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PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

SEGUNDA EVALUACIÓN

ALUMNA: VILLAVICENCIO, MARÍA JIMENA

DNI: 31.963.186

COMISIÓN: 10

CÁTEDRA: I – FARIÑA, JUAN JORGE MICHEL

FECHA DE ENTREGA: 19/11/09

La película que elegí para realizar este trabajo es “El Gran Pez”. El personaje que se tomará como objeto de este análisis William Bloom.
La película trata básicamente de la historia de vida de Edward Bloom (padre de William), pero con una particularidad: está relatada tal cual el la vivió, mezclando realidad y fantasía. Toda su vida parece ser una serie de cuentos fantásticos que valen la pena de ser contados y de ser escuchados; excepto para su hijo. Para William no son más que mentiras. El problema empieza cuando comienza a necesitar de su padre relatos de eventos reales, para poder a armar algo de su historia. Necesita iluminar ciertos baches que le permitan conocer al “verdadero” Edward Bloom. Necesita formarse de una imagen de padre que precisa justamente en el momento de su vida en que el mismo se está convirtiendo en padre. Necesita una imagen a la cual reflejarse para armar una identidad propia lo que es ser un padre.
La pregunta sobre quién es su padre, y sobre qué es ser un padre, se le instaura en un momento muy particular de su vida: se entera que su padre va a morir. Pero a esto se le suma otro hecho: el será pare en muy poco tiempo ya que su esposa está embarazada. El hijo, que está a punto de ser padre, y de perder a su padre, necesita saber de su padre real. No del de fantasía, del que está contado por esas historias de fantásticas. Necesita saber la “verdad” sobre su padre.
Pero ¿Cuál es la verdad? ¿Quién determina qué es verdad y que no? Según Edward, frente a los reproches de su hijo, el no hizo más que mostrarse tal cual era frente a él. Entonces, ¿a verdad es lo que pasa en la realidad o es lo uno vive y siente como realidad? ¿Qué es lo que importa más: lo que sucedió “realmente” o el registro que se tiene de aquello acontecido?. Uno puede elegir entre una versión normal, simple e intrascendente, o puede decidir crear una versión más elaborada, interesante y que a su vez interpele al sujeto y llame a la reflexión.
El punto de inconsistencia, se presenta cuando el hijo se convierte en adulto y, como tal, empieza a poner en tela de juicio todo aquello que creyó de su padre como palabra verdadera. Según él, creyó en la palabra de su padre más tiempo de lo que. Lo cual lo lleva también a realizarse otra serie de preguntas: ¿Por qué su padre tuvo que inventarse esas historias? ¿A caso estaba disconforme con la realidad que le tocó vivir, incluyendo a su familia? William empieza a pensar que el padre necesitó construirse un mundo propio imaginado porque era completamente infeliz con la vida que llevaba y porque, a demás, no quería lidiar con ella.
A demás, lo cuestiona al padre como persona y le reclama haber sido un padre totalmente desentendido de las necesidades de su hijo. Lo critica calificándolo de egoísta, ya que solo pensaba en el mismo, sin importar lo que le sucedía al resto. Siempre buscaba ser el centro de atención, opacando a todos los demás.

Tiempo 1: La retirada
Como tiempo 1 ubicamos la escena del casamiento de William. En el momento del brindis, el padre da un discurso, en el cual relata la historia de cuando pescó por primera y única vez en su vida al “gran pez”, una bestia que vivía en el corazón de un lago que jamás pudo ser atrapada por nadie. Cuenta que fue el día en que nació su hijo.
Dice que el nacimiento de un hijo hace que uno se confronte cono la esencia de su ser. Metafóricamente, se podría decir que Edawrd pudo rozar algo de su verdadero ser cuando nació su hijo, ya que hacia el final de la película nos damos cuenta que el “gran pez” es él mismo.
En el medio de este relato, William se levanta de su asiento y se retira enojado y con mucha bronca. La acción puesta en marcha del sujeto es justamente la retirada. Cuando el padre esta relatando la historia de cómo atrapó al gran pez, el se levanta y se va. Sale de la escena porque no tiene lugar allí.

