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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos

Cátedra Fariña

Segundo Examen Parcial

Profesoras: Elizabeth Ormart
Irene Cambra Badii
Luciana Sicardi

Alumnas: Paula Pinto DNI: 31533277
Silvina Daniele DNI: 33400232

Comisión 5

Fecha de entrega: 08-06 Primer Cuatrimestre 2010

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).

En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

Análisis del film “El color de la noche”, de Richard Rush

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: “En rojo: la responsabilidad por la transferencia” de Alejandro Ariel podemos ver que el análisis de la responsabilidad subjetiva se centra en el personaje del analista, Bill Capa. El autor sostiene que éste, “en el manejo de la transferencia, precipitó ese pasaje al acto”. Con esto creemos se refiere a que, en lugar de escuchar lo que esta paciente tenía para decir, deja de regirse a través del principio de abstinencia, provocando, según Ariel, una “esterilidad en el encuentro”. De este modo, Michelle no encuentra el sostén que estaba buscando y necesitando en el analista. Esto la confronta frente al espejo.
“El analista le dice mirate al espejo y vas a ver quien te persigue (…) vos ocupas esos dos lugares, vos te perseguís a vos misma”. Así, “el la ha abandonado en el espejo”. Según Ariel, “esa es la intervención que adquiere responsabilidad respecto de que ella se quede sin mas futuro que caerse, tirarse del mundo”.
Ariel sostiene que esta “es la imagen de un analista que ha desistido de la transferencia”.

2. Situaremos los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad sugeridos en la situación del Films.
Michelle llega a sesión en un estado de angustia y desesperación, que requieren de un alivio. Mediante constantes criticas al dispositivo, demanda al analista un esclarecimiento de la situación de su terapia, que considera disfuncional.
Para ilustrar el circuito de la responsabilidad, ubicaríamos en un primer tiempo la pregunta que el analista realiza a la paciente “¿Quién es el enemigo?”. Seguidamente, le indica que se mire al espejo para encontrar la respuesta.
Podemos situar en un tiempo 2, la interpelación de Bill acerca de su anterior intervención. Vemos que reacciona con asombro ante la respuesta de Michelle: “Veo que no hay nada que me guste”, instalando ahora en su rostro la desesperación. Y Michelle continua: “De hecho creo que prefiero la vista desde afuera”, y se arroja a través de la ventana.
Esto nos conduce retroactivamente a un tiempo 1, en donde Michelle le manifiesta: “el maldito enemigo eres tú, Capa”. Vemos aquí que se juega algo del orden de la transferencia amorosa con el analista. Ubicándolo en un lugar equivalente al de su marido: “eres como mi ex marido. Crees que todo ha de ser blanco o negro, porque eres daltónico”.
Bill se corre de ese lugar de transferencia, dejándola sola ante su imagen en el espejo, desatendiendo la necesidad de reflejarse en el Otro que la sostiene. Ignora el reflejo que ella ve de él en su hombro, producto de una relación analítica que se da en la dimensión especular, imaginaria, en la que no opera la Regla de Abstinencia; en la que Bill no escucha a Michelle, sino que teoriza su “patrón de pensamientos”.
Freud nos anoticia acerca de lo errada que resulta una intervención como la de Bill; el desentenderse de la transferencia provoca en la paciente odio al analista y sentimiento de despecho.
Freud, al proponer la Neutralidad como indicación técnica, sostiene que “el procedimiento psicoanalítico se distingue de todos los métodos sugestivos, persuasivos, etc., por el hecho de que no pretende sofocar mediante la autoridad ningún fenómeno anímico. Procura averiguar la acusación del fenómeno y cancelarlo mediante una transformación permanente de sus condiciones generadoras” .
A partir del suicidio de Michelle, vemos la aparición de un síntoma en el analista: al ver desde la ventana el cuerpo de Michelle, relata “la sangre más roja que he visto (…) Y entonces el rojo comenzó a desvanecerse”.
Y “negar el rojo es negar las emociones”, según su supervisor. Esto significa que Bill se desentiende de su posición de sujeto deseante, que se refleja en su expresión: “Percibo una evidente ausencia de sufrimiento. No puedo sentir el dolor que debería sentir ahora”.
Pensamos que la posibilidad de un tiempo tres se abre para el personaje a partir del “hacerse cargo” de la terapia grupal que llevaba adelante su colega y amigo Bob, situando este hecho como un camino que Bill realiza hacia la verdad de su subjetividad. Lacan dice “cuando se deja de buscar la verdad se vuelve posible saber”, y Bill viaja buscando alejarse de lo que considera un fracaso terapéutico, el cual le dejó “adentro algo roto” y por lo cual se siente sin rumbo.
La inclusión en la terapia grupal de Bill, la cual es aceptada por este luego de varios intentos por rehusarse introducirá mas adelante una diferencia que le permitirá sentir y poner en palabras aquello tan difícil por lo cual no podía sufrir.
Teniendo en cuenta lo expuesto por Fariña en el texto “Veinte años son nada”: “(…) La pregunta por la responsabilidad no supone un cuestionamiento a la persona sino la interpelación al sujeto. Se trata del deseo inconsciente (…)”, podríamos pensar que hubo algo en su deseo que quiso deshacerse de Michelle. Después de todo ella le estaba mostrando sus faltas, lo relacionaba con su marido, y hasta quizás con esto también se le jugaba a Bill el recuerdo de su esposa, recordada con resentimiento.
Podríamos pensar que esto lo conduce a interpelarse en su posición de sujeto frente a lo acontecido, produciendo un desplazamiento del sentimiento de culpa (constituido como el reverso de la responsabilidad).
Bill ahora escucha a sus pacientes y habla y en ese hablar se posiciona como sujeto responsable y libre, ya que frente a la opción de hacerlo o no hay una elección posible y alguien que elige. Con ello también deja de situarse en un lugar de sabiduría y arrogancia que a la vez lo mantenían alejado de sus sentimientos. Tal como le señala Larry quizás no deseaba que lo quieran.

