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El ombligo del sueño

por Michel Fariña, Juan Jorge

“La excitación toma un camino de reflujo. En lugar de propagarse hacia el extremo motor del aparato, lo hace hacia el extremo sensorial, y por último alcanza el sistema de las percepciones. Si a la dirección según la cual el proceso psíquico se continúa en la vigilia desde el inconsciente la llamamos progrediente, estamos autorizados a decir que el sueño tiene carácter regrediente".
Sigmund Freud, La interpretación de los sueños

"Si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado"
Jorge Manrique, Coplas por la muerte de su padre

Hoy les voy a hablar de una bella película. Una película sobre el duelo y sobre la deuda. Una película sobre un hombre que no puede dejar de soñar a la mujer que ha perdido para siempre, una película sobre un hijo que debe hacer algo impensado con el legado de su padre.

A pesar de que pocas veces se han visto en el cine escenarios tan espectaculares, se trata de una película intimista. A pesar de las toneladas de pochoclo que se consumen en la sala, está lejos de ser un mero entretenimiento. Es una película difícil, compleja, casi como el capítulo 7 de La interpretación de los sueños, de Sigmund Freud, obra a la que sin duda rinde homenaje. También por cierto a la Carta 52 y al Proyecto de una psicología para neurólogos, piedra angular del pensamiento en la que se anticipa la falta estructural del ser humano, su condición liminar.

Se trata de una película sobre lo evanescente, sobre aquello que se nos escapa. Una película que va hilando su trama con huellas mnémicas susceptibles de volatilizarse a cada instante. Una película que propone constantes operaciones de traducción, trascripción y transliteración de un texto inconsciente que se va dejando descifrar.

Una película que trata, en suma, sobre el gran descubrimiento freudiano, el inconsciente. Que aborda el dolor en su anudamiento con la sexualidad y que sugiere una verdadera arqueología conceptual, un intento de interpretación de lo originario opuesta a la de cualquier logoterapia.
Una película que nos recuerda con Macedonio Fernández, que no toda es vigilia la de los ojos abiertos, y que nos conduce por el laberinto de lo incognoscible, hacia el ombligo del sueño.

* * *

La línea argumental es relativamente conocida: una ficción en el que es posible internarse en los sueños de las personas. Cobb, protagonizado por Leonardo di Caprio, es un experimentado hacker de la mente, un escéptico buceador de sueños al inicio del film y, como veremos, un atisbo de analizante luego.

En la entrada situacional, ha sido contratado por una multinacional e intenta ingresar subrepticiamente en los sueños de Saito, el presidente de una corporación competidora, para obtener documentación confidencial. Pero la mente de Saito está entrenada para detectar este tipo de invasiones y sus mecanismos de defensa son poderosos: descubre al intruso y desbarata su plan.
(La analogía corporativa y empresarial no debe inquietarnos. Fue Freud quien escribió que para el emprendimiento del sueño se necesita un socio empresario que tenga la idea y un socio capitalista que aporte el dinero -el socio empresario será el resto diurno, el capitalista el deseo inconsciente. Por lo mismo, estarán presentes también en la trama los cuatro obreros: condensación, desplazamiento, figurabilidad y elaboración secundaria).

Los primeros cinco minutos de la película –los tiempos no son cronológicos sino oníricos– permiten advertir el enorme talento de Cobb, pero también su gran debilidad: tiene una historia sin resolver con su esposa, y ella se le aparece en los sueños, interfiriendo en su tarea, hasta el punto de conducirlo al fracaso.
Como tantos neuróticos, desalentado por un nuevo revés profesional y tomado por la angustia, está a punto de retirarse por un tiempo –y la película nos indica cuál es ese refugio para melancólicos: Buenos Aires.

Pero a punto de emprender el viaje es interceptado por el propio Saito, quien ahora le ofrece contratarlo para que trabaje a su servicio. Pero la tarea que le encomienda no consiste en extraer información, sino en implantarla. Cobb deberá lograr que Robert Fischer, heredero de una corporación monopólica, se avenga a dividir la empresa familiar para no ahogar el mercado. Para esto Cobb tendrá que internarse en sus sueños e inducirlo a confrontarse con el legado de su padre, quien lo espera con su testamento en el lecho de muerte.

Con este inicio espectacular, una suerte de híbrido entre Misión Imposible, Matrix y Sueños de Kurosawa, arranca la trama de Inception, de Christopher Nolan, quien ya antes nos había confrontado con la angustia insoportable de la vigilia en Insomnia y con las vicisitudes de los tiempos oníricos en Memento.
El esquema de Inception está basado en sucesivos niveles de profundidad en que la excitación se propaga desde el polo motor de la vigilia hacia el extremo sensorial, tomando el sueño un camino regrediente, con sus modos tópico, temporal y formal. Regresión que alcanzará imprevistamente un punto no calculado por los propios soñantes. Un núcleo real, un nuevo término en el que verdaderamente comienza el film que aquí nos interesa. Una Otra escena que el espectador podrá permitirse descubrir o, mejor aún, inventar.

Como se sabe, apenas minutos, incluso instantes del tiempo cronológico de la vigilia, alcanzan al sueño para horas de producción onírica. Esta introducción se detiene aquí. Pretende apenas aportar esos pocos minutos. Esa cuota inicial, ese tiempo mínimo que nos invite a emprender el viaje.

A la manera de un amuleto –como el pequeño trompo de Cobb, o como el hilo de Ariadne–, agregamos a continuación una breve hoja de ruta. Un esquema de los niveles de sueños, el cual puede ser consultado antes o después de abismarnos al film. En cualquier caso, para su recorrido hacemos nuestra la recomendación de Hobbes en su Leviatan, así citado por Freud:

Our dreams are the reverse of our waking imaginations, the motion when are awake beginning at one end, and when dream at another.


INCEPTION (Christopher Nolan, 2010)
-para una versión dinámica del mapa, ver el pdf adjunto.

Vigila (aunque no toda
es vigilia la de los ojos
abiertos) / Un viaje de negocios…

Primera inducción al sueño
(somnífero en el vaso)

Sueño: Nivel 1 Un taxi bajo la lluvia torrencial /
Mecanismos de defensa /
Herida de Saíto: el dolor es real /
Escapar del sueño… a otro sueño /
Dormir en una combi

Segunda inducción al sueño
(gotas en la capucha)


Sueño: Nivel 2
El Lobby de un hotel /
Charles: tu amigo americano /
“Estamos en un sueño”

Tercera inducción al sueño
(Fischer se somete al dormir)


Sueño: Nivel 3
Un bunker en la nieve /
La bóveda secreta /
Mal: a bad dream /
Muerte de Fischer (el limbo también duele)

Cuarta inducción al sueño
(Cobb y Ariadne se duermen)

Sueño: Nivel 4

El barrio de Cobb y Mal /
Una despedida /
(daremos lo no venido por pasado)

Cobb permanece dormido para rescatar a Saíto del limbo

Sueño: Nivel 5
(suplementario)

Fortaleza de Saíto en la playa /
El hilo de Ariadne /
An old man…

Suicidio de Saíto /
Retorno a la vigilia

A continuación, un interesante montaje cinematográfico de los distintos niveles del sueño. Arriba a la izquierda, el Nivel 1, a la derecha, el nivel 2, abajo a la izquierda el nivel 3, y finalmente abajo a la derecha el nivel 4. El nivel 5 es conjetural y no está representado en el cuadrante.



NOTAS

Película:El Origen

Titulo Original:Inception

Director: Christopher Nolan

Año: 2010

Pais: Estados Unidos

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