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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Materia: Psicología Etica y Derechos Humanos

Cátedra: Prof. Juan Jorge M. Fariña

Docentes de Prácticos: Tamara García Karo
Silvia Capurro

Comisión: 5

- Singularidad en Situación -

Alumnas: Alvarez, M. Lucila - DNI:27.691.992
Ferrero Alzogaray, Yasmina - DNI:34.493.646

Curso de Verano del año 2011
Singularidad en Situación

La película que hemos seleccionado para trabajar se llama, en su título en español, “El año que mis padres se fueron de vacaciones”, la misma está ambientada en el Brasil sometido a la dictadura de 1970 (momento del mundial en México) y comienza con la siguiente frase:

Era el año de 1970, el hombre acababa de poner el pie en la Luna y Pele marcó su milésimo gol. Sin embargo, el año empezó con la moral baja: la guerra fría estaba en pleno apogeo, los regímenes totalitarios amenazaban la democracia, y en Brasil las cosas no era muy distintas.

Comienza con una escena en la que muestran a una madre y a su hijo –Mauro de 12 años- esperando al padre para salir de viaje. La madre se encuentra muy nerviosa y le dice al hijo que guarde todo, que en cuanto llegue el padre salen, pero el hijo continúa jugando con un juego de mesa de fútbol. En el momento que llega el padre le dicen que agarre sus cosas y salga, por el apuro y olvida los “arqueros” de su juego sobre la mesa.

Una vez en la ruta el auto queda detrás de un camión lleno de militares, situación que causa mucha tensión en los padres hasta que logran sobrepasarlos. En el camino hacen una parada y se ve al padre manteniendo conversación telefónica desde una cabina en la que dice lo siguiente: “Papá, vamos a llevar a Mauro, Vale? (...) A tu casa (...) No hay manera, tiene que ser así (...) Hasta luego”.

En la puerta del edificio del abuelo comienzan a despedirse del hijo, Mauro no comprende por qué no se puede ir con ellos pese a que ya se lo explicaron. Les pregunta a sus padres cuándo van a volver a lo que el papá le responde que volverán para el partido inaugural del seleccionado de Brasil. Le piden que recuerde que si preguntan por ellos “se fueron de vacaciones”, y se van dejándolo solo parado en la puerta del edificio.

Mauro, ya solo, se dirige hacia el departamento de su abuelo y toca el timbre, al no responderle nadie también la golpea y la patea, pero nadie le responde, se pone a jugar en el pasillo esperando que en algún momento llegue. Después de un rato aparece alguien, pero no es el abuelo, es un vecino (Shlomo) del mismo, que al verlo lo interroga en Yiddish. Mauro, que no entiende esa lengua le responde defensivamente, por lo que el señor le pregunta, en portugués, quién es y qué hace ahí. Mauro le cuenta que es el nieto de Mótel y que está esperando a su abuelo. Shlomo baja la cabeza apesadumbradamente, ya que lo conoce no solo por ser vecinos, sino por concurrir al mismo Templo y sabe que Mótel murió un rato antes ese mismo día.

La película nos muestra como Mótel, una vez que había terminado la conversación telefónica con su hijo, sufrió una descompensación cardíaca y como cuando los padres se están despidiendo de Mauro en la puerta del edificio pasa por detrás la ambulancia que está llevando al abuelo al hospital. También nos muestra como Mauro es llevado por Shlomo al entierro de su abuelo y luego, le entrega las llaves de su casa para no dejarlo en la calle mientras va al Templo a trabajar y resolver con quién se quedará el niño hasta que lleguen sus padres.

Podemos ver en lo recién relatado, como se da la presencia del azar ya que el abuelo se muere al mismo tiempo que le están dejando a Mauro para que él lo cuide, también situamos como azaroso que Shlomo sea el vecino de Mótel. Al mismo tiempo, encontramos como necesidades tanto la existencia de dictaduras o regímenes totalitarios como la muerte de las personas, ya que estas exceden la capacidad de intervención de un sujeto.

Shlomo, finalmente termina dándole hospedaje a Mauro en su casa hasta que sus padres llamen, se enteren de lo sucedido y lo pasen a buscar, ya que en su consulta al rabino sobre qué hacer con el niño, le respondió que se trataría el tema con la comunidad, que lo tome con calma y restándole importancia le ordeno que se ponga a trabajar y se ocupe de sus tareas en el Templo.

