento del orden y la moral –como policía-. Según Contardo Caligaris, en “la Seducción Totalitaria”, es un precio que muchos estarán dispuestos a pagar para funcionar en un sistema cerrado que determina y organiza prolijamente lugares asignados al bien y al mal.
E. Laso pareciera preguntar por el motivo que aferra a Jerry a este caso, que despierta su fantasma. La alusión a la racionalidad kantiana sugiere un personaje sin salida, atrapado en la lógica de la ley moral por la que entrega su vida….. y pierde su alma.
Dirá Laso que “el contexto subjetivo del personaje le permite a Duurrenmatt plasmar la tragedia de la ley moral incondicionada, que en pos de su ideal de justicia pura termina retribuyendo al sujeto de una cuota exacerbada de angustia y masoquismo”.
Podría pensarse, hipotéticamente, que Jerry también está sujeto al goce extremo de su función de “inspector”, aquello íntimo que organiza sus actos, como exceso y trampa de autosuficiencia. El es un hombre solitario; así actúa y permanece, impedido de mantener lazos sociales y afectivos con los otros. Situación que en el desenlace lo enfrentará a las puertas de la locura.
Jerry aparece así identificado con el asesino a quien persigue: A ambos solo les importa “Su Propósito” y dedicarán su vida a planearlo y ejecutarlo.

- . Jinkis dirá “Responsable es aquel de quien se espera una repuesta. No implica que sea consciente de lo que hace ni que se haga cargo de lo que dice, sino ‘culpable de lo que hace y dice’ ”.
Gabriela Salomone aborda en “El Sujeto dividido y la responsabilidad” las dos dimensiones, el campo deontológico/jurídico y el ámbito de la subjetividad.
Desde el discurso deontológico–jurídico, Jerry es un Sujeto Autónomo pero esa autonomía no le pertenece sino que le es acordada por el derecho y será evaluada desde el plano particular de la moral y las costumbres de la sociedad a la que pertenece. Actúa en forma consciente y en dominio de su voluntad pero -es necesario notar- en una función para la que ya no posee habilitación, su autonomía no es tal para perseguir a un asesino, la ley ya no está de su lado. Si las cosas en la escena hubieran terminado peor –por ejemplo, con daño físico para la niña- habría sido responsable e imputable por lo sucedido. En este mismo plano de la responsabilidad moral Jerry también falla ante la madre de la niña muerta, al incumplir su promesa.
La dimensión de la responsabilidad subjetiva refiere a la singularidad de un Sujeto en acto. En esta dimensión Jerry no es autónomo; siendo sujeto del inconsciente la decisión va más allá de las fronteras del yo, no es dueño de su voluntad y desconoce la intención que lo habita. El determinismo inconsciente lo responsabiliza y su responsabilidad se establecerá en función de las implicancias singulares y por lo tanto universales de sus acciones cometidas. De él se esperará una respuesta, una decisión, un acto. Al decir de Alejandro Ariel, ‘una decisión en soledad, por fuera de los demás, por fuera de la moral y de la ley, sin socios’.
El circuito de la responsabilidad y sus tiempos.
En el Tiempo 1 prima la lógica del sentido, el sujeto afirmado en sus dichos: “la promesa” y en una finalidad que impulsará sus actos. Sostenido en su consistencia yoica, Jerry sabe lo que quiere y hará lo que dice. Será su voluntad consciente y su obstinación enfrentada con lo que de él todavía no conoce: Su promesa no es libre ni voluntaria pero aún no advierte la medida del exceso prometido. Quedará sometido a su juramento, preso del peso de su palabra.
El Tiempo 2 es el de la interpelación. A partir de ella se resignifica el T 1 a través de la culpa, que hace retornar sobre la acción por la que se exige una respuesta. A pesar de denominarlo Tiempo 2 este es el momento de la puesta en marcha del circuito de la responsabilidad subjetiva.
La interpelación es el llamado a responder desde el dominio de lo moral pero la respuesta, si es particular, resultará un taponamiento de la dimensión ética cerrando así el circuito. (D´amore, “responsabilidad subjetiva y culpa”).
Si la respuesta se produce desde la dimensión ética entonces la llamaremos respuesta diferenciada, será un acto ético en el que produce un sujeto de deseo inconsciente (efecto sujeto) y diluye el sentimiento de culpa. Este es el Tiempo 3.
No hay deseo sin culpa pero en cambio sí hay culpa y negación del deseo. Las respuestas en este caso también cierran el circuito pero a través de la culpa moral, la negación, la proyección, (la locura?).
Jerry no advierte un momento crucial en su destino, perdiendo en él la oportunidad de rastrear su posición subjetiva. Cuando la niña es llevada a la iglesia por el principal sospechoso puede verse la desesperación y angustia por el destino de su hija, librada al efecto mortífero de su plan. Utilizarla como “cebo”, “carnada”, “señuelo”, lo enfrenta con la posibilidad de perderla. Jerry es un pescador minucioso y está acostumbrado a utilizar señuelos para atrapar a sus presas, pero aquí el “señuelo” ha pasado a ser parte de su vida y a convertirlo en un padre cariñoso, posición no conocida hasta entonces por él. Las imágenes que aparecen en su mente momentos antes de su entrada a la iglesia, dirá Laso que pertenecen a su “fantasma” y constituyen un impasse ético. Para el autor de la nota, la ética kantiana del detective determina que su deseo sea un deseo de ley, ley formal e incondicionada a la que debe someterse sacrificándolo todo. La determinación inconsciente es indestructible y desbarata sistemáticamente las intenciones concientes; en las formaciones del inconsciente se manifiesta la división del sujeto que el Yo experimenta como punto de inconsistencia.
El film no estaba preparado para tener un final feliz…. y Jerry tampoco.
El Tiempo 2, entonces, se produce cuando el azar juega a su turno y lo enfrenta con el límite de lo real. Los sucesos no han sido los esperados, el asesino nunca llega, sus ex-compañeros policías lo dejan solo, su mujer advierte la trampa, no puede sino hacerlo responsable, imputable, culpable, de un acto moral terrible: haber expuesto a la niña al peligro, haberla ofrecido al perverso como carnada, haber mentido, ocultado, planeado hábilmente una trampa utilizando a su propia familia. Su yo resquebrajado no encuentra respuesta. Quedará pendiente para Jerry, dar cuenta de su decisión.
El Tiempo 3 es el de la toma de posición subjetiva. El momento de resignificar su acción. Cobra sentido en tanto se sabe culpable, algo de lo ocurrido le pertenece, aunque el propósito inconsciente suela desbaratar reiteradamente la intención consciente.
Pero el azar lo ha dejado sin respuesta para los demás. Ni promesa cumplida para la madre de la niña muerta, ni atenuante para el sentimiento de estafa que deja en su mujer. Jerry no tiene respuesta. Enfrentado al sinsentido quedará expuesto a la nada, esperando hasta la eternidad la presencia del asesino. Reflejado en su espejo, el asesino muerto lo ha dejado solo, sin argumentos ni atenuantes. Pagando con la locura y la soledad la culpa de los dos.
¿Por que se condena a la soledad y la locura?: “De su posición de Sujeto será siempre responsable” y pagará con la culpa por aquello a lo que no pueda responder.

