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EL OGRO Película de 1996, producida por Alemania, Francia e Inglaterra, bajo la dirección de Volver Schlondorff. Relata la historia de Abel, desde su niñez, hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Abel, era un niño Francés que en 1925, vivía en una escuela religiosa, donde era repudiado por sus compañeros y autoridades, debido a su condición de huérfano. Las autoridades de la escuela, lo usaban como chivo expiatorio de cualquier situación que no les resultara de su agrado, era a él, a quien castigaban. Solo tenía un amigo, que tenía ciertos beneficios por ser el hijo del encargado de la limpieza de la escuela, como su padre tenía las llaves de toda la escuela, durante las noches, bajaban las escaleras a un mundo desconocido para él. Mientras este amigo comía, Abel, le leía, luego este amigo se sentaba en el inodoro, y al terminar de defecar, le decía a Abel le limpie el trasero. Un día, harto de ser víctima, cuando iba camino al castigo que le iban a propinar por algo que había sucedido durante la misa, le pide en voz alta, al santo patrono de la escuela que lo ayude para que esa escuela se incendie y desaparezca. Pasa un rato, y a raíz de que unos compañeros juegan con bencina y un encendedor, su deseo se cumple, se produce un incendio, que lo salva a él del castigo, pero muere allí, su único amigo. A pesar de ello, nace en él, la convicción de que el destino era real y cruel, pero que a él lo protegería y lo guiaría, mientras que a los demás los llevaría cruda y salvajemente al vacío.
De adulto, él no hablaba con casi nadie, tenía un taller mecánico, tenía su casa y una amante, que fue la primera que lo llamó Ogro en su vida, porque decía que era un monstruo cuando tenían sexo, y que ella era una mujer delicada que no podía soportar eso, entonces Abel, le pedía perdón. Pero Abel, tenía mejor relación con los niños y con los animales, que con los mayores, le gustaba sacar fotos, todo iba bien, hasta que una niña, que se hace su amiga, luego de que él la había socorrido, al haber sido atropellada por un auto, lo acusa de haberla agredido sexualmente, esto sucede, cuando la niña sale del colegio, y le pide que él la lleve a su casa como si fuera su chofer, en el camino, él le había pedido a la niña que le lea, como él hacía con su amigo, la niña empieza a leer, pero se interrumpe diciendo que no le gusta esa lectura, luego la niña le pide que él, le preste la cámara, y él no accede, entonces la niña baja del auto, y al rato comienza a gritar, cuando Abel va a ver que sucede, la niña lo acusa a él de haberla agredido sexualmente. Abel es llevado a la justicia, pero, declaran nula la causa, a cambio de que fuera como soldado a luchar al frente de batalla, la guerra había comenzado.
Para Abel, en realidad, poder alejarse de Francia, le parecía una liberación, porque en su país, siempre sintió que no lo habían tratado de buena manera, entonces, no le pesaba ir al frente de batalla. Allí, es tomado prisionero por los nazis, que al principio lo usan para que les arregle los autos, y los atienda como un sirviente, pero al tiempo, descubren su afinidad con los niños, y que él les puede servir, lo podrían utilizar, para reclutar niños de la raza pura. El Ogro, hace desaparecer niños de sus hogares para ser entrenados como soldados del Furer, esto lo hacía con un caballo y acompañado por unos perros enormes que imponían terror, al principio lo hacía convenciendo a sus familias por las buenas, pero luego, las órdenes eran, que los tenía que conseguir de cualquier manera, estas apropiaciones obedecían a un plan sistemático, los trasladaban de manera forzada y los reubicaban en un ámbito que les resultaba ajeno, que era la escuela de entrenamiento nazi. A estos niños, luego de un tiempo de entrenamiento, los encandilaban con una especie de ceremonia de graduación con antorchas y les decían: “A partir de ahora, ustedes no pertenecen más a sus padres, su vida le pertenece al Furer”. Abel, en ese establecimiento, se sentía como en su casa, él ayudaba en las labores cotidianas, ayudaba a entrenar a los niños, y al final del día, les decía con voz de Ogro: -Buenas noches niños, y le respondían, buenas noches Abel, él se sentía querido y respetado por todos.