Centrando nuestro análisis en el personaje de Shlomo, ubicamos en las acciones de entregarle las llaves de su casa a Mauro, y luego darle alojamiento por la noche el tiempo 1 del circuito de la responsabilidad. Creemos que el sujeto realizó esas acciones “en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso” , es decir, consideramos que para un sujeto que participa activamente en una institución religiosa, y se encuentra en la misma situación que nuestro personaje, resulta una obligación moral darle un techo a un nene de su comunidad hasta que vuelvan los padres.

Al llegar la primer noche, Shlomo le prepara su sillón con sábanas y mantas. A la mañana siguiente, el niño se despierta y escucha al señor rezar. Al acercarse, lo ve que estaba dentro de su habitación rezando en voz alta con la biblia en la mano y sobre sus hombros tenía un manto (es el Tallit, manto simbólico de la religión judía utilizado para realizar las plegarias matutinas). Cuando el hombre ve al niño, lo mira fijamente con seriedad y desagrado por la intromisión cerrándole la puerta en la cara.

Podemos decir que la relación entre el niño y el señor no es fluida sino más bien distante. El diálogo es muy precario y Shlomo ni siquiera lo llama por su nombre, mejor dicho, no lo nombra. Pero la relación se vuelve más tensa cuando sucede lo siguiente: en la primer mañana, al estar el hombre bañándose, el niño no aguantó sus ganas de orinar, y decidió hacer pis en una maceta. Casualmente en ese instante sale el hombre del baño, quedándose petrificado, no por el acto del niño, sino porque acababa de descubrir que Mauro no estaba circuncidado. Al comentario de “Tú no eres Judío, eres goy! ja, es goy!” el hombre se da media vuelta con una sonrisa como si el descubrimiento tuviera cierta comicidad y se retira a su habitación.

Shlomo debe irse a trabajar por lo que deja a Mauro solo en su casa diciéndole que no toque nada. Luego de jugar a las figuritas y al fútbol con sus fichas, comienza a recorrer el departamento encontrando sobre una silla en el dormitorio la manta que tenía puesta el señor esa mañana. Al llegar Shlomo del trabajo, Mauro se encuentra jugando al fútbol en el pasillo y al verlo, se le transforma la cara. El niño estaba jugando a la pelota con su Tallit en los hombros. No aguanta la bronca e ira y le da vuelta la cara de un cachetazo al grito de: “¿no tienes ningún respeto?” sacándole luego de un tirón el manto de los hombros.

La situación anterior genero en Shlomo una perturbación tan grande que decide ir al templo a plantear el problema. Comienza la escena con él diciendo: “Yo no soy familiar suyo, no es culpa mía que los padres no llamen al niño”. Los miembros de la comunidad comienzan a dar su opinión sobre el tema y se escuchan las siguientes sugerencias: “envíalo al orfanato, Shlomo!” “nadie se llevaría al niño a vivir a su propia casa porque nadie quiere vivir con el niño! También comentan que no es judío, que los padres son comunistas. Se ve cómo se va transformando la expresión de Shlomo cuando va escuchando en sus pares hacer estos comentarios que de no ser discriminatorios rozan la discriminación o la llevan encubierta. El Rabino en un momento frena la discusión diciendo “Daniel, hijo de Mótel, avisó que se iba de vacaciones. ¿lo habéis entendido? y tú Shlomo, sí Dios dejo a ese niño en tu puerta, él sabrá lo que está haciendo. ¿O ya has olvidado la historia de Moisés de Egipto?”.

Encontramos en esta escena el tiempo 2 que va a resignificar el tiempo 1. “Resignificación que dará cuenta de una respuesta del sujeto que advierta un cambio de posición frente a sus circunstancias.” Entendemos que al escuchar los comentarios discriminatorios Shlomo descubrió que sus pensamientos eran iguales, lo que le generó culpa y a través de las palabras que le dirige el Rabino sobre el por qué Mauro quedó en su puerta entendemos que Shlomo se permite replantearse la verdadera razón de haberle dado alojamiento a ese nene en su casa y encontrar algo relacionado con su deseo.

