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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

PSICOLOGÍA, ETICA Y DERECHOS HUMANOS
Cátedra I

SEGUNDO PARCIAL

Película: El abogado del diablo

Comisión: Nº 14

Profesor Titular: Juan Jorge Fariña
Ayudante de Trabajos Prácticos: Marcela Brunetti
Co. Ayudante de Trabajos Prácticos: Florencia Levato

Nelia Soledad Poli

PRIMER CUATRIMESTRE
2010

Relato de la película
El film El abogado del diablo se centra en la historia de Kevin Lomax (Keanu Reeves), un abogado exitoso de un pueblo chico que lleva en su haber sesenta y cuatro juicios ganados ininterrumpidamente. Un record asombroso para un abogado defensor. Durante el juicio se da cuenta que su defendido es culpable del cargo al cual lo acusan. Aquí se plantea una disyuntiva en este abogado, una de tantas que surgirán en el transcurso de la película; defender a un culpable de abuso sexual e indefectiblemente instaurar su primera derrota, o hacer caso omiso de su culpabilidad y proseguir con el juicio. Sus ansias por ganar hacen que defienda y logre conseguir la exoneración de un profesor culpable de acoso sexual. Al festejar el exitoso desenlace del juicio, se encuentra con la propuesta de un importante bufete en Nueva York, liderada por John Milton (Al Pacino), para desempeñar su trabajo allí. Intenta ir a probar suerte, junto a su adorada esposa Mary Ann (Charlize Theron), para llevar a cabo una nueva vida donde la idea de ser padres resuena con intensidad. Pero las cosas no resultan como imagina Kevin, el lujo y el tiempo que demanda su nuevo empleo, lo alejan rápidamente de su esposa. Y como si fuera poco, agrava la situación hechos sobrenaturales que afectan la salud mental de su mujer.
Al transcurrir el segundo caso al que este abogado esta asignado, se le plantea una nueva decisión. A raíz del estado de su mujer, que al enterarse de su imposibilidad de procrear, desmejora consideradamente; su jefe le plantea la opción de retirarse del caso (triple asesinato) para que pueda dedicarle tiempo a su adorada esposa. Pero este abogado no se rinde tan fácilmente y decide continuar, pese a la posibilidad de perder a su mujer.
Promediando el final, este abogado gana el caso de triple asesinato aun sospechando que su cliente es culpable. La situación de su esposa es insostenible. Paralelamente, un colega de la firma de abogados (Eddie Barzoon) es asesinado en el Central Park, dejando entrever los sospechosos asuntos que este bufete atiende. Poco a poco este personaje desentraña la situación que lo rodea, en el funeral del mismo. Confirma que su cliente es culpable, que su jefe oculta algo verdaderamente siniestro y que su mujer lo necesita. En el transcurso, se encuentra Mitch Weaver que trabaja en el departamento de justicia y que participa de una investigación a la firma de abogadas de la que Kevin forma parte. Este impactante encuentro que culmina con la muerte de Weaver, deja a Lomax en jaque al saber que a su cliente, el profesor de escuela acusado de abuso sexual, lo encontraron con el cadáver de una niña. De aquí en más, comienza el derrotero final. Su esposa se suicida, su madre le confiesa que su querido jefe es su padre, y su padre le declara que es el mismísimo diablo. Este último le comunica a su hijo que es parte de un plan, que junto con su hermana (una colega de la firma por la cual Kevin se siente permanentemente atraído) serán los soberanos de las tinieblas. Una nueva decisión acomete al personaje, pero esta vez rechaza lo planteado por su padre de la única forma posible, suicidándose. Kevin recibe una segunda oportunidad, al volver segundos antes de que finalice el juicio del profesor Gettys. Cambia de perspectiva, ya no opta por seguir adelante con el juicio sino por abandonarlo y perder una vez; aunque acepta ser entrevistado, obteniendo fama por lo sucedido. Resuena “vanidad, sin duda mi pecado preferido”.

