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Don Jon: sobre la adicción a la pornografía

por González, David

“Todo el mundo se acuesta con todo el mundo”, es una fórmula extraída del discurso analizante que caracteriza la vida sexual en el siglo XXI […]. La lógica del consumo se ha impuesto y con ella la que conlleva todo producto: competencia, categorizaciones (por género, edades, características físicas y psíquicas, fantasmas de sí mismo y/o del partenaire), etiquetas, fecha de vencimiento, búsqueda loca del producto ideal, caída en el olvido, saldos, buenas ofertas, reciclado. Seudónimos y, en consecuencia, anonimato son la regla, lo mismo que la detección de productos fraudulentos.
Marie-Hélène Brousse (2012)

Vos sos porno, quizás no lo sepas aún, pero hay un nicho, un fetiche,
una esquina del porno que ha sido pensada para gente como vos.

Juan Manuel Candal (2012)

Un Don Juan hipermoderno

Es sorprendente cómo el cine de Hollywood puede producir una perla como Don Jon (Joseph Gordon-Levitt, 2013), con la que el cine, una vez más, logra interpretar lo más íntimo de la subjetividad actual. Advertencia: El trabajo siguiente está plagado de spoilers dado que se despliega al ras de la superficie del film. Queda el lector avisado.

Don Jon es un Don Juan hipermoderno. Jon Martello (Joseph Gordon-Levitt) vive solo en su departamento. Jon es un joven estadounidense soltero dedicado a cumplir con varios rituales cotidianos: el levantarse y tender la cama, el levantar pesas en el gimnasio, el trabajo (que en el film está presente por dos o tres menciones), una salida nocturna semanal a un mismo boliche con sus 2 amigos, un encuentro sexual ocasional y no repetible con alguna mujer que conoce en ese boliche después de valorarla, con ellos, en una escala del 1 al 10 (o, para ser preciso, del 8 al 10, dado que sólo en ese rango la mujer puede ser un blanco para él), la iglesia los domingos, la confesión sacramental de sus pecados cuya consecuencia es una penitencia que consiste en rezar un número casi invariable de padrenuestros y avemarías (que la cumple mientras levanta las pesas), el almuerzo semanal con la familia y… con cada inicio de semana, recomienza el ciclo.

Pero además de los rezos, en esta rutina hay algo más que se contabiliza, las masturbaciones que este Don Juan acumula semanalmente y cuya suma confiesa en su ritual dominical con el sacerdote. He aquí el quid por el cual considero hipermoderno (Lipovetsky, 2006) a este Don Juan. No porque semana a semana acumule mujeres en su cama, habilidad que le valió este mote, sino porque lo que él contabiliza, lo que él cuenta de una en una y recubre de cierto orgullo sólo para sí mismo, son las masturbaciones que se practica al frente de la pantalla de su notebook. Hipermoderno porque su práctica masturbatoria coagula el hiperindividualismo (no necesita de otra persona para satisfacerse), la desregulación de la satisfacción (lo hace de manera excesiva), el hiperdesarrollo de la tecnociencia (la pornografía, desde su notebook y smartphone) y la velocidad con la que tiene el objeto a su alcance (a sólo un click o un tap). Pero lo más importante, es que este consumo hedonista y tecnocientífico, constituye una defensa. Lo desarrollaré más adelante.

Masturbación vs. Sexo

El film comienza mostrando imágenes cotidianas de TV formando una compilación de cuerpos perfectos de mujeres en publicidades, videoclips, programas de TV, concursos de belleza, en el que las mujeres se reducen a cuerpos-objetos. Luego, aparece por primera vez Jon, en la oscuridad al frente de su notebook, solo y sólo iluminado por el destello de la pantalla mientras se escucha su voz en off realizando un elogio a la masturbación, mientras se suceden imágenes de sitios Web que visita diariamente:

No me gusta ir tan rápido de buenas a primeras. Tengo mi propia manera para hacerlo, agradable y despacio. Así que empiezo con algunas fotos fijas. Y a medida que voy entrando en calor, empiezo buscando un video. De hecho, nunca toco mi verga hasta que encuentro el correcto. Y cuando eso pasa… adiós. En los minutos que siguen, toda la mierda se va. Y las únicas cosas en el mundo son esas tetas, ese culo, el sexo oral, la posición de cowboy, la del perrito, los lechazos y eso es todo. No tengo que decir ni hacer nada. Sólo me pierdo a mí mismo.

