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Trabajo Práctico

Psicología, Ética y Derechos Humanos

Prof. Tit. Reg. J. J. Fariña

Cátedra I

Profesor: Alejandro Ollier

Ayudante: Flavia Navés

Comisión: 24

Alumnas:
Chalukian, María Sofía L.U.: 32.677.898/0
Ferreira, Yamila L.U.: 33.488.428/0

Fecha de entrega: 10/06/2010

CONSIGNA DE EVALUACIÓN
1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.
2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.
4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).
En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

En la presente monografía analizaremos la película “El abogado del diablo” a la luz de los conceptos estudiados y teniendo en cuenta el comentario que hace de dicho film M. Elena Dominguez.
Podemos ubicar el despliegue del circuito de la responsabilidad en relación al protagonista Kevin Lomax. Por razones de extensión del trabajo recortamos uno de los posibles circuitos. Situémonos en la escena en que Kevin debe hacer la siguiente elección: acompañar a su mujer que se encuentra muy comprometida psiquiátricamente y le ruega su compañía o seguir con el caso que le han asignado recientemente (un caso de triple homicidio). Kevin, elige la segunda opción. John Milton (jefe) le sugiere que deje el caso dada la gravedad del estado de su mujer, que todos lo entenderán, inclusive que él lo apoyará de cualquier manera. Al observar que el primero no cambia de decisión lo interroga asombrado acerca de si no se le ha cruzado por la mente en ningún momento abandonar el caso dado el delicado estado de salud mental de su mujer, a lo que el joven abogado responde “¿Sabes que me da miedo John? Dejo el caso, ella se pone mejor y yo la odio por eso…” Vemos como ya en sus palabras y sus razones conscientes se empiezan a visualizar sus motivaciones inconscientes, pero aun hay que esperar para que Kevin comprenda algo de este saber no sabido… porque recién estamos en el Tiempo 1 del circuito de la responsabilidad, tiempo en que el sujeto realiza una acción determinada, que supone, se agota en los fines para los que fue realizada. Y es así como Kevin toma aquella decisión argumentando que seguirá con el caso, ganará, y luego entonces se abocará completamente a su mujer. Ese era su plan…Pero ocurre un hecho no calculado por él (un efecto inesperado): su mujer se suicida en el neuropsiquiátrico (donde había sido internada un tiempo antes) ante un Kevin impotente que no logra salvarla ya que esta se ha encerrado en la habitación. Cuando Lomax logra entrar al cuarto, ya es tarde, y llorando desconsoladamente, le grita “¡No! ¿Por qué, Mary, por qué?” El tiempo 2 ya se ha puesto en marcha… lo “distónico” aparece como extraño al yo y va a tener que ser ligado… la interrogación hecha a Mary tendrá que formulársela el sujeto mismo.
Minutos después de este acontecimiento su madre le revela que Milton es su padre; a lo que Kevin comenta “El siempre ha estado ahí, observando, manipulándonos como en un juego” (aparece la culpa proyectiva- Ver Nota adicional al final del trabajo*-). Y sale en su búsqueda. Vemos a un Kevin muy distinto al del principio (que era omnipotente, totalmente pulcro, seguro y que parecía llevarse el mundo por delante), ahora, la cámara desde un plano aéreo nos lo muestra “pequeño”, manchado de sangre (de su esposa), vulnerable, caminando solo por las calles de una Nueva York a la que mira desconcertado ya que súbitamente se encuentra totalmente desolada (clara simbolización de este momento de caída de sentidos). De esta manera se va configurando el Tiempo 2. “Tiempo donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja, posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo” .Tiempo de la interpelación subjetiva (que pone en marcha el circuito -T2 es lógicamente anterior al T1). El suicidio de su mujer lo interpela, lo hace volver sobre la decisión tomada en el T1 y genera la culpa que ob-liga una respuesta ad hoc (liga los elementos disonantes-resignificación del T1-). Surge, de este modo, una respuesta particular (para volver al surco de lo moral) que obtura la emergencia subjetiva. Kevin produce dos vueltas interpretativas del T2. Aparece primero la culpa proyectada, con la que queda momentáneamente desresponsabilizado; por eso no será sencillo que la culpa pase al yo (autorreferencial) y así quede involucrado en lo sucedido. Pero veamos la escena en que se produce este giro: Milton (que es el diablo, ha escuchado lo que Kevin le ha dicho a su madre) le dice “he estado observando, escuchando. ¡Pero no soy un titiritero! Yo no hago que las cosas pasen…Yo sólo preparo el escenario. Cada uno tira sus propias cuerdas.” Sin embargo Kevin parece no escucharlo y lo increpa ¿qué le hiciste a M. Ann? (culpa proyectada). A lo que Milton responde “¿Me hechas la culpa a mí? Tú podrías haberla salvado. Ella solo quería amor. Estabas demasiado ocupado. ¡Deja de engañarte a ti mismo! ¡Te dije que cuidaras a tu esposa! ”. Pero Kevin sigue sosteniendo que este le tendió una trampa. En un momento Milton exclama que él le había sugerido que quizás era su momento de perder pero que a Kevin le había parecido que no. Ante este comentario el último reacciona gritando “¿Perder? ¡Yo no pierdo! ¡Yo gano! ¡Yo gano!...” (escuchemos la verdad que se produce en su decir y que compromete al sujeto). Seguidamente John le indica que eso es la vanidad, y que no es que no haya querido a su esposa sino que se amaba más a si mismo. A lo cual, Lomax cede y afirma “tienes razón, yo lo hice todo, la deje morir…la deje atrás y seguí caminado.” Se reprocha por su accionar, dando una respuesta culpógena con la que se responsabiliza moralmente (pero a la vez, tapona el acceso al deseo). Kevin se culpa pero no sabe porqué actuó de tal manera, el que esboza una interpretación es Milton (aludiendo a la vanidad). Pero completemos nosotros una hipótesis clínica que postule una posible explicación de aquello que emergió en el T2, des-ligado del universo particular del T1. Resaltamos que se trata de una “hipótesis”, ya que como explica Salomone, “sólo el sujeto puede ensayar alguna teoría de lo que se jugó de él en eso” . Podemos pensar que los propósitos inconscientes se abrieron paso a pesar de las intenciones conscientes. Kevin no deseaba la muerte de su mujer (es más supuestamente hacía todo para darle un mejor pasar), pero es responsable de las mociones de deseo egoístas, ambiciosas, vanidosas que lo llevaron a tomar decisiones que involucraron la vida de ella. Parece que el “¡yo gano!” (fantasma) determinó su accionar. De hecho ha ganado todos los casos que ha tenido, cueste lo que cueste. Además arriesgamos otra interpretación: Este ganar todos los casos y no perder ninguno parece indicar el esfuerzo de Kevin por evitar el encuentro con la falta (y el deseo). Aventuramos que Kevin sostiene a un “gran Otro” (por ejemplo, Milton), que le pide, le ordena, y así reduce su deseo a la demanda del Otro –estructura obsesiva- (desligándose al mismo tiempo de la responsabilidad en la vida). Lacan sostiene que el obsesivo encuentra en el otro a su amo y, como un esclavo, vive esperando su muerte, para entonces si comenzar a vivir (coartada para no comprometerse con su deseo). Esto coincide con el planteo que realiza Kevin al tener que elegir: decía que primero se ocuparía del caso, y luego al terminarlo, se dedicaría de lleno a su mujer. Ahora bien, creemos que en este caso se produce el Tiempo 3, de la responsabilidad subjetiva, que consiste en una toma de posición en relación a lo universal inscribiendo un acto que produce un Sujeto (sujeto de deseo inconsciente) que libera el sentimiento de culpa diluyéndolo. Este “efecto sujeto” surge en el momento en el cual el padre lo vuelve a poner en una situación de elección (seguirlo o no) y Kevin, no elige en el universo particular propuesto sino que produce una singularidad que descompleta a aquel universo, suplementándolo: se suicida, esa es la “decisión” que asume. Dicha respuesta constituye un acto de responsabilidad subjetiva ya que implica una relación ética del sujeto al deseo.