Responsabilidad: “Libre albedrío”
El siguiente análisis esta centrado en el personaje de Kevin Lomax, al igual que el comentario de María Elena Domínguez. La autora plantea la temática del libre albedrío, la responsabilidad, la singularidad de un sujeto en acto. En el comentario dice “Acto donde algo del Lomax anterior debe morir para atravesar un umbral”, refiriéndose a momentos últimos de la película, donde el protagonista debe decidir si aceptar el mandato del Otro, encarnado por su padre y su disposición de que su hijo siga el linaje del príncipe de las tinieblas, o rehusarse a la posibilidad de ganar (de ganarlo “todo”). Pero el deseo del Otro como demanda ante la cual el sujeto se somete, no concuerda con la posición de este personaje. El acto de morir en él es vida, es perder por primera vez en función de hacer lo correcto. En términos psicoanalíticos, “hay un saber hacer ahí”, una decisión en el cual solo él esta implicado. “Algo del anterior Lomax debe morir…”, su vanidad, su determinación por ganar cueste lo que cueste.
Se puede inferir los tres tiempos lógicos que organizan el circuito de la responsabilidad, en función a Kevin Lomax, de la siguiente manera.
El primer tiempo de la responsabilidad se denomina a la acción o acciones que lleva el sujeto con determinados fines. En el film se localiza esta acción en la primera escena, donde en el transcurso del juicio el acusado muestra excitación (ya que coloca su mano por debajo del escritorio y comienza a moverla en forma circular) al presenciar el relato de la testigo. Cuando el juez convoca al abogado a interrogar a la misma, Kevin parece absorto y opta por pedir un receso de 15 minutos. Comienza una discusión entre el profesional y su cliente. “La esposa, la niña, la indignación. Me lo había tragado todo”, acomete Lomax mientras se dirige al baño; en el mismo se encuentra con un periodista que intenta molestarlo al decirle “Nobody wins all (Nadie gana todo)”. Es interesante observar que el abogado, solo se lava las manos en el baño y se remoja la cara, cuanta carga otorga esta literalidad en la acción que esta por venir. Al volver del receso, cambia de posición a la victima al convertirla en victimario, hace notar que la joven poseía problemas disciplinarios y que la acusación era producto de su mentira. No conforme con esto, logra hacer llorar a la joven y sin demostrar índices de culpa aparente decide ir a festejar a un bar cercano.
El segundo tiempo de la responsabilidad se denomina por ser el tiempo de la interpelación, donde hay una disonancia entre el primer tiempo y el segundo. El universo particular se quiebra al provocar una pregunta que posee relación con la posición del sujeto que daría lugar al acto. Se produce una resignificación del tiempo 1, que invita al sujeto a un estado de perplejidad.
En el film se comienza a visualizar el segundo tiempo tras la siguiente secuencia. Kevin se ve obligado a internar a Mary Ann en un hospital psiquiátrico, al acompañar a la misma hasta su habitación, su esposa le dice “Ganar esos casos, aceptar ese dinero. Sabíamos que eran culpables. Pero tú seguías ganando cada vez. Y yo no me puedo mirar al espejo, veo un monstruo”. La escena que continúa es la del funeral de su colega Eddie Barzoon, Kevin parece desconcertado por las palabras de Mary Ann y por el mundo de frivolidades en el cual esta inserto. La ceremonia comienza y Kevin focaliza la mirada en su ex cliente Alexander Culler que toma asiento con su hijastra, el mismo apoya su mano sobre el banco mientras disimuladamente acaricia a su hijastra por la espalda. En este momento, ve