Luego enumera una lista de las pocas cosas que realmente le interesan en la vida: “mi cuerpo, mi casa, mi auto, mi familia, mi iglesia, mis amigos, mis chicas y mi pornografía”. Todas sus posesiones, todos sus intereses del lado del tener, son los que configuran su orden cotidiano. Y nada lo satisface como el porno, ni siquiera el sexo que “no es tan bueno como la pornografía”. Incluso la consume luego de tener relaciones sexuales.

Las mujeres pasan por la cama de Jon sin ton ni son, pasan los cuerpos que lo dejan insatisfecho y él se queja de que el sexo no sea como el que ve en su pantalla. De tanto quejarse, un día decide ponerse en busca de una chica que unas noches atrás al verla por vez primera llegó a calificar con 10, pero con la que no pudo completar su rutina sexual y de la que ni siquiera sabe el nombre. Barbara Sugarman (Scarlett Johansson) es la 10.

Barbara ingresa a la lista de los intereses de Jon por “ser la cosa más hermosa que he visto en mi vida”. Esto lo repite una y otra vez cuando se refiere a ella. Condición de elección de objeto que comparte, entre otras cosas, con su padre (Tony Danza). Con una apariencia a imagen y semejanza de su padre, engominado, musculoso, usando sudaderas, atraído por las voluptuosidades modeladas del cuerpo femenino. También comparten el mismo nombre y una relación agresiva entre ellos. La agresividad está además en otros dos lugares: en la amistad que Jon ha construido con sus dos amigos, con un condimento agregado de competencia; y en su auto, cuando conduce Jon agrede, ventanillas cerradas, a los demás conductores.

De ideales

Jon obtiene la aprobación y el orgullo del padre recién al presentarle a Barbara, esta chica ideal. Pero también cumple con el anhelo de su madre: que algún día le diga que encontró a la mujer indicada. Y de ideales está hecha esta nueva relación, dado que él la elige por ser “la cosa más hermosa” que ha visto en su vida, tal como el padre eligió a su mujer apenas la vio. Hay una escena muy graciosa en la que, en la mesa familiar, se los ve a los dos hombres hipnotizados ante la pantalla de TV en la que aparece en una publicidad una modelo rubia, con un cuerpo perfecto y en bikinis en una playa.

Pero además, Barbara le va pidiendo a Jon que se acerque a su ideal de amor cumpliendo con algunos tips: no mentirle nunca, no tener sexo hasta que signifique algo más que sólo sexo, conocer a los amigos de cada uno, presentarse a sus respectivas familias y tomar clases de algún curso, que ella elige por él, para mejorar su trabajo.

Una vez que varios de estos tips han sido cumplidos, ella accede a tener relaciones sexuales con él.

Todo de lo mejor, sólo que… después él se levanta de la cama y vuelve al porno.

Poco a poco ella va aumentando sus exigencias: que no consuma pornografía, que vea películas románticas con ella, que no se dedique a limpiar su departamento porque eso no es cosa de hombres adultos sexys, que no rece mientras levanta pesas.

Así se va configurando esta relación entre el Don Juan y la chica hermosa, hasta que esta relación ideal… termina, cuando ella descubre que él consume pornografía y de manera excesiva. Ella queda del lado de las amantes que, al advertir esta práctica en su partenaire, lo consideran una traición. Del otro lado, están aquellas que lo consideran una diversión sin consecuencias (Miller, 2014).

Entonces él vuelve a su vida de soltero, con todos sus rituales y su goce solitario del porno, incluso hasta rompe su récord de 10 masturbaciones en 1 día.

Aquí quisiera agregar que la película deja en claro que ni el amor por el lado del ideal, ni la prohibición ni el castigo por el lado de la Iglesia, logran rozar siquiera, el goce solitario de Jon, el de la masturbación con el porno. Jon continúa con su práctica, con o sin la relación ideal con la chica 10 y con la confesión sacramental por el lado de una moral de la religión. Ambos, conforman el ideal familiar en el que Jon ha estado tan cómodamente ubicado.

