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Facultad de Psicología
Universidad de Buenos Aires
1º cuatrimestre 2010

ASIGNATURA:
PSICOLOGÍA, ÉTICA Y
DERECHOS HUMANOS.

SEGUNDA EVALUACIÓN:
ANÁLISIS DE LA PELÍCULA:
“EL COLOR DE LA NOCHE”

TITULAR: JUAN JORGE MICHEL FARIÑA.
DOCENTE A CARGO: PÉREZ FERRETI, FERNANDO.
COMISIÓN: 19

ALUMNAS:ALMARAZ, CLAUDIA VANESA.
L.U.: 335111430
SOUZA, MARCELA ALEJANDRA.
L.U.: 334781170
FECHA DE ENTREGA: JUEVES 10 DE JUNIO DE 2010.
CONSIGNA DE EVALUACIÓN

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).

En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

Extensión: Aproximadamente 5 (cinco) páginas.

1. En el artículo “En rojo: la responsabilidad por la transferencia” se comenta un recorte del film “El Color de la Noche” centrando el análisis de la responsabilidad subjetiva en el personaje del analista Bill Capa.
La hipótesis que el autor, Alejandro Ariel, propone es que el analista lejos de interpretar, lejos de abrir lugar a la palabra que volvería al análisis un espacio distinto de un espacio estéril, desiste de la transferencia, en el sentido de no ocupar el lugar que la paciente le otorga como cuerpo hacia el cual se dirigen los objetos; y da lugar así al vacío, a la no palabra, al pasaje al acto que representa el suicidio dentro de ese espacio y ese tiempo.
Los indicadores de ese espacio y ese tiempo se dan en los primeros cinco minutos de la película. En este recorte, la introducción del film, se puede ver a una mujer en un claro estado de desesperación, una serie de hechos dan cuenta del estado de desequilibrio en el que se encuentra.
La próxima escena es en el consultorio del analista. No estamos, claramente, ante una entrevista de admisión. La escena es característica de un análisis prolongado, es evidente la transferencia ya puesta en juego y los posicionamientos que se han repetido por lo menos por varias sesiones anteriores a ésta que se nos muestra en la película.
En un momento de la sesión el analista interviene pidiéndole a Michelle que se mire en el espejo y le diga qué ve en él. La paciente contesta: “Veo tu reflejo sobre mi hombro… Veo que no hay nada que me guste. De hecho creo que prefiero la vista desde afuera.” Termina de decir esto y se arroja por la ventana situada junto al diván del consultorio y cae sobre el asfalto.
Los indicadores de este particular manejo de la transferencia que Ariel plantea como hipótesis serían, el estado general de hastío en el que se encuentra el analista durante la sesión, ante la conducta reiterada de la paciente que lo agrede. Conducta con la que él no sabe hacer y busca hacerla coincidir con cierto patrón, dejando por fuera la singularidad del sujeto en análisis.
Otro indicador sería la intervención del espejo anteriormente citada, la cual deja entrever que el analista no supo hacer con la transferencia y en vez de dejar entrar la desesperación de Michelle en el dispositivo analítico, la dejó a solas ante un espejo que no tenía mayor reflejo más que la figura del analista. De esto da cuenta la respuesta: “Veo tu reflejo sobre mi hombro…”, ante la cual el analista no muestra mayor reacción, señal de que no se deja tomar por la transferencia, no va más allá de las palabras.