a alguien conocido, Culler se transforma en Gettys (el profesor de escuela acusado de abuso sexual), Lomax se encuentra asombrado por la similitud e incomodo por la situación. Huye despavorido de la iglesia tratando de ordenar su mente, pero no lo logra. Se encuentra con Mitch Weaver del departamento de justicia, amigo del difunto. Este enumera la lista de ilegalidades que comete la firma y de cómo Barzoon testificaría. Kevin se niega solo quiere ir con su esposa, pero Weaver le comunica que hablo con viejos amigos de Florida (su ciudad natal) y que hallaron al profesor con un cadáver de una niña de 10 años en su auto. Y aquí se localiza el segundo tiempo de la responsabilidad, donde resignifica el primer tiempo al liberar y omitir deliberadamente dejar el caso del profesor Gettys.
Entre el segundo y el tercer tiempo, se encuentran dos elementos: la necesidad y el azar. La necesidad establece una conexión entre causa y efecto proveniente del campo de la física o la naturaleza, mientras que azar implica incertidumbre, algo que no se puede predecir; se lo ha llamado destino a lo primero y suerte a lo segundo. En la película se puede observar la necesidad o determinación al hecho de que Kevin sea el hijo del diablo, en la escena en el que él esta en el hospital con su madre y esta decide comunicarle que Milton es su padre. Y el azar se localizaría en la escena en que el protagonista es interceptado por Weaver y produce el tiempo 2.
En el tercer tiempo de la responsabilidad se encuentra la responsabilidad subjetiva, donde el sujeto toma una nueva posición, adviene un acto donde el sujeto esta barrado, sin que este responda a un Otro por mera obediencia. Es el acto ético propiamente dicho, que responde al principio de placer. En el film se encuentra este tiempo, cuando el diablo comienza a tentar a su hijo para que domine el mundo con su media hermana; pero antes, Kevin debe procrear. Pareciera cumplir con el mandato paterno, resuena una frase que dice su padre “Es hora de que avances y agarres lo que es tuyo”. Su hijo lo mira y le dice que tiene razón, lo mira serio y determinado, dice “es tiempo” y sonríe. “Libre albedrío, ¿verdad?”, se vuelve a sonreír y se pega un tiro certero en la sien. Regresa a la escena del juicio contra Gettys, esta vez posee una segunda oportunidad, con un “saber hacer” en relación a la vanidad.
Por medio de la culpa hay una desresponsabilización del sujeto, la culpa obliga a responder pero desde la perspectiva moral. Se localiza entre el segundo y el tercer tiempo. Kevin siente culpa por lo que le sucede a su esposa Mary Ann, presiente que ha sido su cómplice todo este tiempo. En el hospital le transmite que ella calló la culpabilidad de sus clientes y que por culpa del dinero debía travesar por esa situación. Al reunirse con su padre, Lomax lo culpa por destruir a su esposa. Pero su padre le dice “¿Tú me culpas a mí por Mary Ann? Espero que estés bromeando. Tu podías haberla salvado en cualquier momento. Ella solo quería amor, pero estabas muy ocupado”. Kevin se rehúsa a aceptar lo que le propone su padre, pero este arremete: “¡Te dije que cuidaras a tu esposa! ¿Qué te dije? El mundo va a entender. ¿No te dije eso? ¿Y que hiciste tu? (cita lo dicho por su hijo) Sabes a lo que tengo le tengo miedo John, dejo el caso, ella se pone mejor y yo la odio por eso”. Pero Kevin sigue sin aceptar su responsabilidad, diciendo que su padre le tendió una trampa, una manipulación, una prueba. Finalmente acepta su culpa, pero su padre le dice “la culpabilidad es como un saco de ladrillos, lo que debes hacer es dejarla en el piso”.