Hacia el final de la guerra, Abel se da cuenta que uno de los jerarcas nazis, se va del lugar llevándose comida y también a su caballo, cuando Abel le reclama por su caballo, el jerarca nazi le contesta: Nada es tuyo, solo eres mi prisionero, nada te pertenece, esto se lo dice delante de los niños. Abel, se entera, que los rusos van a bombardear el lugar, entonces, ya los jerarcas nazis no se encontraban allí, y él, que estaba a cargo de los niños, decide que deben retirarse, y volver con sus familias. Todos acatan, menos algunos, y uno le dice: “Nosotros no pertenecemos a nuestras familias, pertenecemos al Furer”, no eres más que un traidor, y entonces hacen el saludo nazi, y lo desobedecen y lo pisotean en su cabeza, le rompen sus anteojos, diciéndole, que él, no era quien para dar órdenes, que solo era un prisionero francés. El lugar es bombardeado.
Poco antes del bombardeo al lugar, Abel, había salvado a un niño judío que se estaba muriendo en la nieve al escapar de un campo de concentración, lo llevó escondido debajo de su capa, montado en su caballo, y lo introdujo de contrabando dentro del edificio donde él vivía, que pertenecía a la escuela de entrenamiento nazi, allí, lo esconde en el sótano. Cuando el niño se había recuperado un poco, Abel le pregunta por sus padres, y el niño le contesta que los habían matado en las cámaras de gas, que era huérfano. Y es ese niño, cuando lo ve mal herido a Abel, a raíz de que fue pisoteado, y maltratado, el que lo cura; pero un soldado alemán descubre a ese niño judío escondido allí, entonces Abel, lo ahorca con su brazo, delante del niño, que sufre ante tal horror. Entonces, el niño, lo insta a Abel a que no mire para atrás, y a que se vayan de ahí, el edificio ardía en llamas, pero ambos se salvan, gracias a que el niño, les dice a los soldados rusos, que no tiren, que quien lo estaba llevando sobre sus hombros, era un soldado francés, que había sido tomado prisionero por los nazis. Entonces los dejan pasar, y Abel recuerda una frase que había escuchado del párroco de la escuela: “quien logra salvar a un niño, será como haberse salvado a si mismo”. (Hasta aquí el argumento de la película).
Voy a ubicar el recorte de esta historia, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando Abel, que es el protagonista de la misma, salva a un niño judío huérfano de morir congelado en la nieve, se lo lleva en su caballo, escondido debajo de su enorme capa. Al llegar al edificio de la escuela de entrenamiento nazi, que era allí donde vivía, le preguntan antes de abrirle el enorme portón de hierro: - Quien anda ahí? -Soy yo, Abel. Es este el engaño que él usa, para poder ingresar con el niño bajo su capa, al establecimiento, allí lo esconde en el sótano, y de esa manera, puede ayudarlo a recuperarse. Aquí es donde yo ubicaría el Tiempo 1, del circuito de la responsabilidad. Es decir, que Abel, procede a efectuar una acción, con un fin determinado, suponiendo que su accionar se agota en los objetivos con los que fue concebida. Ha sido el Azar, la casualidad, que Abel lo haya encontrado al niño moribundo en su camino. Hoy lo llamaríamos, la Suerte, pero también hubo en Abel, la Necesidad de salvar a ese niño de la muerte segura que lo esperaba ahí, tirado en la nieve, hoy lo llamaríamos Destino. Azar, es estructural a la condición humana, es algo que altera el curso de los acontecimientos. No se puede responsabilizar a un sujeto por una acción donde hay azar y necesidad.
El Tiempo 2, del circuito de la responsabilidad, lo voy a ubicar en el momento en que un soldado nazi, que estaba haciendo guardia, mientras hace su recorrido, descubre que hay un niño judío en el edificio de entrenamiento nazi, esto lo reconoce, porque el niño llevaba puesta aún la vestimenta a rayas que usaba en el campo de concentración, y además porque su aspecto no se correspondía con los demás niños del lugar.
Es el afuera que viene a interrogarlo, la realidad le indica que algo no anda bien, esto sucede cuando el guardia alemán, le pregunta a Abel:
- Hay un niño judío escondido en nuestro castillo?
Tanto el Tiempo 1, como el Tiempo 2, son tiempos descriptivos, situacionales.