M. Elena Dominguez sostiene que Kevin “decide,” ejerce “libre albedrio”, cuando, a sabiendas de su vanidad, logra un saber-hacer-ahí con la contingencia y con la “vanidad de siempre”. Expresa que el joven abogado, suicidándose, se sustrae tanto de las reglas de la moral cristiana como de las tentaciones del diablo; “momento suplementario que permitirá un giro y una decisión” . Explica que Kevin toma esa decisión, porque frente a los ofrecimientos de Milton, el “se ve venir” (aclaramos: ve venir su vanidad, y hace algo con ella en aquella situación). La autora explica que antes de este giro Lomax se encuentra gobernado por una vanidad que no le permite dar respuestas si no en torno a esta (Por ej., al enterarse que determinados clientes suyos son culpables, no puede sino seguir defendiéndolos porque su vanidad es más fuerte que toda decisión ética en su profesión). “Reinado de la vanidad” donde el libre albedrio se transforma en una falsa decisión. Milton lo hace entrar en ese juego ya que “lo ve venir” (y aclaramos, en este tiempo Kevin es ciego de sus determinaciones inconscientes, mociones que Milton –perverso-, las utiliza para “manejarlo”, pero esto no desliga de responsabilidad al primero).
Pensamos que el suicidio parece ser en la película un símbolo de que algo del sujeto debe morir al realizar un cambio de posición subjetiva; y esto parece confirmado en la película dado que vemos que al suicidarse, Kevin retorna al principio del film (cuando está ante el dilema de defender o no a su cliente, un profesor que ha abusado de una alumna). Al principio, vimos que llevado por la vanidad (no perder el caso) elige defenderlo; ahora decide dejar el caso antes que defender a un abusador, aunque le cueste su licencia, y más aun su vanidad. Ubicamos allí la renuncia narcisista y una decisión ética (acto de responsabilidad subjetiva). Es más, a continuación un reportero le pide hacer una entrevista, él primero rechaza el ofrecimiento, pero luego cede cuando este le dice “un abogado con carga de conciencia…eres tu…tu eres la estrella”. Se percibe entonces la indestructibilidad del deseo inconsciente; pero recalquemos que se trata ahora de una relación mas ética del sujeto al deseo (si, la vanidad esta en juego pero no perjudica a nadie como antes, sino que enlazándola a un hecho ético -no defender a un abusador- le sirve para salir en los diarios).
Nos interesa ahora distinguir qué tipo de responsabilidad se pone en juego en dos hechos relevantes del film a los cuales ya hemos aludido (la muerte de M. Ann y la decisión de dejar de defender a un cliente abusador). Antes recordemos que la responsabilidad jurídica se plantea en función de la noción de sujeto autónomo y se restringe al terreno de la conciencia y de la intencionalidad consciente. El sujeto es imputable (culpabilidad). En cambio, la responsabilidad subjetiva interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción de sujeto del inconsciente; confrontando al sujeto con aquello que perteneciéndole le es ajeno. El sujeto es imputable, no en términos morales o jurídicos sino éticos. Sostenemos que en relación a la muerte de M. Ann si bien allí no podemos adjudicar una responsabilidad jurídica a Kevin, si, una subjetiva. Es evidente que Kevin no mató a su mujer, que ella se suicidó. También es indudable que Kevin tenía las mejores intenciones conscientes para con su mujer, que “la amaba” y quería lo mejor para ella. Asimismo observamos que no es consciente (en el momento de elegir seguir el caso en lugar de cuidarla) del daño que puede ocasionar esa actitud y las consecuencias que puede tener (de hecho piensa que luego del caso, se dedicará de lleno a ella). Pero, al mismo tiempo no podemos dejar de percibir que no escuchó los ruegos de que la