Hipótesis clínica
“El amor por ti, una droga completamente natural. No es que no hayas querido a Mary Ann, es que estabas mas involucrado en tu relación con otra persona, contigo mismo” le dice John Milton a su hijo. Se podría inferir que la estructura narcisista de Kevin Lomax, no permitía romper con su mandato de ser siempre un ganador. Si la elección constituye al sujeto, a este “ganador”, hay una identificación con su síntoma. “El síntoma es el sostén de la existencia de cada uno, es la opción de goce de cada uno y el modo en que cada uno sostiene su existencia.”
Asimismo Kevin, debe imponerse al mandato paterno que promete mantener su deseo de “ganar siempre”, tarea nada fácil para un hombre que creció sin imagen paterna y con una familia fragmentada. Ese padre que nunca conoció ni sintió nombrar ya que su madre (fálica) lo ocultó celosamente, le exige una determinación, lo interpela. El proyecta su culpa en Milton, para no aceptar la falta. Pero cuando logra hacerlo, un nuevo universo se despliega emergiendo un sujeto responsable subjetivamente, que convoca un “saber hacer” con su vanidad.

Comparación entre Kevin e Ibbieta
Tanto Ibbieta como Kevin deben responder a la exigencia del Otro (ya sea para los falangistas o para su padre). En Ibbieta hay un deseo de vivir, mientras que en Kevin hay un deseo de ganar. Ambos no querían perder, mientras que uno no quería perder la vida, el otro no quería perder sus casos. En cuanto a los tiempos lógicos del circuito de responsabilidad, ambos intentan hacer una “jugarreta”. Ibbieta al engañar a los falangistas y Lomax al engañar a un jurado. Asimismo deben lidiar con sus respectivas consecuencias en el segundo tiempo, con la interpelación subjetiva. Se resignifica el primer tiempo, al aparecer la perplejidad ante el atino de decir que se encontraba en el cementerio y ante proseguir representando un verdadero culpable de acoso sexual. En los dos casos, el tercer tiempo los encuentra con risa y llanto, y con el acto ético que proporciona un cambio en la posición subjetiva. En Ibbieta hay responsabilidad subjetiva por haber querido vivir un poco más, mientras que para Kevin por haber querido ganar siempre.
Bibliografía

Fariña, J. (1992). Ética profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el status de la responsabilidad sobre los actos.

Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Alemán, J. (2003): Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo. En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.

Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.

Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.

Comentario de la película de María Elena Domínguez

Aunque lo vean venir ¡Libre albedrío! Un saber-hacer-ahí con la vanidad

Kevin Lomax ya lleva en su haber sesenta y cuatro juicios seguidos ganados. Todo un record, su record. El dilema está ahí frente a sus ojos y él debe decidir entre defender a un culpable de abusar de una menor y así perder su invicto o –estrategia mediante-, a costa de no saberse engañado, ganar. Kevin opta por no ver. ¡Libre Albedrío!

“Uno sólo es responsable en la medida de su saber-hacer (savoir-faire)” (3)
JACQUES LACAN (1)

“Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran”
MATEO 5:1-7:29 (2)

