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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS.
CÁTEDRA I

TITULAR A CARGO: Fariña, Juan Jorge Michele
AYUDANTE DE TRABAJOS PRÁCTICOS: Pacheco, Mariana
COMISIÓN: n º 20 (jueves 11.00- 12.30)
ALUMNAS:
Gradin, Pilar L.u: 32574012 piligradin@hotmail.com
Reck Bárbara, Luciana Lorena L.U: 32172450 lucianareck@hotmail.com
2 PARCIAL. FILM: Color of night
FECHA DE ENTREGA: 10 de junio de 2010

ANÁLISIS DEL FILM EL COLOR DE LA NOCHE (COLOR OF NIGHT)

El film sobre el que trabajaremos es Color of night y centraremos nuestro análisis en la escena inicial del mismo. El film se inaugura mostrándonos una mujer –Michelle- entre ansiosa y alterada que se está preparando para salir (aunque todavía no sabemos hacia donde se dirige). En un comienzo parecería ser una escena cotidiana en donde una mujer busca qué ponerse, se maquilla, se mira al espejo. Pero luego ésta se va transformando: Michelle no logra encontrar lo que buscaba y en un cuadro de angustia vuelve a sentarse frente al espejo. Comienza a pintarse los labios, cada vez más, sobrepasando los bordes de los mismos, hasta dibujarse una boca como de payaso, se pinta los dientes, haciendo de su rostro, la cara de una niña. Entre lágrimas y sonrisas mira su imagen en el espejo. La desesperación y la urgencia irrumpen en la situación. A continuación saca un arma de su escritorio, y atina a meterla en el bolso, pero inmediatamente la saca, la destraba, dejándola lista para el disparo, y se la mete en la boca frente a su imagen que se refleja en el espejo con mucha angustia. Pero al ver su reflejo con el arma en la boca, aparece un tinte sexual en la escena, y comienza a chupar el arma dando lugar a una felatio gozosa, “…se mira voluptuosa, asombrada y aterrorizada” . Sexualidad y muerte están puestas en juego en esa imagen que se refleja en el espejo. La música de fondo, la imagen de una calesita girando, su rostro dibujado como el de una niña, denotan que también algo de lo infantil está interviniendo en la situación.
Esta escena se ve interrumpida por una nueva, en donde aparece Michelle en el consultorio de su analista en el mismo estado de desesperación en el que se encontraba antes. Hay ciertos referentes que dan lugar a pensar en un tratamiento con cierto tiempo de antigüedad. La paciente se muestra enojada y agresiva acusando a su analista de enemigo, denigrando al análisis, a la “porquería de la psicopalabrería”. El analista con aire de superioridad, sin poder escuchar lo que su paciente le dice, responde desde el lugar del saber y de la omnipotencia. En su discurso dice que todos somos iguales, que tenemos una visión limitada de la realidad y que nos creamos enemigos para probar nuestra fuerza. Repite una y otra vez que no es a él a quien Michelle está acusando sino que le sugiere que “se mire en el espejo para ver quién es su perseguidor, contra quién va dirigido su enojo”
La escena culmina con un desenlace fatal en donde esta paciente, frente a la falta de sostén de su analista, se tira por la ventana poniendo fin a su vida. El analista mira el cuerpo de Michelle tendido en la calle rodeado de un gran charco de sangre de un rojo muy intenso. A partir de ese momento el analista deja de ver el color rojo.
Nuestro análisis se centrará en el personaje representado por Bruce Willis, que lleva el nombre de Capa (el mismo tomado para el análisis por Alejandro Ariel, en su comentario sobre el film); un analista de orientación conductista, que se muestra cansado de interpretar siempre lo mismo. Que se maneja con una idea estereotipada de la transferencia frente a esta mujer que lo agrede y lo hace sentirse acorralado. Él se siente un sabio, desde esa posición de saber y de omnipotencia no puede abrir esta situación al análisis. No puede escuchar y dar lugar a la palabra de la paciente, no deja entrar la desesperación de ella. No puede ver que ella lo está persiguiendo a él, y desde esa posición en que ella lo ubica (la de estar acorralado) él responde lo que ya sabía que le iba a decir.
