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SEGUNDO PARCIAL
2º CUATRIMESTRE DE 2009

CATEDRA: I Psicología, Ética y Derechos Humanos
PROFESOR TITULAR: Juan Jorge Fariña
PROFESOR DE TRABAJOS PRACTICOS: Gervasio Noailles.
COMISIÓN: Nº 04
FECHA: 16/11/09
ALUMNA: Andrich, Ma. Florencia
DNI 33.219.823
Rossetti, Antonela
DNI 33.386.557

La película elegida para realizar el presente trabajo se titula “Doce hombres en pugna”, dirigida por Sidney Lumet en 1957.
Se trata de un jurado, conformado por doce personas que deben decidir sobre la suerte de un acusado: absolución o condena de muerte. Once ya se han decidido y optan por declararle culpable. Pero el jurado número ocho no lo tiene tan claro y empieza a hacer dudar a los demás.
El acusado es un chico de 18 años. La carátula es homicidio en primer grado. Se lo acusa de haber matado a su padre de una puñalada en el pecho, con una navaja automática. Existen dos testigos: uno es el vecino de debajo de la casa del chico, que dice haber oído discutir a padre e hijo; otro, y el más importante, es el testigo ocular del hecho. Se trata de una mujer, que vive en un edificio enfrente, la cual dice haber visto al chico clavando la navaja en el pecho de su padre, a través de las ventanas.
Es condición que la decisión a la que arribe el jurado sea unánime.
La película se desarrolla en una habitación, en la cual los doce miembros del jurado mediante discusiones, reflexiones, revisión de pruebas y votaciones, logran tomar una decisión unánime: declarar al acusado inocente.
No es que crean en la inocencia del chico, sino que tienen varias dudas razonables para tomar tal decisión.

En la película elegida se presentan tanto la responsabilidad jurídica como la responsabilidad subjetiva. Creemos pertinente realizar una diferenciación entre ambas.
La noción de responsabilidad jurídica remite a la noción de sujeto autónomo. Aquel que es capaz de autogobernarse, de decidir en forma libre y voluntaria sobre la propia vida. Es el sujeto capaz de hacerse responsable de sus acciones, elecciones y decisiones, es decir de responder por sus actos. Esta característica lo califica entonces como sujeto imputable. Sujeto al que se le puede atribuir un delito. La intención es lo que lo compromete. Razón e intención son elementos determinantes de la responsabilidad jurídica. Aquellos sujetos considerados no autónomos (niños, alienados, sujetos bajo efectos de sustancias, etc.) son inimputables.
En el ámbito de la responsabilidad subjetiva el sujeto es siempre imputable. Ya no en términos morales o jurídicos sino éticos. En este caso se trata de un sujeto no autónomo, sujeto del inconciente, que no es dueño de su voluntad e intención. Se lo responsabiliza de aquello de sí mismo que desconoce, aquello que se le presenta como ajeno. La responsabilidad subjetiva es el sujeto en acto.

El jurado numero ocho, quien desde el comienzo vota por inocente, realiza un comentario sobre la procedencia del chico. El mismo había sido golpeado y maltratado por su padre desde muy pequeño, se había criado en un ambiente hostil. Estaba acostumbrado a que lo golpeen un día sí y el otro también.
El jurado numero tres se acerca al ocho diciendo: “hay que ver como son los chicos de hoy. Cuando era muchacho llamaba a mi padre señor, ¿hoy que chico llama así a su padre? ¿Usted tiene hijos? Yo sólo uno, tiene veintidós años (saca una foto de la billetera y se la muestra). Cuando tenia nueva años huyó de una pelea, me sentí tan avergonzado que le dije: voy a hacer de ti un hombre aunque me deje la vida en el intento. Ahora es un hombre. Con quince años nos peleamos, me dio en la mandíbula, es muy fuerte. Hace dos años que no lo veo. Hijos…te matas por ellos y…”
A medida que la película avanza varios de los integrantes del jurado van cambiando de parecer, ya que revisando una y otra vez los hechos notan que no pueden estar seguros sobre la culpabilidad del acusado. En cierto momento, el jurado cuatro se saca los lentes y se frota la nariz. Dicho gesto despierta en otro de los jurados el recuerdo de la testigo ocular del hecho, quien también se frotaba la nariz y tenia dos marcas en los costados de la misma, durante su declaración en el juicio. A partir de esta casualidad, coincidencia o azar, se abre la posibilidad de que la testigo también usara gafas y que por lo tanto, podría haber visto mal o no haber visto al chico realizando el crimen, sino que el asesino pudo haber sido otro. Esta duda razonable lleva a que once de los jurados ya opten por declarar al acusado inocente, quedando solo el jurado número tres en desacuerdo.
Este último comienza a gritar, se enoja con el resto por declarar inocente a un chico que mató a su padre, dice: “Maldigo a todos los hijos por los que das la vida…”, y enfurecido rompe la foto en la que está con su hijo.
Al darse cuenta de lo que hizo, se quiebra, llora, y termina cediendo y declarando también su voto como inocente.