2. El circuito de la responsabilidad, según los tiempos lógicos que organizan la situación, se puede plantear de la siguiente manera:
En un primer tiempo del circuito podemos ubicar a un sujeto que lleva a cabo sus acciones con determinados fines, acciones que se agotarían en si mismas. En este film podemos ubicar estas acciones en las intervenciones llevadas a cabo dentro del dispositivo analítico, aquello que el terapeuta dice a Michelle, como por ejemplo: “¿Quién es el enemigo? ¿A quien odia Michelle esta semana?”.
Luego se ubica el segundo tiempo del circuito de la responsabilidad caracterizado en termino de Salomone como el momento en que un sujeto es interpelado por aquello que, aunque vivido como ajeno, le pertenece y perturba su intención conciente confrontándolo a un punto sin sentido desde el cual el sujeto es llamado a responder. Este momento se puede ubicar en el suicidio de Michelle.
Podemos detectar esta interpelación de la que es objeto Capa desde diferentes aristas. Por un lado el discurso que circunda al momento del suicidio: “¿Qué espejo?”. Es de suma importancia esto que pregunta Michelle y más si se tiene en cuenta lo que agrega luego: “Veo tu imagen sobre mi hombro”. No es menor que un paciente diga esto a su analista y menos una paciente en el estado que se encuentra Michelle, una vez más ella lo coloca en un lugar en el que Capa no sabe hacer. ¿No debería haberle dado la pauta de que en la persona del analista se estaba jugando algo más que una proyección de sus enemigos? Es cuando agrega “No veo nada que realmente me guste” Capa gira y se puede ver con suma claridad cómo algo lo conmueve. Y contrariamente a lo que un suicidio implicaría, en este caso el suicidio de su paciente es el inicio de algo. Capa es interpelado a responder por sus acciones, las del primer tiempo lógico, y por si queda alguna duda de esto, basta con ver cómo ante sus ojos el color de la sangre que rodea a la que era su paciente hacía unos momentos se desvanece, ¿Se desvanece como lo hace la posibilidad de llegar a dar una respuesta reconociéndose en su deseo, posibilidad de situar así un ACTO ÉTICO?
Es así que entonces podemos hablar de un potencial tercer tiempo lógico dentro del circuito, que en este caso no tiene lugar, y aparece otra cosa, algo que ocupa el vacío de la responsabilidad frente a su propio acto, algo que impide tomar posición frente al propio deseo inconsciente; el síntoma.

3. En relación al azar y la necesidad, aquello que por un lado desencadena efecto y causa; y aquello que los encadena, podemos hablar en primera instancia del azar que se halla en la situación de que Michelle esté en análisis con ese terapeuta y no con otro (esto desde el recorte de la primera escena). Ubicamos en los parámetros de la necesidad la estructura psíquica de Michelle quien presenta rasgos psicóticos. No podemos hacer responsable a Capa de tener a Michelle como paciente, ni de que Michelle presente las características que presenta, pero sí tal vez, de lo que él hace con todo eso.
Es entre estos dos indicadores situados anteriormente que se ubica la responsabilidad subjetiva, entendida por Salomone como “aquella que se configura a partir de la noción de sujeto del inconsciente; sujeto no autónomo que por definición no es dueño de su voluntad e intención.”

