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Drácula y el amor

por Juárez, Ana Rocío

1. Introducción

Para la mitología griega, Narciso era un joven muy apuesto, dotado de una belleza a la que ninguna doncella podía resistirse; sin embargo, él las rechazaba a todas. Una de ellas era la ninfa Eco que tenía la particularidad, según reza el mito, de no poder dialogar con sus semejantes, sino sólo repetir las últimas palabras de aquello que otro le dijera. Es así que un día en que Narciso se encontraba caminando por el bosque, preguntó «¿Hay alguien aquí?», a lo que Eco le respondió: «Aquí, aquí». Incapaz de verla oculta entre los árboles, Narciso le gritó: «¡Ven!». Cuando ella salió de entre los árboles con los brazos abiertos, el joven la rechazó una vez más. Es entonces que la diosa de la venganza lo condenó a enamorarse de su propia imagen reflejada en una fuente. Finalmente Narciso, en una contemplación absorta de su imagen, terminó por arrojarse a las aguas y murió.

Las conceptualizaciones en torno al narcisismo se revelan fundamentales para el psicoanálisis. Su articulación con el amor da cuenta un punto crucial que nunca dejó de interesar a Freud. Es así que en 1914 publica “Introducción del narcisismo”. No es este el primer escrito en que aborda la temática, pero sí se revela como un artículo esclarecedor porque ilumina nuevos puntos de vista, además de resumir elucidaciones anteriores sobre la misma.

Allí parte del supuesto de que el Yo no es una unidad que esté presente en el individuo desde el comienzo, sino que debe constituirse; es decir, que al autoerotismo debe agregarse una nueva acción psíquica, para que el narcisismo se constituya (Freud, 1914). Sólo admitiendo esto es que posteriormente podrá afirmarse que el Yo se ha constituido ilusoriamente como una imagen.

Esta suposición descansa en la idea de que, para la Teoría de la libido, entre el autoerotismo y la elección de objeto, se intercalaría el narcisismo.

2. El hábito ama al monje

Es en el mismo escrito de 1914 donde Freud advierte:

Nos formamos así la imagen de una originaria investidura libidinal del yo, cedida después a los objetos; empero, considerada en su fondo, ella persiste, y es a las investiduras de objeto como el cuerpo de una ameba a los seudópodos que emite (Freud, 1914, p.73).

Se trataría de una libido que se aprontaría sobre los objetos, pero no toda; más aún, ni siquiera se la cede, porque considerada en su fondo, ella persiste.

Es en este lugar que podría ponerse en tensión estas conceptualizaciones con las abordadas por Lacan en la clase del 12 de diciembre de 1972, de su seminario XX, cuando se pregunta: ¿Qué es el amor?, ¿De qué se trata allí?, ¿El amor es hacerse uno?

Es así que Lacan ubica la serie amor-narcisismo y cómo dentro de este narcisismo se encuentra implicada la identificación. De un modo magistral pone al descubierto esta serie a través del cuento de la cotorra que estaba enamorada de Picasso; un enamoramiento que se denunciaba en el modo en que el animal le mordisqueaba el cuello de su camisa y las solapas de su chaqueta. Una cotorra que se identificaba con Picasso vestido (Lacan, 1972). “El hábito ama al monje” dice Lacan, y todos comprenden que es justamente debido a ese ropaje que se tiene la ilusión en el amor de no ser más que uno con el otro. Porque debajo de ese hábito está el cuerpo y éste quizá sólo valga en tanto resto, en tanto objeto a.

Es quizá la introducción de ese objeto a en sus conceptualizaciones en torno al amor y al narcisismo, lo que permite darle una torsión a lo propuesto por Freud.

En palabras de Lacan:

Lo que hace que la imagen se mantenga es un resto. El análisis demuestra que el amor en su esencia es narcisista, y denuncia que la sustancia pretendidamente objetal –puro camelo- es de hecho lo que en el deseo es resto, es decir, su causa, y el sostén de su insatisfacción, y hasta de su imposibilidad (Lacan, 1972, p.14)

Pero retornado a Freud, puede verse que la serie amor-narcisismo no es una articulación propuesta por Lacan, ya que es en “Introducción del narcisismo” que toma a la vida amorosa de los seres humanos como una de las vías para su estudio. Es así que observa a los perversos y homosexuales que se buscan a sí mismos como objetos de amor.

