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- UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES -
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
Psicología, Ética y Derechos Humanos

2º PARCIAL DOMICILIARIO
ANÁLISIS DEL FILM “EL ABRAZO PARTIDO”

Cátedra: I
Prof. Tit. Reg: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Comisión: 10
Prof.: Lic. Domínguez, María Elena.

Alumna
Parodi, Celina L.U.: 33155427-0

2o Cuatrimestre
2010
Introducción
El presente trabajo trata sobre la película “El abrazo partido”, particularmente sobre el personaje de Elías, padre del protagonista del film. A través de éste, sus acciones y los acontecimientos ocurridos en el transcurso del film, se hará un análisis exhaustivo de las nociones de Responsabilidad Subjetiva, culpa, azar y determinación.
De esta manera, se plasmará en primera instancia, los motivos de elección de dicho personaje, para luego adentrarnos en el esbozo del Circuito de Responsabilidad del personaje. A su vez, se propondrá una Hipótesis Clínica, siendo ésta la encargada de explicar el movimiento que supone “que el tiempo dos se sobreimprima al tiempo uno resignificándolo”.
Por último, se recortarán los elementos de azar y determinación, necesarios para el desenvolvimiento del circuito

Elección del personaje: Elías
La elección del personaje oscilaba entre el protagonista del film, Ariel, y su padre Elías. Finalmente, Elías terminó siendo el elegido dado que, -si bien Ariel presentaba muchos elementos interesantes para desplegar los conceptos de Responsabilidad, Ética, azar y determinación- Elías toma una decisión específica, (comparable a la de Ibbieta en “El Muro”) que se entretejía con metáforas que él mismo utiliza, comparable a la Metáfora Paterna propuesta por Lacan, tornando interesante el juego semiótico para la elaboración de una Hipótesis Clínica. No obstante, el análisis subsiguiente será basado mayormente en inferencias (en especial en lo que respecta al Tiempo 1 y Tiempo 2 del circuito de Responsabilidad), dado que el personaje aparece en el fin recién en las últimas escenas del mismo.