Presentamos como hipótesis clínica un deseo inconsciente de familia en Shlomo y vemos que a partir de este momento comienza un cambio paulatino en su relación con Mauro. También consideramos que hasta ese momento el personaje no se había planteado ninguna pregunta con respecto a su deseo. Se lo muestra como una persona solitaria, en la casa no se observan fotografías, vive solo y trabaja como secretario del templo.

Podríamos conjeturar que en el Templo este sujeto encuentra, de algún modo, un “tipo de familia”, por lo que inferimos que dentro de la estructura de esa institución él está instrumentalizado taponando de esta manera cualquier posibilidad de plantearse algún interrogante referido a él. El acto de asumir un lugar como instrumento en una institución nos hace pensar en el mecanismo que puede adoptar un sujeto para salir del sufrimiento neurótico, como dice Calligaris: “Reduciendo la propia subjetividad a una instrumentalización. Se trata de reducir el campo neurótico de la subjetividad cada vez más, para llegar a una verdadera alienación en la cual un sujeto se sustenta solo en su función de instrumento” .

Además, habría que decir que la constitución neurótica está ligada con un saber paterno que siempre esta supuesto y esto a su vez, está relacionado con la incertidumbre de qué es lo que va a suceder, qué es lo que se quiere. El neurótico no tiene certeza. Y al colocarse en el lugar de instrumento es evidentemente una salida para el saber lo que hacer. Se puede ver como Shlomo trabajando para el Templo, sirviendo al Rabino en distintas actividades se siente eficaz, útil por responder a sus deberes, y de esta manera no hay lugar para preguntarse si es eso realmente lo que quiere hacer. Como hay algo para hacer, el va y lo hace. Una manera de cumplir su trabajo y así mantener aquello que evita la pregunta por su deseo.

Continuando el relato de la película, luego de la reunión en el templo se ve que Shlomo vuelve a su departamento en busca de Mauro pero dirigiéndose a él con un nombre, lo llama “Moishale” , por primera vez lo nombra. Mauro, que se encuentra enojado por la cachetada que le pegó, se encerró en la casa de su abuelo y no le responde los llamados pasando solo esa segunda noche en la casa de su abuelo. Al llegar la tercer noche, Mauro se puso a mirar dibujitos en la televisión tirado en el suelo, cuando escucha que alguien entra, va a la cocina y luego se dirige al living donde él está. Al incorporarse ve a Shlomo, quien consiguió un juego de llaves a través del portero, y le pregunta: “Tienes hambre Moishale?” respondiéndole: “me llamo Mauro!”. Inmediatamente Shlomo se va, pero antes de cerrar la puerta le dice: “te he traído la cena”. Esa noche el niño durmió nuevamente en el departamento de su abuelo.

Shlomo, pese a la distancia puesta por Mauro, continúa intentando acercarse y para la cena de la cuarta noche ya comen juntos en su casa pese a que Mauro sigue durmiendo solo en la casa de su abuelo.

El 3 de junio de 1970 fue el partido inaugural del mundial, esa era la fecha en la que los padres le habían dicho a Mauro que volverían. Preparándose para el reencuentro barrió el departamento de su abuelo, acomodó todo y se bañó. Observa por la ventana si el auto de sus padres aparece por el camino y al no verlo prende la televisión para no perderse absolutamente nada acerca de la previa del partido. Mientras sintoniza la televisión, se abre la puerta de su departamento e ingresa Shlomo con un diario. Le pregunta: “se ve bien la tele?” y se sienta en un sillón para hacerle compañía (pese a no interesarse en el partido de fútbol). Se muestran varias escenas mientras transcurre el partido en donde por un lado en el bar están reunidos amigos y familiares viéndolo juntos, departamentos del edificio donde hay familias reunidas mirándolo, jóvenes amigos gritando los goles, todas situaciones de reunión familiar o con los afectos.

Volviendo a Shlomo, este ve como Mauro, durante todo el partido, entre festejo y festejo, se dirige varias veces a la ventana esperando poder comprobar que sus padres estén llegando. El partido está por culminar y ya no se ve en Mauro la felicidad que mostraba frente a los goles, es que los padres no han llegado ni tampoco se tiene noticias sobre ellos. Shlomo ve la tristeza de Mauro y eso parece afectarlo.