A partir de aquí voy a ubicar el Tiempo 3, cuando Abel, al verse interpelado, de manera disonante, lo que hace, como respuesta, es estrangularlo con su brazo, antes de que les diera muerte a ese niño y a él mismo. Es la vida del soldado por la de ellos. Surge aquí, el tema de Necesidad, hoy lo llamaríamos Destino, Abel, se encuentra ante la encrucijada de matar al soldado, o que el soldado los mate al niño y a él mismo. Abel, hasta ese momento, nunca había pensado en matar a nadie, pero, el sujeto, en este caso, Abel, acorralado frente a esta situación, debe dar una respuesta, respuesta que tiene que ver con su propio deseo de querer sobrevivir. En el momento del horror, algo de lo singular emerge, esta acción es un plus para ese sujeto. La responsabilidad subjetiva, tiene que ver con el sujeto del inconsciente, se dá a espaldas del yo, más allá de la intencionalidad yoica, se va a producir un viraje, que le va a ampliar el universo. Abel, hasta ese momento, había actuado como un neurótico, tratando de ser bien visto por los nazis, que lo utilizaron como un instrumento de su maquinaria, él lo que quería, era ser un funcionario ejemplar, su goce radicaba en ser parte de esa maquinaria, tener un lugar allí, por ello sentía que les debía obediencia y estaba dispuesto a hacer lo que le pidieran. Pero la responsabilidad subjetiva del inconsciente, es ética, hace actuar a un sujeto, acorde con su deseo, lo sepa o no, él mismo. La responsabilidad es un superávit del sujeto. Entonces, Abel, lo que intenta es reparar, hacerse cargo del deseo que lo habita, hacer algo con eso que tiene, y por eso se responsabiliza, es decir tiene que ver con una posición ética de él mismo. Ante esta circunstancia, algo cambia, y Abel elige, una elección, es siempre consciente, haber decidido salvar a ese niño de la muerte en la nieve, e introducirlo engañando a los guardias de la escuela de entrenamiento nazi, que era el lugar donde él vivía, para poder cuidarlo, fue su elección, pero haber matado al guardia, ante el descubrimiento que éste hace del niño que Abel tenía escondido en el sótano de la escuela de entrenamiento nazi, fue una decisión, que el sujeto produce, es algo de lo que él nada sabe, pero que cambia el curso de su vida. El acto, nunca es anticipado, es un efecto subjetivo del inconsciente, se produce, porque el sujeto se dispone a soportar su punto de inconsistencia, es poder pasar por la castración, por el no todo. El acto es una decisión a solas, que va más allá de los valores morales. “Un acto implica una decisión que tiene consecuencias para quien lo produce y también para los otros. Pero para los otros, mi acto constituye una acción…por eso nadie puede juzgar a otro por su acto, pero sí por sus acciones” . Con este acto, Abel, por primera vez en su vida, defiende algo que siente que desea defender, que era la preservación de la vida de ese niño huérfano, y junto con él, la de su propia vida. Hasta ese momento de su vida, siempre había acatado lo que las instituciones y los demás disponían, mirando resignado, sin decir palabra alguna, sin poder actuar de acuerdo a su deseo. Es decir, que al estrangular al soldado que descubre al niño que él había ocultado en el sótano, Abel, resignifica el Tiempo 1, donde tiene que mentir para poder ingresar con el niño dentro del edificio donde él vivía, respondiendo ante la pregunta del guardia, quién anda ahí? diciendo: Soy yo, Abel.
La responsabilidad subjetiva, la encontramos en el sujeto de la renuncia, al atreverse a introducir primero al niño judío dentro del edificio nazi, y luego haber acogotado al soldado que lo descubre, al hacer esto, Abel, “debe encontrarse a sí mismo, es el punto menos calculado de su existencia, por lo mismo, el más trascendente” . Es decir, “que el sujeto del acto, coincide con el de la responsabilidad subjetiva” . En el Tiempo 3, la responsabilidad subjetiva, responde a la interpelación. La culpa hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se debe responder, Es cuando van huyendo del lugar, cuando Abel carga al niño sobre sus hombros, e intenta mirar hacia atrás, viendo como las llamas consumían el edificio que había sido bombardeado por los rusos, Es allí donde surge el sentimiento de culpa, es esa la interpelación que se realiza el propio Abel, por los niños que había guiado hacia ese lugar, en esa mirada hacia atrás, de alguna manera, se está preguntando qué había hecho? Pero, es a partir de allí, que Abel se va a tener que enfrentar con una nueva existencia, es a partir de allí, que Abel quebrará su horizonte, al intentar escapar con ese niño, que él había salvado, hacia un lugar de desconocido, donde se va a tener que hacer responsable de sus actos. Es el niño que él salvó, el que lo insta a seguir hacia delante, una y otra vez, y le pide que no mire hacia atrás (esto era como volver a nacer). Es este niño, quien lo ayuda a traspasar la línea de fuego, diciendo en ruso, que no tiren, que quien lo estaba llevando sobre sus hombros, era un prisionero de guerra de origen francés.