- . También la necesidad y el azar han armado una cadena y sus eslabones colaboran con el desenlace.
Respecto de la necesidad ó la determinación, uno de los elementos estaría constituido por la particular estructura psíquica de Jerry. Su pasado, no revelado pero suponible, y su presente, vacío de otras experiencias vitales que no sean las del trabajo, conducen a su obstinación por permanecer aferrado a su profesión.
Determinismo, considero que es también el pedido desbordado de la madre de la niña muerta. Una solicitud excedida que se encuentra con un sujeto dispuesto a sostenerla.
También es un elemento de la necesidad no aceptar que el caso quede cerrado a partir del la condena de un inocente. Jerry es un policía comprometido con su profesión, mas allá de lo que el mismo advierte. No acepta que sacrifiquen a un inimputable y que el culpable esté libre planeando su próximo ataque.
Haber dejado oficialmente la actividad policial lo sitúa frente a su propia Ley moral, que pareciera ser más drástica y estricta que la de la propia institución. Queda solo, expuesto a su libre albedrío, sin freno, sin control, con el agravante de ser ayudado por sus antiguos compañeros a ejecutar su temeraria acción. Tener una niña cerca puede considerarse un elemento más del oportunismo o el azar, pero aquí podríamos dudar de ello. Tal vez la elección de pareja e hija haya estado también condicionada por su determinación inconsciente.
El azar, en cambio, lejos de su voluntad consciente o inconciente, se presenta en una coincidencia temporal como es el hecho de recibir la noticia del caso solo unas horas antes de su retiro profesional definitivo y de su viaje hacia un destino turístico. En su deporte favorito hubiera usado cebos, carnadas y anzuelos para capturar peces y no a un perverso asesino serial.
Azar es también que la niña haya tenido características similares a las víctimas, aunque lejos del azar queda el trabajo, planificado en exceso, de montar escenografía y escena a la vera de la ruta y ofrendar a la niña, vestida de rojo para la ocasión.
Finalmente, el azar interviene para que Jerry quede a expensas del sinsentido y la sin razón, destruyendo su lógica obsesiva calculada al detalle. El accidente que termina con la vida del asesino deja a dos cazadores sin su presa. De otro modo, la historia pudiera haber tenido distintos desenlaces, aunque la responsabilidad por haber expuesto a la niña lo hubiera condenado igualmente a los ojos de su mujer. La niña era la moneda de cambio para el cumplimiento de la promesa y ese fue también fue un exceso en su apuesta.