Tiempo 2: La discusión
La escena siguiente, muestra a padre e hijo discutiendo: William le reclama que por única vez en su vida trate de no querer ser el centro de atención. Ya se sabía esa historia de memoria y no entendía como no podía hacerse a un lado y dejar que ésa sea su noche. Edward parece no entender porqué no le gustaba esa historia, si a todo el mundo le gustaba. No comprende la razón del enojo de su hijo, está perplejo frente a este reclamo. William insiste en que a él esa historia no le gusta, ni siquiera tiene lugar en ella; es una parte mínima en ella, un comentario al pasar que da cuenta de la aventura amorosa que tuvo con su madre, pero que en realidad, en ella no es nada.
Siente quedar opacado por su padre. A demás, siente estar avergonzado de él por lo que hace y dice, y le dice que haciendo estas cosas él se avergüenza a sí mismo. A partir de esta discusión, no se hablan más hasta tres años más tarde, cuando por su madre se entera que su padre va a morir. Frente a esta noticia, vuelve a la casa de sus padres con su esposa y se reencuentra con él después de tres años in hablarse.

Tiempo 3:El cuento de la muerte
En el lecho de muerte, Edward le pide a William que le cuente la historia de su muerte. En realidad era la única historia que nunca había contado, tal vez porque ni él la sabía. Se podría decir entonces, que era la única parte de su historia de vida que representaba para él una incógnita, una pregunta sin respuesta, un vacío que necesitaba llenar antes de morir. Necesitaba llenar ese agujero mediante una historia fantástica que funcione como respuesta que alivie la ansiedad por la muerte.
El punto es que el hijo accede y decide realizar la muerte de su padre en forma de relato fantástico. Esto implicó que el hijo haya hecho un cambio en la posición subjetiva creando una nueva. Para ello, tuvo que haber reconocido algo de su deseo, escuchando su llamado, y dándose el lugar para responder por el mimo. Pudo crear, por primera vez en su vida, un relato imaginario en el cual padre e hijo quedan anudados. Pudo dejar a un lado la estructura particular que sostenía su persona, en la cual estaban contenidas ciertas ideas con respecto a su padre y con respecto al él mismo. Acepta ser el creador de la última historia la vida de su padre, y de la primera de la suya.
Surge una singularidad en situación. Hay producción de una novedad por parte del sujeto. Mediante su acto, crea una nueva posición subjetiva, que deja por fuera las concepciones morales particulares (que en ese caso hablarían, por ejemplo, de lo bueno o malo de decir verdades o mentiras, podrían hablar también de lo que se debe hacer como hijo y de lo que se debe hacer como padre desde la moral, o de si es correcto o no vivir en un mundo de fantasía) y que hace posible ensanchar el horizonte universal mediante un acto ético inédito por parte del sujeto.
William se crea a sí mismo como nuevo sujeto a partir de la producción del acto ético (el relato fantástico) totalmente novedoso para él, lo que hace que desde ese instante él no sea el mismo que antes. Se ensanchó su universo de posibilidades. Pudo romper con las estructurar particulares que lo sostuvieron hasta ese momento de su vida (ser una persona que sólo se atenía a los hechos “reales”, dejando de lado todo lo que tenía que ver con la imaginación).