Un relato de un abuso. Un profesor es acusado de corrupción de menores. Y allí, en pleno juicio, mientras Bárbara describe el incidente, el Señor Gettys no puede sino recrearlo ante la vista del jurado, o mejor dicho, ante la mirada atenta de su abogado.
Su turno, su testigo, su mirada y un receso de quince minutos le posibilitarán trocar el curso del litigio y de su vida también. Y es que Kevin Lomax –quien goza y usufructúa de esa mirada- ya lleva en su haber sesenta y cuatro juicios seguidos ganados. Todo un record, su record.
Una visión y su anillo de bodas. El dilema está ahí frente a sus ojos y él debe decidir entre defender a un culpable de abusar de una menor y así perder su invicto o –estrategia mediante-, a costa de no saberse engañado, ganar. Kevin opta por no ver. ¡Libre Albedrío!
Otra oportunidad para el cambio. Un pedido llega de Nueva York, la nueva Babilonia del Apocalipsis Bíblico. El bufete Milton Chadwick Waters lo requiere para escoger un jurado. Es que él sabe mirar, y es por eso que ha sido observado atentamente y escogido especialmente por John Milton.
Una nueva vida. Una nueva ciudad y un nuevo departamento para una pareja de jóvenes enamorados. Un proyecto en puerta: la paternidad. Pero, para ello, algo debe ser dejado de lado: la vanidad, la misma vanidad de siempre. Y es que ahora el joven abogado, exitoso y galán –recién llegado de la Florida- pretende devorarse de un bocado la Gran Manzana aún a costa de abandonar la mirada de su mujer.
He allí el universo de discurso en el que Lomax se halla inmerso. He allí su saber-hacer savoir faire con ese universo particular, con el manejo adecuado de la técnica judicial. He allí al invencible abogado de Gainesville que se ufana de ganar todos los juicios a sabiendas de la culpabilidad de sus clientes. Sesenta y cuatro victorias y allí a él se lo ve venir, ese es su rasgo y así lo despliega en el Caso Moyez. En sólo treinta y ocho minutos de deliberación del jurado logra su cometido. Ese es su jurado y ella, Mary Ann, aún lo mira desde la primera fila. Reino de la egosintonía. Reinado de la vanidad, su vanidad.
Pero la egosdistonía quiebra el horizonte brillante y eterno de Lomax y el dilema con el que se inicia el film vuelve a presentársele. Una nueva oportunidad se avecina, ahora ante el caso Nº 67. Abandonar a su mujer y su mirada o someterse a la mirada de Milton quien lo define ante el futuro cliente en los siguientes términos: “es un ganador, Alex, se parece a ti y no lo van a ver venir”. Elementos disonantes aparecen una y otra vez, y en el medio, un hijo huérfano de padre que ha hallado un protector a su medida. Alguien que ha posado sus ojos en él, más allá de su enamorada esposa. Un padre que le muestra el poder, el placer y los favores de otras mujeres a la vuelta de la esquina, pero que no por ello deja de interpelarlo. Y es que ese es su juego: la decisión de Kevin y hacia allí lo conduce. ¡Libre albedrío!
Sin embargo, el dilema le es planteado por Milton en términos de elección (4): dejar el caso, un importante caso de triple asesinato y al jurado, su jurado –donde todos lo verán venir- o, sacarlo del mismo, eximirlo de tal empresa y relegarlo al lugar de asesor, para que así pueda cuidar a su mujer. Y en esto de ponderar elementos dispersos y perspectivas encontradas para arribar a una elección, a Kevin se lo ve venir y Milton lo ve venir.
Nuevamente la oportunidad es rechazada. Milton, un nuevo Tiresias, le enuncia como un oráculo que todos lo dispensarán de sus deberes de abogado, que él mismo lo hará porque todos saben que él ama a esa mujer, su mujer. Y le recuerda: “la presión, olfatéala...yo te apoyo en esto”. Pero Kevin, como Creonte, invierte los órdenes y… llega tarde. Y es que vuelve a ponderar vía ideales, y el libre albedrío se transforma en una falsa decisión: “sabes a qué le tengo miedo: si dejo el caso y ella se pone mejor la odiaré por eso. No quiero ser un resentido. Puedo ganar este caso, quiero meterme de lleno en este caso. Terminarlo y ya. Entonces, entonces le dedicaré toda mi energía a ella”.
Un abogado del Diablo lo interpela. Un importante representante de su Iglesia que, juicio mediante, –el juicio a Kevin-, se abocará por todos los medios a demostrar que no hay razones para hacerlo santo. Es decir, hará ver que sus supuestos milagros, sus triunfos, son pura ilusión. Tarea difícil si la hay porque ambos son de la misma Iglesia y ambos saben-hacer con cada tramo de la letra del código y la de la Biblia también.
La culpa aparece. Kevin, a sabiendas de la culpabilidad de su nuevo cliente Alex Cullen, gana otra vez, pero quizás “era el tiempo de perder”, sólo que él no sabía, ni se veía venir que perdería con ese triunfo. De inmediato le informan de la gravedad de su mujer y corre presuroso hacia ella, es que Mary Ann ya no lo mira desde la primera fila, ahora ese lugar lo ocupa Milton.
Tiempo de comprender.
Un colega del bufete es asesinado y comienza a contabilizar -vía alucinaciones- los elementos disonantes que, hace rato, recorren la escena. Una ojeada basta en el funeral de Eddie Barzoon, para ubicar allí en el deseo incestuoso de un padre por su hija. El dilema que dirige la cuenta. Su último cliente Cullen y su hijastra se confunden en una mirada con su antiguo defendido de Gainesville, el Sr. Gettys, y una menor por él deseada, por él abusada.
Kevin sale de la Iglesia para hallar la mirada de Mary Ann, pero su mirada se ha extraviado. Desorientado por las calles de Nueva York ya puede olfatear la presión, pero ésta aún no es suficiente. Kevin es interceptado en la calle e interpelado una y otra vez por Mitch Weaver, un amigo de Eddie, por su actuación en su último juicio en Gainesville. Y es que alguien más lo ha observado.