acompañara (de que se sentía muy sola en esa gran ciudad a la que se habían mudado recientemente y de que las compañías de ese nuevo mundo le estaban haciendo mucho mal); inclusive no pudo ver como a medida que se sucedían los días ella empeoraba. Como ya hemos explicado, existe una intencionalidad que excede las fronteras de la consciencia, de la que el sujeto es responsable, aún cuando sea desconocida por él (Lomax, inconscientemente opta por su vanidad en lugar de su mujer). El otro hecho que queríamos analizar es el de la decisión de abandonar el caso del profesor abusador de menores (al final del film), aquí si podemos imputarle a Kevin una responsabilidad jurídica puesto que un abogado en su oficio no puede dejar a su cliente una vez que ya ha tomado el caso (a menos de que su cliente encuentre o le asignen otra defensa previamente), y Kevin en medio del juicio decide con el pleno uso de sus facultades mentales, consciente y voluntariamente, dejar de defender al acusado. Es por esto que el juez le dice: “esto es un ultraje ¿comprende las consecuencias de su acto?” (posiblemente le quitaran la licencia). A lo que el joven abogado responde que si, y le dice a su mujer que cree estar haciendo lo correcto. Podemos decir entonces que Kevin se confronta con la responsabilidad jurídica desde una posición ética (responsabilidad subjetiva).
Ahora bien, ya analizamos la responsabilidad, ahora rastreemos los elementos de azar y necesidad que se hacen presentes en la situación. Recordemos la escena en que Kevin debe elegir entre cuidar a su mujer o seguir con el caso que le ha sido asignado. Pensemos que es del orden del azar que justo en aquel momento haya aparecido un cliente presentando un caso (pudo no haber ocurrido) y es del orden de la necesidad que en las horas que trabajaba para el caso (que eran muchas, por cierto) no pudiera estar junto a su mujer, dado que no se puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Luego rememoremos la escena en que M. Ann se suicida, resulta azaroso que en el momento en que se hiere, en el neuropsiquiátrico no hubiera cerca un doctor que la pudiera auxiliar rápidamente; así como es necesario que si una persona se clava un pedazo de espejo filoso en el cuello se cause una herida (siendo muy probable que sea mortal). Por último, tomando la escena en que Kevin decide pegarse un tiro, diremos que es del orden del azar que en ese momento contara con un arma (se la había quitado un tiempo antes a su cliente), mientras que es del orden de lo necesario el hecho de que se lastime de gravedad si se pega un tiro en la sien.
A continuación compararemos conceptualmente el caso aquí presentado con el de “Ibbieta”. Distinguiremos primero las semejanzas y luego las diferencias. Con respecto a las semejanzas, en ambos casos se presenta el “circuito de la responsabilidad”, responsabilidad que interpela al sujeto quien debe o puede “responder” por su acto. En ambos casos, el protagonista debe tomar una decisión: Ibbieta debe elegir entre delatar el paradero de su amigo Gris (y seguir con vida) o la muerte, en tanto Kevin, entre seguir con un caso judicial o dedicarle más tiempo a su mujer que se encuentra en ese momento mal de salud. Asimismo ambos personajes realizan una elección, pensando que se basan sólo en intenciones conscientes y previendo determinadas consecuencias: Ibbieta, afirma que la vida ya no le interesa y que sólo quiere burlarse de los falangistas y Kevin expresa que trabaja tanto para darle un mejor pasar económico a su mujer. Pero se producen en ambos casos, efectos inesperados: matan a Gris y la mujer de Kevin se enloquece y se suicida. Se juegan en los dos, cuestiones del orden del azar: coincidencia en el tiempo entre la burla de Ibbieta a los falangistas y la pelea de Gris con su primo- que lo llevó a cambiar de escondite- (“el azar quiso que con su elección de una confesión mentirosa terminara, sin saberlo, diciendo la verdad” ); y en