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En el presente trabajo se desarrollará el eje de la responsabilidad subjetiva a partir de la película “Descarrilados”. Charles Christopher Schine es un ejecutivo de una agencia de publicidad, con un matrimonio en crisis que lleva años ahorrando dinero, esperando el desarrollo de un nuevo tratamiento que mejore la salud de su única hija, que padece diabetes. Charles, toma todas las mañanas el tren para ir a su oficina. En el marco de esta rutina, Charles será víctima de una estafa. Una mañana conoce a Lucinda Harris. Ella es una mujer muy atractiva, que logra seducirlo y, luego de algunos encuentros, conducirlo al hotel donde su novio, La Roche, irrumpe simulando un robo y una violación. Lucinda dice no querer hacer la denuncia a la policía para preservar a “su familia” y Charles decide protegerla aceptando su decisión. A partir de este acontecimiento, La Roche, conociendo los ahorros que poseía el matrimonio, empieza a extorsionar a Charles, que terminará perdiendo todo. La víctima descubre el engaño de Lucinda y decide recuperar por sus medios el dinero robado. Logra evitar que otro hombre sea estafado, irrumpiendo en la misma habitación donde él había estado aquella noche con la impostora. Lucinda y la nueva víctima mueren en la confrontación, La Roche queda herido y es apresado, y Charles escapa recuperando su dinero. Sin embargo, Charles decide vengarse personalmente de La Roche, se adentra en la cárcel donde estaba cautivo y lo asesina.
Trabajaremos sobre un recorte de la película. Este recorte incluye una decisión del protagonista, Charles Christopher Schine, que creemos comparable en términos teóricos a la del personaje de Ibbieta, del cuento “El muro” de J. P. Sartre. La decisión de nuestro sujeto tendrá la característica de confrontarlo con una dimensión de su accionar que va más allá de lo conciente. Interpelado por la realidad y por la culpa, lo no sabido se torna conciente. Nuestro personaje adopta entonces una posición que no se limita a la dimensión particular, al terreno de la moral, donde la toma de decisiones se encuadra en un universo preexistente de concepciones políticas, sociales, culturales o jurídicas. El personaje, confrontando con su responsabilidad, adopta una posición que amplía el horizonte situacional. Esta singularidad en situación implica un acto ético que modifica la posición del sujeto frente a su deseo.
Para comprender la emergencia de esta singularidad en situación necesitamos establecer los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad subjetiva.
Una mañana Charles viaja hacia su trabajo, luego se haber perdido el tren que rutinariamente tomaba. Unos asientos más adelante, Lucinda, provocativamente vestida, atrae la mirada de varios hombres. Charles también la mira, abstraído, hasta que la irrupción de una inspectora, reclamando su boleto, lo saca del trance. Charles cae en la cuenta de que no ha pagado su boleto en la estación. Se dispone a pagarlo, pero una situación azarosa lo impide: su mujer vació su billetera esa mañana. Lucinda Harris aprovecha esta situación azarosa y se ofrece a pagar su boleto. Con algunas reticencias, Charles accede y se acerca a ella en forma de agradecimiento. Insiste en que debe devolverle el dinero. Ante una negativa de ella, él responde: “No, te lo tengo que pagar. Me sentiría éticamente impugnado si no”. Charles decide finalmente concertar un segundo encuentro con Lucinda con el fin de devolverle el dinero. Ubicamos aquí un Tiempo 1. Se trata de una acción de Charles dirigida a un determinado objetivo que se agotaría en su fin: devolver el dinero.