3. Situamos dos escenas que nos permiten pensar acerca de la necesidad y el azar en la cuestión que venimos analizando.
- En la supervisión, Larry le dice a Bill: “¿En serio te crees responsable de su enfermedad? ¡Solo fuiste un breve fragmento de su vida!”, a lo que él contesta: “¡Es muy fácil decirlo, Larry! ¡No puedo ignorarlo tan fácilmente!”.
- Cuando explica al grupo terapéutico por qué se siente incapaz de llevar adelante el tratamiento que estaba a cargo de Bob, expresa: “Hace 6 semanas hablé bruscamente a una paciente, y se suicidó. Delante mío. Tal vez lo hubiera hecho de todos modos. Eso dicen mis colegas. Pero, no sé (…) Yo era su medico, pero fracasé.”
Las opiniones de estos colegas permitirían imaginar que Michelle se hubiese suicidado tarde o temprano, como algo inevitable. O bien, que “casualmente” le tocó a Bill ser su analista en aquel momento, en aquel “breve fragmento de su vida”.
Estas interpretaciones de la situación nos llevarían a incurrir en el reduccionismo de “relevar a un sujeto de su responsabilidad atribuyendo lo sucedido a azar y/o necesidad cuando en realidad debe responder por su acción” .
La muerte no aparece allí como algo necesario ni azaroso, no responde a una ley biológica ni a la suerte, sino al sufrimiento de una paciente que no logra ser acotado en el dispositivo que propone su analista. Y aquí nos preguntamos por la responsabilidad del sujeto, quien la asume plenamente. Nuestro personaje en ningún momento deja de responder por el suicidio de Michelle, incluso cuando su entorno avalaría aquella postura. Mas bien se hace responsable, se interpela, y de allí, la formación sintomática y luego la posibilidad de un tiempo 3.