- . Así como no es posible plantear una dimensión ética sin moral, tampoco hay responsabilidad subjetiva sin culpa. De esta manera la singularidad podrá estar soportada en el eje de lo particular.
La responsabilidad alude al compromiso y a la garantía y el término tiene su soporte en el campo jurídico. Responsabilidad implica obligarse para garantizar una deuda, incluso con la cautividad del cuerpo. Para el derecho, el loco ó el obediente no tienen la libertad para responder, por lo tanto se los considera no responsables y por consiguiente, inimputables de culpa. Jinkis, en cambio, invierte el orden de los términos y propone que solo el hecho de saberse culpable permite la posibilidad de asumirse responsable. A partir de este supuesto, la culpa, alusiva a la dimensión del deseo y a la interpelación subjetiva, será condición previa para la responsabilidad subjetiva. Así, culpa y responsabilidad quedarán ligadas siendo la culpa el antecedente deficitario de la responsabilidad
La Responsabilidad señala en este caso el lugar que tiene el Otro en la vida de Jerry: su implacable Super Yo, que lo culpabiliza por su deseo y lo obliga a sacrificar sus objetos de amor.
Cabría dejar planteada también la figura de la culpa y la responsabilidad en la madre de la niña muerta, que con tanto exceso y énfasis desmedido exige una promesa cuyo complimiento es imposible garantizar con la certeza que ella desea –y logra-.
Así mismo pudiera ser analizada culpa y responsabilidad en los policías que ayudaron a Jerry a consumar su descabellado plan. Podría considerarse que sus acciones están reñidas tanto con el campo de la moral, la responsabilidad profesional ó la jurídica, como así también contrarias al campo de la dimensión ética. Esto es así por haberse transformado en cómplices de un policía retirado que ya no tiene facultades para actuar y en cambio da señales crecientes de su deterioro psíquico. Tal vez ese sea el precio a pagar por los policías por haber arrancado injustamente la confesión del crimen a un inocente.

- . En comparación con “el Muro” es interesante notar la valorización del “tiempo de vida” de Ibietta que intenta no dormir para no perder sus últimas dos horas, frente a la vehemencia con la que Jerry se aferra a sus últimas seis horas de trabajo antes del retiro.
Ambos necesitan esas últimas horas para activar y poner en juego su deseo. Ambos serán responsables de sus decisiones y actos. No se pondrá en juego la ética sino en sus acciones subjetivadas.
En “el muro”, como lo señala J. Alemán en “Nota sobre Lacan y Sartre: el decisionismo”, Sartre expone su pensamiento filosófico existencialista identificado con la libertad, la conciencia y la decisión, es decir, la responsabilidad del sujeto, sin garantías. Postula que la existencia es previa a la esencia, es decir que el existente será responsable de su esencia, deberá elegirse a sí mismo, deberá “hacerse”. Será siempre una excusa buscar justificaciones en el determinismo, cuestión que define como mala fe. Lo contrario de la mala fe es para él la angustia, la que nos lleva siempre a la acción: elección fundamental, sin garantías. La elección es lo que constituye al Sujeto pero esa elección no es yoica, no es un acto voluntarista ni reflexivo y no hay nada que garantice el acierto
Ibietta se enfrenta a la muerte habiendo perdido sus ideales y hasta el deseo de vivir. El tiempo ya no importa, da lo mismo morir ahora que unos años después. El decide hablar para mentir y burlar al otro. Pero mintiendo dice la verdad. El azar podría exculparlo pero en cambio, la incertidumbre implicada, forma parte de su decisión. Necesitará las dos horas para recuperar la vida que está a punto de escabullirse de sus manos. Ibietta salva su vida y tal vez ese haya sido su deseo. Por él será responsable. Pero solo dependiendo de cómo se ubique frente a lo sucedido podrá salir de allí con el déficit de la culpa ó el superávit de la responsabilidad. Dirá Lacan, “la única cosa de la que puede ser culpable un Sujeto es de haber cedido su deseo”
Jerry apelará a sus seis últimas horas de trabajo para poner en marcha un proceso también marcado por su deseo. Y perdurará en su decisión durante un año y medio atento a las señales de un asesino esquivo, invirtiendo en la acción sus bienes, su familia y su vida.

(1) Recupero aquí como ejemplo la historia inicial de Alex (In treatment) y su posición frente a sus actos: ningún cuestionamiento ético, sólo su “deber moral” cumplido y la “tranquilidad” de su conciencia.

Graciela Maggiolo



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