Sin embargo es tal vez una dificultad que se encuentra en la trama de ese escrito, que el narcisismo a esta altura para Freud, aún le queda muy pegado a lo biológico; dificultad que Jacques Lacan supo sortear.

3. He cruzado océanos de tiempo para encontrarte

El film “Bram Stoker’s Drácula”, dirigido por Francis Ford Coppola, ofrece la posibilidad de ubicar las conceptualizaciones abordadas, centrándose en uno de los personajes principales: el Conde Drácula.

El protagonista se presenta como un hombre despiadado, vil, despreciable, amigo de los excesos y la lujuria. Permanece refugiado en su castillo de Transilvania, desde hace más de cuatrocientos años, luego de que su mujer se suicidara cuando, a partir de una noticia falsa, lo creyera muerto. Desde entonces, él no puede morir. Su existencia cobra un giro inesperado, cuando a causa de la contingencia o del destino, se cruza con un hombre que estaba comprometido con la señorita Mina Murray. Su foto coincide exactamente con la imagen de la mujer antaño muerta. A partir de ese momento todo su interés se centra en encontrarla. Tiene éxito en esta empresa ya que se traslada de Rumania a Inglaterra sólo para estar con ella, y la encuentra. Ha cruzado océanos de tiempo para encontrarla. En efecto, cómo podría no hacerlo si no había ninguna distancia entre lo que quería y lo que tenía; para quien denuncia sin velos que el goce no pareciera tener medidas ni mediación, esto no podía constituir un problema.

Drácula comprueba que su amor ha permanecido intacto. La ve, habla con ella, la seduce. Ella a pesar de estar comprometida con otro caballero, no puede evitar enamorarse de él. Están enamorados. Desde el primer instante Drácula sabía que él lo estaba, y esto es antes de viajar a Londres, cuando ve su imagen en aquella foto. Sin saberlo, se identifica a una imagen, a un ropaje idéntico al de su esposa muerta. Es la atracción por esa imagen lo que lo incita a moverse.

Acontece entonces una de las escenas quizá más bellas del film. Mina está tendida en una cama y aparece él. Se produce así, el siguiente diálogo:

Ella:-Quiero estar contigo siempre

Drácula:-No sabes lo que estás diciendo. Soy odiado y temido. Escúchame, yo soy el monstruo al que los hombres vivos matarían. Yo soy Drácula.

Ella:- ¡Te amo!

Drácula:-Para andar conmigo debe morir tu vida de aliento y debes renacer en la mía

Ella:- Quiero ver lo que tú ves, amar lo que tú amas, tú eres mi amor y mi vida eterna

Drácula:-Entonces te doy vida eterna, amor eterno, el poder de controlar tormentas y a las bestias de la tierra. Camina conmigo para ser mi amada esposa, para siempre.

Le muerde su cuello, luego se besan y él se corta su pecho y le dice a ella que beba la sangre que sale de su cuerpo para poder unirse. Mina accede, y en el momento en que pareciera que los cuerpos se fusionaran, Drácula abre los ojos y exclama: ”¡No, no puedo permitir que esto suceda!”. Pero ella se niega a escucharlo, y quiere continuar, ante lo cual él insiste: “Mina, sufrirás mi maldición y caminarás en la sombra de la muerte por toda la eternidad. ¡Te amo demasiado para condenarte!”.

Resulta inédita esta respuesta de Drácula, quizá sea el primer “no puedo” en toda su existencia, quizá su primer anoticiamiento de la castración; porque cuando siglos atrás su esposa falleció él no quiso saber nada de eso; porque incluso hasta su corazón había sobrevivido a la muerte.

Lacan afirma que el amor es una pasión del ser que ignora su relación con el deseo. Para ser rigurosos, con lo que constituye su causa, el objeto a, y que es sostén de su insatisfacción y de su imposibilidad. Entonces el amor se dirige al semblante aún cuando el Otro sólo se alcance juntándose con lo que es su causa, el mencionado objeto a. Drácula se corta su pecho y le dice a ella que beba la sangre, ese resto que sale de su cuerpo, para poder unirse. Y cuando se tiene la ilusión de que no son más que uno, él abre los ojos, algo se devela: “¡No, no puedo permitir que esto suceda!, ¡Te amo demasiado para condenarte!”. Al “quiero ver lo que tú ves, amar lo que tú amas” de ella, él responde dando cuenta de que eso es una ilusión, de la cual él estuvo preso hace siglos. Hay un encuentro, es la castración quien acudió a la cita.