Podríamos pensar que en la situación recortada hay elementos que van más allá de la voluntad del personaje a analizar, y que tienen que ver con cuestiones de necesidad y azar.
Necesidad y azar deben entenderse siempre en situación. Necesidad es “aquello que rige por fuera de la intervención del sujeto en situación” y establece una conexión entre causa y efecto, conexión que es desconectada por el azar. Azar es aquello que cotidianamente designamos con el nombre de destino, o suerte. Invocar el azar, a lo no determinado, hace que se borre al sujeto de toda responsabilidad. “Cuando rigen por completo necesidad o azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Pero basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión.” La responsabilidad del sujeto se encuentra, entonces, en la grieta que se abre entre necesidad y azar.
Cuestiones del orden de necesidad en la situación recortada, sería la ley de gravedad que indefectiblemente, hace que los cuerpos caigan hacia el centro de la tierra. En este caso, al tirarse la por la ventana, el cuerpo de Michelle caerá hacia el suelo. Pero se presenta una combinación aquí entre necesidad y azar. Ya que es parte del azar, el hecho de que al momento de la intervención del analista de encuentren en un piso alto, o sea el hecho de que el consultorio del analista este ubicado en un piso lo suficientemente alto como para que el impacto con el suelo cause la muerte.
Ahora bien si se pregunta por la responsabilidad; ¿dónde ubicaríamos esa grieta que da lugar a la responsabilidad del sujeto? En este caso no creemos que se trate de una responsabilidad subjetiva propiamente dicha, sino que es una responsabilidad que interpela al sujeto, pero que el circuito es cerrado allí mediante la aparición de un síntoma.
En el circuito de responsabilidad ubicamos un primer tiempo donde el personaje realiza una acción con un objetivo a cumplir, y que se agota en este objetivo. “…la acción se agota en el fin para el cual fue concebida” . En este caso, lo situaríamos cuando Capa le dice a su paciente: “mirate al espejo, y vas a ver por qué no recuerdo quién es tu enemigo hoy”. El fin de la acción estaría en que ella se de cuenta de lo que él supone: que ella se persigue a ella misma, que se crea enemigos para probar su fuerza.
Pero un segundo tiempo viene a resignificar retroactivamente este tiempo uno. Es el tiempo de la interpelación subjetiva, que hace referencia a “una interpelación que el sujeto recibe a partir de indicadores que lo ponen sobre aviso de que algo anduvo mal” . “La interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito. Luego la culpa obliga a una respuesta ad hoc a la interpelación” . Dado el tiempo dos, se funda en su resignificación el tiempo uno, facilitando una respuesta por parte del sujeto a esa interpelación, repuesta que no es aún un tiempo tres. La culpa es aquello que lo obliga a responder, aquello que lo hace retornar sobre esa acción del tiempo uno. En este tiempo dos la acción ya no se agota en los fines, y convoca al sujeto a responder por su acto: aparece la responsabilidad, aunque el sujeto no se hace responsable.
Ubicaríamos este tiempo dos, el de la interpelación, cuando ella frente a la pregunta de qué ve en el espejo, le dice: “No veo nada que me guste, de hecho prefiero la vista desde fuera”. Porque es allí cuando él comprende que ella se va a matar. El analista es corrido de ese lugar omnipotente, corre a agarrarla pero ya es muy tarde, ella cayó por la ventana y mientras cae se refleja en montones de espejos, que al igual que el analista, no logran sujetarla.