4. Es a partir de la resignificación del tiempo 1 desde el tiempo 2 que aparecen las figuras de la culpa, en este caso el síntoma histérico, el daltonismo. El sujeto no puede hacerse cargo de su deseo inconsciente y responder desde allí a la interpelación.
Esto se relaciona con la hipótesis clínica porque a partir del tiempo 2, como efecto de la interpelación, se resignifica el tiempo 1 y cobran valor diferente las palabras pronunciadas por ambas partes antes de la escena del suicidio. Él hace referencia a rellenar los espacios en blanco, tener una visión limitada de la verdad. Ella habla de creer que todo debe ser blanco y negro, de ser daltónicos. Podemos preguntarnos a quién realmente se dirige el contendido de estas afirmaciones y si no habrá algo de esos espacios en blanco que el analista no quiere ver.
A partir de la delimitación del tiempo 1 y el tiempo 2 es que ya se puede ubicar la hipótesis clínica que en este caso bien estaría dando cuenta de la resignificación que el analista hace de sus intervenciones y no solo de estas ultimas sino, y mas importante aun, del discurso que sostiene la paciente a lo largo de sus encuentros. Cuestiones que quedan claras cuando el le dice: “Me pregunto a quien odiaras esta semana”. Acompañado por una expresión corporal y facial de desgano y hastío. Todo esto da cuenta de que no es la primera vez que la paciente tiene ese comportamiento en análisis, entonces si ella repite una y otra vez el mismo comportamiento y nada cambia a pesar de sus intervenciones, el analista debería preguntarse entonces, teniendo en cuenta la noción freudiana de que aquello que se repite requiere de elaboración: ¿Están siendo buenas mis intervenciones?
Claramente el analista no dejó que la paciente sea quien guíe la cura, con su obrar en el dispositivo analítico. Podría pensarse que el analista no hizo una buena labor analítica y que probablemente no pudiera llevar a cabo el análisis a fines beneficiosos para la paciente y que tampoco haya intentando buscar supervisión sobre el mismo.
Teniendo en cuenta que Michelle se suicida en el consultorio de su analista, ¿qué se puede decir desde el marco deontológico? ¿Hasta qué punto es responsable del accionar de su paciente durante la sesión? ¿Existe un compromiso específico por parte del profesional de constituir una barrera de contención para riesgos que amenacen la salud del paciente? ¿Es responsable de no advertir las tendencias suicidas de su paciente? Para responder a estas cuestiones hay que tener en cuenta la responsabilidad jurídica, la cual es definida como “Un concepto específico y bien recortado en función del sistema de referencias legales.” (Salomone, 2006)
Se puede plantear que Capa no cumple con el Principio Ético General del código de APA (2003), Fidelidad y responsabilidad, principio B, que dice: “(…) Los psicólogos apoyan las normas de conducta profesional, determinan sus roles y obligaciones profesionales, aceptan la adecuada responsabilidad por sus acciones y procuran manejar los conflictos de intereses que puedan llevar a explotación o daño. (…)” . Al igual que la norma 3.04: Evitar el daño: “Los psicólogos toman las medidas razona¬bles para evitar dañar a sus clientes/pacientes, (…), y para mi¬nimizar el daño cuando éste sea previsible e inevitable.”
En cuanto a la competencia profesional podemos puntuar la norma 2.01 Límites de la competencia, acápite (a): “Los psicólogos sólo prestan servicios, (…) en poblaciones y áreas que se encuentran dentro de los límites de su competencia, de acuerdo con su educación, capacitación, supervisión, consultas, estudio, o experiencia profesional.”
Estos son las normas que se pueden puntuar desde el Código que se aplicaría a esta situación examinada, APA, 2003. Podemos plantear entonces si el profesional no debería haber tenido la competencia suficiente para prever los posibles riesgos para el paciente, valorar los síntomas o circunstancias que se sitúan junto al suicidio, en este caso; procurar la aplicación correcta de la técnica y utilizar todos los conocimientos y recursos que tiendan a la obtención de la cura por parte del paciente y en caso de no considerar o dudar sobre su capacidad, solicitar supervisión para procurarle al paciente el mejor tratamiento. Nunca empeorar la salud del paciente ya sea por acción, omisión o imprudencia, sino cumplir con el principio de integridad que supone advertir que los propios valores, necesidades y limitaciones pueden afectar negativamente su trabajo.
5. En comparación con el caso de Ibbieta que se presenta en el cuento “El muro” de Jean Paul Sartre, hay cuestiones en común entre estos dos casos, pero también hay cuestiones en los que difieren.
Comenzando con los indicadores que difieren, podemos hablar claramente de que en Ibbieta la palabra “cementerio” azarosamente coincide con la ubicación de Gris, diferente es en el caso de Capa donde su palabra no tiene un efecto azaroso ya que son intervenciones que se supone que siguen una línea con la historia clínica de la paciente.
También se puede ubicar en el caso de Ibbieta un 3º tiempo lógico que da cuenta de la respuesta del sujeto que ha sido anteriormente interpelado. Ibbieta se sienta y llora de risa o ríe hasta las lágrimas, mientras que en este film el analista no llega a dar respuesta por la interpelación, mejor dicho, da una respuesta particular, vuelve, dentro del circuito de la responsabilidad, al surco moral. Entonces no estaría dando cuenta de una responsabilidad subjetiva, es decir, desde el recorte de la primera escena nos encontramos ante un sujeto que no logra hacerse responsable de que ha cedido a su deseo, en términos lacanianos. No hay efecto-sujeto como sí hay en Ibbieta, en cambio, hay una respuesta que tapona la dimensión ética, el síntoma, la culpa moral por el suicidio de su paciente le impedirá ver el color rojo.



NOTAS

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