Hipótesis clínica – Responsabilidad subjetiva
Da la sensación que, el hijo, en vez de retirarse de la escena lo que quería era estar incluido en ella. Lo que no toleró William es no ser parte de lo que relata su padre, no ser parte de lo que desea su padre. Se siente por fuera de la vida de su padre. Y lo que él realmente desea no es irse, sino entrar en ella.
Entonces, nuestra hipótesis clínica es que lo que William realmente desea es a un padre, a un padre que desee a su hijo. El reniega, se avergüenza de su padre y se aleja de él, pero en realidad lo que más quiere es estar cerca de él.
Aquí se abre una pregunta: ¿se enoja porque su padre no lo “quiere” o se enoja con él mismo por querer un padre, por más adulto que sea? ¿Se avergüenza de su padre o de él mismo?
Según Gabriela Salomone (1998) “la vergüenza nos pone en la pista de un sujeto interpelado por aquello que, aunque vivido como ajeno, le pertenece y perturba su intención conciente confrontándola a un punto de sin-sentido. Esa hiancia, ese punto de inconsistencia, lo interpela, lo llama al sujeto a responder”. A demás, la autora nos dice que “la responsabilidad subjetiva, en el corazón de la dimensión ética, surge de esa hiancia en lo simbólico que, en tanto campo de indeterminación, llama al sujeto a responder, produciéndolo. El sujeto (…) es un efecto de la palabra que lo divide. En las formaciones del inconciente se manifiesta esa división del sujeto, que el yo experimenta como punto de inconsistencia”. El enojo y la vergüenza nos hablan de que hay algo más por debajo del accionar del sujeto que no está en evidencia.
Justamente, es a partir de la vergüenza expresada del sujeto (sea hacia él o proyectada hacia otro), que podemos ver algo del deseo inconciente que lo llama y lo interpela al sujeto. Al proyectar la vergüenza en el otro, se lo responsabiliza al otro, y uno se desentiende de lo que concierne a su ser.
Lo que está puesto en juego aquí es un deseo que es vital para el y para cualquier sujeto: el deseo de su padre. Desea que su padre lo desee. Y desea que el deseo de su padre lo atraviese en todos los registros: imaginario, simbólico y real. Necesita de un padre que no solo esté presente en nivel de la fantasía, sino que esté presente también en la “realidad”.
Pero no solo eso desea el sujeto. Desea ser el objeto de deseo de su padre. Desea que el padre lo desee como hijo. No tolera ser un apéndice en un relato de los tantos que colecciona su padre. Desea ser uno protagónico. Desea tener un lugar protagónico en el deseo de su padre. Desea pasar a ser, por aluna vez en su vida, el personaje principal en su historia (en la de él mismo y en la de su padre).
El sujeto es llamado a responder a partir de un momento (tiempo 2) en el que el sujeto es interpelado. El sujeto es convocado a responder frente a su accionar (tiempo 1) retroactivamente, a partir de transitar por un momento de pregunta, de interrogante que pone al sujeto en jaque, movilizando las estructurar que tenía bien puestas y que lo sostenían. La interpelación, nos dice D´Amore, “es la puesta en marcha del circuito” (2006, p.152). El tiempo 3 es el de la responsabilidad subjetiva, tiempo en el que el sujeto responde.
Frente a la interpelación el sujeto puede responder de distintas formas: por un lado tenemos las respuestas que según este autor están del lado de la culpa (como el sentimiento de culpa, la proyección, la negación, la intelectualización, la vergüenza y las formaciones sintomáticas). Por otro lado, el sujeto puede responder desde la dimensión ética. De este lado, tenemos el surgimiento del efecto sujeto, el cual implica la noción de acto. Según este autor, dicho acto es ético porque a partir del mismo puede surgir el sujeto del inconciente. Este último se ve obligado a retornar sobre la acción, haciendo desaparecer el particular previo o, lo que es lo mismo, la moral impuesta. A partir de aquí, el sentimiento de culpa se diluye y deja paso al desear del sujeto.
Por eso, cuando aparece algo de la responsabilidad del sujeto, aparece con ella la culpa, ya que se es culpable del deseo. El punto es que, justamente, uno puede hacer o producir algo a partir de esta culpa o quedarse simplemente en el reproche que únicamente lleva al sujeto a la nada.

Decisión
El hijo decide armar la historia. Pasa a ser de “creado” a “creador” de historias; deja de ser un “fragmento” contado por otro.
Frente al llamado del padre (y frente ha llamado de su deseo), decide responder de una manera que era totalmente nueva para él: se deja llevar por la imaginación generando un movimiento subjetivo inédito en su persona. Decide contarle la historia de su muerte, pudiendo salir de las coordenadas que anteriormente lo sostenían: la separación entre realidad/fantasía. Al fin y al cabo, ¿Cuál es más importante?, ¿Cuál es mejor?
Pudo hacer este relato porque acepta finalmente a su padre y su manera que tiene de vivir las cosas, y también acepta encontrarse con su deseo de desear a su padre.
A partir de esta decisión, el sujeto queda fundado como un sujeto nuevo, sin haber calculado las consecuencias de su accionar. Cambió las coordenadas de su universo situacional mediante la producción de un acto, el cual implica una responsabilidad frente al mismo. Es algo que tuvo que hacer solo, sin ayuda de nadie, por fuera de lo moral. No solo que decide contarle la historia, sino que decide qué contar en la misma. Arma, produce, crea una nueva aventura fantástica. Implica una selección de hechos, personajes, situaciones. El decide lo que queda incluido en la historia y lo que no.
A partir de la palabra de su hijo, del acto simbólico de William, Edward muere. Pero también vive. “Un hombre que cuenta sus historias tantas veces, termina convirtiéndose él mismo en historia, y así se vuelve inmortal”. La palabra mata, pero da vida. El padre trasciende para siempre porque se convierte en historia hablada por el otro, aunque objetivamente no viva más. Claro ejemplo de que el acto ético no sólo implica consecuencias para el sujeto, sino también para los demás