Mauro, después del partido, ya no vuelve a dormir solo en la casa de su abuelo, sino que vuelve a la de Shlomo, quién le consigue una cama para que duerma mejor y le dice “Te quedas aquí Moishale”. Shlomo durante la noche no puede dormir y tiene expresión muy triste en la cara, a la mañana se va de viaje diciéndole a Mauro que va a volver pronto.

Al segundo día Mauro ve sobre una mesa los arqueros de su juego y comprueba que Shlomo ha vuelto de su viaje, de esta forma le demuestra que fue a la casa a buscar a los padres y le dice que tienen que hablar (una imagen muestra el living de la casa de Mauro con todos los muebles tirados dando las señales suficientes para que uno interprete que los militares han pasado a buscarlos por ahí).

Shlomo desde este momento comienza a llevar al niño a todos los lugares donde se le ocurre que puede encontrar gente que lo ayude a localizar a los padres (se lo muestra tomándolo del hombro de manera afectiva al cruzar la calle). Se dirige a la Universidad donde se pone en contacto con un estudiante militante italiano (Ítalo) del barrio que conoce a los padres de Mauro quien le va dando todos los datos que tiene sobre el paradero de ellos. Acude también a la Iglesia para ver si el Padre lo puede ayudar en su búsqueda.

Un día los militares se dirigen a la Universidad y se llevan detenidos a muchos estudiantes, al día siguiente, se llevan a Shlomo (Mauro observa las dos situaciones) ya que éste había sido marcado por los lugares a los que concurrió y la gente con la que se contactó queriendo obtener datos sobre los padres de Mauro. Los militares le dicen, mientras él permanece en silencio: “Volverse comunista a su edad... usted es pariente de la chica? ha traido su cepillo de dientes? Estará un tiempo aquí”.

El día de la final del mundial de México 1970, en la que Brasil sale campeón, los militares liberan a Shlomo junto con la madre de Mauro. Estos llegan al barrio durante el partido en los últimos minutos del mismo y Mauro, que está viéndolo en un bar, se entera que han visto pasar a Shlomo en un auto y se va a buscarlo al edificio, olvidándose de su pasión por el futbol. Se dirige directamente a la casa y en cuanto lo ve lo saluda y abraza (gesto que es correspondido). Shlomo lo lleva a la casa del abuelo y le muestra que su mamá está ahí.

La última escena de importancia para este análisis, y que grafica la aparición del tiempo 3, ocurre el 22 de julio de 1970. En la misma Shlomo se dirige con Mauro a una plaza para sacarse una foto “familiar” con los fotógrafos profesionales que en esos tiempos solía haber en las mismas. En esta se muestra a Mauro sentado en una silla y a Shlomo parado atrás, con una sonrisa en el rostro, agarrándole afectivamente ambos hombros.

Vemos en esta imagen una clara representación de la responsabilidad subjetiva asumida por Shlomo en lo referente a su deseo de familia el que lo llevó, sin importar las consecuencias, a hacer lo que él consideró sería lo mejor para Mauro (con quien entabló un lazo afectivo), lograr reunirlo nuevamente con sus padres.

En el análisis realizado sobre el circuito de la responsabilidad vemos cómo en el tiempo 1 Shlomo actúa en función de su moral. Ubicamos esta acción dentro del eje “particular” ya que es correspondida con el conjunto de valores y códigos compartidos en su comunidad. En un segundo tiempo del circuito de la responsabilidad, Shlomo se interpela, resignificando el primer tiempo. Encontramos aquí cómo el sujeto se posiciona ahora en función del Universal Singular. Es en el tercer tiempo donde vemos cómo aparece una singularidad, singularidad realizada en soledad por el personaje, que realiza una apuesta en torno a ese deseo que en un primer tiempo se encontraba taponado. El personaje se hace responsable de su subjetividad, la cual se configura a partir de la noción de sujeto del inconsciente. Vemos cómo de esta manera asume su deseo de familia, su deseo, que lo llevó a obrar de esta manera ante el niño y a encontrar a sus padres.

Bibliografía

•Ariel, A. (1994). Moral y Etica. Una poética del estilo. En el estilo y el acto. Ediciones Manantial, Buenos Aires.
•Calligaris, C: La seducción totalitaria. En Psyché, 1987
•Michel Fariña, J. J.: Un horizonte en quiebra. Eudeba. Buenos Aires.
•Salomone, Gabriela Z.: La transmisión de la ética. Clinica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

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