El circuito de la Responsabilidad y una posible Hipótesis Clínica
Previo al desarrollo del Circuito, es importante subrayar que la “Responsabilidad” a la que haré mención es a la Subjetiva. Ésta se diferencia de la Responsabilidad Jurídica, implicando a su vez una diferencia fundamental en las concepciones que una y otra tienen del sujeto. Mientras que la Responsabilidad Jurídica entiende al sujeto en su autonomía, restringiendo la “responsabilidad al (…) ámbito de la intencionalidad conciente” , la Responsabilidad Subjetiva considera al sujeto como “no autónomo, sujetado a los avatares de la ley y el lenguaje” . Según Freud, ésta responsabilidad implica al sujeto en relación a algo que desconoce, lo interpela “más allá de las fronteras del yo.”
Antes de proseguir a desplegar los tres tiempos del Circuito de la Responsabilidad en Elías, es menester hacer una aclaración: el Tiempo 1, en tanto tiempo de la acción, solo se instituirá como tal, en la medida que un Tiempo 2 interrogue retroactivamente al mismo, es decir en un “redoblamiento” , un après-coup, haciendo agua las coordenadas de un tiempo cronológico, sobre la base de la importancia de los tiempos lógicos.
Entonces, en relación a los tiempos del circuito, El Tiempo 1 es aquél donde se realiza una acción, de modo deliberado, “en concordancia con el universo de discurso en el que el sujeto se halla inmerso” , en la cual el sujeto mantiene la expectativa de que sus efectos se agoten en la finalidad para la cual fue ejercida.
En el film, la esposa del personaje le confiesa, estando embarazada, que le fue infiel un año atrás, pero que el hijo es suyo. En consecuencia, Elías elige divorciarse y migrar a Israel una vez nacido el hijo y acontecida la ceremonia de circuncisión del mismo.
El Tiempo 2 corresponde al tiempo de la Interpelación Subjetiva, donde “algún indicador le señala un exceso en lo acontecido otrora” , y se pone en marcha el circuito.
En el film, dicho momento se podría inferir de lo siguiente: en una de las llamadas telefónicas que Elías hace a su ex mujer (llamada que realiza esporádicamente para asegurarse de que el dinero que mandaba vía correo para alimentos habría llegado a destino), ésta le cuenta que Ariel, su hijo, estaba tramitando la ciudadanía polaca para irse a vivir a Europa; entonces, dada la proximidad geográfica, discuten la posibilidad de que Ariel pasara por Israel, al menos un mes, para vivir con él. He aquí la interpelación, donde la posibilidad de encuentro con el hijo interroga respecto de lo hecho, desvaneciéndose así la consistencia de un universo particular que el personaje venía sosteniendo; el Yo de la autonomía narcisista trastabilla, y Elías se pregunte por su acto (se divorció y dejó a sus hijos tras huir a Israel). El tiempo 2 retorna sobre el tiempo 1, resignificándolo. Literalmente Elías vuelve a Argentina, toma la decisión de volver . Pero este redoblamiento sobre el Tiempo 1, como se mencionó anteriormente, lo funda; retorno que no podría haberse gestado sin con la emergencia de un elemento crucial: la culpa. La culpa en tanto reverso de la responsabilidad, aquella que produce dicho retorno, y abre la brecha para que la potencia de un tercer tiempo nazca. Es la culpa que ob-liga . Y aquí no hay tutía, Elías debe responder. A este respecto D’ Amore dice: “(…) es necesario en sentido lógico, que la culpa ob-ligue particularmente una situación para que podamos ubicarnos en el circuito de la responsabilidad” .
Entonces, Elías movilizado por la culpa “vuelve sobre sus pasos”, y retorna a Argentina en busca de Ariel. Sin embargo, su hijo se muestra reticente, y se hecha a correr cada vez que lo ve por las calles bonaerenses. En consecuencia, el padre le deja una grabación en uno de los locales de la galería donde trabaja el muchacho, usando como cómplice al dueño del mismo. Esta dice:
“Si estás escuchando estas palabras quiere decir que se ha repetido el milagro de los Macaroff. Seguro que apretaste ‘play’ con la mano derecha, la mano que ya no tengo; ahora la tenés vos. Ariel, yo hice varias cosas importantes con esa mano (…), pero lo más importante que quise hacer con esa mano no supe hacerlo: dártela a vos. Te estoy esperando, hijo… sos lo único que me importa.”

A su vez, una vez que Ariel tuvo noticia por parte de su madre, que ésta había hecho infiel a Elías, provocando su partida, se decide a encontrarse con su padre en un bar. Este último, explicando su partida, le dice:
"Para mi fue miedo, ¿qué querés que te diga? De haber pensado: voy a estar con este hombre toda la vida (refiriéndose al sujeto con el cual su ex mujer lo hizo infiel)... y eso produce como una sensación de que te estás perdiendo algo importante, algo que está más allá. No sé. Hasta con un poste te pueden engañar Ariel; ese no es el problema. El problema es cómo seguís viviendo, y eso es lo que yo no supe hacer, y te tengo que pedir perdón por eso también".

He aquí donde podemos ubicar la emergencia de un Tiempo 3, tiempo de la Responsabilidad subjetiva, de la emergencia del Sujeto, ubicando así una respuesta a la interpelación, pero en términos de una dimensión ética. Es el “acto en que se produce un sujeto de deseo inconsciente”, emergiendo la singularidad tras el desdibujamiento del universo particular previo. Y, ¿de qué modo se ve esto en Elías? Se ve en la asunción de la castración que en un primer tiempo no logró, aquella castración que implica la infidelidad en relación a su hombría, a su virilidad. Es decir, en un primer tiempo se encontraba inmerso en un universo particular del “no querer saber nada acerca de la castración”, del agujero, dejando pegada la representación de su hijo por nacer a aquella de la infidelidad, de la falta, rompiendo de esta manera los lazos filiatorios . Se va no pudiendo asumir la castración. Pero en un tercer tiempo, se presenta en un escenario resignificado por la culpa (culpa que ob-liga), como veterano de guerra, sin un brazo, castrado, diciéndole al hijo que perdió la mano que no le pudo dar (desde Lacan, no le pudo dar “los títulos” para que se los lleve “en el bolsillo”), que “no-pudo hacer-con” la castración, aclarándole que no tuvo que ver con la infidelidad sino con algo que “va más allá”, más allá de la particularidad de ese hecho en ese “particular” universo. He aquí la Responsabilidad en tanto “respuesta a la castración” . De esta manera, se posiciona en las coordenadas de lo Universal-Singular, de un exceso, que desintegra la particularidad de su mundo, y lo sumerge en las vicisitudes de lo universal, de la falta, del “no-todo”. A este respecto M.E. Domínguez dice: “(…) respuesta que esperamos situar la responsabilidad (…) la que se ponga en juego la cualidad del eje U-S y su lógica del no-todo. Es decir, una respuesta que avance más allá del goce regulado por el fantasma” .