el caso de Lomax, pudo no haber ocurrido (azaroso) que en ese momento le asignaran un caso muy difícil y que le insumiera mucho tiempo. Frente a los sucesos imprevistos, ambos personajes se sorprenden, hay una caída de sentidos y se ven interpelados subjetivamente. Además hemos propuesto (hipótesis clínicas) que ambos sujetos actúan determinados por un deseo inconsciente que ignoran: Ibbieta, vivir un poco más; Kevin, guiado por su vanidad. Vimos que no se les puede asignar una responsabilidad jurídica, pero sí, una subjetiva. Como sostiene Freud, es inalienable la responsabilidad de los sujetos, en relación a aquel propósito inconsciente que, ajenamente a la voluntad del yo, propició la acción. Además, los dos sujetos actuaron alienados en el campo de un Otro: Ibbieta, queriendo burlarse de los falangistas, aceptó su juego (y el chiste le salió mal), y Kevin actuó alienado al campo del Otro Milton –perverso-, que lo hizo entrar en el juego (Ilusión narcisista) que ya hemos explicado. (Sin embargo, en el T.3, hemos observado cómo la decisión de quitarse la vida de Lomax resulta una burla que hiere al Otro en su consistencia (ya que constituye un gesto de suplementación respecto a la mera elección que Milton le propone). Finalmente, en relación a las semejanzas, Ibbieta es responsable por haber hablado (y dicho “un lugar” que si bien era impensado para él, no era imposible), de haber deseado vivir, de querer engañar al Otro aceptando al mismo tiempo sus reglas (su goce); al igual que Kevin es responsable de su vanidad, de haber seguido con el caso y entrado en el juego perverso de Milton.
Pero existen diferencias en relación a estos casos. Observemos que si bien en un primer tiempo los dos tienen que elegir, el campo de elección de Ibbieta es mucho más restringido: el debe elegir entre morir o delatar a su amigo (“la bolsa o la vida”-entonces en esta situación el hecho de tener que elegir entre las opciones propuestas entra en el orden de la necesidad); en cambio Kevin no se juega la vida en su elección, inclusive Milton –jefe- le dice que puede dejar el caso, (aunque, vale aclarar, que como se explicó oportunamente, este ofrecimiento es parte del juego del último). Otra diferencia, es que en el caso de Kevin, se hace presente en un momento la culpa proyectiva, en cambio en Ibbieta no, surge directamente la autorreferencial (T.2). Por otra parte, en el T.3, de responsabilidad subjetiva, si bien podemos decir que en los dos casos se da un “reconocimiento” de esta responsabilidad, las posibilidades de “reparación” de Ibbieta son muy acotadas dado que se haya prisionero y su amigo, muerto; en cambio dado el planteo “surrealista” o simbólico (depende como se lo interprete) de la película, Kevin, luego del reconocimiento (que va acompañado del acto de matarse) vuelve a un tiempo anterior donde repara, desde una nueva posición subjetiva.

Notas adicionales:
*Kevin dice que ahora sabe que el padre los estuvo manipulando todo el tiempo. Podríamos pensar que esta expresión del protagonista además de que se trate de la “culpa proyectiva”, hace alusión a ese “secreto familiar”, que le acaba de revelar su madre: su padre está vivo y es John Milton. Vemos en esto lo familiar y lo secreto, dos sentidos antitéticos que convergen en lo siniestro, como explica Ulloa . Y en aquello que Lomax hace notar, “ha estado manipulándonos” (desde las “sombras”, agregamos), podríamos ver aquello que el autor mencionado expone acerca de estos secretos: “el sujeto suele sufrir sin saberlo, las consecuencias de la malignidad infiltrante de lo que le es ocultado”.

Bibliografía
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- Salomone, G. Z.: El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
- Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
- Ulloa, F.: La ética del analista ante lo siniestro. En Territorios, número 2. MSSM. Buenos Aires, 1986.



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