Necesidad
Dentro de este orden, podemos ubicar a todas aquellas cosas que escapan al orden del sujeto. Tiene que ver con aquello que va a ocurrir indefectiblemente e independientemente de lo que haga el sujeto. Es decir que tienen que ver con aquellas cosas que son ajenas a la voluntad del ser humano.
En esta película ejemplo de este orden es la muerte de Edward. Es una circunstancia que va a ocurrir sin importar lo que nadie haga. Sin embargo, hay algo particular aquí. La muerte, según el profesor Fariña, es lo “inexorable”, “aquello frente a lo cual no hay palabras”. Justamente, en este caso, porque no hay palabras, no hay nada escrito sobre la muerte de nuestro personaje, es que e hijo puede armar una historia sobre ella. Es un agujero que ambos, padre e hijo, intentan llenar para poder elaborar algo de la muerte del padre (Edward se muere una vez que finaliza la historia) y par poder elaborar algo de la vida del padre (William puede, a partir de este relato, recorrer y aceptar la vida del padre tal cual el se la contó).
La muerte es un hecho que escapa al sujeto, ya que es parte de su destino. Pero ¿el destino se escribe o ya está escrito? Si no está escrito quiere decir que existe la posibilidad de escribirlo. Nadie puede hacer nada para impedir la muerte ¿O si? No podemos hacer nada contra la muerte, pero si para trascender a partir de ella. Solo que pare esto debemos aceptar la presencia y la “ayuda” simbólica de la palabra del otro.

Azar
Dentro de este orden podemos ubicar a los hechos que tiene que ver con la contingencia, lo fortuito, lo accidental. En nuestro caso, coinciden dos circunstancias: el padre se está muriendo y el hijo está a punto de ser padre. Mientras que el padre se muere, el hijo se esta convirtiendo en padre. William está a punto de ser padre y de perder un padre. Estos dos hechos se suceden casualmente al mismo tiempo. A partir de ellos, surge la necesidad de identificarse con la imagen de padre. Para eso, para ser padre, primero William debe resolver los puntos de conflictos que tiene con su padre.
Lo que se quiere puntuar acá es que esta coincidencia de hechos hizo posible que se abra la pregunta del sujeto sobre su padre, sobre qué es ser un padre. Como dice Mosca (2002) “la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre la necesidad y azar”. Es decir, hay un espacio que no obtura la pregunta del sujeto, al margen que los hechos se presenten dentro del orden de la necesidad y del azar. Lo importante es que esto no opaca el interrogante del sujeto.

Es por este interrogante que el hijo puede preguntarse algo acerca de su padre y a cerca de él mismo. Se abre para él un universo de posibilidades que no obturan, si no que expanden sus actos. Dan lugar a que él pueda conectarse con esa parte de su ser, de la cual el debe hacerse responsable y responder frente a ella, y a que el pueda elaborar y ligar aquellos cabos sueltos en su vida a través de la producción simbólica original en su vida.

BIBLIOGRAFÍA:

• -Michel, Fariña (1998): Lo universal – singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• -Lewcowicz, I (1998): Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• -Mosca, J. C. (1998): Responsabilidad, otro nombre el sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• -Salome, G. Z.: El sujeto dividido de la responsabilidad. En la Transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos, Letra Viva, 2006.
• -D´Amore, O: Responsabilidad y culpa. En la Transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos, Letra Viva, 2006.
• -Ariel, A.:La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página wb de la cátedra.



NOTAS

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