Al espectador que a esta hora ya lo ve venir, no podrán dejar de resonarle las dos interrogaciones claves que reciben a Kevin al ingresar al bufete y que cobran, ahora, especial relevancia ya que, finalmente, lo conducirán a la toma de una decisión. Una de ellas, la de Milton: “¿puedes trabajar bajo presión?”, la otra de Cristabella, su contracara: “¿tú tienes esta vista?”. Enlazadas como S1 y S2, originando una nueva escritura. Intentando hallar un sujeto que se escurre en esa hiancia. Pretendiendo sustraer de la serie una respuesta singular.
Kevin, culpa mediante, ya se encuentra en el lugar del trabajo, produciendo saber sobre la causa. Y es que el redoblamiento que le llega de la mano de Mitch Weaver, el amigo de Eddie Barzoon, permite “hacer aparecer la falla, el defecto de significación que el mensaje mismo del inconciente porta” (5) . La cuenta –ya iniciada- permite situar la nueva escritura. Kevin ahora lo ve venir. Otra mirada se ha posado sobre él, una mirada que sitúa un sujeto, una mirada que se transforma en enigma a descifrar y es en ella que ahora decide mirarse. ¡Libre albedrío!
El final se avecina siempre entre grandes montos de presión, pero Kevin –en su robótico talle- recién ahora dejará que algo de la mirada roce su cuerpo.
Su mujer empeora. Mary Ann se suicida y Kevin debe mirar, impotente, esa escena. Su madre elige confesarle su gran secreto en el peor de los momentos: “Milton es tu padre”. Otra vía se abre: la peré-versión paterna se hace visible. Esa otra mirada ya ha recortado su cuerpo y él acude a su encuentro. Kevin decide dar una ojeada más, pero ¿podrá responder ante grandes montos de presión? ¿Podrá trabajar pese a ello y así saber sobre su causa? ¿Podrá crear otra escritura más allá de la versión del padre?
Lo escópico recorre la escena final, es más, ese es su escenario. Un mural viviente invade la sala y acompaña el desenlace. A sabiendas de su vanidad y, más allá de los ojos de Mary Ann, Kevin debe decidir en qué espejo mirarse. Una familia le es ofrecida a aquel que no ha tenido una y que no ha podido construir la suya. Un hijo le es prometido. Un lugar en un linaje y, en el medio de todo, la misma vanidad de siempre.
El libre albedrío ahora introduce un verdadero Tiempo 4: el de la decisión: un saber-hacer-ahí-con la contingencia. Kevin rechaza ser el padre del Anticristo, no por su amor a Dios, rechaza al abogado del Diablo, pero no por fidelidad cristiana, sino porque ya se ve venir, y a Kevin le ha llegado el tiempo de comprender. Y es que ante los valores que la moral cristiana da al hombre con sus reglas contrapuestas: “Mira pero no toques, toca pero no pruebes, prueba pero no tragues”, Kevin decide sustraerse y propone ¡Libre albedrío! Momento suplementario que permitirá un giro y una decisión. Acto donde algo del Lomax anterior debe morir para atravesar un umbral. Se tratará de un cuerpo tocado por el significante. Es así, que después de ensayar endebles argumentos y de aparentemente obedecer, cediendo a la tentación, decide tomar lo suyo ¡Libre albedrío! Y se suicida.
Una visión, un anillo de bodas y una mirada. Algo nuevo se ha extraído de la serie. Destituido el sujeto Kevin regresa a la sala de juicio y busca desesperadamente el rostro de Mary Ann y se halla en su mirada. Una nueva oportunidad, un saber-hacer-ahí-con la contingencia, cada vez, y con la vanidad, la misma vanidad de siempre.



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