El circuito de la responsabilidad se constituye por tres tiempos lógicos, no cronológicos, y se caracteriza por tener una dinámica retroactiva.
En un tiempo uno se lleva a cabo una acción que se agota en los fines para los que fue realizada. Luego en un tiempo dos, otra acción resignifica la anterior, posibilitando la apertura del universo previo anterior a partir del surgimiento de una pregunta que cuestiona la posición subjetiva del tiempo uno. Dicha pregunta es llevada a cabo “en soledad”.
Entre el tiempo uno y el tiempo dos es posible ubicar una hipótesis clínica que de cuenta del lazo asociativo entre ambos.
Finalmente un tiempo tres, el cual da cuenta de la responsabilidad subjetiva, es decir, de un cambio de posición con respecto al tiempo uno, permitiendo en ese mismo acto el efecto sujeto.
“Cuando en una situación rige por completo el orden de la necesidad y el azar, la pregunta por la responsabilidad del sujeto carece de toda pertinencia”. Seria un error asignar responsabilidad a un sujeto ante estas situaciones en las que la misma no existe. Ante la necesidad o el azar, el humano no tiene nada que hacer. Basta con que se presente una grieta, hiancia, entre necesidad y azar para que emerja la responsabilidad.
La interpelación subjetiva, esa pregunta que se realiza “en soledad”, es lo que pone en funcionamiento el circuito de la responsabilidad.
La culpa es lo que obliga a brindar una respuesta a esa interpelación. “la culpa hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se debe responder”.

Analizando al jurado numero tres, podemos ubicar en él el circuito de la responsabilidad. Ubicamos como tiempo uno al sujeto que declara al acusado culpable. Un tiempo dos, al sujeto que enojado y enfurecido rompe la foto con su hijo. Y un tiempo tres en el cual el sujeto ya no es el mismo que en el tiempo uno, es el sujeto que razona, que acepta las dudas racionales del caso y que da su voto de inocencia para el acusado.
El tiempo dos se sobreimprime al tiempo uno, resignificándolo. Una hipótesis clínica que explique este movimiento podría ser que el hombre sostuviera su voto de culpable para el chico acusado de matar a su padre, por la culpa inconciente que tiene él por haberse distanciado de su hijo y no saber nada de él desde la pelea en la cual su hijo tenía quince años. Quizás el declarar culpable al chico porque mató a su padre, era declarar culpable a su hijo por la pelea que habían tenido. Declarar culpable a su hijo era un modo de no ser él quien debe cargar con la culpa.
Este es el modo en el que el sujeto responde a la interpelación, utilizando el mecanismo de la proyección: “si el culpable es el otro, yo no soy responsable”.
Este caso representa una posibilidad frente a la interpelación que se diferencia de la respuesta brindada en el tiempo tres, es decir del efecto sujeto de la responsabilidad subjetiva.
La hipótesis clínica anteriormente mencionada abre la posibilidad de un tiempo tres, el de la responsabilidad. Es un tiempo que supone un cambio de posición del sujeto frente a sus circunstancias. En este tiempo nuestro sujeto asume su responsabilidad. Cambia de posición: ya no culpa a su hijo por la pelea sino que asume también su parte en ella. No se trata de un mecanismo conciente ni voluntario. Es una transformación de la cual el primer sorprendido es el propio protagonista. Este cambio de posición subjetiva lo lleva a nuestro jurado número tres a cambiar su voto, declarando al acusado inocente.
Con este tiempo tres se cierra el circuito. Hablar de efecto sujeto es hablar del acto, porque un sujeto surge justamente en el acto mismo. Ese acto es ético, amplia el discurso del universo previo, es un acto en que se produce un sujeto de deseo inconsciente. “Esto es lo que quiere decir que: el estatuto del inconciente es ético”.
Ese acto mismo es el que le da singularidad al caso, el que hace tambalear el universo previo de discurso en el que irrumpe. Esa irrupción sorpresiva va más allá de las totalizaciones establecidas. “una singularidad es entonces un proceso situacional (…)”.
“Las singularidades (…) son intervenciones subjetivas que producen una novedad en la inmanencia de la situación (…). De ahí se sigue que una singularidad solo lo es para la situación en la que irrumpe y solo si existe el trabajo subjetivo (…)”.
Es la interpretación subjetiva la que le da singularidad al caso. En ese acto de responder ante la interpelación, el sujeto se constituye como tal. En la película trabajada, el jurado tres va mas allá de su universo previo de discurso, en el acto mismo de responder ante la interpelación subjetiva. A la pregunta “¿Quién soy?”, responde “soy responsable de la pelea con mi hijo”.
“Se trata del sujeto y el sentido singular de su acto. Acto cuya constitución misma resiste toda formula genérica. De allí que el acto ético revista carácter suplementario respecto de la moral. O lo que es lo mismo que ningún sistema moral pueda colmar el horizonte ético”.

Bibliografía
- D´Amore, O.: “Responsabilidad subjetiva y culpa” en La transmisión de la ética: clínica y deontológica. Vol. 1. Fundamentos, Salomone, G y Dominguez, M.E. Ed. Letra Viva, 2006, Buenos Aires, Argentina.

- Fariña, J.J.M: “Del acto ético” en Ética, un horizonte en quiebra. Ed. EUDEBA, Buenos Aires, Argentina, 2004.

- Fariña, J.J.M: “Responsabilidad entre necesidad y azar”.

- Lewkowicz, I: “Particular, Universal-Singular” en Ética, un horizonte en quiebra. Ed. EUDEBA, Buenos Aires, Argentina, 2004.

- “Twelve angry men” (“12 hombres en pugna”), Director: Sidney Lumet. Guión: Reginald Rose. Estados Unidos, 1957.



NOTAS

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