4. Conclusiones

Retomando algunos aportes que se desprenden de la obra de Freud y de Lacan en torno a aquella dimensión del amor vinculada al narcisismo, es que se ha abordado este trabajo que propone una lectura acerca de los mismos.

Ha resultado insoslayable abordar la serie amor- narcisismo desde las conceptualizaciones que apunta Freud en su escrito de 1914, y ponerla en tensión con la lectura aportada por Lacan en algunas clases de su Seminario XX. Finalmente, el film “Bram Stoker’s Drácula” ha permitido ubicar las conceptualizaciones abordadas, a partir del personaje de ficción del Conde Drácula.

El amor que Drácula siente por Mina es en su esencia narcisista, porque es amor a una imagen, la de su esposa muerta. Un amor al que la castración pone un límite, porque devela la función de resto del objeto a, que sostiene esos ropajes y que hace a esa imagen tan atractiva. Un quiebre de esa ilusión, de la cual estuvo preso por siglos, y que necesitó cruzar océanos de tiempo para encontrar.

Bibliografia

Freud, L. (1914). Introducción del narcisismo, en Obras completas, Tomo XIV. Buenos Aires.: Amorrortu.

Lacan, J. (1972). El seminario, Libro 20. Aún. Buenos Aires: Paidós.



NOTAS





COMENTARIOS

Mensaje de David Goldman  » 30 de octubre de 2015 » davidhgoldman@gmail.com 

Muy buena dimensión del análisis de este gran clásico del cine. Me pareció muy interesante el lugar en donde se ubica la dimensión del amor en relación a la castración y como estos dos conceptos están entrelazados.Resulta muy bien ubicado el momento clave en el que el Conde es enfrentado con la posibilidad de convertirse en uno con su amada. Algo que podríamos pensar como la realización de su máximo deseo, la satisfacción total de su razón de ser y por ende con la muerte misma del objeto de su deseo y de el mismo como deseante. Este análisis nos trae la conocida cita de Lacan, del seminario 8 " Amar es dar lo que no se tiene a quien no lo es".Mina le propone eliminar toda distancia , toda diferencia, toda falta y el cae en cuenta de que lo único que lo mantiene deseante y por lo tanto vivo mas allá de la muerte,es la imposibilidad de reencontrarse con su pasado añorado por siglos.



Mensaje de Roxana  » 2 de septiembre de 2015 » roxipropato@gmail.com 

Es interesante pensar el film a partir del amor de Drácula por la imagen de Mina, considerando que es la imagen de una ausencia histórica para él, y a la vez imposible de historizar, de ahí la condición de eternidad que tiene el personaje. También sumaría a esto, la idea de amor eterno que surge a través de la película, que es capaz de ligar "océanos de tiempo", pero incapaz de ser ligado por la fuerza de lo vital.

Quizás la negación de Drácula en aceptar que Mina muera, sea su incapacidad de poner boyas o puntos que modifiquen la historia. La historia de un personaje que nace justamente a partir de su condición de inmortalidad. Lo cual supone cierta dificultad para salir de lo mismo. Los "océanos de tiempo", son difícilmente cuantificables o mensurables, una narrativa transcurre dentro de los límites del tiempo y del espacio, justamente cierta finitud atravesada por la muerte.



Mensaje de María Florencia Trotta  » 19 de agosto de 2015 » mftrotta@yahoo.com 

Felicito a la autora por su análisis. Creo que la versión de Coppola destaca y resalta la dimensión romántica. Por otra parte, creo que en la adaptación realizada por el cineasta se hace presente un aire melancólico. Drácula es un personaje ambiguo y complejo capaz de amar y odiar con la misma intensidad.



Película:Drácula, de Bram Stoker

Titulo Original:Bram Stoker’s Drácula

Director: Francis Ford Coppola

Año: 1992

Pais: Estados Unidos

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