Romper la imagen ideal

Entre tanto algo ocurre camino a la iglesia: discute con otro conductor y cuando éste lo insulta, Jon se baja de su auto y, de un puñetazo, rompe el vidrio de la ventanilla trasera del otro coche. Este es un detalle muy rico, dado que no continúa con la discusión ni tampoco golpea al conductor, sino que sólo rompe el vidrio. Es a partir de ese acto, que para un espectador desprevenido pasaría sin consecuencias, que algo cambia en él: llega tarde a misa, no le oculta del todo la herida en el puño a su madre, se muestra reflexivo en el confesionario, durante el almuerzo familiar mira por primera vez a su hermana (sí, existe una hermana), se permite hablar con uno de sus amigos sobre su ruptura con Bárbara y su consumo de pornografía, vuelve a clases por elección propia y se interesa por una compañera, Esther (Julianne Moore), una mujer mayor que él, quien ha estado intentando entablar un vínculo desde que comenzaron el curso. En fin, cesa un poco la repetición de su rutina, o al menos, ingresa una variante a su rutina de siempre-lo-mismo y de-la-misma-manera. Por todo esto creo que lo que Jon rompe es su reflejo, su imagen, su ideal que ha estado sosteniendo y con el cual ocultaba, como un velo, su “adicción a la pornografía”. En el lenguaje cinematográfico, es un recurso muy usual el utilizar en tomas cercanas las ventanillas de los autos vistas desde afuera para reflejar el exterior.

He esperado en llamar “adicción” a su consumo porque es recién en este momento cuando, después de tener sexo con Esther [1] en el auto (es la primera vez que se lo ve teniendo sexo fuera de su cama), se queda hablando con ella y comienza a poner en palabras dicha práctica. La palabra “adicción” no se menciona aun en el film pero se insinúa, además de que comienza a historizarla, ponerla en palabras, contando desde cuándo lo hace y también dándole un sentido:

Esther — ¿Qué es lo que obtienes de la pornografía que no lo obtienes del sexo?
Jon — Me pierdo a mí mismo… Sí, yo sólo… adiós [2] .
Esther — Una pregunta más: ¿Llegas a masturbarte sin pornografía?
Jon — ¿A qué te refieres?

El sentido de su adicción entonces, es que se pierde a sí mismo, se va, todo desaparece, y lo más importante: él desaparece. Pero la última pregunta de Esther ingresa algo del orden de la división, de la castración que taponaba el objeto pornografía. Al punto de que en una escena posterior, le dice a ella que ha estado pensando en su pregunta y que intentó masturbarse sin mirar porno, y no pudo. Y que hace una semana que no se masturba. Con esto, lo más interesante es que el film muestra que lo que él busca no necesariamente es la masturbación, sino el “mirar” pornografía. O mejor, mirar mujeres (desnudas, teniendo sexo, gozando, etc.). Esto se demuestra con tres hechos: cuando comienza a ver porno en su smartphone en el medio de la clase y sin masturbarse, cuando ve las revistas de mujeres en el supermercado y principalmente porque no logra masturbarse sin mirar porno. El mirar mujeres consiste en su goce.

Lacan en 1974 decía que “lo sexual está en cualquier otra parte que en lo genital” (s/d). Por lo tanto, hay que buscar la satisfacción de Jon por fuera de la masturbación.

Se trata de poner de relieve la relación de esto con el hecho de que este mismo ser, calificado como ser hablante, por muchos esfuerzos que haga en dar sentido a la relación sexual, queda reducido a una formidable proliferación de palabras, incluso de cartas (letras) de amor si llega el caso, toda una serie de cosas que no están estrictamente fundadas en nada —en nada que no sea en el fantasma, es decir, lo que suscita el goce—. (Lacan, 1974, s/d).

Y el fantasma es la relación del sujeto con el objeto a. La relación de Jon con la mirada (con el mirar mujeres, con la pornografía) suscita el goce, el plus, y su práctica masturbatoria no hace más que suscitar hasta el exceso el objeto a.

La adicción como defensa

Miller (2014) caracteriza al porno como un fantasma filmado con una variedad apropiada para satisfacer los diversos apetitos perversos. Y nos dice que no se trata de rendir las armas del psicoanálisis ante este fenómeno, sino que exige una interpretación.

Al comienzo decía que esta “adicción” cumple una función de defensa. Y la descubrimos hacia el final del film. Cuando él puede consentir a la mirada de una mujer, cuando puede gozar mirando a esa quien a la vez lo mira a los ojos, entonces la función que cumplía la adicción queda clara: el mirar mujeres sin que lo miren. Es decir, escondiéndose de la mirada, desapareciendo, perdiéndose… adiós.