4. Existe una diferencia entre el discurso deontológico jurídico y el discurso de la subjetividad, en tanto dimensión del sujeto, ya que como sabemos cada uno de estos campos comporta diferentes nociones conceptuales, entre las cuales podemos situar la noción de responsabilidad sobre la cual nos vamos a centrar en este análisis. Intentaremos ilustrar con el caso presentado la diferencia entre el concepto de responsabilidad jurídica (entendida como una de las formas de responsabilidad moral) y la noción de responsabilidad subjetiva, centrándonos con especial énfasis en esta ultima.
En 1925 Freud, instaura dicha diferencia entre la responsabilidad entendida en términos jurídicos y aquella que implica al sujeto del inconsciente, expresando “El medico (el analista) dejará al jurista la tarea de instituir una responsabilidad artificialmente limitada al yo metapsicológico” .
Freud habla de la implicancia del sujeto del inconsciente, lo cual resalta que si bien la diferencia entre ambos tipos de responsabilidad es conceptual también conforman modos distintos para el sujeto de confrontarse al campo de la responsabilidad, dos posiciones subjetivas disímiles que harán que el sujeto responda desde diferentes lugares. Convocando además, como señala Salomone a una determinada noción de sujeto: “mientras que la responsabilidad subjetiva interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción de sujeto del inconsciente, la responsabilidad jurídica se plantea en función de la noción de sujeto autónomo, la cual restringe la responsabilidad al terreno de la consciencia, al ámbito de la intencionalidad consciente” .
En el mismo, la autora señala la idea de que el psicoanálisis no solo se aleja de desresponsabilizar al sujeto de su acción sino que además plantea un determinismo inconsciente que hace al sujeto responsable por definición. Ya que, Freud no se interesa por la responsabilidad moral o social de las personas sino por la responsabilidad en otro plano, en relación a aquello inconsciente que se presenta como ajeno para el sujeto aun perteneciéndole. Tal ajenidad no es para Freud causa de inimputabilidad; por el contrario es allí donde dirige la responsabilidad, pero no juzgando al sujeto en el campo moral por aquello q se juega en el inconsciente sino en torno a la responsabilidad subjetiva, ya que no toda es judiciable. Por ejemplo en el caso expuesto no sugerimos una responsabilidad moral/jurídica, ya que consideramos la importancia de sustraer el juicio moral del campo analítico centrando el análisis en: ¿Qué le pasa al personaje?, ¿está dispuesto a hacer lugar a eso que lo convoca a responder desde su responsabilidad subjetiva y no quedarse en una responsabilidad moral?
Es aquí donde se abre la vía de la responsabilidad subjetiva, la cual confronta al sujeto desde una posición ética, con aquello que le aparece como ajeno en un primer momento, signos en Bill de un conflicto que no quiso o pudo resolver por la vía de la decisión, antes de continuar llevando adelante un espacio terapéutico que no resultaba beneficioso ni para el ni para la paciente. El analista luego se interrogará. La interpelación, retroactivamente, lo lleva a resignificar aquello que comienza a tener algún sentido para él. El reproche de Bill por haber fracasado y su consecuente culpa y dificultad para tramitar lo sucedido nos anoticia de que hay allí un sujeto interpelado por aquello que lo atormenta, le pertenece y perturba su omnipotente cotidianeidad cargada de sentido y verdades (no limitadas por la perspectiva desde un ojo de cerradura) confrontándolo a un punto de sin- sentido. “creo que me estoy volviendo loco (…) estoy perdido”. Esa hiacia, ese punto de inconsistencia, lo interpela llamándolo a responder. Todo esto cobrará sentido para Bill en tanto sabe que algo le pertenece, lo involucra, un saber que lo ubica en el camino hacia la responsabilidad subjetiva y con ella a una dimensión puramente ética.
¿Cómo responde nuestro analista, Bill?
Como bien sabemos no hay responsabilidad subjetiva sin culpa, ya que es la culpa lo que lleva al sujeto a responder. Siguiendo a Jinkis diremos que el hecho se saberse culpable –de lo que hace y dice- de la situación permite la posibilidad de otro tipo de responsabilidad.
En un tiempo 2, vemos como el universo de discurso en el que Bill se halla inmerso (tiempo 1 confrontado en un tiempo 2) tambalea, dejando al descubierto indicadores que señalan un exceso en lo que pasó. Este es el momento donde vemos que el universo particular plagado de certidumbres que soportan al analista se quiebra, instalando una pregunta. En este punto es atravesado por el campo del deseo, es decir, ese quiebre, esa falla no es otra cosa que el lugar del deseo. Con la aparición del síntoma comienza en este momento a verse algo de una singularidad que, en consonancia con lo universal, demuestra que el universo con el que cuenta está incompleto, propiciando la “caída” de los ideales que hasta allí lo sostenían y que permitirá a Bill tomar una posición distinta, inscribiendo un acto en el tiempo 3, que hace al levantamiento del síntoma.
El síntoma actúa haciendo aparecer la falla. Nos encontramos aquí frente a un síntoma egodistónico (sin sintonía yoica), el cual se transforma para Bill en un problema del cual quiere deshacerse.
Aparece un sentimiento de culpa, (culpa señal), que lo interpela; sabe que aquello que sucedió le concierne. “no puedo huir; todo esta aquí” (mente).
Se internaliza una ley simbólica. Esto resignifica el tiempo 1, el circuito instrumenta la lógica de la retroacción, que hace que vuelva sobre una acción que ya sucedió, donde aparece una culpa respuesta, que se manifiesta a través de la formación sintomática, que responde a la interpelación subjetiva.
Con la posibilidad del pasaje a un tiempo 3, de responsabilidad subjetiva, aparece el efecto sujeto, y con ello, la posibilidad de un acto y salida ética, una respuesta diferenciada que marca una singularidad que irrumpe en un particular previo. Aquí se diluye el sentimiento de culpa, y con el, desaparece el síntoma. Se trata de un movimiento donde algo nuevo se introduce para Bill pudiendo constituir un acto responsable.