Entonces, en aras de esbozar una posible hipótesis clínica, a lo que no pudo responder el sujeto en un primer tiempo es a la castración, a la falta estructural, en tanto sujeto barrado, sujeto de deseo inconsciente. No pudo hacer-con su castración, y con la imposibilidad de transmisión de la ley simbólica. He aquí, una Metáfora paterna que aparece fallida en su máxima expresión; “perdí la mano que no te pude dar”, como diciéndole que lo simbólico rebanó su mano, no pudiendo hacer que su hijo se fuera con “los títulos en el bolsillo” . Pero Lacan señala que la metáfora paterna no es sin falla, y en este punto es donde Elías puede leer –en este tercer tiempo- esta falla. Y ahí está la novedad, el plus, el Sujeto. De esta manera, se puede restituir algo de esa falla paterna, desplegando algo que fue (por demás) fallido; y esto se evidencia en el sueño que Ariel relata al final (vale agregar que no se sabe nada de la metáfora paterna, sino por los efectos de la misma):
“Ayer tuve un sueño; soñé que era padre. No que tenía hijos desperdigados por ahí. Era más bien una sensación, no sé si se entiende. Como cuando uno sueña que cae o que vuela. No sé, como una sensación de querer abrazar a alguien pero sin saber por qué”.

De repente, el abrazo dejó de estar partido. Ambos, padre e hijo, logran un cambio de posición ante la vida. Elías logra con el cambio de posicionamiento desencadenar un proceso de afiliación, y este cambio se da debido al despliegue de su función como padre (y esto como consecuencia de la asunción de la falla de la metáfora). Se restituyen los lazos filiatorios.

Azar, Necesidad y Determinación
Dentro de lo “azaroso” podemos ubicar la infidelidad, dado que ésta puede suceder en cualquier momento (es decir, un sujeto puede ser engañado con otra persona en cualquier momento de su vida). Sin embargo, que la confesión de aquél altercado se haya hecho justo durante el embarazo de su futuro hijo, lo torna determinante para el sujeto, siendo éste un momento dónde la paternidad se entrecruza con la descendencia y determina su virilidad, su hombría. He aquí donde entra en escena la Determinación, como aquellas marcas que vienen del Otro, como aquello que constituye la estructura del sujeto. Y para un sujeto neurótico la paternidad implica la puesta en marcha de la ley simbólica, y la posibilidad de transmisión de la misma, permitiendo así el despliegue de la subjetividad de un tercero.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que ni el azar ni la determinación son excusas para “desresponsabilizarse”. Con respecto al azar Mosca dice: “El azar implica incertidumbre y podría estimarse que no habría apuesta sin incertidumbre. Agrego, entonces, ¿cómo habría acto sin el azar, si hubiera pura determinación significante” . Asimismo, en relación a la determinación Mosca argumenta: “Si el Sujeto lo es del inconsciente, Sujeto sujetado, ¿está entonces exculpado de la puesta en acto por una especie de obediencia debida a las determinaciones en potencia preexistentes?” .

Bibliografía

o Fariña, J. (1992). Ética profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el status de la responsabilidad sobre los actos.
o Michel Fariña, J. & Gutierrez, C. (1996) Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
o Mosca, J. C. (1998) Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba. Buenos Aires.
o Salomone, G.Z.: El sujeto dividido y la responsailidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
o D´Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
o Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores.1984



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