De manera muy clara, Miller (2014) explica que la escopia corporal en el porno funciona como una provocación a un goce destinado a saciarse en un plus de goce. Plus de goce porque transgrede la regulación homeostática del goce, pero precario porque se realiza de forma solitaria y silenciosa, sin palabras ni de este ni del otro lado de la pantalla. Jon logra satisfacerse sin pasar por el cuerpo de una mujer, sin palabras, sin pérdida, sin castración, sin asomo de angustia pero sin deseo. Sólo plus. Plus de goce porque logra sacar de la castración un goce (Lacan, 13 de abril de 1975). En otras palabras, no pasa por la castración que implicaría el ser mirado por una mujer, dado que esto implicaría la “aflicción” del casamiento con el hace-pipí. La función del porno rompe con ese casamiento, por eso Jon no se aflige, hasta que se encuentra con Esther. Detrás de la adicción a mirar mujeres, está la adicción al goce del Uno. Detrás de la adicción al objeto a, a la mirada, está la adicción a la repetición fuera-de-sentido (Miller, 23 de marzo de 2011), en la que él se pierde a sí mismo: “adiós”. Detrás del contar las masturbaciones, está lo que no se cuenta, lo que no se adiciona, sino que se repite, el goce Uno. Es el porno (en Jon, el mirar mujeres sin que lo miren) lo que permite el esquivar la “aflicción” que para el varón implica el casamiento con el hace-pipí, el goce fálico y no la masturbación. Esta es contable, esta se adiciona, esta no rompe con el goce del hace-pipí. Lo que lo rompe es el mirar mujeres sin ser mirado por una mujer, el porno. Esto es una hipótesis.

En la secuencia final, Jon puede decir que no sabe muy bien por qué esta mujer lo vuelve loco, sólo sabe que ella lo mira, cosa que siempre le molestó de algunas mujeres, pero que él también la mira a ella, y eso le resulta extremadamente excitante.

Al final, lo que el film también enseña es sobre el amor. Mientras ellos hacen el amor enfrentados, mirándose, es que este está hecho de una estofa especial, la del goce. Así Jon define el amor: “cuando estamos haciéndolo toda la mierda se va y somos sólo yo y ella, justo ahí, y sí, me pierdo a mí mismo en ella y me doy cuenta que ella está perdiéndose en mí.” Finalmente, el Don Juan hipermoderno obtiene su goce mirando a una mujer… pero con la mirada de ella en él. Obtiene su goce metaforizado por el goce del cuerpo de Esther.

Referencias

Brousse, M.-H. (2012). “Los nuevos desórdenes” en Revista Consecuencias. Revista Digital de Psicoanálisis, Arte y Pensamiento. N° 8. Abril de 2012. Disponible en: http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/008/template.asp?arts/Derivaciones/Los-nuevos-desordenes.html. [s/p]

Candal, J.M. (2012) Mundo porno. Buenos Aires: Interzona.

Lipovetsky, G. (2006) Los tiempos hipermodernos. Barcelona: Anagrama.

Lacan, J. (1962-1963 [2007]) “La Angustia” en El Seminario de Jacques Lacan. Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (1974) El fenómeno lacaniano. Conferencia en Niza el 30 de noviembre de 1974. Inédito. Disponible en: http://elpsicoanalistalector.blogspot.com.ar/2009/05/jacques-lacan-el-fenomeno-lacaniano.html

Lacan, J. (13 de abril de 1975) Sesión de Clausura de las Jornadas de Estudio de los Carteles en la Escuela Freudiana de Paris. Inédito. Disponible en: http://sites.google.com/site/archivosdepablopeusner/Home/JORNADASDELOSC%C3%81RTELESENLAEFP-12y13deabrilde1975%28completa%29.doc?attredirects=0&d=1

Miller, J.-A. (2014) El inconsciente y el cuerpo hablante. Presentación del tema del X Congreso de la AMP en Río de Janeiro, 2016. Disponible en: http://wapol.org/es/articulos/Template.asp?intTipoPagina=4&intPublicacion=13&intEdicion=9&intIdiomaPublicacion=1&intArticulo=2742&intIdiomaArticulo=1

Miller, J.-A. (23 de marzo de 2011) El ser y el Uno. Clase 7 del Curso de la Orientación Lacaniana. Inédito.



NOTAS

[1Teniendo en cuenta lo mencionado anteriormente, Esther ha demostrado ubicarse del lado de las mujeres que consideran al porno una práctica sin consecuencias.

[2I´m just… goodbye. La traducción es mía.





COMENTARIOS

Mensaje de David González  » 12 de septiembre de 2014 » davidalbanogonzalez@gmail.com 

Hola Marianela, es interesante lo que señalás respecto de la traducción del título, se podría hacer un análisis también de esa cuestión. Por esta razón elegí el título original. Igualmente, la masturbación es el medio por el cual goza; lo que hace a su singularidad, es la función que en él cumple esa práctica, y ahí ingresa la dimensión del objeto mirada.