5. Tanto en el caso presentado como en el de Ibietta pueden establecerse los tiempos lógicos en el circuito de la responsabilidad subjetiva.
En este último ubicamos en un tiempo 1 la broma que el personaje juega a los falangistas acerca del paradero de Gris, diciéndoles que está escondido en el cementerio. En un tiempo 2, se anoticia de que efectivamente Gris se hallaba allí, lo cual conmueve a Ibbieta. Lo mismo sucede con el personaje de nuestra película. La acción iniciada en el tiempo 1 trasciende lo esperado y generan reacciones que abren la pregunta por la responsabilidad del sujeto.
Ibietta, “creyéndose mas allá del bien y del mal, en su omnipotencia desafía al azar” , mientras que Bill, con esa “cierta arrogancia” que le atribuye el supervisor, desafía la vulnerabilidad de Michelle.
Tal como se expuso en el punto anterior, no encontramos en la situación de Bill una justificada intervención del azar o la necesidad en el desenlace de aquella sesión.
En el caso de Ibietta, necesidad y azar aparecen como necesarios para el desenlace de Gris; no está en Ibietta modificar la condición de la vida de Gris por la suya, sino que esta adquiere el carácter de determinación, y además resulta azarosa la coincidencia entre la burla a los falangistas y el cambio de escondite de Gris. Pero esto no lo libera de responsabilidad.
No estamos responsabilizándolos de las muertes acontecidas, sino que la responsabilidad del sujeto esta en otro lugar. “Justamente allí, donde el neurótico podría declararse no responsable, Freud lo hace responsable de un deseo” . Ibietta no delata a Gris, sino que delata su deseo de seguir viviendo. Y Bill delata su deseo de ser amado.
Y siguiendo a Lacan, decimos que “la única cosa de la que se puede ser culpable, al menos en la perspectiva analítica es de haber cedido en su deseo” .
Tanto al final del film como del relato vemos que ambos personajes expresan la responsabilidad mediante la risa, por el deseo cumplido, y el llanto, generado por la culpa. Como señala Freud: “lo que lo hace feliz en un punto lo hace infeliz en otro”.
Esto nos podría permitir pensar en el pasaje a un tiempo 3. En ambos escenarios emerge una singularidad en situación.
Ambos resignifican el tiempo 1, interpelándose no sin culpa. Y como respuesta a la interpelación surge en Bill el síntoma.
Tanto Ibbieta como Bill, no se aferran a la culpa, no la sustancializan, sino que abre la posibilidad de un tiempo 3.
Ambos personajes aquí comparados expresan la responsabilidad mediante la risa y el llanto. Ibietta, llora y ríe mientras repite “en el cementerio”, al ceder en su deseo, a Ibietta le toca cargar con el ser de la culpabilidad, el deseo cumplido supone una culpa por la satisfacción. Bill lo hace en la escena final donde evita la “caída de su amada” y cae en la cuenta que el síntoma fue removido. El analista no pudo sostener a Michelle pero logra aquí aferrarse a su deseo, salvando y salvándose, respondiendo a la vez que se instituye como sujeto de deseo.
En ambos escenarios emerge una singularidad en situación.

Bibliografía

-  D´Amore, O.: Responsabilidad subjetiva y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
-  Domínguez, M. E.: los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
-  Fariña, J.: Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de la cátedra.
-  Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984
-  Jinkis, J.: (1987) Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, numero 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.
-  Mosca, J. C. (1998): Responsabilidad: otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
-  Salomone, G. Z.: El principio de neutralidad y la regla de abstinencia: la perspectiva freudiana. Ficha de la cátedra.
-  Salomone, G. Z.: El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
-  Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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