La Hipótesis Clínica posible, respecto de qué debe responder el sujeto, en términos de la responsabilidad subjetiva, tiene que ver con una singularidad. Se va a ubicar entre el Tiempo 1 y el Tiempo 2. Es decir, la respuesta del sujeto del Universal-Singular, tiene que ver, por un lado, con el relato manifiesto de la historia, y por el otro lado, hay un segundo nivel, ambos tienen que ver con fantasmas que habitan al sujeto. Por un lado, con los fantasmas del pasado, en este caso, la infancia y la vida de Abel, con sus carencias, con el no saber que era tener una familia, con el maltrato recibido de los niños y los adultos, con sentirse merecedor de castigo, por todas las acciones inadecuadas de sus compañeros, a las que tenía asumido como propias, y lo que esto significaba para ese sujeto, esa era la singularidad de este personaje. La moral de lo Particular, sería ponernos a juzgar si está bien o mal la manera en que Abel procedió, pero no es esto para lo que estamos convocados, obviamente, que todo lo Universal-Singular, se sustenta en lo Particular, pero cuando lo particular no alcanza para explicar la singularidad, es allí donde surge, lo Universal-Singular.
Pero, por otro lado, el fantasma de Abel, en el sentido de su fantasía, nos hace encontrarnos con el deseo que lo habitaba, que era dejar de ser un Ogro, un monstruo, DEJAR DE DAR MIEDO A LOS DEMÁS, para PODER SER ÉL MISMO, ABEL. Nosotros como terapeutas lo que podríamos leer, como hipótesis clínica, en lugar de DEJAR DE DAR MIEDO A LOS DEMÁS, sería, dejar el lugar de TENER MIEDO a LOS DEMÁS, TENER MIEDO A VIVIR. Al salvar a otro niño, al salvar a ese niño judío, que él había encontrado muriéndose en la nieve, (era una manera de poder salvarse él mismo, poder salvar al niño que había sido durante su infancia, que había sido abandonado en el momento de nacer, y que fue encontrado en la calle) era una especie de reparación para el niño que habitaba en él, el niño de su propia existencia. Era poder sentir que alguien no le tenía miedo, que era importante para alguien, que alguien lo necesitaba, y se interesaba en él. Esto significaba para Abel, poder llegar a ser él mismo. Dejar de tener miedo a los demás, dejar de tener miedo a vivir, Salvar a un niño, pasa a ser un significante cargado de deseo, esto se manifiesta en Abel, a posteriori, al decir que si lleva a un niño sobre sus hombros, es como salvarse a sí mismo. Al responderle al guardia, en el momento en que ingresa con el niño escondido debajo de su capa, y decir, Soy yo, Abel, esto estaría resignificando, el deseo de poder ser él mismo, el que se salva, el que deja de tener miedo a los demás, el que va a tener que dejar de tener miedo a vivir, y enfrentarse con otra realidad desconocida hasta entonces.

BIBLIOGRAFÍA
Ariel, Alejandro: En Textos y Artículos “La responsabilidad ante el aborto”.
D´Amore, Oscar: “Responsabilidad subjetiva y culpa”, en Clínica y Deontología, de Gabriela Salomone y María Elena Domínguez. Ediciones Letra Viva, Buenos Aires, Argentina, 2008.
Fariña, Juan Jorge Michel: “The Truman Show”, resumen del 8 de Noviembre de 1999.
Mosca, Juan Carlos: “Una lectura de El Muro”. La elección del sujeto. En “Etica, un horizonte en quiebra”, de Fariña, Juan Jorge Michel. Buenos Aires, Argentina, 2008.



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