Tomo nota de la película que recomendás, no la he visto aún.

Gracias por tu comentario y por las felicitaciones.



Mensaje de   » 7 de septiembre de 2014 » marianela_s88hotmail.com 

Antes que nada me gustaría felicitarte David por tu claridad al exponer y análizar este film.
Particularmente desde lo artístico y lo técnico la película no me gustó, pero la inmensidad de líneas de análisis que propone, le genera mucha riqueza a la producción de Gordon Levitt.

Tu texto me hizo pensar en esa desafortunada traducción con la que el film se estrenó (Entre sus manos)en nuestro país, ya que tal como mencionás, la cuestión masturbatoria es una mera excusa, o un mecanismo defensivo ante la imposibilidad de aceptar una mirada, ya sea emitiendola o recibiéndola.

Una vez leí (no recuerdo donde) que hablar mucho de sí mismo, también es una forma de ocultarse...en este caso ocurre, salvando las distancias, algo similar con Jon: hacer mucho con sí mismo, es una forma de negar, de ocultar...

¿Cabría pensar en la posibilidad de un nuevo título para el film? No, no sugiero Entre sus ojos, pero dejo la pregunta abierta.
Me despido con una recomendación cinéfila: Things you can tell just by looking at her (aquí creo que se la nombró Con Solo Mirarte) es un film super rico para continuar el análisis, si no la has visto, te lo sugiero.

Saludos y felicitaciones por un texto tan enriquecedor!



Mensaje de David González  » 24 de agosto de 2014 » davidalbanogonzalez@gmail.com 

Estimada Marcela, ¡muy acertada la elección de esa frase! Justamente porque Esther es la que aloja su adicción, su goce a través de los diálogos que van teniendo hacia el final, a diferencia de Barbara que lo rechaza. Es con quien él puede poner en palabras eso que siente con el porno, ese perderse, ese desaparecer.

Gracias por el comentario.



Mensaje de David González  » 24 de agosto de 2014 » davidalbanogonzalez@gmail.com 

Estimado Federico, gracias por tu comentario. Creo que la película logra mostrar que el amor contiene goce, pero sin la inmediatez del porno (o momentáneo como decís vos). La mejor frase para explicar esto es esa de Lacan que dice que sólo el amor permite condescender el goce al deseo. Él puede permitirse gozar, ya no con su adicción, si no con una mujer, con el cuerpo de una mujer. Cuestión que siempre hacía obstáculo en sus encuentros sexuales.

Muy buenos tus comentarios!



Mensaje de federicovillar  » 18 de agosto de 2014 » federicovillar@gmail.com 

Esta película no me gustó tanto como película, pero sí como planteo. Al verla me despertó pensar en las adicciones y también en las defensas, es por eso que estos aportes que trae el trabajo sobre Miller me resultaron muy ricos y significativos.

El juego que plantea el artículo con el "mirar" de Jon, es sumamente interesante. Claramente se busca realizar este planteo en el film, así lo da a entender el final donde él confiesa perderse en ella, y que ella lo mira.

¿Cuán paradójico es todo esto? La película plantea, justamente, una falta de "mirar al otro", en un excesivo "mostrarse" en la era visual que nos atañe. ¿Una marca de época? ¿El amor pasa de moda? ¿Qué es el amor hoy? En un mundo exitista, donde aceptar al otro y aceptarlo con sus diferencias y dificultades se vuelve complejo, parece que todo tiene que solamente brindarnos placer. Eso sí, la peli nos muestra cómo a veces ese placer es momentáneo.

Más que preguntando, me colgué pensando. Muy buen trabajo!



Mensaje de Mariana Sorolla  » 18 de agosto de 2014 » marianasorolla@gmail.com 

Esta película es maravillosa, la he visto hace tiempo y realmente abre al análisis. Muy buena tu reseña. La frase final de Jon cuando explica que realmente no sabe porque esta mujer lo vuelve loco me recuerda a una entrevista que le hacen a Miller acerca del amor donde dice, cito: "amamos a aquel o a aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: “¿Quién soy yo?”
He ahí donde Jon en la mirada de ella sobre él al hacer el amor obtiene sus respuestas y su goce. Muy acertado análisis.


Película:Don Jon

Titulo Original:Don Jon

Director: Joseph Gordon-Levitt

Año: 2013

Pais: Estados Unidos

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