En este primer tiempo se pueden identificar indicadores que corresponden al orden de la necesidad y del azar. La necesidad implica aquellos sucesos que inexorablemente ocurren y que escapan a la voluntad del sujeto en cuestión. Conecta causas y efectos. “Responsable es aquel de quien se espera una respuesta”. Cuando aquello que se denomina el “destino” invade una situación, el sujeto no puede responder; no hay lugar para su responsabilidad subjetiva. Podemos considerar, entonces, del orden de la necesidad la atracción sexual entre personas. Lucinda tiene en cuenta este componente necesario y lo hace parte central de su plan. Sin la atracción, su plan falla, se desmorona. Si bien en todos existe la atracción sexual, no todos son atraídos por lo mismo. Es por eso que Lucinda despliega una serie de recursos para conquistar a su víctima: su belleza, su actitud seductora, su perspicacia y su “bondad” al pagarle el boleto, despiertan en Charles una atracción que es del orden de la necesidad. El azar es también un suceso que se presenta ajeno al orden de lo humano, pero que no desconecta la relación de causas y efectos. En distintas situaciones de la película se presenta el azar. Se puede decir por ejemplo que es un accidente que Charles no llegue a subir al tren que todos los días toma religiosamente y deba esperar el próximo donde coincidentemente se encuentra Lucinda. A su vez, se podría considerar un accidente que justo el día que su esposa le vacía la billetera la inspectora le reclame el boleto y casualmente este escenario se preste para que Lucinda entre en situación, pagándole el boleto. En este primer tiempo, sin embargo, no se puede considerar que necesidad y azar determinan el accionar de Charles al pactar su segundo encuentro con Lucinda. Por lo tanto, se abre la pregunta por la responsabilidad del sujeto.
Al despedirse después del primer encuentro, Charles repite una vez más que al día siguiente le devolverá el dinero. Pero ya la respuesta de Lucinda (“Es una cita”) se comporta como una interpelación. Es la primera de una serie de elementos que interpelarán a Charles respecto de su accionar: le sugieren que su acción fue más allá de su propósito conciente, que algo de su deseo ha intercedido en aquella decisión. Se trata del Tiempo 2 del circuito. A modo de hipótesis clínica podemos establecer que Charles no actuó movido por la obligación que genera la deuda, sino por el deseo de tener una aventura extra-matrimonial y, de esta forma, poner fin a un matrimonio rutinario y en crisis.
Podemos rastrear indicadores de este segundo tiempo desde el momento en que Charles baja del tren esa primera mañana hasta la mañana siguiente. En el transcurso de estas 24 hs., distintos sucesos lo interpelan, señalándole la emergencia desconocida del deseo en Tiempo 1. Como se indicó anteriormente, la primera interpelación es la frase de Lucinda “Es una cita”. Se juega acá la ambivalencia en el significado tanto del término “cita” en español como “date” en inglés (palabra utilizada por Lucinda). “Cita” remite tanto a una reunión de tipo formal como a un encuentro informal y amoroso. Lucinda deja abierta esta ambivalencia, sugiriendo que ese segundo encuentro puede implicar algo más que la simple cancelación de la deuda.
Al llegar al trabajo, a Charles le informan que no trabajará más haciendo publicidad para una determinada cuenta. Su jefe le pregunta qué le está sucediendo y Charles responde: “Impugnado. ¿Eso es una palabra, no?”. Su respuesta tiene más de una dimensión. A simple vista parece decir que está indignado por haber perdido el trabajo, pero el término “impugnado” arrastra su significado desde la escena anterior. La palabra “impugnado”, pronunciada en un primer momento en relación a su deuda, toma así otro sentido: sentido en aquel primer momento desconocido por el sujeto, relacionado con la culpa por entrar en un juego de seducción con Lucinda. La irrupción de esta palabra constituye una segunda interpelación para Charles.
Al día siguiente al primer encuentro, Charles toma el tren en el horario en que sabe que encontrará a Lucinda y le devuelve el dinero. Pagar su deuda debería liberarlo de su “obligación” de volver a verla. Sin embargo esto no sucede. Lo que “obliga” a Charles es otra cosa: su deseo. Su necesidad de seguir viéndola, por lo tanto, es una nueva interpelación. Su deseo por tener una relación extra-matrimonial estaba en juego en el hecho de propiciar condiciones para este encuentro. Y es este deseo el que genera el sentimiento de culpa en el sujeto. Retomando las palabras de Carlos Gutiérrez, diremos: “Somos culpables de desear” .
A su vez, aparece en esta escena una mención explícita a la culpa, referida a su nombre. Cuando Lucinda ve el portafolios con su nombre le pregunta por el origen del mismo. Él le cuenta que el apellido Schine es rabínico y que el nombre Christopher se lo debe a su madre: “Mi mamá era católica. Cargo con muchas culpas”. Charles relaciona su nombre, algo tan propio y que hace a la constitución subjetiva de la persona, con su madre y con una religión que condena el deseo. La religión, en tanto verdad moral, ordena la voluntad de los sujetos y articula la responsabilidad entorno al amor, el castigo, el arrepentimiento y el perdón. Bajo el precepto de la monogamia, en tanto sistema particular, la religión castigaría moralmente a Charles: su deseo de infidelidad rompe ese orden social-moral.