La culpa que nace con la interpelación subjetiva, obliga a responder, y en este caso su respuesta a la culpa es una formación sintomática: deja de ver el color rojo. En esta formación la culpa queda anestesiada y el sujeto se aleja de la responsabilidad subjetiva. El universo que es abierto por la interpelación, se cierra, se tapona mediante esta respuesta. Se trataría de “un proceso que hace cuerpo en la culpa como tapón y obturador de la emergencia subjetiva…” . Es decir que nuestro recorte no da lugar a un tiempo tres, en donde se ubica la responsabilidad subjetiva. En este tiempo, se produce un efecto sujeto en el que el sentimiento de culpa se diluye, dando lugar al paso de la acción al acto.
Pero en nuestra situación, la interpelación por su acto no hace desfallecer el particular previo, por lo tanto no es una respuesta desde la dimensión ética. El circuito de la responsabilidad puesto en marcha por la interpelación subjetiva se cierra de forma particular en el síntoma, volviendo al “surco de la moral”. “No hay singularidad en la vuelta al surco de la moral porque la respuesta resulta un taponamiento de la dimensión ética” .
Podemos pensar que la acción iniciada en el tiempo uno fue “más allá o más acá de lo esperado por el sujeto” . Es decir, cuando el analista le dice que se mire al espejo y ella efectivamente lo hace, no encuentra nada que mirar, y entonces elige la vista de la ventana y se arroja a través de esta, conmoviendo al sujeto que se ve sorprendido frente a esa acción. En esta distancia entre el tiempo uno y el tiempo dos, cabria preguntarse por la responsabilidad de Capa. Podríamos pensar en un deseo inconsciente del analista de salir de esa situación de acorralamiento, de ponerle fin a “esta tortura que era esa mujer” , de correrse de esa posición del no-saber qué hacer. “Popósito inconsciente que ajenamente a la voluntad del yo, propició la acción” . Capa es responsable del mal manejo de la transferencia, que podemos pensar que es “la acción que lleva la inscripción de su deseo” (tal como sucede en el caso de Ibbieta).
Ahora bien, esa misma pregunta la podemos situar en el análisis del cuento “el muro” de Sartre, en dónde nos preguntamos si Ibbieta es inocente por ignorancia. Se interroga sobre una acción que va más allá de las fronteras de su yo. En este caso Ibbieta es responsable de hablar. ¿Por qué habla? Por su deseo inconsciente de sobrevivir a cualquier precio. Ibbieta es responsable del acto en el que se inscribió su deseo. La acción que se realizó en un tiempo uno -en donde Ibbieta, ante la pregunta sobre el paradero de su amigo bromea con el sólo fin de burlar a los falangista- fue más allá de lo esperado. Pero es recién después del tiempo dos -cuando los falangistas regresan y no lo matan, y cuando luego habla con su amigo García que le comunica que a Gris lo mataron en el cementerio-, donde hay una interpelación del sujeto que resignifica ese tiempo uno, cuando se da cuenta de ese más allá de lo esperado. Y es frente a esto que Ibbieta se conmueve entre el llanto y la risa y abre lugar a la pregunta sobre la responsabilidad.
“Freud responsabiliza al sujeto de aquello que desconoce de sí mismo, aquello de lo que el sujeto considerado autónomo no puede dar cuenta”.
Por último, nos gustaría definir la responsabilidad subjetiva como:
“aquella que se configura a partir de la noción de sujeto del inconciente, sujeto no autónomo que, por definición no es dueño de su voluntad e intención”

BIBLIOGRAFÍA
• Ariel, A.: “En rojo: la responsabilidad por la transferencia” en http://www.eticaycine.org/El-Color-de-la-Noche.
. D’Amore, O.: “Responsabilidad y culpa“. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
. Domínguez, María Elena “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis” En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos, Letra Viva, 2006.
• Fariña, M. Teórico: “Responsabilidad entre necesidad y azar”: necesidadyazar_jjmf.doc
• Mosca, J. C. (1998). “Responsabilidad, otro nombre del sujeto“. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Salomone, G. Z.: “El sujeto autónomo y la responsabilidad“. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
. Salomone, G. Z.: “El sujeto autónomo y la responsabilidad”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

 
 



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