Luego de este segundo encuentro en el tren, Charles llega a su trabajo y busca por internet el teléfono de la oficina de Lucinda. Una vez que lo encuentra, repara en que al costado del monitor está la foto de su esposa. Esta situación lo vuelve a interpelar. Su deseo de encarar una relación extra-matrimonial, en un principio inconciente, se vuelve paulatinamente evidente para el sujeto y el conflicto entre su deseo y la moral se patentiza. De un lado, el nombre de Lucinda en el monitor; del otro, la foto de su esposa en el escritorio. Interrumpe esta situación su compañero de trabajo Winston. Charles, interpelado por la culpa pero aún renegando ante la evidencia de su deseo, decide consultarlo. Le presenta una situación análoga a la suya: “Digamos que vas al cine, pero olvidas tu dinero y alguien ofrece pagar tu boleto. Es correcto hablar con la persona, ¿no? Digo, en forma de agradecimiento…”. Esta ficción que arma, sin embargo, esconde el asunto central de su dilema, que es su deseo por Lucinda. Despistado, el amigo se distrae en detalles de la ficción, y Charles finalmente desiste. Este ejemplo inventado al que Charles recurre para que Winston lo aconseje es una figura de culpa, ya que justifica su accionar negando el deseo en juego. Es significativo que inmediatamente después de este diálogo, Charles se decide y llama por teléfono a Lucinda para invitarla a comer. Esto constituye el Tiempo 3. El sujeto reconoce y asume su deseo. Su accionar constituye un acto ético, en tanto reconoce aunque supera el marco del universo moral en boga, y tiene por consecuencia el llamado “efecto sujeto”. (No hay que confundir, sin embargo, la asunción de su deseo, que constituye un acto ético, con el pasaje a la acción, al encuentro con Lucinda, que debe considerarse como otra decisión del sujeto y debe analizarse separadamente).
En este Tiempo 3, tiempo en que el sujeto se hace responsable de su deseo, se puede ubicar aún una figura de culpa. La noche posterior al almuerzo con Lucinda, Charles sufre insomnio. La cámara lo muestra despabilado, con la mirada pegada al techo, mientras su mujer duerme profundamente. Podemos considerarlo una formación sintomática, que da cuenta del deseo y el conflicto que lo habitan, conflicto entre ese deseo y la moral.
Recapitulando, podemos decir que el Tiempo 2 interpela al sujeto por una acción que, en un Tiempo 1, éste llevó a cabo, movido por un deseo inconciente. El sujeto se ve obligado así a responder, a hacerse responsable de su accionar. Frente a esto, se pueden desplegar figuras de culpa, que evitan que el sujeto se responsabilice por su deseo. En Charles, podemos encontrar este tipo de respuestas, pero también, en lo que se nombró como Tiempo 3, ubicamos un punto de implicación del sujeto en relación con su deseo. Esta respuesta posiciona al sujeto en el eje de la responsabilidad subjetiva, de la singularidad del sujeto en acto.
La responsabilidad subjetiva se basa en la concepción de sujeto del inconciente, sujeto del deseo, y el sujeto deberá confrontarse con aquello que desconoce desde una posición ética. Desde esta perspectiva, el sujeto siempre es imputable por aquello que le pertenece, pero no en el sentido jurídico. La responsabilidad jurídica, como tipo de responsabilidad moral, se basa en la concepción de sujeto del derecho, sujeto conciente, de la voluntad y la intención, y la imputabilidad o inimputabilidad del sujeto dependen de los límites que tenga su autonomía. A Charles, la concreción de un segundo encuentro con Lucinda, lo compromete desde su responsabilidad subjetiva pero también desde su responsabilidad jurídica, en tanto la condición de sujeto autónomo y de la intención que la sociedad le atribuye. Su encuentro con Lucinda, por supuesto, no constituye ningún delito a las normas jurídicas. Sí podemos ubicar una transgresión a las normas jurídicas en el acceso al encuentro sexual con Lucinda, en tanto el adulterio es una figura legal punible.



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